
La primera semana que Santos Cerdán durmió en la cárcel de Soto del Real decidió no comprar una televisión para su celda. No quería ver lo que fuera de esos nueve metros cuadrados se decía de él. “No pasé de ser inocente a culpable. Pasé de ser persona a versión”, dice el que fuera secretario de Organización del PSOE en un libro que sale a la venta este martes y en el que habla por primera vez de su experiencia en la prisión en la que estuvo desde junio hasta noviembre de 2025. En La Caída: poder, relato y destrucción en la era del juicio político, Cerdán se describe como una persona de confianza del presidente Pedro Sánchez a la que le encargó las negociaciones más delicadas con el PNV y con Junts, y cuenta cómo, a su juicio, ha sido víctima de un relato que se ha ido construyendo y expandiendo, sin que el libro aborde las graves acusaciones de corrupción que pesan contra él, ni mencione a otros investigados con los que comparte causas en la Audiencia Nacional, como Leire Díez o el empresario navarro y amigo Joseba Antxon Alonso.
El exsecretario de Organización del PSOE habla por primera vez de su etapa en prisión, pero no aborda las graves acusaciones que pesan contra él
La primera semana que Santos Cerdán durmió en la cárcel de Soto del Real decidió no comprar una televisión para su celda. No quería ver lo que fuera de esos nueve metros cuadrados se decía de él. “No pasé de ser inocente a culpable. Pasé de ser persona a versión”, dice el que fuera secretario de Organización del PSOE en un libro que sale a la venta este martes y en el que habla por primera vez de su experiencia en la prisión en la que estuvo desde junio hasta noviembre de 2025. En La Caída: poder, relato y destrucción en la era del juicio político, Cerdán se describe como una persona de confianza del presidente Pedro Sánchez a la que le encargó las negociaciones más delicadas con el PNV y con Junts, y cuenta cómo, a su juicio, ha sido víctima de un relato que se ha ido construyendo y expandiendo, sin que el libro aborde las graves acusaciones de corrupción que pesan contra él, ni mencione a otros investigados con los que comparte causas en la Audiencia Nacional, como Leire Díez o el empresario navarro y amigo Joseba Antxon Alonso.
“En política, cuando incomodas lo suficiente, dejas de ser útil. Te conviertes en un problema y los problemas no se gestionan. Se eliminan”, refiere en el libro de 94 páginas que hace público justo un año después de que el juez del Tribunal Supremo Leopoldo Puente decidiera enviarlo a prisión provisional por riesgo de destrucción de pruebas. Cerdán dice que todavía no entiende qué pruebas podía destruir cuando no ordenaron el volcado de sus dispositivos, ni tampoco registraron de forma inmediata la casa en Madrid en la que vivía con su mujer y su hija.
El que fuera diputado del Parlamento por Navarra se presenta como un trabajador que comenzó en la política municipal en 1999 en su pueblo, Milagro (3.700 habitantes aproximadamente), y fue asumiendo responsabilidades políticas y orgánicas hasta que llegó a acariciar el poder cuando en 2017 se trasladó a Madrid de la mano de Sánchez. “Durante años viví en el centro del poder. Mi rutina transcurría entre reuniones de alto nivel”, detalla. Él había apostado años atrás por una candidatura en la que “muy pocos creían”, pero salió vencedor. “Recuerdo perfectamente la presión que recibía en aquellos días, desde el propio partido para abandonar la candidatura de Pedro Sánchez. Yo era el único secretario de Organización a nivel autonómico que le apoyaba”.
Fue un “punto de inflexión” cuando Sánchez le pidió incorporarse a la Comisión Ejecutiva Federal y a partir de entonces asumió “responsabilidades clave” para negociar con el PNV y con EH Bildu. Se encargó, por ejemplo, de negociar la moción de censura con el partido que dirige Aitor Esteban cuando salió la sentencia del caso Gürtel. “Con el PNV solo habla Santi, y Santi solo me reporta a mí”, cuenta que le dijo Sánchez.
A su juicio, los problemas comenzaron en vísperas de la segunda legislatura, cuando comenzaron a fraguarse los pactos con Junts. “Un antes y un después en España y también en mi vida”, relata. El PSOE venía de apoyar la aplicación del artículo 155 en Cataluña en octubre de 2017 y Sánchez le encomendó la tarea de abrir una línea de diálogo en 2023, antes de las elecciones.
Las negociaciones para la Ley de Amnistía fueron “duras”, describe, y se torcieron varias veces. “Días de tensión extrema”, cuenta. Según Cerdán, la visita a Carles Puidgemont a Bruselas y la foto posterior lo colocaron en un foco del que ya nunca salió. Su rostro se hizo público y se empezaron a suceder titulares de todo tipo que, según dice, nunca quiso tomarse del todo en serio. “Ruido de fondo”, cuenta.
El informe Cerdán
El 12 de junio de 2025, Cerdán vivió su último pleno en el Parlamento. Allí recibió un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que detallaba con grabaciones e indicios su presunta implicación en una trama de amaños de contrato de obra pública a través del Ministerio de Transportes que dirigía José Luis Ábalos (que acaba de ser condenado a más de 24 años de prisión). “Cuando termina el pleno, ya no tengo dudas, me dirijo a mi despacho en Ferraz. Allí con mi equipo, tomo una decisión. No porque reconozca lo que dice, sino porque entiendo lo que viene. Redacto mi dimisión como secretario de Organización y decido que voy a entregar mi acta de diputado”, revela.
Explica que Sánchez lo llamó para que fuera a La Moncloa y que así lo hizo, pero que en ningún momento le pidió su dimisión. Asegura que fue una decisión suya y habla de una caída “personal, emocional y vital”. “En cuestión de días pasé de rebatir estrategias con el presidente del Gobierno a ser acusado de delitos muy graves y cruzar la puerta de una prisión preventiva. Todo ello emitido en directo”.
El político navarro menciona el libro de Giuliano da Emoli Los ingenieros del caos, que describe una lógica de saturación informativa, activación emocional y multiplicación de conflictos. Dice que este método, que ha tenido una de sus expresiones más visibles en el entorno de Steve Bannon (estratega político de extrema derecha del que se sirvió Donald Trump), operó en su caso y habla de “la vía penal como arma”, comparando los casos que ocurrieron, por ejemplo, en Brasil con Dilma Rousseff y, posteriormente, con Lula da Silva o en Portugal con António Costa.
En sus líneas no se adentra, en cambio, en las acusaciones de corrupción de comisiones supuestamente ilegales por contratos con constructoras por las que el juez Ismael Moreno le mantiene investigado, ni en la nueva imputación que el juez Santiago Pedraz ha acordado contra él por organizar, presuntamente, una operación para torpedear la justicia y buscar información comprometida de los funcionarios responsables de la lucha contra la corrupción. Cerdán no detalla tampoco su relación con el que fuera asesor ministerial Koldo García, quien, según los hechos probados de la sentencia del Tribunal Supremo, fue introducido por él mismo en el Ministerio de Transportes, epicentro de la corrupción.
El exsecretario de Organización del PSOE no hace autocrítica, ni da una explicación pormenorizada a todos los indicios que obran contra él en los distintos sumarios, sino que detalla en su escritura, casi de forma terapéutica, estrategias de comunicación que, dice, se han utilizado contra él. “Día a día se construye una narrativa y, cuando esa narrativa se impone, la opinión pública dicta sentencia muchísimo antes de que un juez haya escuchado una declaración formal”, esgrime.
Prisión provisional
Su única declaración en el Tribunal Supremo y su etapa en prisión merecen varios capítulos. Él asegura que cuando atravesó las puertas del alto tribunal la primera vez, habiendo dormido poco e impactado por la solemnidad del edificio, creía que las posibilidades de terminar entre rejas eran del 1%. “Todavía recuerdo el momento de llamar a la familia para decirles que estaba a la espera de esa decisión, si entraba o no a prisión, no me salían las palabras, únicamente unas lágrimas recorrían mi rostro”, explica.
El navarro describe su viaje en furgón hacia Soto del Real como un episodio de terror, en el que no funcionaba el aire acondicionado y las esposas y el cinturón apenas le permitían moverse. “Uno entra siendo una persona con una trayectoria, con un contexto, con una historia. Y en cuestión de horas, todo eso queda suspendido”, cuenta sobre sus sensaciones.
Cuenta cómo en los primeros días aprendió que no había que preguntar a los demás por qué se estaba en prisión, y que al poco tiempo de internarse, un preso le contó en el patio que estaban ofreciendo 50.000 euros dentro de la cárcel por una foto suya. El 10 de julio el digital OKDiario publicó unas fotos de él en el interior del centro penitenciario. “No tardaron en pillar a dos presos que hicieron las fotos a través de las cámaras del módulo, se los llevaron a las celdas de aislamiento. Ya no los volví a ver”, expone.
Durante los cinco meses que estuvo privado de libertad solo lo visitaron sus dos abogados, Jacobo Teijelo y Benet Salellas —para quienes tiene un especial agradecimiento en el libro—, su mujer, y su cuñado y su hermana. “Fueron los únicos que me visitaron, y no tengo ningún problema en decirlo. Lo digo porque hay grupos de políticos que han pedido conocer quién me visitó”, zanja. El 19 de noviembre, dice, se enteró de que le habían concedido la libertad provisional por televisión.
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