Nuestro país es uno de los ganadores del ‘boom’ inversor de las big tech en estas ‘arterias de datos’ por el auge de la IA, pero algunas voces alertan de la falta de soberanía europea en este ámbito Nuestro país es uno de los ganadores del ‘boom’ inversor de las big tech en estas ‘arterias de datos’ por el auge de la IA, pero algunas voces alertan de la falta de soberanía europea en este ámbito
Las big tech han tomado las riendas de los cables submarinos de datos del planeta, desplazando del mercado a las telecos de toda la vida. Un puñado de empresas (Google, Microsoft, Meta y Amazon) son los mayores usuarios de estas infraestructuras: concentran ya … más del 70% de todo el ancho de banda internacional, según el último informe de la consultora TeleGeography, que se toma como referencia en el sector. La voracidad de la Inteligencia Artificial, el uso cada vez mayor de los servicios en la nube y la explosión del tráfico de datos digital han empujado a los gigantes de Silicon Valley a financiar sus propias arterias de fibra en las profundidades oceánicas. Una tendencia que pone en jaque la soberanía tecnológica y de conectividad de Europa hasta el punto que la UE ya ha comenzado a diseñar planes de acción para reforzar la seguridad y resiliencia de estas infraestructuras críticas.
No obstante, se da una paradoja. En esta nueva reconfiguración del mapa de las telecomunicaciones, España emerge con una posición geográfica privilegiada. Nuestro país se consolida como la puerta de entrada natural del tráfico de datos que viaja desde América del Norte y del Sur hacia el Viejo Continente, al tiempo que actúa como puente hacia África, Oriente Medio y Asia, compitiendo directamente con el histórico nodo de Marsella. Esta ubicación estratégica no pasa desapercibida para las grandes tecnológicas, que están aumentado sus inversiones en la Península Ibérica, abriendo así una ventana de oportunidad y colaboración para los operadores españoles. «Hemos pasado de ser una esquina de la red europea a un punto clave de tráfico entre continentes. Somos un cruce en las telecomunicaciones internacionales», defiende Diego Matas, Chief Operating Officer de EllaLink.
Y las pruebas están sobre la mesa. El cable Marea, que une a lo largo de 6.600 kilómetros Virginia Beach (EE.UU.) con el punto de amarre de Sopelana (Bilbao), nació de la alianza entre Microsoft, Meta y Telxius, la filial de infraestructuras del Grupo Telefónica. Grace Hopper (impulsado por Google) conecta Nueva York con esa misma estación vizcaína. A ellos se suma Anjana, el primer sistema transatlántico propiedad exclusiva de Meta, que enlaza Myrtle Beach (Carolina del Sur) con Santander. Al mismo enclave al que llegará Sol (también de Meta), que se encuentra en fase de despliegue.
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Para la llegada de todo ese tráfico de datos, Telxius se ha encargado de desarrollar la infraestructura de amarre tanto en Santander como en Sopelana. Esta última estación está respaldada por un centro de datos e interconexiones en Derio (Vizcaya), lo que permite conectar mediante redes terrestres con los principales hubs europeos. «Habitualmente, para construir sus estaciones de amarre en distintos puntos del planeta, las grandes tecnológicas se apoyan en operadores locales», explica Carlos Dasi, Submarine Cable Resilience Advisor en la ITU (Unión Internacional de Telecomunicaciones) y miembro del Foro Histórico de las Telecomunicaciones del COIT (Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación).
Una dinámica que abre nuevas posibilidades de negocio para nuestros operadores. «La entrada de grandes compañías tecnológicas no desplaza necesariamente a los operadores de telecomunicaciones, sino que abre nuevas oportunidades de colaboración. Estas compañías aportan escala, capacidad inversora y una demanda creciente de conectividad, mientras que operadores como Telxius contribuyen con experiencia en el diseño, despliegue y operación de redes submarinas, conocimiento de los mercados locales, infraestructura de amarre, backhaul terrestre y la interconexión. Esa combinación de especialización y complementariedad ofrece a las telecos españolas un papel relevante en la evolución de la conectividad internacional y refuerza la posición de España como hub entre Europa y América», considera Antonio Ledesma, CEO de Telxius.
Nichos de mercado
En paralelo, conviven operadores como EllaLink, IslaLink o AFR-IX Telecom, que buscan sus propios nichos de mercado desplegando rutas hacia Latinoamérica, África y el Mediterráneo. Muestra de ello es la estación de amarre Cable Landing Station de Barcelona (operada por AFR-IX). «Está diseñada para acoger hasta ocho cables submarinos diferentes», concreta Carlos Dasi. Allí ha llegado el cable submarino 2Africa, uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos del mundo con más de 45.000 kilómetros de longitud. Cuanto esté totalmente desplegado rodeará por completo el continente africano y conectará 33 países de África, Oriente Medio, el Sur de Europa y Asia. Está impulsado por un consorcio internacional en el que participan gigantes tecnológicos y operadores locales.
El cable submarino Medusa es también un buen ejemplo de la iniciativa privada española. Está impulsado por la propia AFR-IX para interconectar casi una veintena de puntos entre el sur de Europa y el norte de África a lo largo del Mediterráneo. «Hay mercado para players como nosotros, conectando Europa con Latinoamérica directamente o en zonas, como el Mediterráneo, donde las hyperscalers no tienen una posición fuerte», afirma Diego Matas.
99%
del tráfico internacional de datos se realiza a través de estas arterias
Uno de los objetivos de las big tech es el mercado de capacidad. «Están en mercados con mucho volumen, sus redes llevan muchísimo tráfico. La ambición de construir es para satisfacer su propia demanda, que es descomunal y va muy rápido. Y quieren anticipar la inversión de lo que van a necesitar de 5 a 10 años. Pero les falta la última milla y esta es la parte que todos los operadores locales intentan proteger», afirma Diego Matas.
El interés de las compañías estadounidenses en los cables submarinos también responde a la búsqueda de diversificación para mitigar riesgos geopolíticos y eventualidades técnicas, como apunta Carlos Dasi. «La política de conectividad de las big tech -dice- busca tener tres cables diferentes para la misma ruta con tres puntos de amarre distintos. Así, si un cable sufre una rotura accidental o un sabotaje tienen capacidad de reacción y otras alternativas que les permite mantener su tráfico».
Músculo financiero
Desde luego, cuentan con un músculo financiero más que suficiente para afrontar los desafíos complejos que supone fabricar e instalar estas infraestructuras. «Un cable submarino transatlántico de 7.000 kilómetros requiere una inversión en torno a 400 millones de dólares, sin contar las estaciones de amarre y el equipamiento de iluminación del cable. Son proyectos de cuatro años de duración hasta que están operativos: hay que estudiar el trazado, analizar el fondo marino de la ruta, localizar los puntos de amarre, definir el tipo de cable, su capacidad de transmisión, los repetidores necesarios, tramitar los permisos… Se necesitan barcos especializados para tender el cable, y no hay muchos buques disponibles ni para su despliegue ni para su reparación», aclara Dasi.
Pero las necesidades apremian. Hoy el 99% del tráfico internacional de datos es submarino. «Es más rápido y la cantidad de información que se transmite es mucho mayor que un satélite. Además el coste de la operación es más eficiente», sostiene Dasi. El entrenamiento de la IA, el desarrollo de modelos de lenguaje cada vez más avanzados y la proliferación de centros de datos para estas disruptivas tecnología está saturando la transmisión en corredores críticos, como las rutas transatlánticas del Norte a través del Reino Unido. «Necesitamos más cables», afirma Dasi. De acuerdo con las previsiones de TeleGeography, la inversión global en nuevos cables submarinos superará los 14.000 millones de dólares entre 2025 y 2027, impulsada en gran medida por proveedores como Google y Meta. «Hoy cada mil dólares que se invierte en IA solo un 1% se destina a la infraestructura submarina de conectividad», asegura Dasi.
Avance tecnológico
La entrada de las big tech al mercado de los cables submarinos también ha acelerado la evolución tecnológica. «Marea nació con 8 pares de fibra y una capacidad de transmisión de unos 200 Terabits por segundo (Tbps) usando métodos de construcción tradicionales. La siguiente tecnología, SDM (Spatial Division Multiplexing), permite meter más pares de fibra dentro del mismo cable y transmitir un volumen de datos sustancialmente mayor. Meta ya ha anunciado un nuevo sistema de 24 pares de fibra con una capacidad operativa que alcanza un Petabit por segundo (Pbps)», detalla Dasi. Esta potente artería conectará Francia con Estados Unidos.
Pero el dominio de las big tech de infraestructura tan críticas tiene una cara amarga: plantea serias dudas estratégicas para Europa. «Perdemos soberanía totalmente, porque son las big tech quienes van a decidir qué, cómo y dónde. La Península Ibérica está bien posicionada y atrae inversión gracias a su ubicación geográfica, pero desde el punto de vista de la conectividad corremos el riesgo de ser meros súbditos de las grandes tecnológicas. Muchas operadoras europeas ya no promueven cables propios, sino que compran pares de fibra sobre la infraestructura que despliegan las compañías estadounidenses, lo que nos da un acceso condicionado o residual», advierte Dasi. Aunque, como reconoce Mata: «Es mejor que las autopistas de la información toquen tu país que lo hagan en otro».

En este nuevo mapa de las telecomunicaciones, los operadores locales también tienen una posición. Telxius —la filial de infraestructuras del Grupo Telefónica— actúa como la pieza indispensable para que aterricen en nuestro territorio los cables submarinos de las grandes tecnológicas a través de diferentes formas de colaboración. «Trabajar con otros operadores y grandes compañías tecnológicas permite combinar conocimiento, optimizar inversiones, compartir riesgos y acelerar la incorporación de nuevas rutas y capacidad», considera Ledesma.
La red de Telxius cuenta con algunos de los principales cables submarinos de nueva generación (Marea, Dunant, Brusa, Anjana, Tannat, Junior, Mistral y Firminia). Además se encuentra en las fases finales del despliegue de los cables Celia, que aumentará la conectividad entre el Caribe, EE.UU. y Latinoamérica, y Tikal, que dará acceso a esta compañía a un nuevo mercado como México. Una infraestructura que se integra con redes terrestres, estaciones de amarre y centros de datos. «Nuestra red supera los 100.000 kilómetros de fibra submarina y terrestre, y permite extender la capacidad que llega a nuestras estaciones de amarre hasta los principales hubs y centros de datos de Europa y América. Aporta resiliencia, baja latencia, diversidad de rutas y capacidad para acompañar el crecimiento del cloud, la inteligencia artificial y otras aplicaciones», detalla Ledesma.
Conexión soberana
Otro de nuestros operadores, EllaLink, está desplegando un innovador sistema de cable submarino que conecta directamente Latinoamérica y Europa, sin pasar por EE.UU, desde Sines (Portugal) a Fortaleza (Brasil). Son 5.500 kilómetros de longitud por una ruta que ha conseguido reducir la latencia pasando de más de 100 milisegundos de los corredores tradicionales a unos 50 milisegundos. «Es una conexión soberana y hemos buscado geografías que no tenían buena conectividad y la hemos mejorado. El cable tendrá siete ramales: estamos instalando en Mauritania, Casablanca, Madeira-Funchal, Cabo Verde y en la Guayana francesa, que tendrá dos futuras conexiones al norte de Brasil. Nuestro cable es más corto que las rutas tradicionales que pasan por Estados Unidos. Por eso nuestra latencia está en la mitad. Hemos mejorado el rendimiento digital», cuenta Diego Matas.
Todo tiene su sentido: en Kourou (Guayana francesa) se encuentra el principal puerto espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA), y el lugar desde el que se gestionan los principales lanzamientos de Europa. «La conexión entre Guayana y Europa será directa», asegura. EllaLink mira nuevos proyectos hacia el Caribe y desde Sines hacia Madrid. «Podremos unirnos directamente con Marsella o Bilbao», dice Matas.
Así es la paradoja: a pesar de que esté en riesgo la soberanía de Europa, en este nuevo mapa de las telecomunicaciones submarinas a nivel global España tiene su lugar estratégico.
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