Rusia responde a Artemis II: 7.500 M€ para financiar su propio programa lunar y planea lanzar su nave espacial en 2028

La Academia Rusa de Ciencias ha presentado su estrategia para que el Kremlin no se quede atrás en esta nueva carrera espacial hacia la Luna.
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Las claves

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Rusia invertirá 7.500 millones de euros hasta 2036 en un ambicioso programa lunar para recuperar protagonismo espacial.

El plan prevé lanzar una nueva nave espacial en 2028 y desarrollar infraestructuras para futuras colonias o bases permanentes en la Luna.

El objetivo final es establecer «territorios soberanos rusos» en la superficie lunar, pese a las restricciones legales internacionales.

El programa ruso afronta retos técnicos tras el fracaso de la misión Luna-25 en 2023 y un retraso en el calendario respecto a potencias como Estados Unidos.

La nueva carrera espacial ya no es una promesa futura o un recuerdo del pasado, sino una realidad en marcha.

Mientras Estados Unidos celebra el éxito de la misión Artemis II, Rusia ha decidido mover ficha con un ambicioso programa lunar que busca recuperar protagonismo y asegurar su presencia en el satélite terrestre.

El plan contempla una inversión de unos 7.500 millones de euros hasta 2036 y fija en 2028 el lanzamiento de su próxima misión clave. De hecho, el anuncio llega en un momento simbólico.

Apenas unos días después de que Artemis II completara una histórica órbita alrededor de la Luna, alcanzando la mayor distancia jamás recorrida por humanos desde la Tierra, la Academia Rusa de Ciencias ha presentado su estrategia para no quedarse atrás en la exploración lunar.

El proyecto, además de científico, tiene una clara dimensión geopolítica.

Tal y como explicó Serguéi Chernyshev, vicepresidente de la institución, el objetivo final del programa es permitir a Moscú establecer «territorios soberanos rusos» en la superficie lunar.

Aunque la idea choca con el marco legal internacional vigente, que prohíbe la apropiación nacional de cuerpos celestes, refleja la creciente competencia entre potencias por el control estratégico del espacio.

El plan ruso se desarrollará en dos fases bien diferenciadas. La primera estará centrada en recuperar capacidades tecnológicas clave: desde aterrizajes seguros hasta la realización de investigaciones en la superficie lunar.

La segunda fase dará un paso más ambicioso, con la creación de infraestructuras que sirvan como base para futuras colonias o estaciones permanentes.

Sin embargo, el calendario evidencia las dificultades a las que se enfrenta Rusia. La misión Luna-26, considerada el próximo gran paso del programa, ha sido retrasada hasta 2028.

Le seguirán Luna 27/1 en 2029 y Luna-27/2 en 2030, mientras que Luna-28 no despegará hasta 2036.

Este cronograma contrasta con el ritmo de otras potencias, especialmente Estados Unidos, que prevé un alunizaje tripulado en 2028 dentro del programa Artemis IV.

De ese modo, el contexto no es favorable para Moscú. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética fue pionera en la exploración lunar con múltiples misiones exitosas.

Sin embargo, décadas de menor inversión y cambios estructurales han erosionado esa ventaja histórica. El fracaso de la misión Luna-25 en 2023, que terminó estrellándose contra la superficie lunar, evidenció las carencias actuales del programa ruso.

Algunos expertos dentro del propio país han reconocido esta pérdida de capacidades de Rusia.

«Hemos olvidado cómo aterrizar en la Luna», admitió entonces el astrónomo Mijaíl Marov, en una declaración que refleja la situación que vive Roscosmos, la Agencia Espacial Rusa.

Pese a ello, el Kremlin no parece dispuesto a renunciar a su papel en el escenario principal.

El presupuesto global previsto para la exploración espacial rusa asciende a unos 48.000 millones de euros, una cifra considerable que busca no solo impulsar la investigación, sino también reforzar su posición estratégica frente a competidores como China e India y sus respectivos programas.

Así, en este nuevo tablero, la Luna se perfila como mucho más que un destino científico. Es un símbolo de poder tecnológico, una plataforma potencial para recursos futuros y, cada vez más, un terreno de competencia política.

Rusia quiere volver a jugar en esa liga, aunque el camino esté marcado por retrasos, desafíos técnicos y una carrera que ya no espera a nadie.

 El Español – Sociedad

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