Un estudio realizado con datos de 204 países ha demostrado que las dietas bajas en verduras y cereales disparan el riesgo de mortalidad por esta causa.
Más información: Vincent Figueredo, cardiólogo: «Un dolor de cuello o la fatiga repentina son síntomas de infarto inminente en la mujer» Un estudio realizado con datos de 204 países ha demostrado que las dietas bajas en verduras y cereales disparan el riesgo de mortalidad por esta causa.
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Las claves
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Las enfermedades cardiovasculares aparecen entre las primeras causas de muerte en todo el mundo. En España, de hecho, ya se trata de la principal causa de fallecimiento en mujeres.
Entre los factores de riesgo que explican este predominio se encuentran tanto el envejecimiento de la población como el estilo de vida sedentario, pero también hay otro de ellos que está detrás de un porcentaje importante de las muertes por esta causa: una alimentación deficiente.
Así lo ha demostrado un reciente estudio en el que se han analizado los datos de 204 países durante tres décadas. En 2023 (el último año de los estudiados) fue la responsable de cuatro millones de muertes por cardiopatía isquémica.
A nivel mundial se calcula que la cardiopatía isquémica causa 9,44 millones de fallecimientos al año, por lo que la alimentación podría estar detrás del 43%; o lo que es lo mismo, casi una de cada dos muertes por esta causa en el mundo estaría vinculada a una alimentación inadecuada.
Hombres mayores de 65
Los trabajos realizados hasta el momento se habían centrado en regímenes concretos de países. Ahora, el volumen de información que se ha recopilado es tal que incluso los autores señalan 13 factores dietéticos asociados con la mortalidad por infartos.
Las dietas que aumentan el riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica son aquellas que tienen un bajo contenido en verduras, cereales integrales, frutos secos y omega-6; además de las que contienen alimentos con alto porcentaje de sodio.
Los investigadores no sólo identificaron cuáles eran los alimentos que incrementaban el riesgo, sino que también analizaron los resultados en función de su origen.
En las regiones de América del Norte, Australasia y Europa Occidental observaron los mayores descensos de muertes por cardiopatía isquémica atribuibles a la alimentación desde 1990. Para el mismo periodo, en África subsahariana central se registró un incremento cercano al 20%.
La diferencia entre estas zonas responde a que en el trabajo la alimentación deficiente hacía referencia a distintos motivos, que iban desde un consumo excesivo de ultraprocesados hasta una mayor dificultad a la hora de acceder a los nutrientes.
En el caso de los países enriquecidos están relacionadas con el consumo de alimentos poco recomendados en este sentido, mientras que en los más empobrecidos se ven afectados por la desnutrición y el acceso limitado a los alimentos que reducen su riesgo.
En este último grupo, sin embargo, se está observando una tendencia alarmante. Y es que están experimentando un proceso de industrialización por el cual sus dietas están cambiando, con un mayor consumo de alimentos procesados.
Por ejemplo, el abaratamiento de la carne procesada ha ayudado a que se consuma más este alimento en los países que aún están en vías de desarrollo; con lo cual podría representar también un problema a futuro para estas regiones.
En el citado trabajo también se ha estudiado cómo se dispara el riesgo según cada perfil.
Descubrieron que los hombres tenían una mayor carga de cardiopatías isquémicas relacionada con la dieta, junto con las personas mayores de 65 años, que fueron las que obtuvieron las tasas de mortalidad más elevadas.
En España, pese a que el 80% de los infartos se producen en mayores de 65, en los últimos años se ha observado un repunte preocupante en los menores de 55-60 años, con más de 7.300 fallecimientos al año en este grupo.
También se han detectado casos en jóvenes, aunque en estos se debe principalmente a llevar un estilo de vida sedentario, acompañado de una mala alimentación y de otros factores de riesgo como el tabaco y la obesidad.
El aviso de Europa
Los investigadores también sostienen que se necesitan medidas específicas para abordar el bajo consumo de aquellos alimentos que pueden reducir el riesgo de sufrir un infarto.
Y es que como señala a EL ESPAÑOL Ignacio Fernández, presidente de la Sociedad Española de Cardiología, controlar la dieta es una de las medidas más efectivas a nivel poblacional.
Pese a que hay muchos aspectos a mejorar, considera que el relacionado con la alimentación es uno de los más importantes.
En España cree que se están tomando medidas al respecto. Pone como ejemplo la Estrategia de Salud Cardiovascular que publicó el Ministerio de Sanidad en 2022.
Recientemente, desde el Parlamento Europeo también se impulsó la Estrategia Europea de Salud Cardiovascular. «Cuando Europa decide adoptar un plan de este tipo es que no está contenta con lo que se está haciendo», apunta Fernández.
Ante este aviso el cardiólogo cree que es fundamental evitar perder factores protectores como la dieta mediterránea, lo que hace que en España haya tasas de eventos cardiovasculares menos elevadas en comparación con los países del norte y del este de Europa.
El Español – Salud
