Marc Castellnou: «Podemos invertir en helicópteros, pero si no gestionamos el territorio no podremos apagar los grandes incendios»

Los grandes incendios son consecuencia de la falta de gestión del territorio, la acumulación de masa forestal y la pérdida de actividad agroganadera, ligada a la despoblación del mundo rural. Cada temporada estival, ya desde hace años , lo explica Marc Castellnou (Tivisa, Ribera de Ebro, 1972), ingeniero agrícola e inspector jefe del Grupo de Actuaciones Forestales (GRAF) de los Bomberos de la Generalitat. Es, además, uno de los mayores expertos en comportamiento de incendios, habiendo desarrollado herramientas de análisis, simulación y gestión. Ente otras, su clasificación por generaciones. En la sexta entramos ya en 2017; aquellos que alteran la estabilidad atmosférica y son capaces de generar tormentas de fuego. Tras ser requerido por el Ministerio del Interior para acudir de forma presencial al centro de mando por los incendios de Madrid, Ávila y Toledo, Castellnou atiende a ABC, y advierte: «Podemos invertir en helicópteros, pero si no gestionamos el territorio no podremos apagar los grandes incendios».—¿Qué se podía haber hecho en invierno para evitarlos?—No es lo que se ha hecho o no en invierno, sino en las últimas décadas. Estamos hablando de un problema de escala de paisaje: del cambio de la economía rural a una de servicios que ha dejado todo el mosaico agrícola abandonado; sumado a un cambio climático que deja la vegetación súper estresada. La combinación de ambas es la clave. —La sequía.—Desde 2022 a 2024, hemos tenido veranos extremadamente cálidos, con olas de calor persistentes, creando lo que se llama sequía térmica (‘flash drought’, en inglés). Una desecación por sobrecalentamiento persistente. No porque no llueva, sino porque hace demasiado calor, y eso no se soluciona con gestión en invierno, sino con un cambio de políticas de territorio y de país.—Por el abandono del mundo rural.—Es una cuestión política. Revertir décadas de abandono es difícil. En Cataluña, y en España, se ha pasado del 30 o 40, al 70 por ciento de masa forestal desde los años 60. Esta continuidad forestal, estresada por el cambio climático, es imposible de gestionar. Las sequías térmicas afectan incluso al tejido vivo de los árboles y generan tensiones forestales que facilitan la propagación de los incendios. El problema se soluciona revirtiendo cómo invertimos; la fiscalidad del sector primario y la gestión del paisaje.—¿Por qué ahora cuesta tanto extinguir los fuegos?—Para apagar un incendio necesitas aproximarte a las llamas para echar agua, o trabajar manualmente. Si emite más de 10.000 KW por metro, un ser humano no puede sobrevivir a esa radiación. Por tanto, no puede acercase. Los actuales tienen intensidades de hasta 110.000 KW por metro. Es decir: diez o quince veces el límite de supervivencia. Por tanto, es humanamente imposible la extinción; hay que ir a estrategias de contención a larga distancia o esperar a momentos favorables como la noche. No es un tema de recursos; da igual si tienes un bombero o 10.000, si no te puedes acercar, no puedes hacer nada. Incluso el agua de los medios aéreos a veces ni llega al suelo debido a la intensidad [del fuego].—¿Por la acumulación de combustible vegetal?—Y también por acoplamiento del fuego a la atmósfera. Cuando el incendio empieza a usar la energía de condensación de la atmósfera, su radiación aumenta muchísimo. La gran carga de vegetación acumulada por falta de gestión facilita que el incendio suba y se acople a la atmósfera, potenciándose aún más. Casi un 11 por ciento de los actuales son de este tipo.Combustible vegetal «La gran carga de vegetación acumulada por falta de gestión facilita que el incendio suba y se acople a la atmósfera, potenciándose aún más»—¿La solución, invertir en el rural?—No hay otra vía. Todo lo demás son formas de camuflar la historia. Podemos invertir en helicópteros, caminos o puntos de agua, pero si no gestionamos el territorio, no funcionará y no podremos apagar los grandes incendios. Debemos invertir continuamente, más allá de los ciclos políticos.—¿Ganadería intensiva?—Debemos entender que España tiene sólo un 40 por ciento de autonomía alimentaria. Un país con soberanía alimentaria es un país más seguro. Hemos abandonado el territorio mientras en otros lugares se han preparado.—Y cada vez hay más viviendas rodeadas de masa forestal.—Vivimos en medio del bosque. Antes vivíamos en pueblos rodeados de campos, ahora vivimos dentro del combustible. No es seguro; es como vivir en medio de un río: cuando hay inundaciones, la casa desaparece. Debemos entender que la sociedad moderna no domina al planeta, es al revés. El número de días en que superamos los 35 grados se ha triplicado. Estamos pasando de incendios de 5.000 hectáreas a 80.000, por una cuestión exponencial. —¿Esta temporada ya es peor que la anterior?—No. El año pasado por estas fechas se habían quemado muchas más hectáreas, con fuegos en Orense, León o Cáceres. La diferencia es que el año pasado se quemó la ‘España vaciada’, y ahora se está quemado el área metropolitana. Eso genera mucha más presión pública y política.Más presión pública y política «El año pasado por estas fechas se habían quemado muchas más hectáreas. La diferencia es que se quemó la ‘España vaciada’, y ahora se está quemado el área metropolitana»—Le pidieron asesoramiento por los de Madrid, Ávila y Toledo.—Trabajamos en red con equipos de otros lugares -franceses, gallegos, aragoneses-. Cuando hay grandes incendios, los equipos con experiencia colaboramos. Es un procedimiento habitual. —¿Qué características tiene este fuego?—Se hizo muy grande en la sierra, y la meteorología le permitía crecer hacia Madrid, por lo que un millón de personas podían verse afectadas. Por eso requirió una estrategia de confinamiento, ya que no se podía apagar directamente.—¿Por qué?—Cada vez es más complicado porque generan sus propias tormentas de fuego y se comportan de maneras nuevas, por lo que la forma clásica de trabajar ya no funciona. Hemos superado la capacidad de extinción. —¿Entonces?—Invertir en el territorio y cultivar las tierras. Los grandes incendios son consecuencia de la falta de gestión del territorio, la acumulación de masa forestal y la pérdida de actividad agroganadera, ligada a la despoblación del mundo rural. Cada temporada estival, ya desde hace años , lo explica Marc Castellnou (Tivisa, Ribera de Ebro, 1972), ingeniero agrícola e inspector jefe del Grupo de Actuaciones Forestales (GRAF) de los Bomberos de la Generalitat. Es, además, uno de los mayores expertos en comportamiento de incendios, habiendo desarrollado herramientas de análisis, simulación y gestión. Ente otras, su clasificación por generaciones. En la sexta entramos ya en 2017; aquellos que alteran la estabilidad atmosférica y son capaces de generar tormentas de fuego. Tras ser requerido por el Ministerio del Interior para acudir de forma presencial al centro de mando por los incendios de Madrid, Ávila y Toledo, Castellnou atiende a ABC, y advierte: «Podemos invertir en helicópteros, pero si no gestionamos el territorio no podremos apagar los grandes incendios».—¿Qué se podía haber hecho en invierno para evitarlos?—No es lo que se ha hecho o no en invierno, sino en las últimas décadas. Estamos hablando de un problema de escala de paisaje: del cambio de la economía rural a una de servicios que ha dejado todo el mosaico agrícola abandonado; sumado a un cambio climático que deja la vegetación súper estresada. La combinación de ambas es la clave. —La sequía.—Desde 2022 a 2024, hemos tenido veranos extremadamente cálidos, con olas de calor persistentes, creando lo que se llama sequía térmica (‘flash drought’, en inglés). Una desecación por sobrecalentamiento persistente. No porque no llueva, sino porque hace demasiado calor, y eso no se soluciona con gestión en invierno, sino con un cambio de políticas de territorio y de país.—Por el abandono del mundo rural.—Es una cuestión política. Revertir décadas de abandono es difícil. En Cataluña, y en España, se ha pasado del 30 o 40, al 70 por ciento de masa forestal desde los años 60. Esta continuidad forestal, estresada por el cambio climático, es imposible de gestionar. Las sequías térmicas afectan incluso al tejido vivo de los árboles y generan tensiones forestales que facilitan la propagación de los incendios. El problema se soluciona revirtiendo cómo invertimos; la fiscalidad del sector primario y la gestión del paisaje.—¿Por qué ahora cuesta tanto extinguir los fuegos?—Para apagar un incendio necesitas aproximarte a las llamas para echar agua, o trabajar manualmente. Si emite más de 10.000 KW por metro, un ser humano no puede sobrevivir a esa radiación. Por tanto, no puede acercase. Los actuales tienen intensidades de hasta 110.000 KW por metro. Es decir: diez o quince veces el límite de supervivencia. Por tanto, es humanamente imposible la extinción; hay que ir a estrategias de contención a larga distancia o esperar a momentos favorables como la noche. No es un tema de recursos; da igual si tienes un bombero o 10.000, si no te puedes acercar, no puedes hacer nada. Incluso el agua de los medios aéreos a veces ni llega al suelo debido a la intensidad [del fuego].—¿Por la acumulación de combustible vegetal?—Y también por acoplamiento del fuego a la atmósfera. Cuando el incendio empieza a usar la energía de condensación de la atmósfera, su radiación aumenta muchísimo. La gran carga de vegetación acumulada por falta de gestión facilita que el incendio suba y se acople a la atmósfera, potenciándose aún más. Casi un 11 por ciento de los actuales son de este tipo.Combustible vegetal «La gran carga de vegetación acumulada por falta de gestión facilita que el incendio suba y se acople a la atmósfera, potenciándose aún más»—¿La solución, invertir en el rural?—No hay otra vía. Todo lo demás son formas de camuflar la historia. Podemos invertir en helicópteros, caminos o puntos de agua, pero si no gestionamos el territorio, no funcionará y no podremos apagar los grandes incendios. Debemos invertir continuamente, más allá de los ciclos políticos.—¿Ganadería intensiva?—Debemos entender que España tiene sólo un 40 por ciento de autonomía alimentaria. Un país con soberanía alimentaria es un país más seguro. Hemos abandonado el territorio mientras en otros lugares se han preparado.—Y cada vez hay más viviendas rodeadas de masa forestal.—Vivimos en medio del bosque. Antes vivíamos en pueblos rodeados de campos, ahora vivimos dentro del combustible. No es seguro; es como vivir en medio de un río: cuando hay inundaciones, la casa desaparece. Debemos entender que la sociedad moderna no domina al planeta, es al revés. El número de días en que superamos los 35 grados se ha triplicado. Estamos pasando de incendios de 5.000 hectáreas a 80.000, por una cuestión exponencial. —¿Esta temporada ya es peor que la anterior?—No. El año pasado por estas fechas se habían quemado muchas más hectáreas, con fuegos en Orense, León o Cáceres. La diferencia es que el año pasado se quemó la ‘España vaciada’, y ahora se está quemado el área metropolitana. Eso genera mucha más presión pública y política.Más presión pública y política «El año pasado por estas fechas se habían quemado muchas más hectáreas. La diferencia es que se quemó la ‘España vaciada’, y ahora se está quemado el área metropolitana»—Le pidieron asesoramiento por los de Madrid, Ávila y Toledo.—Trabajamos en red con equipos de otros lugares -franceses, gallegos, aragoneses-. Cuando hay grandes incendios, los equipos con experiencia colaboramos. Es un procedimiento habitual. —¿Qué características tiene este fuego?—Se hizo muy grande en la sierra, y la meteorología le permitía crecer hacia Madrid, por lo que un millón de personas podían verse afectadas. Por eso requirió una estrategia de confinamiento, ya que no se podía apagar directamente.—¿Por qué?—Cada vez es más complicado porque generan sus propias tormentas de fuego y se comportan de maneras nuevas, por lo que la forma clásica de trabajar ya no funciona. Hemos superado la capacidad de extinción. —¿Entonces?—Invertir en el territorio y cultivar las tierras.  Los grandes incendios son consecuencia de la falta de gestión del territorio, la acumulación de masa forestal y la pérdida de actividad agroganadera, ligada a la despoblación del mundo rural. Cada temporada estival, ya desde hace años , lo explica Marc Castellnou (Tivisa, Ribera de Ebro, 1972), ingeniero agrícola e inspector jefe del Grupo de Actuaciones Forestales (GRAF) de los Bomberos de la Generalitat. Es, además, uno de los mayores expertos en comportamiento de incendios, habiendo desarrollado herramientas de análisis, simulación y gestión. Ente otras, su clasificación por generaciones. En la sexta entramos ya en 2017; aquellos que alteran la estabilidad atmosférica y son capaces de generar tormentas de fuego. Tras ser requerido por el Ministerio del Interior para acudir de forma presencial al centro de mando por los incendios de Madrid, Ávila y Toledo, Castellnou atiende a ABC, y advierte: «Podemos invertir en helicópteros, pero si no gestionamos el territorio no podremos apagar los grandes incendios».—¿Qué se podía haber hecho en invierno para evitarlos?—No es lo que se ha hecho o no en invierno, sino en las últimas décadas. Estamos hablando de un problema de escala de paisaje: del cambio de la economía rural a una de servicios que ha dejado todo el mosaico agrícola abandonado; sumado a un cambio climático que deja la vegetación súper estresada. La combinación de ambas es la clave. —La sequía.—Desde 2022 a 2024, hemos tenido veranos extremadamente cálidos, con olas de calor persistentes, creando lo que se llama sequía térmica (‘flash drought’, en inglés). Una desecación por sobrecalentamiento persistente. No porque no llueva, sino porque hace demasiado calor, y eso no se soluciona con gestión en invierno, sino con un cambio de políticas de territorio y de país.—Por el abandono del mundo rural.—Es una cuestión política. Revertir décadas de abandono es difícil. En Cataluña, y en España, se ha pasado del 30 o 40, al 70 por ciento de masa forestal desde los años 60. Esta continuidad forestal, estresada por el cambio climático, es imposible de gestionar. Las sequías térmicas afectan incluso al tejido vivo de los árboles y generan tensiones forestales que facilitan la propagación de los incendios. El problema se soluciona revirtiendo cómo invertimos; la fiscalidad del sector primario y la gestión del paisaje.—¿Por qué ahora cuesta tanto extinguir los fuegos?—Para apagar un incendio necesitas aproximarte a las llamas para echar agua, o trabajar manualmente. Si emite más de 10.000 KW por metro, un ser humano no puede sobrevivir a esa radiación. Por tanto, no puede acercase. Los actuales tienen intensidades de hasta 110.000 KW por metro. Es decir: diez o quince veces el límite de supervivencia. Por tanto, es humanamente imposible la extinción; hay que ir a estrategias de contención a larga distancia o esperar a momentos favorables como la noche. No es un tema de recursos; da igual si tienes un bombero o 10.000, si no te puedes acercar, no puedes hacer nada. Incluso el agua de los medios aéreos a veces ni llega al suelo debido a la intensidad [del fuego].—¿Por la acumulación de combustible vegetal?—Y también por acoplamiento del fuego a la atmósfera. Cuando el incendio empieza a usar la energía de condensación de la atmósfera, su radiación aumenta muchísimo. La gran carga de vegetación acumulada por falta de gestión facilita que el incendio suba y se acople a la atmósfera, potenciándose aún más. Casi un 11 por ciento de los actuales son de este tipo.Combustible vegetal «La gran carga de vegetación acumulada por falta de gestión facilita que el incendio suba y se acople a la atmósfera, potenciándose aún más»—¿La solución, invertir en el rural?—No hay otra vía. Todo lo demás son formas de camuflar la historia. Podemos invertir en helicópteros, caminos o puntos de agua, pero si no gestionamos el territorio, no funcionará y no podremos apagar los grandes incendios. Debemos invertir continuamente, más allá de los ciclos políticos.—¿Ganadería intensiva?—Debemos entender que España tiene sólo un 40 por ciento de autonomía alimentaria. Un país con soberanía alimentaria es un país más seguro. Hemos abandonado el territorio mientras en otros lugares se han preparado.—Y cada vez hay más viviendas rodeadas de masa forestal.—Vivimos en medio del bosque. Antes vivíamos en pueblos rodeados de campos, ahora vivimos dentro del combustible. No es seguro; es como vivir en medio de un río: cuando hay inundaciones, la casa desaparece. Debemos entender que la sociedad moderna no domina al planeta, es al revés. El número de días en que superamos los 35 grados se ha triplicado. Estamos pasando de incendios de 5.000 hectáreas a 80.000, por una cuestión exponencial. —¿Esta temporada ya es peor que la anterior?—No. El año pasado por estas fechas se habían quemado muchas más hectáreas, con fuegos en Orense, León o Cáceres. La diferencia es que el año pasado se quemó la ‘España vaciada’, y ahora se está quemado el área metropolitana. Eso genera mucha más presión pública y política.Más presión pública y política «El año pasado por estas fechas se habían quemado muchas más hectáreas. La diferencia es que se quemó la ‘España vaciada’, y ahora se está quemado el área metropolitana»—Le pidieron asesoramiento por los de Madrid, Ávila y Toledo.—Trabajamos en red con equipos de otros lugares -franceses, gallegos, aragoneses-. Cuando hay grandes incendios, los equipos con experiencia colaboramos. Es un procedimiento habitual. —¿Qué características tiene este fuego?—Se hizo muy grande en la sierra, y la meteorología le permitía crecer hacia Madrid, por lo que un millón de personas podían verse afectadas. Por eso requirió una estrategia de confinamiento, ya que no se podía apagar directamente.—¿Por qué?—Cada vez es más complicado porque generan sus propias tormentas de fuego y se comportan de maneras nuevas, por lo que la forma clásica de trabajar ya no funciona. Hemos superado la capacidad de extinción. —¿Entonces?—Invertir en el territorio y cultivar las tierras. RSS de noticias de sociedad

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