Se acaban de cumplir diez años del referéndum del Brexit . El tiro en el pie que, a iniciativa de Cameron , se pegaron los británicos ha resultado ser de proporciones bíblicas. Desde entonces han pasado seis primeros ministros -el séptimo ya está en los tacos de salida- y, por unas razones u otras, no han conseguido enderezar la situación política . El descontento de la población sigue siendo enorme.También ha tenido consecuencias económicas. La pérdida relativa de la economía británica respecto a las comparables ha sido significativa, y el principal problema es la falta de un plan para salir del atolladero. Los beneficios que algunos defendieron no han resultado ser tales, y los problemas, lejos de resolverse, han empeorado ostensiblemente. Una vez más, las soluciones simples para problemas complejos -inmigración, sanidad, pensiones- no han funcionado.En lo que respecta a los mercados, la situación es diferente. Con independencia de que la bolsa inglesa no haya sido de las que mejor comportamiento han tenido en los últimos años y de que los tipos de interés de la deuda no se hayan reconducido del todo, las bolsas han dejado atrás los desenlaces apocalípticos. Recuerden que la bolsa que más cayó el día después del referéndum fue la española. De hecho, la caída de ese viernes fue la mayor de toda la historia de la bolsa española. Y esto ocurrió porque, entonces, el mercado volvió a cotizar la posibilidad de que el euro saltara por los aires si otros países europeos seguían la estela británica. Hoy, pese a que los problemas en el Reino Unido están lejos de solucionarse, la posibilidad de que resurjan tensiones con el euro está prácticamente descartada.El Brexit, Trump y el auge de los populismos en los países desarrollados han sido consecuencia de la terrible crisis económica que siguió a la gran crisis financiera. En nuestro caso, quizás el punto álgido fue 2017, con los amagos de Puigdemont y compañía, que coincidieron en el tiempo con los mejores resultados de Podemos. Pero hoy estamos mucho mejor que otros países. Y no porque no tengamos problemas políticos, sino porque son de una naturaleza bien distinta. En ningún otro país los partidos tradicionales aglutinan una intención de voto como en España. Los partidos populistas tienen un peso muy inferior al de otros países comparables.En nuestro caso, el problema se reduce a una persona que, por otra parte, no cuenta con un respaldo popular sólido. Además, y aunque probablemente no sea consciente de ello, está en los minutos finales del partido. Cuando llegue el siguiente ciclo -que cada vez parece más cercano- será mucho más fácil concluir que los españoles hemos sorteado razonablemente bien el auge del populismo. Desde luego, mucho mejor que muchos otros, y eso, de cara al futuro, constituye una gran ventaja.Oro, se acabó lo que se dabaEl oro está perdiendo su brillo. En los últimos meses, junto con otros metales preciosos, ha sufrido un buen batacazo. Las razones detrás de estas caídas no están del todo claras, pero tampoco se entiende bien el comportamiento tan extraordinario que había tenido en los últimos años.El oro no es un activo financiero: no paga cupones, ni dividendos, ni genera rentas. A diferencia de las criptomonedas, sí tiene un valor subyacente, pero las variaciones de precio son, en gran medida, especulativas. Y, probablemente, por las mismas razones que se puso de moda, dejará de estarlo.Como ocurre con las criptomonedas , también hay muchos creyentes. Lo consideran una alternativa a las monedas fiduciarias, bajo la premisa de que estas no son sostenibles. En esto coinciden con ciertos liberales que estarían encantados de volver al patrón oro. Sin embargo, ni es posible ni, probablemente, sería recomendable. El desarrollo de las economías desde que enterramos el patrón oro está fuera de toda duda, y las bondades del sistema actual están más que contrastadas.Otra de las explicaciones habituales es que el oro actúa como cobertura frente a la inflación. Y lo es, pero no más que otras materias primas. El comportamiento de su precio en el largo plazo no difiere demasiado del de otras ‘commodities’.Se trata, en esencia, de un metal que se extrae del suelo para volver a enterrarlo en una caja fuerte. Tiene algunos usos, pero limitados. Eso sí, su volatilidad es menor que la de las criptomonedas. La única razón real para comprarlo es pensar que detrás vendrá otro dispuesto a pagar un precio mayor. En los últimos años ha contado con narrativas favorables, pero parece que ese ciclo ha terminado. Todavía están a tiempo de vender muy por encima de la media de los últimos años. Yo no lo dudaría.Lo tienen claroLa economía probablemente no sea lo que más preocupe al próximo gobierno. El mayor deterioro provocado por el actual ha sido, fundamentalmente, institucional. Restaurar esas instituciones y recomponer las costuras de la Constitución será, con toda seguridad, su primera ocupación. Redefinir el papel de la Fiscalía General del Estado , del Consejo General del Poder Judicial , del Tribunal Constitucional , de RTVE , y un largo etcétera será una tarea prioritaria. Una vicepresidencia política fuerte resulta imprescindible, y parece que tienen claro ese punto.Ahora bien, aunque no sea lo más urgente, tampoco está de más que sepan qué hacer con la economía. Y parece que también lo tienen claro: bajar impuestos, reducir gasto, corregir las arbitrariedades que han caracterizado a este gobierno y, por supuesto, abordar el problema de la vivienda. Las recetas son relativamente sencillas -en algunos casos, consisten en hacer lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora- y todo apunta a que en estos últimos años han tenido tiempo para madurar sus ideas.Sin embargo, también es clave la figura que lidere estas reformas y abra debates que no pueden demorarse más. Al igual que en la política, la persona que ocupe la vicepresidencia económica deberá contar con un reconocido prestigio, tanto dentro como fuera de España. La oportunidad de ganar peso dentro de las instituciones europeas y de liderar la transformación que atraviesa la UE no se puede desaprovechar. Y para ello, como para las reformas internas, la persona es decisiva.Sería importante empezar a poner cara a este gobierno en la sombra. Resultaría muy interesante que pudieran ir explicando su hoja de ruta para ayudarnos a levantar la mirada y generar ilusión en torno al futuro. Somos muchos los que queremos pasar página de este periodo complicado, y una buena manera de hacerlo es empezar a pensar en lo que tenemos por delante. Y, aunque ahora pueda parecer difícil de creer, es mucho. No todo va a ser recrearse en el desgaste del sanchismo y en una lista interminable de escándalos. Se acaban de cumplir diez años del referéndum del Brexit . El tiro en el pie que, a iniciativa de Cameron , se pegaron los británicos ha resultado ser de proporciones bíblicas. Desde entonces han pasado seis primeros ministros -el séptimo ya está en los tacos de salida- y, por unas razones u otras, no han conseguido enderezar la situación política . El descontento de la población sigue siendo enorme.También ha tenido consecuencias económicas. La pérdida relativa de la economía británica respecto a las comparables ha sido significativa, y el principal problema es la falta de un plan para salir del atolladero. Los beneficios que algunos defendieron no han resultado ser tales, y los problemas, lejos de resolverse, han empeorado ostensiblemente. Una vez más, las soluciones simples para problemas complejos -inmigración, sanidad, pensiones- no han funcionado.En lo que respecta a los mercados, la situación es diferente. Con independencia de que la bolsa inglesa no haya sido de las que mejor comportamiento han tenido en los últimos años y de que los tipos de interés de la deuda no se hayan reconducido del todo, las bolsas han dejado atrás los desenlaces apocalípticos. Recuerden que la bolsa que más cayó el día después del referéndum fue la española. De hecho, la caída de ese viernes fue la mayor de toda la historia de la bolsa española. Y esto ocurrió porque, entonces, el mercado volvió a cotizar la posibilidad de que el euro saltara por los aires si otros países europeos seguían la estela británica. Hoy, pese a que los problemas en el Reino Unido están lejos de solucionarse, la posibilidad de que resurjan tensiones con el euro está prácticamente descartada.El Brexit, Trump y el auge de los populismos en los países desarrollados han sido consecuencia de la terrible crisis económica que siguió a la gran crisis financiera. En nuestro caso, quizás el punto álgido fue 2017, con los amagos de Puigdemont y compañía, que coincidieron en el tiempo con los mejores resultados de Podemos. Pero hoy estamos mucho mejor que otros países. Y no porque no tengamos problemas políticos, sino porque son de una naturaleza bien distinta. En ningún otro país los partidos tradicionales aglutinan una intención de voto como en España. Los partidos populistas tienen un peso muy inferior al de otros países comparables.En nuestro caso, el problema se reduce a una persona que, por otra parte, no cuenta con un respaldo popular sólido. Además, y aunque probablemente no sea consciente de ello, está en los minutos finales del partido. Cuando llegue el siguiente ciclo -que cada vez parece más cercano- será mucho más fácil concluir que los españoles hemos sorteado razonablemente bien el auge del populismo. Desde luego, mucho mejor que muchos otros, y eso, de cara al futuro, constituye una gran ventaja.Oro, se acabó lo que se dabaEl oro está perdiendo su brillo. En los últimos meses, junto con otros metales preciosos, ha sufrido un buen batacazo. Las razones detrás de estas caídas no están del todo claras, pero tampoco se entiende bien el comportamiento tan extraordinario que había tenido en los últimos años.El oro no es un activo financiero: no paga cupones, ni dividendos, ni genera rentas. A diferencia de las criptomonedas, sí tiene un valor subyacente, pero las variaciones de precio son, en gran medida, especulativas. Y, probablemente, por las mismas razones que se puso de moda, dejará de estarlo.Como ocurre con las criptomonedas , también hay muchos creyentes. Lo consideran una alternativa a las monedas fiduciarias, bajo la premisa de que estas no son sostenibles. En esto coinciden con ciertos liberales que estarían encantados de volver al patrón oro. Sin embargo, ni es posible ni, probablemente, sería recomendable. El desarrollo de las economías desde que enterramos el patrón oro está fuera de toda duda, y las bondades del sistema actual están más que contrastadas.Otra de las explicaciones habituales es que el oro actúa como cobertura frente a la inflación. Y lo es, pero no más que otras materias primas. El comportamiento de su precio en el largo plazo no difiere demasiado del de otras ‘commodities’.Se trata, en esencia, de un metal que se extrae del suelo para volver a enterrarlo en una caja fuerte. Tiene algunos usos, pero limitados. Eso sí, su volatilidad es menor que la de las criptomonedas. La única razón real para comprarlo es pensar que detrás vendrá otro dispuesto a pagar un precio mayor. En los últimos años ha contado con narrativas favorables, pero parece que ese ciclo ha terminado. Todavía están a tiempo de vender muy por encima de la media de los últimos años. Yo no lo dudaría.Lo tienen claroLa economía probablemente no sea lo que más preocupe al próximo gobierno. El mayor deterioro provocado por el actual ha sido, fundamentalmente, institucional. Restaurar esas instituciones y recomponer las costuras de la Constitución será, con toda seguridad, su primera ocupación. Redefinir el papel de la Fiscalía General del Estado , del Consejo General del Poder Judicial , del Tribunal Constitucional , de RTVE , y un largo etcétera será una tarea prioritaria. Una vicepresidencia política fuerte resulta imprescindible, y parece que tienen claro ese punto.Ahora bien, aunque no sea lo más urgente, tampoco está de más que sepan qué hacer con la economía. Y parece que también lo tienen claro: bajar impuestos, reducir gasto, corregir las arbitrariedades que han caracterizado a este gobierno y, por supuesto, abordar el problema de la vivienda. Las recetas son relativamente sencillas -en algunos casos, consisten en hacer lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora- y todo apunta a que en estos últimos años han tenido tiempo para madurar sus ideas.Sin embargo, también es clave la figura que lidere estas reformas y abra debates que no pueden demorarse más. Al igual que en la política, la persona que ocupe la vicepresidencia económica deberá contar con un reconocido prestigio, tanto dentro como fuera de España. La oportunidad de ganar peso dentro de las instituciones europeas y de liderar la transformación que atraviesa la UE no se puede desaprovechar. Y para ello, como para las reformas internas, la persona es decisiva.Sería importante empezar a poner cara a este gobierno en la sombra. Resultaría muy interesante que pudieran ir explicando su hoja de ruta para ayudarnos a levantar la mirada y generar ilusión en torno al futuro. Somos muchos los que queremos pasar página de este periodo complicado, y una buena manera de hacerlo es empezar a pensar en lo que tenemos por delante. Y, aunque ahora pueda parecer difícil de creer, es mucho. No todo va a ser recrearse en el desgaste del sanchismo y en una lista interminable de escándalos.
Se acaban de cumplir diez años del referéndum del Brexit. El tiro en el pie que, a iniciativa de Cameron, se pegaron los británicos ha resultado ser de proporciones bíblicas. Desde entonces han pasado seis primeros ministros -el séptimo ya está en los … tacos de salida- y, por unas razones u otras, no han conseguido enderezar la situación política. El descontento de la población sigue siendo enorme.
También ha tenido consecuencias económicas. La pérdida relativa de la economía británica respecto a las comparables ha sido significativa, y el principal problema es la falta de un plan para salir del atolladero. Los beneficios que algunos defendieron no han resultado ser tales, y los problemas, lejos de resolverse, han empeorado ostensiblemente. Una vez más, las soluciones simples para problemas complejos -inmigración, sanidad, pensiones- no han funcionado.
En lo que respecta a los mercados, la situación es diferente. Con independencia de que la bolsa inglesa no haya sido de las que mejor comportamiento han tenido en los últimos años y de que los tipos de interés de la deuda no se hayan reconducido del todo, las bolsas han dejado atrás los desenlaces apocalípticos. Recuerden que la bolsa que más cayó el día después del referéndum fue la española. De hecho, la caída de ese viernes fue la mayor de toda la historia de la bolsa española. Y esto ocurrió porque, entonces, el mercado volvió a cotizar la posibilidad de que el euro saltara por los aires si otros países europeos seguían la estela británica. Hoy, pese a que los problemas en el Reino Unido están lejos de solucionarse, la posibilidad de que resurjan tensiones con el euro está prácticamente descartada.
El Brexit, Trump y el auge de los populismos en los países desarrollados han sido consecuencia de la terrible crisis económica que siguió a la gran crisis financiera. En nuestro caso, quizás el punto álgido fue 2017, con los amagos de Puigdemont y compañía, que coincidieron en el tiempo con los mejores resultados de Podemos. Pero hoy estamos mucho mejor que otros países. Y no porque no tengamos problemas políticos, sino porque son de una naturaleza bien distinta. En ningún otro país los partidos tradicionales aglutinan una intención de voto como en España. Los partidos populistas tienen un peso muy inferior al de otros países comparables.
En nuestro caso, el problema se reduce a una persona que, por otra parte, no cuenta con un respaldo popular sólido. Además, y aunque probablemente no sea consciente de ello, está en los minutos finales del partido. Cuando llegue el siguiente ciclo -que cada vez parece más cercano- será mucho más fácil concluir que los españoles hemos sorteado razonablemente bien el auge del populismo. Desde luego, mucho mejor que muchos otros, y eso, de cara al futuro, constituye una gran ventaja.
Oro, se acabó lo que se daba
El oro está perdiendo su brillo. En los últimos meses, junto con otros metales preciosos, ha sufrido un buen batacazo. Las razones detrás de estas caídas no están del todo claras, pero tampoco se entiende bien el comportamiento tan extraordinario que había tenido en los últimos años.
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El oro no es un activo financiero: no paga cupones, ni dividendos, ni genera rentas. A diferencia de las criptomonedas, sí tiene un valor subyacente, pero las variaciones de precio son, en gran medida, especulativas. Y, probablemente, por las mismas razones que se puso de moda, dejará de estarlo.
Como ocurre con las criptomonedas, también hay muchos creyentes. Lo consideran una alternativa a las monedas fiduciarias, bajo la premisa de que estas no son sostenibles. En esto coinciden con ciertos liberales que estarían encantados de volver al patrón oro. Sin embargo, ni es posible ni, probablemente, sería recomendable. El desarrollo de las economías desde que enterramos el patrón oro está fuera de toda duda, y las bondades del sistema actual están más que contrastadas.
Otra de las explicaciones habituales es que el oro actúa como cobertura frente a la inflación. Y lo es, pero no más que otras materias primas. El comportamiento de su precio en el largo plazo no difiere demasiado del de otras ‘commodities’.
Se trata, en esencia, de un metal que se extrae del suelo para volver a enterrarlo en una caja fuerte. Tiene algunos usos, pero limitados. Eso sí, su volatilidad es menor que la de las criptomonedas. La única razón real para comprarlo es pensar que detrás vendrá otro dispuesto a pagar un precio mayor. En los últimos años ha contado con narrativas favorables, pero parece que ese ciclo ha terminado. Todavía están a tiempo de vender muy por encima de la media de los últimos años. Yo no lo dudaría.
Lo tienen claro
La economía probablemente no sea lo que más preocupe al próximo gobierno. El mayor deterioro provocado por el actual ha sido, fundamentalmente, institucional. Restaurar esas instituciones y recomponer las costuras de la Constitución será, con toda seguridad, su primera ocupación. Redefinir el papel de la Fiscalía General del Estado, del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, de RTVE, y un largo etcétera será una tarea prioritaria. Una vicepresidencia política fuerte resulta imprescindible, y parece que tienen claro ese punto.
Ahora bien, aunque no sea lo más urgente, tampoco está de más que sepan qué hacer con la economía. Y parece que también lo tienen claro: bajar impuestos, reducir gasto, corregir las arbitrariedades que han caracterizado a este gobierno y, por supuesto, abordar el problema de la vivienda. Las recetas son relativamente sencillas -en algunos casos, consisten en hacer lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora- y todo apunta a que en estos últimos años han tenido tiempo para madurar sus ideas.
Sin embargo, también es clave la figura que lidere estas reformas y abra debates que no pueden demorarse más. Al igual que en la política, la persona que ocupe la vicepresidencia económica deberá contar con un reconocido prestigio, tanto dentro como fuera de España. La oportunidad de ganar peso dentro de las instituciones europeas y de liderar la transformación que atraviesa la UE no se puede desaprovechar. Y para ello, como para las reformas internas, la persona es decisiva.
Sería importante empezar a poner cara a este gobierno en la sombra. Resultaría muy interesante que pudieran ir explicando su hoja de ruta para ayudarnos a levantar la mirada y generar ilusión en torno al futuro. Somos muchos los que queremos pasar página de este periodo complicado, y una buena manera de hacerlo es empezar a pensar en lo que tenemos por delante. Y, aunque ahora pueda parecer difícil de creer, es mucho. No todo va a ser recrearse en el desgaste del sanchismo y en una lista interminable de escándalos.
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