La reanudación de la guerra comercial entre EE.UU. y Canadá se encuentra en plena escalada: Donald Trump anunció este lunes que impondrá aranceles del 50% a las importaciones canadienses de automóviles, camiones de todo tamaño, piezas de automoción y acero.El presidente detalló que la medida no entrará en vigor hasta enero del año que viene, lo que apunta más a una medida de presión al Gobierno de Canadá para que se avenga a sus exigencias para un acuerdo comercial.El anuncio, que sería un golpe fenomenal para la economía canadiense, es una respuesta a la quiebra de las negociaciones comerciales entre ambos países la semana pasada, cuando parecía que el acuerdo estaba hecho.«Canadá ha estado saqueando a EE.UU. durante años», justificó Trump en un mensaje en su red social, algo de lo que acusa a la práctica totalidad de los países del mundo. «¡Ya no trataremos a Canadá como un Estado más!», dijo el presidente de EE.UU., en una referencia a que el vecino del norte tiene un tratamiento preferencial. Y también en un guiño a su ambición -que ha desatado una ola de antiamericanismo en Canadá- de convertir al vecino del norte en el estado 51º de EE.UU.«En comercio, y también en otras cosas, están entre las peores naciones del mundo con las que tratar», protestó. «Se sienten con derecho a todo. Pero nosotros no les necesitamos, ¡ellos nos necesitan a nosotros!».Tras su desembarco en la Casa Blanca el año pasado, Trump no tardó en abrir una guerra comercial con algunos de sus grandes socios comerciales, como sus dos vecinos continentales -Canadá y México- y su gran rival global, China. El caso canadiense era especialmente sensible. Es un aliado tradicional, con quien EE.UU. ha mantenido una relación robusta en todos los sentidos, pese a las tensiones en el plano comercial. Trump ha puesto todo eso en juego con sus continuas alusiones a la anexión del país y, después, con los ataques comerciales, que empezaron con aranceles elevados a sectores clave de su economía, como la automoción, el acero y el aluminio. Esos aranceles, al contrario que los llamados recíprocos que Trump anunció después contra países de todo el mundo, no fueron tumbados por la sentencia del Tribunal Supremo de comienzos de este año, uno de los grandes chascos de Trump en su segundo mandato.Canadá, liderada por su primer ministro, Mark Carney , no ha buscado una política de apaciguamiento de Trump. A la vez que ha buscado diálogo comercial para llegar a un entendimiento, ha respondido con sus propias medidas comerciales.«Dólar por dólar»El último capítulo de la guerra comercial arrancó el pasado julio, cuando Trump anunció una nueva ronda de aranceles a sectores específicos de las exportaciones canadienses, desde los lácteos, hasta el vino o los palos de hockey. Eso dio lugar a una nueva ronda de diálogo, que incluyó un arreglo de los aranceles del año anterior, que parecía listo para el acuerdo antes del pasado viernes, cuando acababa el plazo dado por Trump para que las nuevas medidas entraran en vigor.El propio presidente de EE.UU. había ampliado el plazo tres días para finalizar las negociaciones porque dijo que el acuerdo estaba casi hecho. Pero, a última hora, naufragó y los nuevos aranceles de Trump entraron en vigor. Tanto canadienses como estadounidenses se acusaron de forma mutua de buscar cambiar las condiciones del acuerdo en el último minuto.Carney no se quedó quieto y respondió que Canadá igualaría las nuevas tasas comerciales «dólar por dólar».La combatividad de Carney tiene riesgos para Canadá . Ambos países mantienen un intercambio comercial muy elevado, que suma los 880.000 millones de dólares al año . Pero Canadá es mucho más dependiente de ese flujo: tres cuartas partes de sus exportaciones van a EE.UU., de donde llegan la mitad de sus importaciones. Tres cuartas partes de las exportaciones de Canadá van a EE.UU., de donde llegan la mitad de sus importacionesLa guerra comercial, sin embargo, también tiene muchos problemas para EE.UU. Si Trump cumple sus amenazas, provocará sacudidas en un mercado clave en EE.UU., el de la automoción, con subidas de precios. Esto sería muy impopular entre los votantes estadounidenses, descontentos con la gestión económica de Trump y para los que la principal preocupación es el coste de la vida. Pero, en cualquier caso, la medida no entraría en vigor hasta enero: de momento, sirve para meter presión al vecino del norte. La reanudación de la guerra comercial entre EE.UU. y Canadá se encuentra en plena escalada: Donald Trump anunció este lunes que impondrá aranceles del 50% a las importaciones canadienses de automóviles, camiones de todo tamaño, piezas de automoción y acero.El presidente detalló que la medida no entrará en vigor hasta enero del año que viene, lo que apunta más a una medida de presión al Gobierno de Canadá para que se avenga a sus exigencias para un acuerdo comercial.El anuncio, que sería un golpe fenomenal para la economía canadiense, es una respuesta a la quiebra de las negociaciones comerciales entre ambos países la semana pasada, cuando parecía que el acuerdo estaba hecho.«Canadá ha estado saqueando a EE.UU. durante años», justificó Trump en un mensaje en su red social, algo de lo que acusa a la práctica totalidad de los países del mundo. «¡Ya no trataremos a Canadá como un Estado más!», dijo el presidente de EE.UU., en una referencia a que el vecino del norte tiene un tratamiento preferencial. Y también en un guiño a su ambición -que ha desatado una ola de antiamericanismo en Canadá- de convertir al vecino del norte en el estado 51º de EE.UU.«En comercio, y también en otras cosas, están entre las peores naciones del mundo con las que tratar», protestó. «Se sienten con derecho a todo. Pero nosotros no les necesitamos, ¡ellos nos necesitan a nosotros!».Tras su desembarco en la Casa Blanca el año pasado, Trump no tardó en abrir una guerra comercial con algunos de sus grandes socios comerciales, como sus dos vecinos continentales -Canadá y México- y su gran rival global, China. El caso canadiense era especialmente sensible. Es un aliado tradicional, con quien EE.UU. ha mantenido una relación robusta en todos los sentidos, pese a las tensiones en el plano comercial. Trump ha puesto todo eso en juego con sus continuas alusiones a la anexión del país y, después, con los ataques comerciales, que empezaron con aranceles elevados a sectores clave de su economía, como la automoción, el acero y el aluminio. Esos aranceles, al contrario que los llamados recíprocos que Trump anunció después contra países de todo el mundo, no fueron tumbados por la sentencia del Tribunal Supremo de comienzos de este año, uno de los grandes chascos de Trump en su segundo mandato.Canadá, liderada por su primer ministro, Mark Carney , no ha buscado una política de apaciguamiento de Trump. A la vez que ha buscado diálogo comercial para llegar a un entendimiento, ha respondido con sus propias medidas comerciales.«Dólar por dólar»El último capítulo de la guerra comercial arrancó el pasado julio, cuando Trump anunció una nueva ronda de aranceles a sectores específicos de las exportaciones canadienses, desde los lácteos, hasta el vino o los palos de hockey. Eso dio lugar a una nueva ronda de diálogo, que incluyó un arreglo de los aranceles del año anterior, que parecía listo para el acuerdo antes del pasado viernes, cuando acababa el plazo dado por Trump para que las nuevas medidas entraran en vigor.El propio presidente de EE.UU. había ampliado el plazo tres días para finalizar las negociaciones porque dijo que el acuerdo estaba casi hecho. Pero, a última hora, naufragó y los nuevos aranceles de Trump entraron en vigor. Tanto canadienses como estadounidenses se acusaron de forma mutua de buscar cambiar las condiciones del acuerdo en el último minuto.Carney no se quedó quieto y respondió que Canadá igualaría las nuevas tasas comerciales «dólar por dólar».La combatividad de Carney tiene riesgos para Canadá . Ambos países mantienen un intercambio comercial muy elevado, que suma los 880.000 millones de dólares al año . Pero Canadá es mucho más dependiente de ese flujo: tres cuartas partes de sus exportaciones van a EE.UU., de donde llegan la mitad de sus importaciones. Tres cuartas partes de las exportaciones de Canadá van a EE.UU., de donde llegan la mitad de sus importacionesLa guerra comercial, sin embargo, también tiene muchos problemas para EE.UU. Si Trump cumple sus amenazas, provocará sacudidas en un mercado clave en EE.UU., el de la automoción, con subidas de precios. Esto sería muy impopular entre los votantes estadounidenses, descontentos con la gestión económica de Trump y para los que la principal preocupación es el coste de la vida. Pero, en cualquier caso, la medida no entraría en vigor hasta enero: de momento, sirve para meter presión al vecino del norte.
La reanudación de la guerra comercial entre EE.UU. y Canadá se encuentra en plena escalada: Donald Trump anunció este lunes que impondrá aranceles del 50% a las importaciones canadienses de automóviles, camiones de todo tamaño, piezas de automoción y acero.
El presidente detalló … que la medida no entrará en vigor hasta enero del año que viene, lo que apunta más a una medida de presión al Gobierno de Canadá para que se avenga a sus exigencias para un acuerdo comercial.
El anuncio, que sería un golpe fenomenal para la economía canadiense, es una respuesta a la quiebra de las negociaciones comerciales entre ambos países la semana pasada, cuando parecía que el acuerdo estaba hecho.
«Canadá ha estado saqueando a EE.UU. durante años», justificó Trump en un mensaje en su red social, algo de lo que acusa a la práctica totalidad de los países del mundo. «¡Ya no trataremos a Canadá como un estado más!», dijo el presidente de EE.UU., en una referencia a que el vecino del norte tiene un tratamiento preferencial. Y también en un guiño a su ambición -que ha desatado una ola de antiamericanismo en Canadá- de convertir al vecino del norte en el estado 51º de EE.UU.
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«En comercio, y también en otras cosas, están entre las peores naciones del mundo con las que tratar», protestó. «Se sienten con derecho a todo. Pero nosotros no les necesitamos, ¡ellos nos necesitan a nosotros!».
Tras su desembarco en la Casa Blanca el año pasado, Trump no tardó en abrir una guerra comercial con algunos de sus grandes socios comerciales, como sus dos vecinos continentales -Canadá y México- y su gran rival global, China. El caso canadiense era especialmente sensible. Es un aliado tradicional, con quien EE.UU. ha mantenido una relación robusta en todos los sentidos, pese a las tensiones en el plano comercial. Trump ha puesto todo eso en juego con sus continuas alusiones a la anexión del país y, después, con los ataques comerciales, que empezaron con aranceles elevados a sectores clave de su economía, como la automoción, el acero y el aluminio. Esos aranceles, al contrario que los llamados recíprocos que Trump anunció después contra países de todo el mundo, no fueron tumbados por la sentencia del Tribunal Supremo de comienzos de este año, uno de los grandes chascos de Trump en su segundo mandato.
Canadá, liderada por su primer ministro, Mark Carney, no ha buscado una política de apaciguamiento de Trump. A la vez que ha buscado diálogo comercial para llegar a un entendimiento, ha respondido con sus propias medidas comerciales.
«Dólar por dólar»
El último capítulo de la guerra comercial arrancó el pasado julio, cuando Trump anunció una nueva ronda de aranceles a sectores específicos de las exportaciones canadienses, desde los lácteos, hasta el vino o los palos de hockey. Eso dio lugar a una nueva ronda de diálogo, que incluyó un arreglo de los aranceles del año anterior, que parecía listo para el acuerdo antes del pasado viernes, cuando acababa el plazo dado por Trump para que las nuevas medidas entraran en vigor.
El propio presidente de EE.UU. había ampliado el plazo tres días para finalizar las negociaciones porque dijo que el acuerdo estaba casi hecho. Pero, a última hora, naufragó y los nuevos aranceles de Trump entraron en vigor. Tanto canadienses como estadounidenses se acusaron de forma mutua de buscar cambiar las condiciones del acuerdo en el último minuto.
Carney no se quedó quieto y respondió que Canadá igualaría las nuevas tasas comerciales «dólar por dólar».
La combatividad de Carney tiene riesgos para Canadá. Ambos países mantienen un intercambio comercial muy elevado, que suma los 880.000 millones de dólares al año. Pero Canadá es mucho más dependiente de ese flujo: tres cuartas partes de sus exportaciones van a EE.UU., de donde llegan la mitad de sus importaciones.
Tres cuartas partes de las exportaciones de Canadá van a EE.UU., de donde llegan la mitad de sus importaciones
La guerra comercial, sin embargo, también tiene muchos problemas para EE.UU. Si Trump cumple sus amenazas, provocará sacudidas en un mercado clave en EE.UU., el de la automoción, con subidas de precios. Esto sería muy impopular entre los votantes estadounidenses, descontentos con la gestión económica de Trump y para los que la principal preocupación es el coste de la vida. Pero, en cualquier caso, la medida no entraría en vigor hasta enero: de momento, sirve para meter presión al vecino del norte.
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