«¿Eres modelo? ¿te gustaría serlo?» escucharon en algún momento de su adolescencia Gisele Bündchen y Kate Moss. La primera en una hamburguesería, la segunda en un aeropuerto. Así funcionaban las cosas antes. Los cazatalentos existían. Hoy no tanto, pues muchas modelos son descubiertas en las redes sociales. Shalom Harlow, coetánea de Gisele y Kate, dijo una vez que tener una cuenta de Instagram no te convertía en modelo. Se equivocaba.
Yo miro mis mensajes directos constantemente, esperando encontrar algo así. Mi maleta llena de sueños está siempre lista para ser facturada a Los Ángeles.
«¿Eres modelo? ¿te gustaría serlo?» escucharon en algún momento de su adolescencia Gisele Bündchen y Kate Moss. La primera en una hamburguesería, la segunda en un aeropuerto. Así funcionaban las cosas antes. Los cazatalentos existían. Hoy no tanto, pues muchas modelos son descubiertas en las redes sociales. Shalom Harlow, coetánea de Gisele y Kate, dijo una vez que tener una cuenta de Instagram no te convertía en modelo. Se equivocaba.
Internet es una gran fábrica, criba y trituradora de talento. La red ha masticado y escupido a centenares de chavales con el equivalente 2.0 de la maleta llena de sueños. Pero también ha descubierto, efectivamente, talentos. A la jovencísima Carla Quílez, protagonista de La maternal y Yakarta, la sacaron de una batida en redes sociales. En cuanto empezaron a trabajar como actores, Álvaro Mel y Manu Ríos accedieron automáticamente al estatus de estrellas, pues ya lo eran antes en las redes. No se cumplió la teoría de que arrastrarían a sus fans a los cines a ver sus películas, pero sí la de que sus eventos promocionales tendrían eso que llamamos «repercusión en redes». Álvaro Mel y Manu Ríos no son, por cierto, malos actores. Y Carla es un actrizón.
Curry Barker y Kane Parsons, directores de cine surgidos de YouTube, estarán presentes en la inminente carrera de premios cinematográficos del 2026. Backrooms y Obsesión no solo han multiplicado en taquilla sus raquíticos presupuestos, sino que han demostrado que en YouTube hay mucho más que unboxings, house tours, skincares, GRWM y ASMR. Algunos han necesitado que Barker y Parsons firmasen películas canónicas (y buenas) para reconocer algo tan obvio. Otra cosa es que Hollywood espere con las uñas afiladas a que estos dos chicos patinen con sus siguientes proyectos. «Tener un iPhone no te convierte en director de cine», dirán.
También da morbo que Inde Navarrette, la gran revelación de Obsesión, pueda perder el mojo en cuanto su película Marvel llegue a los cines. Apenas nada tardó la casa de los superhéroes en fichar a Navarrette cuando su nombre empezó a sonar para el Oscar. Llámalo caza de talento, llámalo depredación de energía nueva.
Al lado de la de Manu Ríos, la carrera de Inde casi parece una reliquia. Ella, antes de petarlo, salió en series, como se ha hecho siempre. No era una famosa de internet, como las maniquíes con las que Shalom Harlow comparte ahora pasarelas. La cuenta de Instagram de Harlow es, como la de casi cualquier persona de más de 50 años, un poco un desastre. Más álbum de fotos amateur que escaparate profesional. En cambio, sus potenciales herederas saben que el diablo (ver: Hollywood, Chanel, Netflix) está mirando y se comunica por DM. «¿Eres una estrella? ¿te gustaría serlo?». Yo miro mis mensajes directos constantemente, esperando encontrar algo así. Mi maleta llena de sueños está siempre lista para ser facturada a Los Ángeles.
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