Yo a ti, Candela, te digo que no pasa nada, que basta con sentir un poco de respeto. Pero es mentira: a mí el mar me provoca mucho miedo. Hay gente que ve el mar con los ojos de Sorolla, hay quien piensa el mar en las palabras de Vicent, algunos lo leen a través de la máquina de Camba, al que le dabas el mar y lo convertía en un artículo (en eso estamos). Pero yo veo el mar al modo del horror lovecraftiano: es un monstruo dormido que lame las playas y que, respirando lentamente, atraviesa la inmensidad del espacio y la eternidad del tiempo. A su lado, todos nuestros sueños carecen de sentido.
Nacemos y morimos y nunca deja el océano, ese monstruo cósmico, de lamer las playas y empujar a los acantilados. Es una metáfora de la eternidad del mundo y de nuestra odiosa finitud
Yo a ti, Candela, te digo que no pasa nada, que basta con sentir un poco de respeto. Pero es mentira: a mí el mar me provoca mucho miedo. Hay gente que ve el mar con los ojos de Sorolla, hay quien piensa el mar en las palabras de Vicent, algunos lo leen a través de la máquina de Camba, al que le dabas el mar y lo convertía en un artículo (en eso estamos). Pero yo veo el mar al modo del horror lovecraftiano: es un monstruo dormido que lame las playas y que, respirando lentamente, atraviesa la inmensidad del espacio y la eternidad del tiempo. A su lado, todos nuestros sueños carecen de sentido.
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