La imputación de Zapatero revienta el plan de Sánchez para salir del agujero de las andaluzas

La política española vive en la angustia permanente. Justo en la semana en la que empezaba en teoría un largo año sin elecciones, y unos días después de que Pedro Sánchez superara a José María Aznar como el segundo presidente más longevo de la historia, la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como presunto líder de “una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”, según el durísimo auto del juez, desarmó este martes al Gobierno y revienta el plan de Sánchez para intentar recuperar el pulso después del duro golpe de las andaluzas.

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 El presidente mantiene su apoyo al hombre clave del sanchismo en un ambiente de ‘shock’  

La política española vive en la angustia permanente. Justo en la semana en la que empezaba en teoría un largo año sin elecciones, y unos días después de que Pedro Sánchez superara a José María Aznar como el segundo presidente más longevo de la historia, la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como presunto líder de “una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”, según el durísimo auto del juez, desarmó este martes al Gobierno y revienta el plan de Sánchez para intentar recuperar el pulso después del duro golpe de las andaluzas.

La imputación, la primera en la democracia española de un expresidente, y el auto que la sustenta, lleno de detalles, dejaron en shock al Gobierno, que ahora solo espera que Zapatero pueda desactivar estas acusaciones con algo más que el vídeo que publicó este martes en el que niega haber tenido ninguna relación con el rescate de Plus Ultra.

El presidente y su equipo estaban listos para rematar los acuerdos con ERC para los Presupuestos catalanes que refuerzan un poco a la mayoría, está preparando un viaje a Roma para ver al Papa y preparar una visita que esperan que sea muy importante como apoyo a la política pro inmigración del Gobierno y a la regularización, y estuvo el lunes en la OMS reivindicando la buena gestión de la crisis del hantavirus.

Todo parecía volver a una cierta normalidad después de un resultado desastroso en Andalucía pero que mete al PP en un buen “lío”, según la expresión de Juan Manuel Moreno, porque lo obliga a pactar con Vox. Pero el golpe de este martes fue demoledor. Y fue empeorando a lo largo del día, cuando la prensa empezó a dar cuenta de los detalles del auto que coloca a Zapatero como líder de esa trama de tráfico de influencias que se habría llevado, según los investigadores, hasta dos millones de euros en comisiones, que recibieron según el auto tanto el expresidente como sus hijas.

A pesar de todo, Sánchez está completamente decidido a mantener su apoyo a Zapatero, uno de sus avales políticos fundamentales y un hombre clave en el sanchismo por su capacidad de conectar con grandes sectores del progresismo y movilizar millones de votos, como se demostró con su decisivo papel en la campaña electoral de julio de 2023, que ha repetido después en otras elecciones menos exitosas para el PSOE.

Sánchez tiene este miércoles una prueba de fuego para ese apoyo, esto es, la sesión de control en el Congreso, donde Alberto Núñez Feijóo le apretará con dureza y le pedirá la dimisión por el escándalo de uno de los dirigentes de la máxima confianza del presidente.

El PP está en ebullición y exige la convocatoria electoral ante la primera imputación a un expresidente en la historia de la democracia. “El tinglado se desmorona y los capos de la trama empiezan a caer”, señaló el secretario general del PP, Miguel Tellado. Sin embargo, el PP insiste en que no presentará una moción de censura que ahora mismo parece condenada al fracaso, porque los socios del Gobierno mantuvieron este martes el apoyo e incluso algunos fueron más fuerte que el propio Ejecutivo en sus críticas a la decisión judicial y hablaron de lawfare.

Cuando saltaron los escándalos de José Luis Ábalos o Santos Cerdán, especialmente cuando se publicó el auto que incriminaba a este último, Sánchez cambió, les retiró el apoyo y les pidió el acta de diputado. Pero este martes, incluso después de leer el auto de 85 páginas, Sánchez decidió mantener el apoyo a Zapatero porque en La Moncloa creen que en el texto no hay nada sólido que pruebe ningún delito del expresidente. En un mensaje a su Ejecutiva, Sánchez les dijo que entiende que son “momentos duros”, pero les pidió expresamente que defiendan “el buen nombre de un compañero, el presidente Zapatero”.

Sánchez apuesta así por defender la presunción de inocencia de Zapatero, algo que siempre ha hecho con sus familiares imputados —tanto su mujer como su hermano, en distintos casos— y con el fiscal general pero que no hizo con Ábalos y Cerdán, ya que dio por buena la acusación de los investigadores y les cortó políticamente la cabeza. En La Moncloa señalan que lo que hay en el auto, por mucho que esté detallado, no se parece en nada a escuchar a Cerdán en grabaciones hablando de dinero.

El Gobierno, aun así, y el propio Sánchez, que envió un mensaje a la Ejecutiva, han evitado llegar al extremo que sí planteó el PSOE a primera hora a través de un comunicado oficial, esto es la tesis de que detrás de esta imputación hay una operación política. “Las derecha y la ultraderecha nunca perdonaron los avances con Zapatero, el que pueda hacer que haga”, remataba el texto del PSOE, que apuntaba así a una conspiración, un lawfare de libro para explicar la imputación.

Nadie del Gobierno siguió después esa estela, aunque sí mantuvieron, también oficialmente a través de la portavoz, Elma Saiz, el apoyo cerrado a Zapatero. Una vez que Sánchez pidió a su cúpula en el PSOE que reivindique el legado del expresidente, fueron en esa línea las pocas declaraciones del día de dirigentes socialistas, que en general mantuvieron un espeso silencio de circunstancias ante la gravedad de la crisis que toca al que, después de Sánchez, parece el principal activo político y electoral del PSOE en este momento.

El Gobierno se había preparado mentalmente para un año electoral infernal, donde partía de la base de que habría muchas noticias duras, especialmente provenientes de la justicia. En el Ejecutivo está muy instalada, en distintos sectores, la idea de que el Gobierno sufre un auténtico acoso de algunos jueces y de algunos cuadros de la policía y la Guardia Civil. Sin embargo, y pese a llevar un año dramático en este sentido después de la entrada en la cárcel de Cerdán, la imputación de Zapatero dejó en shock a buena parte del Gobierno y sus entornos. Aunque se había especulado mucho con esa posibilidad, casi nadie la veía creíble.

Sánchez se enteró en La Zarzuela, en un acto con rey Felipe VI. Después fue al Consejo de Ministros, donde justo antes de empezar, en los corrillos habituales, explicó a algunos que había podido hablar con Zapatero y que él defendía en todo momento su inocencia y estaba muy dolido con la imputación, algo que se vería después con el vídeo que grabó el expresidente para rechazar las acusaciones. Zapatero anunció que acudirá a los medios a explicarse y en el Gobierno están deseando que lo haga para tratar de despejar una sospecha que, con la imputación y los detalles económicos del auto, han desatado todo tipo de rumores dentro del PSOE.

Después del shock, y de lectura reposada del auto, viene la reflexión y una llamada a la calma que bajó del presidente a todos los demás. El líder del PSOE está decidido a tener con Zapatero un tratamiento muy diferente al que tuvo con Ábalos y Cerdán, porque cree que en este caso los indicios que aporta el auto no son suficientes para concluir que el expresidente fue un corrupto. Sánchez ha decidido esperar a ver cómo se sustancia la imputación y la capacidad de ofrecer explicaciones para defenderse de estas acusaciones.

En el Gobierno y en el PSOE se detecta mucha indignación con las investigaciones contra los dirigentes socialistas, incluido Zapatero, pero también mucha preocupación ante la posibilidad de que un caso como este provoque un desgaste aún mayor que el que ya detectan las encuestas y se ve en elecciones como las andaluzas, donde el PSOE ha vuelto a batir el récord de su peor resultado pero esta vez con la mano derecha de Sánchez, María Jesús Montero. Zapatero no es cualquier dirigente. Es caza mayor. Es un acicate del partido en todas las campañas, y perderlo ahora como referente sería muy duro para los socialistas.

En cualquier caso, como es habitual en él, Sánchez ha optado por mantener la calma, aguantar el tipo todo lo posible en la sesión de control, que se antoja muy dura, y esperar acontecimientos. Sánchez apuesta una vez más por ganar algo de tiempo. Pero las dimensiones de la crisis auguran unas semanas muy difíciles para un Gobierno ya muy debilitado por distintos escándalos y malos resultados electorales. Lo que no está para nada encima de la mesa, según el entorno del presidente, es tomar decisiones drásticas como un adelanto electoral, sobre todo mientras se mantenga el apoyo de los socios que de momento no parece en cuestión.

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