La empresaria de origen argentino tomó el relevo de ‘Chocolates de la Abuela’ en Hostal de Ipiés, un pueblo de tan solo 30 habitantes.Más información: Fernando es el único habitante de un pueblo: «Me vine por el alquiler imposible de la ciudad y llevo 17 años aquí» La empresaria de origen argentino tomó el relevo de ‘Chocolates de la Abuela’ en Hostal de Ipiés, un pueblo de tan solo 30 habitantes.Más información: Fernando es el único habitante de un pueblo: «Me vine por el alquiler imposible de la ciudad y llevo 17 años aquí»
Las claves
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En plena carretera, a su paso por el pequeño municipio oscense de Hostal de Ipiés, una chocolatería familiar lleva más de dos décadas demostrando que la tradición y la elaboración artesana todavía tienen un hueco en un mercado cada vez más condicionado por el aumento de los costes.
Detrás del mostrador se encuentra Carina, una argentina que llegó a España hace más de 20 años y que hoy representa el relevo generacional de un negocio que nació a miles de kilómetros de distancia.
La historia de Chocolates de la Abuela comenzó en la Patagonia argentina. «Somos de San Carlos de Bariloche, una ciudad de montaña donde el chocolate es un producto muy típico», explica Carina.
Allí, sus padres ya elaboraban chocolate, licores y mermeladas de forma artesanal antes de emigrar a España con la idea de continuar con el oficio que conocían. Tras buscar un lugar donde instalarse, las limitaciones económicas les impidieron acceder a algunas de las localidades que tenían en mente.
Finalmente encontraron una oportunidad en Hostal de Ipiés, donde recuperaron la antigua casa del médico gracias a un proyecto respaldado por Adecuara, una entidad que impulsa iniciativas rurales. «Fuimos los únicos que nos presentamos», recuerda. Eso sí, aclara que el verdadero reto llegó después: «Con los años, el esfuerzo ya es tuyo».
Emprendiendo en un pueblo de 30 habitantes
Desde que abrió sus puertas el 9 de julio de 2004, el establecimiento ha mantenido intacta su filosofía. «Es una elaboración artesanal, casera y a baja escala», resume la propietaria. Sin embargo, el mayor desafío actual no está en la producción, sino en el precio de las materias primas.
«Es impresionante cómo se ha disparado el valor del cacao y el café«, lamenta Carina. Según explica, los proveedores les han trasladado incrementos de entre el 40% y el 50% en apenas dos años, una situación que ha obligado al negocio a modificar su política de precios.
«Antes era una vez al año, ahora los aumentos son semestrales«, afirma. El ajuste más importante llegó a finales de enero y, según reconoce, «fue realmente necesario».
Aun así, la respuesta de muchos clientes sigue siendo positiva: «Hay gente que dice que es caro, pero otros valoran lo artesanal y la situación actual del chocolate».
El escaparate de la chocolatería es un reflejo de ese trabajo artesanal. El negocio ofrece más de 60 variedades de chocolate, además de bombones, tabletas, turrones de autor y preparados para chocolate a la taza, uno de los productos más demandados.
La oferta se completa con mermeladas sin conservantes y licores elaborados de manera tradicional, una combinación que mantiene vivo un negocio familiar que, 21 años después de su apertura, continúa apostando por la calidad frente a la producción en masa.
El Español – Sociedad
