El trabajador de la construcción comparó cómo vivió la albañilería en su juventud en comparación con cómo se vive a día de hoy.Más información: Santi, (22 años) albañil: «Muchos cuando empiezan a trabajar piensan en un coche nuevo, yo opté por una casa» El trabajador de la construcción comparó cómo vivió la albañilería en su juventud en comparación con cómo se vive a día de hoy.Más información: Santi, (22 años) albañil: «Muchos cuando empiezan a trabajar piensan en un coche nuevo, yo opté por una casa»
Las claves
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La falta de relevo generacional se ha convertido en uno de los principales problemas de la construcción en España.
Mientras las empresas buscan trabajadores capaces de incorporarse a las obras, cada vez resulta más difícil encontrar jóvenes dispuestos a empezar desde abajo y aprender un oficio que requiere esfuerzo, experiencia y tiempo.
Diego Martí, albañil valenciano de 29 años, conoce esta realidad de primera mano después de 15 años trabajando en el sector. De hecho, su propia trayectoria comenzó muy pronto.
Con 12 años tuvo su primer contacto con una obra y, lejos de rechazar aquel entorno, terminó descubriendo que la construcción era lo que realmente quería hacer. A los 15 años dejó los estudios y comenzó a trabajar como peón en la empresa de su padre.
Allí pasó entre cuatro y cinco años aprendiendo el oficio y observando cómo trabajaban los oficiales. Precisamente esa forma de aprender es lo que echa en falta entre los jóvenes. «En vez de fijarse en lo que hace el oficial, sacan el móvil», asegura en el podcast Sector Oficios.
Los jóvenes en la construcción
Diego critica especialmente la relación que algunos trabajadores jóvenes mantienen con el teléfono durante la jornada. «Ves a los chavales que se ponen y en vez de coger y fijarse en lo que hace el oficial, sacan el móvil y se ponen a mirar el móvil», afirma.
Para el albañil, la formación práctica exige observar constantemente a quienes tienen más experiencia: «¿No quieres aprender? Mira, que mirando también se aprende».
Una filosofía que él mismo aplicó durante sus primeros años, cuando adquirió conocimientos viendo trabajar a distintos oficiales. También considera que existe cierto rechazo hacia las categorías profesionales iniciales.
«Ahora no les gusta a la gente que les llames peón, quieren llamarlo ayudante», explica. Sin embargo, defiende que empezar desde abajo es necesario para adquirir las habilidades que posteriormente permiten acceder a mejores puestos y salarios.
El problema, según Diego, no es únicamente la actitud de algunos jóvenes. La construcción tiene que competir con trabajos que pueden ofrecer inicialmente un sueldo similar con unas condiciones aparentemente menos exigentes.
«Te metes de mozo de almacén y estás cobrando lo mismo que un peón», apunta. La diferencia aparece, a su juicio, con el paso del tiempo: «La gente quizás no mira más a futuro», sostiene. En la construcción, a más habilidades adquiridas, se pueden permitir aumentar el salario progresivamente el salario.
A ello se suma otro obstáculo: formar a un trabajador joven supone un riesgo económico para las pequeñas empresas. «Si te sale rana, tú como autónomo te puedes hundir prácticamente la vida«, advierte Diego, en referencia al coste de mantener a una persona que no domina el oficio.
Su propia empresa representa, sin embargo, una cara diferente del sector. Actualmente trabaja como oficial y gestiona reformas coordinando a distintos gremios, mientras el negocio familiar acumula una lista de espera de aproximadamente un año.
La experiencia de Diego refleja así una de las grandes paradojas de la albañilería española: existe trabajo y demanda para profesionales cualificados, pero al sector le urge convencer a los jóvenes para que acepten entrar al oficio desde abajo y apostar por la profesión.
El Español – Sociedad
