El regreso de María Corina pone a prueba la apuesta de Trump por Delcy

María Corina Machado había vuelto a la Casa Blanca el 7 de marzo para pedirle a Donald Trump algo que llevaba meses reclamando. Quería regresar a Venezuela. No podía seguir indefinidamente en Estados Unidos mientras el presidente norteamericano negociaba el futuro de su país con Delcy Rodríguez , la antigua vicepresidenta de Nicolás Maduro . En aquella segunda reunión, Machado insistió en que su lugar estaba en Venezuela y en que necesitaba recuperar la iniciativa política. Trump la escuchó, pero fue tajante. No lo veía claro. Según fuentes estadounidenses conocedoras de aquella conversación, el presidente se mostró bronco y advirtió de que el regreso podía complicar los acuerdos que su Administración estaba alcanzando con el chavismo. No quería alterar una relación que empezaba a ofrecerle resultados.Durante los meses siguientes, Machado siguió reclamando ayuda para volver. Desde la Casa Blanca le respondían que esperara. Había negociaciones pendientes, cuestiones de seguridad que resolver y una transición que Washington quería conducir a su manera. Pasaban las semanas y Rodríguez consolidaba su posición como principal interlocutora de Trump, mientras la dirigente que encarnaba la victoria de la oposición en las elecciones de julio de 2024 permanecía fuera del país.Los terremotos del 24 de junio, que dejaron graves daños en La Guaira, precipitaron sus planes. Machado consideró que ya no podía seguir esperando. Dos días después, el viernes 26, despegó del aeropuerto de Manassas, en Virginia, convencida de que había alcanzado un entendimiento con la Administración Trump para regresar a Venezuela. Su plan era volar hasta Curazao, territorio neerlandés frente a las costas venezolanas, y continuar desde allí por mar. Las autoridades de los Países Bajos habían autorizado su llegada a la isla, pese a que tenía el pasaporte caducado.El subsecretario de Estado, Christopher Landau, había hablado con la embajadora neerlandesa en Washington, Birgitta Tazelaar, que entendió que Estados Unidos respaldaba la operación. Pero otros responsables de la Administración pensaban lo contrario. Cuando la diplomática consultó al entonces responsable estadounidense para el continente americano, Mike Kozak, este le aclaró que Washington no apoyaba el regreso. La reconstrucción de aquellas conversaciones fue publicada por Axios.Los neerlandeses retiraron la autorización cuando Machado ya estaba en vuelo. Su equipo intentó evitar el regreso a Virginia y pidió aterrizar en Florida para mantener abierta la posibilidad de continuar el viaje. No lo consiguió. El avión volvió a Manassas, exactamente al aeropuerto del que había salido.Informaciones injuriosasEl distanciamiento se hizo cada vez más evidente. Aparecieron informaciones injuriosas muy críticas con Machado, algunas publicadas por Axios a partir de fuentes anónimas calificando sus intentos de «grotescos», que reflejaban las reservas de determinados responsables estadounidenses sobre su papel en la transición. La dirigente que durante años había sido uno de los principales referentes de la oposición venezolana en Washington empezaba a ser considerada por algunos sectores de la Administración como un obstáculo para sus planes.Todo aquello sucedía mientras Trump acumulaba críticas entre los venezolanos que habían esperado que la captura de Maduro condujera al desmantelamiento del chavismo. El presidente había pasado de ordenar la operación militar que terminó con Maduro en una prisión de Nueva York a elogiar públicamente a su antigua vicepresidenta. Rodríguez era, según Trump, una mujer maravillosa. Llegó incluso a afirmar que los venezolanos bailaban en las calles para celebrar la nueva situación, una descripción que no se correspondía con lo que estaba sucediendo en el país.El Departamento de Estado intervino para reconocerle a Rodríguez inmunidad en un procedimiento judicial, otra muestra de la importancia que Washington concedía a preservar su relación con ella. Mientras tanto, seguía habiendo presos políticos, incluidos ciudadanos españoles, pese a las promesas de Trump de conseguir su liberación. Los servicios de inteligencia continuaban funcionando y dirigentes como Diosdado Cabello conservaban posiciones dentro del aparato estatal, aunque sometidos a una presión creciente de Estados Unidos.Sin protección de EE.UU.La advertencia que recibió entonces el equipo de Machado fue inequívoca: si regresaba, estaría sola. Fuentes estadounidenses dijeron a ABC que no habría una operación para trasladarla, ni garantías de seguridad, ni un dispositivo para protegerla si las autoridades venezolanas decidían actuar contra ella. Sin embargo, el equipo de Machado nunca había solicitado esa protección. La dirigente preparó sus desplazamientos con sus propios medios y su propio personal de seguridad, sin ayuda directa estadounidense.Finalmente, el domingo 25 de octubre consiguió entrar desde Colombia. Era el segundo intento organizado por esa vía y el octavo desde junio. Su equipo preparó la operación y asumió los riesgos de atravesar una frontera vigilada por los organismos de seguridad venezolanos. No hubo una operación estadounidense de rescate ni un dispositivo oficial para facilitarle el paso.Preguntados por ABC, varios funcionarios estadounidenses admitieron que conocían los planes de Machado y que no se opusieron a ellos. Insistieron en que la Administración Trump no había facilitado la operación, pero reconocieron que estaban al corriente de los preparativos.Preguntados por ABC, varios funcionarios estadounidenses admitieron que conocían los planes de Machado y que no se opusieron a ellosEl regreso se produjo después de intensas discusiones dentro de una Administración dividida sobre el futuro de Venezuela. Algunos responsables consideraban que impedir, o dar la impresión de impedir, el regreso de la Nobel de la Paz suponía un coste político creciente. Otros temían que su presencia complicara la relación con Rodríguez y pusiera en peligro los acuerdos alcanzados desde enero.Movimiento decisivo en FloridaTambién pesó la política interna estadounidense. Legisladores republicanos de Florida, entre ellos el senador Rick Scott, habían advertido a la Casa Blanca de las consecuencias de aparecer como responsable del bloqueo a Machado, especialmente ante las elecciones legislativas del 3 de noviembre. La comunidad venezolana, que había celebrado la captura de Maduro, contemplaba con desconcierto los elogios de Trump a Rodríguez y la continuidad de buena parte del aparato chavista. La presión de esos legisladores resultó decisiva para que Washington dejara de oponerse al regreso, aunque no llegara a respaldarlo abiertamente.Pero la llegada de Machado a Venezuela no modifica, por ahora, las prioridades de Trump. Según las fuentes consultadas, Washington quiere preservar su relación con Rodríguez, convencido de que los acuerdos alcanzados con Caracas están dando resultados en materia petrolera, económica y de seguridad. La Casa Blanca pretende seguir negociando con los sectores del chavismo que conservan el control de las instituciones y mantiene su apuesta política por el diálogo articulado alrededor de la mesa vinculada a Norah Figuera. Washington quiere preservar su relación con Rodríguez, convencido de que los acuerdos alcanzados con Caracas están dando resultados en materia petrolera, económica y de seguridadMachado ha podido regresar, pero no pueder esperar que Estados Unidos modifique su estrategia para acomodarla a sus exigencias. Marco Rubio mantiene el objetivo declarado de una transición democrática, aunque la Administración considera prioritario preservar los acuerdos con Rodríguez, avanzar en las reformas negociadas y evitar una ruptura que pueda devolver la violencia a las calles.Reacción del chavismoQueda por ver cómo reaccionará el chavismo ante la presencia de Machado. Si las autoridades restringen sus movimientos, la someten a vigilancia o intentan detenerla, Washington tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a intervenir para contener los excesos del aparato de seguridad venezolano, tanto contra ella como contra otros opositores perseguidos durante años.La relación entre Trump y Rodríguez llega así así a una prueba que hasta ahora había podido evitar. El presidente estadounidense puede seguir elogiando a su interlocutora, pero tendrá que explicar cómo encajan esos elogios con el trato que reciba la principal dirigente de la oposición. Machado ha conseguido volver a Venezuela después de meses de intentos frustrados. Lo ha hecho sin la ayuda de Washington y en un momento en el que la Casa Blanca sigue negociando el futuro del país con quienes conservan el poder. María Corina Machado había vuelto a la Casa Blanca el 7 de marzo para pedirle a Donald Trump algo que llevaba meses reclamando. Quería regresar a Venezuela. No podía seguir indefinidamente en Estados Unidos mientras el presidente norteamericano negociaba el futuro de su país con Delcy Rodríguez , la antigua vicepresidenta de Nicolás Maduro . En aquella segunda reunión, Machado insistió en que su lugar estaba en Venezuela y en que necesitaba recuperar la iniciativa política. Trump la escuchó, pero fue tajante. No lo veía claro. Según fuentes estadounidenses conocedoras de aquella conversación, el presidente se mostró bronco y advirtió de que el regreso podía complicar los acuerdos que su Administración estaba alcanzando con el chavismo. No quería alterar una relación que empezaba a ofrecerle resultados.Durante los meses siguientes, Machado siguió reclamando ayuda para volver. Desde la Casa Blanca le respondían que esperara. Había negociaciones pendientes, cuestiones de seguridad que resolver y una transición que Washington quería conducir a su manera. Pasaban las semanas y Rodríguez consolidaba su posición como principal interlocutora de Trump, mientras la dirigente que encarnaba la victoria de la oposición en las elecciones de julio de 2024 permanecía fuera del país.Los terremotos del 24 de junio, que dejaron graves daños en La Guaira, precipitaron sus planes. Machado consideró que ya no podía seguir esperando. Dos días después, el viernes 26, despegó del aeropuerto de Manassas, en Virginia, convencida de que había alcanzado un entendimiento con la Administración Trump para regresar a Venezuela. Su plan era volar hasta Curazao, territorio neerlandés frente a las costas venezolanas, y continuar desde allí por mar. Las autoridades de los Países Bajos habían autorizado su llegada a la isla, pese a que tenía el pasaporte caducado.El subsecretario de Estado, Christopher Landau, había hablado con la embajadora neerlandesa en Washington, Birgitta Tazelaar, que entendió que Estados Unidos respaldaba la operación. Pero otros responsables de la Administración pensaban lo contrario. Cuando la diplomática consultó al entonces responsable estadounidense para el continente americano, Mike Kozak, este le aclaró que Washington no apoyaba el regreso. La reconstrucción de aquellas conversaciones fue publicada por Axios.Los neerlandeses retiraron la autorización cuando Machado ya estaba en vuelo. Su equipo intentó evitar el regreso a Virginia y pidió aterrizar en Florida para mantener abierta la posibilidad de continuar el viaje. No lo consiguió. El avión volvió a Manassas, exactamente al aeropuerto del que había salido.Informaciones injuriosasEl distanciamiento se hizo cada vez más evidente. Aparecieron informaciones injuriosas muy críticas con Machado, algunas publicadas por Axios a partir de fuentes anónimas calificando sus intentos de «grotescos», que reflejaban las reservas de determinados responsables estadounidenses sobre su papel en la transición. La dirigente que durante años había sido uno de los principales referentes de la oposición venezolana en Washington empezaba a ser considerada por algunos sectores de la Administración como un obstáculo para sus planes.Todo aquello sucedía mientras Trump acumulaba críticas entre los venezolanos que habían esperado que la captura de Maduro condujera al desmantelamiento del chavismo. El presidente había pasado de ordenar la operación militar que terminó con Maduro en una prisión de Nueva York a elogiar públicamente a su antigua vicepresidenta. Rodríguez era, según Trump, una mujer maravillosa. Llegó incluso a afirmar que los venezolanos bailaban en las calles para celebrar la nueva situación, una descripción que no se correspondía con lo que estaba sucediendo en el país.El Departamento de Estado intervino para reconocerle a Rodríguez inmunidad en un procedimiento judicial, otra muestra de la importancia que Washington concedía a preservar su relación con ella. Mientras tanto, seguía habiendo presos políticos, incluidos ciudadanos españoles, pese a las promesas de Trump de conseguir su liberación. Los servicios de inteligencia continuaban funcionando y dirigentes como Diosdado Cabello conservaban posiciones dentro del aparato estatal, aunque sometidos a una presión creciente de Estados Unidos.Sin protección de EE.UU.La advertencia que recibió entonces el equipo de Machado fue inequívoca: si regresaba, estaría sola. Fuentes estadounidenses dijeron a ABC que no habría una operación para trasladarla, ni garantías de seguridad, ni un dispositivo para protegerla si las autoridades venezolanas decidían actuar contra ella. Sin embargo, el equipo de Machado nunca había solicitado esa protección. La dirigente preparó sus desplazamientos con sus propios medios y su propio personal de seguridad, sin ayuda directa estadounidense.Finalmente, el domingo 25 de octubre consiguió entrar desde Colombia. Era el segundo intento organizado por esa vía y el octavo desde junio. Su equipo preparó la operación y asumió los riesgos de atravesar una frontera vigilada por los organismos de seguridad venezolanos. No hubo una operación estadounidense de rescate ni un dispositivo oficial para facilitarle el paso.Preguntados por ABC, varios funcionarios estadounidenses admitieron que conocían los planes de Machado y que no se opusieron a ellos. Insistieron en que la Administración Trump no había facilitado la operación, pero reconocieron que estaban al corriente de los preparativos.Preguntados por ABC, varios funcionarios estadounidenses admitieron que conocían los planes de Machado y que no se opusieron a ellosEl regreso se produjo después de intensas discusiones dentro de una Administración dividida sobre el futuro de Venezuela. Algunos responsables consideraban que impedir, o dar la impresión de impedir, el regreso de la Nobel de la Paz suponía un coste político creciente. Otros temían que su presencia complicara la relación con Rodríguez y pusiera en peligro los acuerdos alcanzados desde enero.Movimiento decisivo en FloridaTambién pesó la política interna estadounidense. Legisladores republicanos de Florida, entre ellos el senador Rick Scott, habían advertido a la Casa Blanca de las consecuencias de aparecer como responsable del bloqueo a Machado, especialmente ante las elecciones legislativas del 3 de noviembre. La comunidad venezolana, que había celebrado la captura de Maduro, contemplaba con desconcierto los elogios de Trump a Rodríguez y la continuidad de buena parte del aparato chavista. La presión de esos legisladores resultó decisiva para que Washington dejara de oponerse al regreso, aunque no llegara a respaldarlo abiertamente.Pero la llegada de Machado a Venezuela no modifica, por ahora, las prioridades de Trump. Según las fuentes consultadas, Washington quiere preservar su relación con Rodríguez, convencido de que los acuerdos alcanzados con Caracas están dando resultados en materia petrolera, económica y de seguridad. La Casa Blanca pretende seguir negociando con los sectores del chavismo que conservan el control de las instituciones y mantiene su apuesta política por el diálogo articulado alrededor de la mesa vinculada a Norah Figuera. Washington quiere preservar su relación con Rodríguez, convencido de que los acuerdos alcanzados con Caracas están dando resultados en materia petrolera, económica y de seguridadMachado ha podido regresar, pero no pueder esperar que Estados Unidos modifique su estrategia para acomodarla a sus exigencias. Marco Rubio mantiene el objetivo declarado de una transición democrática, aunque la Administración considera prioritario preservar los acuerdos con Rodríguez, avanzar en las reformas negociadas y evitar una ruptura que pueda devolver la violencia a las calles.Reacción del chavismoQueda por ver cómo reaccionará el chavismo ante la presencia de Machado. Si las autoridades restringen sus movimientos, la someten a vigilancia o intentan detenerla, Washington tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a intervenir para contener los excesos del aparato de seguridad venezolano, tanto contra ella como contra otros opositores perseguidos durante años.La relación entre Trump y Rodríguez llega así así a una prueba que hasta ahora había podido evitar. El presidente estadounidense puede seguir elogiando a su interlocutora, pero tendrá que explicar cómo encajan esos elogios con el trato que reciba la principal dirigente de la oposición. Machado ha conseguido volver a Venezuela después de meses de intentos frustrados. Lo ha hecho sin la ayuda de Washington y en un momento en el que la Casa Blanca sigue negociando el futuro del país con quienes conservan el poder.  

María Corina Machado había vuelto a la Casa Blanca el 7 de marzo para pedirle a Donald Trump algo que llevaba meses reclamando. Quería regresar a Venezuela. No podía seguir indefinidamente en Estados Unidos mientras el presidente norteamericano negociaba el futuro de su país … con Delcy Rodríguez, la antigua vicepresidenta de Nicolás Maduro. En aquella segunda reunión, Machado insistió en que su lugar estaba en Venezuela y en que necesitaba recuperar la iniciativa política. Trump la escuchó, pero fue tajante. No lo veía claro. Según fuentes estadounidenses conocedoras de aquella conversación, el presidente se mostró bronco y advirtió de que el regreso podía complicar los acuerdos que su Administración estaba alcanzando con el chavismo. No quería alterar una relación que empezaba a ofrecerle resultados.

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