Hubo un tiempo en el que la imagen sorprendía, incluso, a quienes estaban acostumbrados a trabajar en los mayores centros tecnológicos del mundo. Ingenieros de la NASA, representantes del Pentágono o militares estadounidenses sentían asombro y cierta incredulidad cada vez que pisaban Zarza-Capilla , un pequeño municipio de la Siberia extremeña de en torno a 300 habitantes. Allí, en lo que era y es un ejemplo perfecto de la Extremadura más rural, encontraban el día a día de un pueblo, con sus costumbres, dándose la mano con una fábrica donde se confeccionan algunos de los paracaídas militares más complejos de toda Europa. Un «contraste» que define la esencia de Parafly, la empresa que «cose» para la OTAN desde un menudo rincón de la geografía extremeña donde se han convertido en referencia del sector defensa.Desde hace más de cuatro décadas, la compañía ha convertido Zarza-Capilla en uno de los principales centros especializados en la fabricación de paracaídas militares. Un liderazgo construido lejos de los grandes polos industriales y basado en un factor que, según su director general y administrador único, Víctor Miguel Alonso, resultó decisivo desde el primer momento: las «ganas de aprender» de sus trabajadores, en su mayoría mujeres.Porque, como relata Alonso, Parafly no llegó a Extremadura buscando mano de obra barata ni ventajas fiscales. Tampoco suelo industrial. La historia comienza en Vitoria, donde la empresa desarrollaba su actividad. Tras una profunda reorganización interna, su director general recorrió decenas de sus talleres repartidos por todo el país. Buscaba el lugar ideal para levantar su proyecto y en Zarza-Capilla encontró un humilde taller, impulsado por el cura del pueblo, cuyos trabajadores solo pedían una oportunidad para aprender: «Creen que es por precios o dinero. No. Fue por la gente, que se comprometió a aprender. Eso no lo encontré en ningún lugar de España». La apuesta fue muy clara desde el principio: abandonar la idea de una fábrica convencional de confección para construir un cetro altamente especializado. Porque, como explica Alonso, pese a que el aspecto exterior pueda engañar, dentro no se fabrican camisas ni pantalones: «La apariencia es de una fábrica de confección, pero la realidad es que son fábricas de alta tecnología». Esa es precisamente una de las ideas que mejor resume la filosofía de Parafly. El sonido de las máquinas de coser es el mismo que puede escucharse en cualquier taller textil, pero el producto final poco tiene que ver con la moda.Cada paracaídas requiere procesos específicos, materiales técnicos y un nivel de precisión extremo. Uno de los modelos de mayor tamaño alcanza los mil metros cuadrados de superficie, pesa alrededor de 120 kilos y necesita nada menos que tres millones y medio de puntadas para completarse . «No es lo mismo coser una camisa que un paracaídas de 120 kilos», cuenta Alonso. Por eso, precisamente, admite que los mejores modistas tenían dificultades para adaptarse al sistema de trabajo.Presente y mucho futuroActualmente, la empresa sostiene más de 40 empleos en Zarza-Capilla. Cerca del 15% de la población que tiene el municipio. De ellos, el 90% son mujeres. Fueron ellas, de hecho, quienes levantaron buena parte del proyecto y quienes, con el paso de los años, han adquirido una especialización difícil de encontrar en toro lugar, aunque ahora la empresa sí haya sido capaz de incorporar más hombres y trabajadores jóvenes. Si bien, pese al éxito de Parafly, la empresa también se encuentra con los problemas de la Extremadura más rural. Con el progresivo descenso de la población del municipio, han tenido que ampliar su radio de contratación a otros pueblos de alrededor, como Cabeza del Buey o Peñalsordo. Mirando al horizonte, el principal escollo no está en la cartera de pedidos, sino en la propia demografía . La escasez de población en la comarca dificulta encontrar nuevos trabajadores, por lo que ya estudian una ampliación en el municipio de Siruela. Para el director general es una nueva oportunidad para formar trabajadores desde cero: «No necesitamos ingenieros. Formamos nosotros al personal. Aquí se convertirán en especialistas en un año».El crecimiento del proyecto ha permitido a la empresa consolidarse como uno de los principales actores de la industria europea de defensa. Suministran tecnología a fabricantes militares de todo el continente y distintas compañías armamentísticas, además de producir paracaídas destinados directamente a ejércitos de la OTAN: «Vendemos tecnología a toda la industria militar europea». En el caso concreto de los paracaídas de carga, utilizados para lanzar vehículos, suministros o material pesado desde aeronaves, la empresa asegura ocupar una posición de referencia: «Somos líderes a nivel europeo». Además, a lo largo de su historia, también ha desarrollado otros productos como chalecos antibalas o sistemas de protección para pistas de tenis profesional. Por evidentes contratos de confidencialidad, la empresa no puede aportar demasiados detalles, pero confirma que, además de los paracaídas, trabaja en varias líneas de acción: modernización de arneses para asientos eyectables; tornillos, percutores y cortadores electro-pirotécnicos; equipamientos especiales para pilotos y tripulaciones; o vestuario de vuelo para pilotos de combate . En el subsector de la ingeniería e I+D, aseguran que están trabajando en una nueva línea de investigación, con proyección muy importante para la recuperación de sistemas de los diferentes equipos involucrados en misiones espaciales.La coyuntura internacional, marcada por el incremento de la inversión en defensa en buena parte de Europa, desde luego, abre nuevas oportunidades para compañías como Parafly. En Extremadura, donde el sector empieza a ganar protagonismo con una apuesta decidida por parte de la Junta de Extremadura , Alonso reivindica el papel que ellos llevan desempeñando décadas: «Más allá de Rheinmetall, seguramente seamos la empresa militar más potente que hay en la región».Con todo, Parafly es una buena noticia para una región que aspira abiertamente a aprovechar el incremento inversor en defensa. Con las fábricas, precisamente, del gigante Rheinmetall en Navalmoral de la Mata o El Gordo y la promesa de la mayor fábrica de drones que aspira a instalarse en Zafra, Extremadura está dando pasos sobre un camino que, en Zarza-Capilla, conocen desde hace décadas. Aunque, eso sí, su director general, avisa con gracia: «Esto es coser, sí, pero no cantar». Hubo un tiempo en el que la imagen sorprendía, incluso, a quienes estaban acostumbrados a trabajar en los mayores centros tecnológicos del mundo. Ingenieros de la NASA, representantes del Pentágono o militares estadounidenses sentían asombro y cierta incredulidad cada vez que pisaban Zarza-Capilla , un pequeño municipio de la Siberia extremeña de en torno a 300 habitantes. Allí, en lo que era y es un ejemplo perfecto de la Extremadura más rural, encontraban el día a día de un pueblo, con sus costumbres, dándose la mano con una fábrica donde se confeccionan algunos de los paracaídas militares más complejos de toda Europa. Un «contraste» que define la esencia de Parafly, la empresa que «cose» para la OTAN desde un menudo rincón de la geografía extremeña donde se han convertido en referencia del sector defensa.Desde hace más de cuatro décadas, la compañía ha convertido Zarza-Capilla en uno de los principales centros especializados en la fabricación de paracaídas militares. Un liderazgo construido lejos de los grandes polos industriales y basado en un factor que, según su director general y administrador único, Víctor Miguel Alonso, resultó decisivo desde el primer momento: las «ganas de aprender» de sus trabajadores, en su mayoría mujeres.Porque, como relata Alonso, Parafly no llegó a Extremadura buscando mano de obra barata ni ventajas fiscales. Tampoco suelo industrial. La historia comienza en Vitoria, donde la empresa desarrollaba su actividad. Tras una profunda reorganización interna, su director general recorrió decenas de sus talleres repartidos por todo el país. Buscaba el lugar ideal para levantar su proyecto y en Zarza-Capilla encontró un humilde taller, impulsado por el cura del pueblo, cuyos trabajadores solo pedían una oportunidad para aprender: «Creen que es por precios o dinero. No. Fue por la gente, que se comprometió a aprender. Eso no lo encontré en ningún lugar de España». La apuesta fue muy clara desde el principio: abandonar la idea de una fábrica convencional de confección para construir un cetro altamente especializado. Porque, como explica Alonso, pese a que el aspecto exterior pueda engañar, dentro no se fabrican camisas ni pantalones: «La apariencia es de una fábrica de confección, pero la realidad es que son fábricas de alta tecnología». Esa es precisamente una de las ideas que mejor resume la filosofía de Parafly. El sonido de las máquinas de coser es el mismo que puede escucharse en cualquier taller textil, pero el producto final poco tiene que ver con la moda.Cada paracaídas requiere procesos específicos, materiales técnicos y un nivel de precisión extremo. Uno de los modelos de mayor tamaño alcanza los mil metros cuadrados de superficie, pesa alrededor de 120 kilos y necesita nada menos que tres millones y medio de puntadas para completarse . «No es lo mismo coser una camisa que un paracaídas de 120 kilos», cuenta Alonso. Por eso, precisamente, admite que los mejores modistas tenían dificultades para adaptarse al sistema de trabajo.Presente y mucho futuroActualmente, la empresa sostiene más de 40 empleos en Zarza-Capilla. Cerca del 15% de la población que tiene el municipio. De ellos, el 90% son mujeres. Fueron ellas, de hecho, quienes levantaron buena parte del proyecto y quienes, con el paso de los años, han adquirido una especialización difícil de encontrar en toro lugar, aunque ahora la empresa sí haya sido capaz de incorporar más hombres y trabajadores jóvenes. Si bien, pese al éxito de Parafly, la empresa también se encuentra con los problemas de la Extremadura más rural. Con el progresivo descenso de la población del municipio, han tenido que ampliar su radio de contratación a otros pueblos de alrededor, como Cabeza del Buey o Peñalsordo. Mirando al horizonte, el principal escollo no está en la cartera de pedidos, sino en la propia demografía . La escasez de población en la comarca dificulta encontrar nuevos trabajadores, por lo que ya estudian una ampliación en el municipio de Siruela. Para el director general es una nueva oportunidad para formar trabajadores desde cero: «No necesitamos ingenieros. Formamos nosotros al personal. Aquí se convertirán en especialistas en un año».El crecimiento del proyecto ha permitido a la empresa consolidarse como uno de los principales actores de la industria europea de defensa. Suministran tecnología a fabricantes militares de todo el continente y distintas compañías armamentísticas, además de producir paracaídas destinados directamente a ejércitos de la OTAN: «Vendemos tecnología a toda la industria militar europea». En el caso concreto de los paracaídas de carga, utilizados para lanzar vehículos, suministros o material pesado desde aeronaves, la empresa asegura ocupar una posición de referencia: «Somos líderes a nivel europeo». Además, a lo largo de su historia, también ha desarrollado otros productos como chalecos antibalas o sistemas de protección para pistas de tenis profesional. Por evidentes contratos de confidencialidad, la empresa no puede aportar demasiados detalles, pero confirma que, además de los paracaídas, trabaja en varias líneas de acción: modernización de arneses para asientos eyectables; tornillos, percutores y cortadores electro-pirotécnicos; equipamientos especiales para pilotos y tripulaciones; o vestuario de vuelo para pilotos de combate . En el subsector de la ingeniería e I+D, aseguran que están trabajando en una nueva línea de investigación, con proyección muy importante para la recuperación de sistemas de los diferentes equipos involucrados en misiones espaciales.La coyuntura internacional, marcada por el incremento de la inversión en defensa en buena parte de Europa, desde luego, abre nuevas oportunidades para compañías como Parafly. En Extremadura, donde el sector empieza a ganar protagonismo con una apuesta decidida por parte de la Junta de Extremadura , Alonso reivindica el papel que ellos llevan desempeñando décadas: «Más allá de Rheinmetall, seguramente seamos la empresa militar más potente que hay en la región».Con todo, Parafly es una buena noticia para una región que aspira abiertamente a aprovechar el incremento inversor en defensa. Con las fábricas, precisamente, del gigante Rheinmetall en Navalmoral de la Mata o El Gordo y la promesa de la mayor fábrica de drones que aspira a instalarse en Zafra, Extremadura está dando pasos sobre un camino que, en Zarza-Capilla, conocen desde hace décadas. Aunque, eso sí, su director general, avisa con gracia: «Esto es coser, sí, pero no cantar».
Hubo un tiempo en el que la imagen sorprendía, incluso, a quienes estaban acostumbrados a trabajar en los mayores centros tecnológicos del mundo. Ingenieros de la NASA, representantes del Pentágono o militares estadounidenses sentían asombro y cierta incredulidad cada vez que pisaban Zarza-Capilla, … un pequeño municipio de la Siberia extremeña de en torno a 300 habitantes. Allí, en lo que era y es un ejemplo perfecto de la Extremadura más rural, encontraban el día a día de un pueblo, con sus costumbres, dándose la mano con una fábrica donde se confeccionan algunos de los paracaídas militares más complejos de toda Europa. Un «contraste» que define la esencia de Parafly, la empresa que «cose» para la OTAN desde un menudo rincón de la geografía extremeña donde se han convertido en referencia del sector defensa.
Desde hace más de cuatro décadas, la compañía ha convertido Zarza-Capilla en uno de los principales centros especializados en la fabricación de paracaídas militares. Un liderazgo construido lejos de los grandes polos industriales y basado en un factor que, según su director general y administrador único, Víctor Miguel Alonso, resultó decisivo desde el primer momento: las «ganas de aprender» de sus trabajadores, en su mayoría mujeres.
Porque, como relata Alonso, Parafly no llegó a Extremadura buscando mano de obra barata ni ventajas fiscales. Tampoco suelo industrial. La historia comienza en Vitoria, donde la empresa desarrollaba su actividad. Tras una profunda reorganización interna, su director general recorrió decenas de sus talleres repartidos por todo el país. Buscaba el lugar ideal para levantar su proyecto y en Zarza-Capilla encontró un humilde taller, impulsado por el cura del pueblo, cuyos trabajadores solo pedían una oportunidad para aprender: «Creen que es por precios o dinero. No. Fue por la gente, que se comprometió a aprender. Eso no lo encontré en ningún lugar de España».
La apuesta fue muy clara desde el principio: abandonar la idea de una fábrica convencional de confección para construir un cetro altamente especializado. Porque, como explica Alonso, pese a que el aspecto exterior pueda engañar, dentro no se fabrican camisas ni pantalones: «La apariencia es de una fábrica de confección, pero la realidad es que son fábricas de alta tecnología». Esa es precisamente una de las ideas que mejor resume la filosofía de Parafly. El sonido de las máquinas de coser es el mismo que puede escucharse en cualquier taller textil, pero el producto final poco tiene que ver con la moda.
Cada paracaídas requiere procesos específicos, materiales técnicos y un nivel de precisión extremo. Uno de los modelos de mayor tamaño alcanza los mil metros cuadrados de superficie, pesa alrededor de 120 kilos y necesita nada menos que tres millones y medio de puntadas para completarse. «No es lo mismo coser una camisa que un paracaídas de 120 kilos», cuenta Alonso. Por eso, precisamente, admite que los mejores modistas tenían dificultades para adaptarse al sistema de trabajo.
Presente y mucho futuro
Actualmente, la empresa sostiene más de 40 empleos en Zarza-Capilla. Cerca del 15% de la población que tiene el municipio. De ellos, el 90% son mujeres. Fueron ellas, de hecho, quienes levantaron buena parte del proyecto y quienes, con el paso de los años, han adquirido una especialización difícil de encontrar en toro lugar, aunque ahora la empresa sí haya sido capaz de incorporar más hombres y trabajadores jóvenes. Si bien, pese al éxito de Parafly, la empresa también se encuentra con los problemas de la Extremadura más rural. Con el progresivo descenso de la población del municipio, han tenido que ampliar su radio de contratación a otros pueblos de alrededor, como Cabeza del Buey o Peñalsordo.
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Mirando al horizonte, el principal escollo no está en la cartera de pedidos, sino en la propia demografía. La escasez de población en la comarca dificulta encontrar nuevos trabajadores, por lo que ya estudian una ampliación en el municipio de Siruela. Para el director general es una nueva oportunidad para formar trabajadores desde cero: «No necesitamos ingenieros. Formamos nosotros al personal. Aquí se convertirán en especialistas en un año».
El crecimiento del proyecto ha permitido a la empresa consolidarse como uno de los principales actores de la industria europea de defensa. Suministran tecnología a fabricantes militares de todo el continente y distintas compañías armamentísticas, además de producir paracaídas destinados directamente a ejércitos de la OTAN: «Vendemos tecnología a toda la industria militar europea».
En el caso concreto de los paracaídas de carga, utilizados para lanzar vehículos, suministros o material pesado desde aeronaves, la empresa asegura ocupar una posición de referencia: «Somos líderes a nivel europeo». Además, a lo largo de su historia, también ha desarrollado otros productos como chalecos antibalas o sistemas de protección para pistas de tenis profesional.
Por evidentes contratos de confidencialidad, la empresa no puede aportar demasiados detalles, pero confirma que, además de los paracaídas, trabaja en varias líneas de acción: modernización de arneses para asientos eyectables; tornillos, percutores y cortadores electro-pirotécnicos; equipamientos especiales para pilotos y tripulaciones; o vestuario de vuelo para pilotos de combate. En el subsector de la ingeniería e I+D, aseguran que están trabajando en una nueva línea de investigación, con proyección muy importante para la recuperación de sistemas de los diferentes equipos involucrados en misiones espaciales.
La coyuntura internacional, marcada por el incremento de la inversión en defensa en buena parte de Europa, desde luego, abre nuevas oportunidades para compañías como Parafly. En Extremadura, donde el sector empieza a ganar protagonismo con una apuesta decidida por parte de la Junta de Extremadura, Alonso reivindica el papel que ellos llevan desempeñando décadas: «Más allá de Rheinmetall, seguramente seamos la empresa militar más potente que hay en la región».
Con todo, Parafly es una buena noticia para una región que aspira abiertamente a aprovechar el incremento inversor en defensa. Con las fábricas, precisamente, del gigante Rheinmetall en Navalmoral de la Mata o El Gordo y la promesa de la mayor fábrica de drones que aspira a instalarse en Zafra, Extremadura está dando pasos sobre un camino que, en Zarza-Capilla, conocen desde hace décadas. Aunque, eso sí, su director general, avisa con gracia: «Esto es coser, sí, pero no cantar».
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