El ciclo programado por el PP con cuatro elecciones autonómicas seguidas en goteo deja un panorama inquietante para la izquierda española. Aunque todas las comunidades en liza eran ya del PP, y por tanto estaban derechizadas —“no estaríais haciendo estos análisis si en medio hubiera habido elecciones en Cataluña, eran cuatro que no teníamos y seguimos sin tener”, sentencia un privado un ministro—, lo cierto es que los resultados han consolidado una derechización muy evidente al menos de una parte importante del país, incluidos dos históricos graneros de votos de la izquierda como Andalucía y Extremadura.
El bloque conservador ha subido en todos los últimos comicios salvo en Andalucía, donde se ha frenado ligeramente | El PP da por hecho que es imparable mientras el Gobierno cree que con la movilización de generales todo está por escribir, como en 2023
El ciclo programado por el PP con cuatro elecciones autonómicas seguidas en goteo deja un panorama inquietante para la izquierda española. Aunque todas las comunidades en liza eran ya del PP, y por tanto estaban derechizadas —“no estaríais haciendo estos análisis si en medio hubiera habido elecciones en Cataluña, eran cuatro que no teníamos y seguimos sin tener”, sentencia un privado un ministro—, lo cierto es que los resultados han consolidado una derechización muy evidente al menos de una parte importante del país, incluidos dos históricos graneros de votos de la izquierda como Andalucía y Extremadura.
Cada una de las cuatro autonomías —Extremadura, Aragón, Castilla y León y ahora Andalucía— tiene matices, pero juntas dejan un mensaje: todas los territorios han votado derechizados. La suma de derechas mejoró sus resultados en tres citas: Castilla y León (+2,5 puntos), en Aragón (+7) y en Extremadura (+12). La única excepción fue Andalucía, donde la derecha bajó dos puntos desde su techo de 2022, y aun así logró un 58% de los votos que sigue siendo su segundo mejor resultado histórico. En Andalucía, la ola de derecha se frenó ligeramente en porcentaje, aunque tuvo un efecto fuerte en escaños —el bloque perdió cuatro, cinco el PP— y eso sirvió para ilusionar algo a los dirigentes progresistas, que aun así en privado, e incluso algunos en público, muestran su preocupación por la derechización evidente.

El PP está convencido de que, con estos números, Sánchez no podrá repetir el milagro de 2023 y la derecha volverá al poder en 2027. De hecho en la cúpula de Alberto Núñez Feijóo creen que estas cifras apuntan que la izquierda en las próximas autonómicas perderá dos bastiones que defiende por un solo escaño: Asturias y Castilla-La Mancha. No es casualidad que sus dos presidentes sonaran preocupados. El asturiano Barbón, sanchista pero cada vez más alejado de la figura del presidente para tratar de evitar ser arrastrado por la ola, cree que el PSOE debería hacer un “análisis interno crítico” para “volver a conectar con la ciudadanía”. Y Page, siempre el más crítico con Sánchez, fue muy duro y sentenció que por este camino, si el presidente no escucha el mensaje y cambia, este castigo hacia él se llevará por delante el poco poder territorial que le queda al PSOE. “El destinatario al que va dirigido el mensaje nítido de los ciudadanos no lo quiere entender o mira para otro lado”, dijo sobre Sánchez. También el líder de Castilla y León, Carlos Martínez, pidió “una reflexión autocrítica”. “El problema es la desconexión que tenemos con la sociedad”, remató.
En el entorno de Sánchez por el contrario creen que todo sigue muy abierto para las generales, y que si en 2023 el PSOE sacó 600.000 votos más en generales en Andalucía que en las autonómicas con una mayoría absoluta del PP, ahora que la ha perdido y tendrá que negociar con Vox la movilización puede ser aún mayor. “Las generales son otro mundo. Ahí la derechización está por demostrar. En las encuestas de generales, el PP está en los mismos números que 2023 o por debajo. La novedad es Vox, que está tirando mucho. Pero eso en un año puede cambiar. Van a pasar muchas cosas. No hay que dejarse llevar por lo que pasa en las autonómicas. Es mucho más difícil echar a alguien del poder que defender el castillo. Y Sánchez está en La Moncloa”, sentencia otro ministro.
Ningún resultado electoral está escrito de antemano. Todo puede pasar. Pero los datos de los sucedido en estos meses son elocuentes. La derechización es aún más clara si se compara la evolución sobre las generales de 2023. La derecha ha subido en todas partes: en Castilla y León (1 punto), en Aragón (4), en Andalucía (6) y en Extremadura (9). Y la izquierda ha retrocedido en espejo o más todavía: en Castilla y León (6 puntos), en Aragón (6), en Andalucía (7) y en Extremadura (9).
En el Gobierno insisten en que el problema es que, aunque en estas últimas ha habido más movilización de la prevista, la gente y especialmente la izquierda vota muy poco en las autonómicas, es como si no se lo tomaran del todo en serio. “Es un fracaso de todos, pero es así. 45 años después, mucha gente sigue pensando que las autonómicas no van con ellos, aunque ahí se decida la sanidad, la educación, la vivienda. Por eso la batalla de las generales es la de verdad, es mucho más ideológica, y la izquierda funciona mucho mejor ahí, especialmente Sánchez. Nadie creía que el PSOE pueda ganar en Castilla y León, en Aragón, en Extremadura o en Andalucía. Y eso te penaliza. Pero Sánchez sí puede ganar, lo ha hecho varias veces, y eso moviliza mucho”, resume otro dirigente.
En el PP lo ven de manera completamente diferente: “El PSOE es una marca devastada hasta que purguen al líder. Van a caer todos los líderes territoriales. Hemos convertido en bastiones de la derecha feudos de la izquierda y el padre de ese movimiento es Pedro Sánchez”, resume un miembro de la cúpula.
Una mala noticia para el PP es que el avance de la derecha no lo protagoniza él. Dónde se ve más claro es en las encuestas de unas hipotéticas generales: el voto estimado del PP es un par de puntos inferior al que logró en 2023, pero el bloque sube por la aparición de SALF y sobre todo por el crecimiento de Vox, que pasaría del 12% al entorno del 18%. En la cúpula del PP insisten en que esa no es su principal prioridad ahora, sino lograr que la derecha sume mayoría absoluta para poder gobernar, y eso lo ven prácticamente garantizado.
Encuestas para las generales.
Lo que dicen los datos es que el termómetro del ciclo electoral autonómico coincide con lo que apuntan las encuestas a nivel general. ¿Qué estimaciones manejan? Describen un electorado volcado a la derecha. En las elecciones generales de 2023, la suma de PP y Vox se impuso sobre la izquierda por 1,6 puntos (45,6% a 44%) —un margen insuficiente para alcanzar la mayoría de escaños—. Pero ahora sondeos como los de 40 dB. han ensanchado su ventaja: la suma de derechas (PP, Vox y SALF, que puede ser un problema para la derecha por la división del voto) aventaja en 14 puntos a la suma de izquierdas (PSOE, Sumar y Podemos), imponiéndose 51% a 37%. Es un giro tremendo. En escaños estas cifras de voto colocan a PP y Vox por encima de 190 escaños, holgadamente por encima de los 176 diputados que dan la mayoría. Es cierto que una movilización de la izquierda como la de 2023 o superior podría alterar mucho estas cifras, pero también que ahora es más difícil el milagro que hicieron Sánchez y Yolanda Díaz ese año no solo por el desgaste sino porque parten de más abajo.

Las otras señales.
Otra señal del giro es la derechización de los españoles y especialmente de los jóvenes, que han sido tradicionalmente el grupo más sensible al clima del momento. Como han contado Borja Andrino y Pablo Ordaz, hoy los jóvenes se ubican más a la derecha que nunca en la historia de la democracia. En 2025, el 51% de los votantes de 18 a 29 años elegían una fuerza de derechas; en 2014 eran apenas el 17%. El cambio ha sido profundo en una década: en 2015 Podemos tenía el 40% del voto joven; la izquierda del PSOE ahora no pasa del 13% y la primera fuerza entre los jóvenes es Vox, con uno de cada cuatro votos jóvenes.
¿Puede cambiar en generales?
Por supuesto todo esto puede cambiar: no hay nada escrito. Las elecciones han medido el momento actual en provincias concretas. Las comunidades con más presencia nacionalista no han votado en este ciclo, y especialmente los lugares en los que el PSOE está más fuerte como Cataluña. Las encuestas son volátiles y se mueven casi siempre cuando llegan las elecciones —así pasó en 2023, cuando la izquierda recuperó terreno y dejó a la suma de PP y Vox por debajo de la absoluta—. En La Moncloa insisten en que van a pasar tantas cosas en un año —algunas con impacto internacional, como las elecciones intermedias en EEUU donde Trump podría sufrir un severo castigo— que nadie debería dar por hecho nada en una política española que siempre sorprende. Pero repetir la remontada de 2023 se antoja ahora más difícil. El problema para Pedro Sánchez es que empieza desde más lejos, mucho más lejos.
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