Los mundos de Anna Navarro

Anna Navarro Descals, Anna N. Schegel, @anna papallona o @Navarro Descals son la misma persona que hace unas semanas dejó su escaño en el Parlament y volvió a la empresa privada. Aupada a número dos de las listas de Junts por Carles Puigdemont, la brillante ejecutiva en Estados Unidos —considerada en 2020 como una de las diez mujeres más influyentes del mundo en el sector tecnológico por la revista Analytics Insight— tuvo un aterrizaje de lujo en la política. Sin embargo, su experiencia ha sido fugaz como la vida de las mariposas que tanto la fascinan.

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 La experiencia de la ejecutiva aupada a la política por Puigdemont ha sido tan fugaz como la vida de las mariposas que le fascinan  

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Opinión

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La experiencia de la ejecutiva aupada a la política por Puigdemont ha sido tan fugaz como la vida de las mariposas que le fascinan

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Anna Navarro, en un acto de campaña electoral de Junts de las autonómicas de 2024.
David Borrat (EFE)
Francesc Valls

Anna Navarro Descals, Anna N. Schegel, @anna papallona o @Navarro Descals son la misma persona que hace unas semanas dejó su escaño en el Parlament y volvió a la empresa privada. Aupada a número dos de las listas de Junts por Carles Puigdemont, la brillante ejecutiva en Estados Unidos —considerada en 2020 como una de las diez mujeres más influyentes del mundo en el sector tecnológico por la revista Analytics Insight— tuvo un aterrizaje de lujo en la política. Sin embargo, su experiencia ha sido fugaz como la vida de las mariposas que tanto la fascinan.

“No me gusta hablar de política”, afirmó categórica en una entrevista a Nació Digital en 2021, tres años antes de obtener su escaño. Tras dejar el acta constató en la red X el valor que le daba al Parlament: “Después de dos años y medio sentada delante de una clase, os puedo decir que el nivel es: ¿me pasas un caramelito? No siempre, pero sí con mucha frecuencia”. Borró el tuit, pero su reflexión fue cazada por este diario.

Ser un buen directivo no otorga una ventaja especial para la política, como evidencia Navarro. La brillante líder empresarial estudió filología anglo-germánica en Barcelona y luego hizo un posgrado en la Universidad Humboldt de Berlín, cuando Eric Honnecker regía los destinos de la República Democrática Alemana. Luego aterrizó en California. En Silicon Valley su carrera fue meteórica. Sueño americano a tope. Triunfó con el nombre de Anna N. Schegel (apellido germano de su marido) y llegó a la cumbre siendo vicepresidenta de NettApp, una empresa que cuenta con más de 11.000 trabajadores y donde, según explicó, no hay sindicatos, porque “dentro de la empresa todo es muy fluido y el empleado tiene mucho poder […] Es una forma diferente de organizarse”. El epítome del buen rollo social.

Puigdemont se fijó en ella pensando que daría vistosidad a su gobierno como consejera. Pero los números electorales no cuadraron y Navarro se quedó calentando banquillo. Mal asunto para alguien a quien no le gusta hablar de política. Su intervención parlamentaria más destacada fue en abril del año pasado, cuando dijo haber sentido en carne propia lo injusto de ser catalana en una sociedad donde lo fácil es ser inmigrante. La diputada buscó cita médica en dos ambulatorios distintos, afirmó. “La enfermera me dijo que si yo fuera inmigrante me hubieran atendido aquel mismo día”, relató ante la perpleja comisión de Unión Europea y Política Exterior del Parlament. Afortunadamente, confesó, pudo pagarse un seguro privado.

Cada uno en su sitio y el orden natural reinando en el mundo. Y no es que Navarro no esté familiarizada con la inmigración. Una de sus novelas favoritas es Tierra Americana, de Jeanine Cummins, que, publicada en 2020, cuenta la historia de una madre y un hijo mexicanos de clase media que huyen a Estados Unidos para salvar sus vidas. En el relato no falta un narco sangriento y sofisticado, admirador de Gabriel García Márquez, que obsequia seductoramente a la joven madre con bombones de Jacques Genin, traídos ex profeso del Marais parisino. Navarro considera la novela, en la que hay muchos muertos, “muy fuerte”. Los capos narcos, sin embargo, ni suelen bucear en la literatura ni cortejar con tan exquisitas formas. Es una visión del sur de Río Bravo desde Río Grande, no al modo inmersivo de Malcolm Lowry. En el mundo real, la persecución de la madre y el hijo de la narración hubiera acabado tristemente en asesinato y, en el caso de haber llegado a Maryland —como sucede en la novela—, ambos hubieran sido deportados a México o encarcelados por el ICE, como 14.000 de sus compatriotas. La realidad no es simple; a menos que se observe a vuelo de elegante mariposa.

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