Las preguntas de los alumnos sobre corrupción, Pegasus, Ceuta y Venezuela cambian el guion de Sánchez en Harvard

Pedro Sánchez quería hablar en Harvard de los peligros de la inteligencia artificial, pero terminó respondiendo preguntas sobre los casos de corrupción en España, el hackeo de su teléfono móvil, Venezuela y Ceuta.

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 El presidente de España ofrece un alegato contra la oligarquía tecnológica en la prestigiosa universidad y defiende su actuación en los casos que salpican a su partido  

Pedro Sánchez quería hablar en Harvard de los peligros de la inteligencia artificial, pero terminó respondiendo preguntas sobre los casos de corrupción en España, el hackeo de su teléfono móvil, Venezuela y Ceuta.

El presidente del Gobierno viajó a Boston para participar en un encuentro con estudiantes de la Universidad de Harvard bajo el elocuente título La tecnooligarquía amenaza la democracia, pero el guion del acto cambió a la altura del turno de preguntas, cuando un alumno que se presentó como Peter le pidió en inglés con acento estadounidense explicaciones por la corrupción que afecta a su partido y los casos que salpican a su familia.

“Ser primer ministro o político es gratificante porque puedes hacer muchas cosas por tu país, y estoy orgulloso de decir que hice muchas cosas por mi país, y ahí están los resultados, las pruebas y los hechos”, respondió. “Pero sufrir estos ataques personales es muy difícil de asumir, muy difícil de asumir. Y es mucho más difícil porque un joven estudiante como tú ya los condena. Dices que mi hermano y mi mujer son culpables y eso no es justo porque no lo son”.

El presidente de España continuó en un tono calmado, que contrastaba con el voltaje de las preguntas. “Sufrimos algunos casos de corrupción, y creo que cuando ocurre, sin importar el país, debes pedir a tu Gobierno que responda eficazmente. Y esto es lo que hice. Los casos de corrupción son ciertos. Desafortunadamente, mi Gobierno y mi partido sufrieron pérdidas”, admitió Sánchez ante una audiencia mayoritariamente favorable. “Pero esto es una cosa, pero hay otra que me lleva a mi familia, mi esposa, mi hermano y yo. Siento decirlo, esos no son casos de corrupción ni escándalos. Son otras cosas. Y para mí, creo que la oposición y algunas asociaciones de extrema derecha han cruzado algunas líneas rojas”, respondió el presidente mientras crecía la tensión entre la joven audiencia.

La cosa no terminó ahí. La ronda de preguntas de los estudiantes, prevista para plantear inquietudes sobre los riesgos de la inteligencia artificial, se convirtió en un debate de política nacional. Uno de ellos quiso saber por qué, tras el hackeo del teléfono de Sánchez, el Gobierno cambió su postura sobre el Sáhara Occidental y “defendió a Marruecos, tras el ataque a Ceuta, incluso después de denunciar inicialmente que se había producido un ataque a la integridad territorial”.

Sánchez respondió: “Es cierto que fuimos hackeados por Pegasus. No sabemos quién lo hizo, pero estaba bajo investigación y lo denunciamos ante la Audiencia Nacional”. Sobre el cambio de postura del Sáhara que el Ejecutivo español adoptó en 2022, cuando apoyó formalmente el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental bajo soberanía marroquí, aseguró: “En mi decisión política demuestro defender lo que creo que valía para los intereses de mi pueblo y mi país. Hemos detenido una situación y una crisis política que duraba más de 15 años. Marruecos, Estados Unidos, y muchos otros países de Europa apoyan la resolución de la ONU respecto a esta opción de tener una región autónoma dentro de Marruecos del Sáhara Occidental”.

Sobre la pregunta de que defendió a Marruecos tras la crisis migratoria de Ceuta, Sánchez sugirió que se trata de noticias falsas. “¿Por qué debería tener que defenderme de noticias falsas o desinformación como en esta situación?“, dijo.

La tercera andanada llegó de un estudiante que le preguntó “si pedirían elecciones presidenciales libres en Venezuela y se distanciaría de figuras como el expresidente Zapatero”. Sánchez recordó que su Gobierno ha aprobado una regularización de inmigrantes por la que han sido nacionalizados miles de venezolanos. “No reconocí los resultados electorales de Maduro. Siempre he abogado por elecciones libres, pero al mismo tiempo, digo que el pueblo de Venezuela debe ser decidido por el pueblo de Venezuela”. De Zapatero no dijo nada.

Antes de eso, Sánchez se dedicó a aquello a lo que había venido: intentar dar por bueno el viejo adagio de que uno es tan grande como los enemigos a los que se enfrenta. Convertido en un referente global del progresismo, el presidente del Gobierno, que busca ganar altura en un momento crucial de la legislatura, con las encuestas en contra y un clima de crispación política en España, trajo a Harvard un alegato contra los tecnooligarcas que dominan el mundo a través de sus grandes multinacionales y los avanzados modelos de inteligencia artificial.

El presidente español ha pedido ralentizar el ritmo de desarrollo de la IA, acelerar su regulación y auditar los ataques sin control que lanzan contra otros sistemas digitales. “Digo que debemos limitar su capacidad de automejora. Establecer una supervisión estricta por parte de terceros. Y exigir informes completos sobre cualquier incidente que se produzca. También deberíamos ralentizar su desarrollo hasta que encontremos la manera de hacer segura esta tecnología”, ha reclamado Sánchez en el Instituto de Políticas Públicas del Harvard Kennedy School, uno de los centros de mayor solera de la universidad estadounidense.

“La era de los dioses y los señores feudales terminó hace mucho tiempo. No vamos a poner el futuro de la humanidad en manos de unos pocos multimillonarios. Vamos a ponerlo donde le corresponde: en nuestras propias manos. En nuestras instituciones democráticas”, ha afirmado Sánchez en ese foro.

“El problema es que muchos de los algoritmos que hay detrás de estas tecnologías no están construidos para servirnos. Están construidos para esclavizarnos”, ha afirmado para hilvanar un discurso sobre los peligros de las tecnologías sin control. “Para debilitar nuestro pensamiento crítico y distorsionar nuestro debate público. Para convertir nuestra atención en beneficio. Para destruir nuestros derechos e instituciones y hacer avanzar una agenda política que solo sirve a unos pocos”.

Las siete magníficas, como se conoce a las grandes corporaciones tecnológicas (Nvidia, Apple, Meta, Alphabet, Microsoft, Meta y Amazon, a las que habría que sumar SpaceX) tienen un valor bursátil superior al de la economía de la mayoría de los países europeos y una influencia mayor a la de muchos gobiernos. Pero las amenazas que llegan del sector de la inteligencia artificial, embarcado en una carrera desenfrenada de inversiones y mejoras tecnológicas sin control, con varios episodios de fallos alarmantes, han hecho saltar todas las alarmas.

Durante las últimas semanas han arreciado las voces procedentes de la industria tecnológica advirtiendo sobre estos riesgos del frenético desarrollo de la IA y los riesgos que conlleva. Los líderes de las principales empresas de inteligencia artificial se han sumado a estas advertencias y han reclamado un pacto para frenar el desarrollo de los modelos de IA.

La intervención de Sánchez se produce una semana después de que Sam Altman, el polémico fundador de OpenAI, reconociera que “el mundo hace bien en tener miedo, pero debe confiar en nosotros”. “Ni de coña”, señaló el presidente español al recordar las palabras del empresario estadounidense.

“Es como entrar en una nueva carrera nuclear, salvo que, esta vez, las capacidades más poderosas no las desarrollan los Estados, sino las empresas. Sin transparencia. Sin rendición de cuentas. Y sin control”, ha pronunciado Sánchez ante una audiencia formada por jóvenes estudiantes de Harvard, muchos de ellos españoles. “La pregunta es cómo avanzar. Tal como yo lo veo, hay dos opciones: luchar o huir”, ha planteado. “Muchos políticos y comentaristas eligen la segunda. Reconocen el daño y las amenazas estructurales que plantean estas tecnologías sin control, y luego nos dicen que regularlas es imposible. Que estas tecnologías son demasiado poderosas, demasiado complejas, demasiado rápidas para ser domadas. Yo lo rechazo”.

Sánchez viajó a Estados Unidos el pasado domingo para asistir a la Asamblea Anual de las Naciones Unidas, donde pronunció un discurso para combatir las ideas reaccionarias que se abren paso en el mundo y una visión más optimista del mundo que está cambiando a marchas forzadas. Aunque no lo citó expresamente, su mensaje parecía dirigido a Donald Trump, cuyas políticas internacionales están cambiando el equilibrio de poderes del planeta.

Sin citarlo, Sánchez ha indicado: “Tenemos que ignorar a quienes afirman que la desregulación nos hará más competitivos, porque la velocidad no sirve de nada si vamos en la dirección equivocada. Y, por supuesto, tenemos que abandonar la fábula de la autorregulación”, en un mensaje que parecía claramente dirigido a Trump.

“Soy plenamente consciente de las dificultades. Pero estoy convencido de que las democracias y los Estados todavía son más poderosos que los oligarcas tecnológicos. Todavía. Pero no por mucho más tiempo. Por eso tenemos que actuar. Ahora. Con rapidez y determinación”, ha dicho Sánchez en Harvard.

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