Los esfuerzos de Donald Trump y Xi Jinping por mostrar sintonía llegaron hasta el extremo: el presidente de Estados Unidos y su homólogo chino aparecieron este jueves en la Casa Blanca, en su esperada cumbre, con el mismo color de traje y corbata. Azul oscuro y púrpura , una coincidencia, probablemente casual, que retrató una cumbre dedicada a preservar la relación y dejar de lado las tensiones crecientes entre las dos grandes potencias globales.— Componente galeria-lead arrastrado. Para configurarlo, seleccionar cmp-galeria-lead del desplegable de visualizaciones — automaticoEn lo político, el tono de la cumbre quedó sentado unas horas antes de que se vieran los mandatarios. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, anunciaba en una entrevista en Fox News que ambos países habían acordado prorrogar su tregua comercial, que expiraba el 10 de noviembre, dos meses más. El cese de hostilidades , desatadas con la imposición agresiva de aranceles con la que Trump desembarcó en la Casa Blanca el año pasado, se extenderá hasta el 10 de enero.«Ambos países tienen mucho que ganar desde la cooperación y ambos perderán en la confrontación», dijo Xi durante su discurso en la Casa Blanca. Es la idea que, por ahora, marca la relación entre los dos grandes rivales.Pero, debajo de ella, las tensiones son evidentes y crecientes. El periodo breve de ampliación de la tregua es una señal de que las partes –sin duda, Trump– no están satisfechas con el actual equilibrio de sus relaciones comerciales . El presidente de EE.UU. quiere que China adquiera muchas más exportaciones agrícolas de EE.UU., un sector de gran sensibilidad política para el mandatario republicano. Todo apuntaba a que la cumbre acabaría con algún nuevo compromiso al respecto, en un gesto hacia Trump. Pero hay mucho más en juego, como las exportaciones tecnológicas, las acusaciones de vulneraciones a la propiedad intelectual industrial o el acceso de EE.UU. a los minerales raros de China, claves en el sector.Más allá de lo comercial, China es uno de los principales escollos para que Trump acabe de conseguir sus objetivos en la guerra de Irán . Además de ser su mayor importador de petróleo –por lo tanto, su principal fuente de financiación–, Teherán está accediendo a componentes para la construcción de drones y misiles –el activo militar que le permite seguir en la guerra– a través de envíos desde China.Pero hay mucho más: desde las tensiones en el Pacífico, entre el expansionismo chino y el apoyo sostenido de EE.UU. a Taiwán ; hasta la carrera por el dominio de la inteligencia artificial, con el debate sobre su regulación de fondo.Además de ser el mayor importador de petróleo iraní, China está suministrando a Teherán componentes para drones y misilesTrump y Xi buscaron enterrar todo esto en pompa, circunstancia y palabras amables. El presidente de EE.UU. recibió a su homólogo chino en la Casa Blanca con todos los honores y muchas sonrisas, en la primera visita de Xi a Washington en una década.Acompañados de sus esposas –Melania Trump y Peng Liyuan–, ambos recibieron un saludo presidencial a las afueras de la Casa Blanca por parte de un pelotón de marines. Ya dentro, en el Gran Vestíbulo de la Casa Blanca, escucharon los himnos de los países y comenzaron las alabanzas mutuas. Arrancaba el colofón a una semana de gran intensidad diplomática para Trump , tras su paso por la Asamblea General de la ONU en Nueva York.«El presidente Xi y yo hemos forjado una gran amistad, construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos», dijo Trump al comienzo de su discurso. Aseguró que ambos mandatarios han conseguido «avances tremendos» y señaló que los países «han estado trabajando para lograr una relación comercial más equilibrada, incluido más acceso a su mercado para los agricultores y ganaderos estadounidenses».«Nuestros países han estado trabajando para lograr una relación comercial más equilibrada, incluido más acceso a su mercado para los agricultores y ganaderos estadounidenses» Donald Trump Presidente de EE.UU.Xi cumplió con su parte y dio un discurso solemne y agradable, en el que agradeció la hospitalidad de los anfitriones y felicitó a todo el pueblo estadounidense por el 250º aniversario de la fundación del país.El mandatario chino aseguró que el objetivo es que junto a Trump «sigan adelante con su amistad, amplíen la cooperación y promocionen el bienestar de ambos pueblos».Xi defendió el concepto de «estabilidad estratégica» que ambos acordaron en la cumbre previa, celebrada en Pekín. «Estoy listo para trabajar contigo para llevar este barco gigante de las relaciones entre EE.UU. y China en un rumbo firme».En un discurso mucho más largo que el de Trump, Xi habló de la «capacidad y la responsabilidad» de ambas potencias para desarrollar y gestionar «una inteligencia artificial que sea para el bien».Pero también dejó alguna exigencia entre muchas buenas palabras: «Esperamos que las compañías chinas sean tratadas con justicia en EE.UU.».«Trabajando juntos, podemos ampliar la lista de la cooperación y reducir la lista de problemas», dijo. Ese tipo de discusiones se tuvieron a puerta cerrada. Trump y Xi dedicaron varias horas a una reunión bilateral en el Despacho Oval, acompañados de sus equipos.«Trabajando juntos, podemos ampliar la lista de la cooperación y reducir la lista de problemas» Xi Jinping Presidente de ChinaLo que se vio fue el despliegue de boato. Antes de la bilateral, Trump regaló a Xi una exhibición del poder militar de EE.UU ., con una parada por la que sobrevolaron algunas de las joyas de sus fuerzas aéreas, como los bombarderos indetectables B-2 o cazas de combate F-22. El regalo de Xi fue una tradición diplomática china: el país enviará dos osos panda al zoo de Atlanta.Por la noche, todavía más ceremonia, con una cena de estado en la Casa Blanca, en la que ambos rememorarían el célebre brindis con vino espumoso entre Richard Nixon y Zhou Enlai de 1972, en la célebre visita a Pekín de aquel antecesor de Trump.Pero, tras la profusión de pompa y amabilidad ocurrió como en el microrrelato de Monterroso: las tensiones y los problemas todavía estaban allí. Los esfuerzos de Donald Trump y Xi Jinping por mostrar sintonía llegaron hasta el extremo: el presidente de Estados Unidos y su homólogo chino aparecieron este jueves en la Casa Blanca, en su esperada cumbre, con el mismo color de traje y corbata. Azul oscuro y púrpura , una coincidencia, probablemente casual, que retrató una cumbre dedicada a preservar la relación y dejar de lado las tensiones crecientes entre las dos grandes potencias globales.— Componente galeria-lead arrastrado. Para configurarlo, seleccionar cmp-galeria-lead del desplegable de visualizaciones — automaticoEn lo político, el tono de la cumbre quedó sentado unas horas antes de que se vieran los mandatarios. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, anunciaba en una entrevista en Fox News que ambos países habían acordado prorrogar su tregua comercial, que expiraba el 10 de noviembre, dos meses más. El cese de hostilidades , desatadas con la imposición agresiva de aranceles con la que Trump desembarcó en la Casa Blanca el año pasado, se extenderá hasta el 10 de enero.«Ambos países tienen mucho que ganar desde la cooperación y ambos perderán en la confrontación», dijo Xi durante su discurso en la Casa Blanca. Es la idea que, por ahora, marca la relación entre los dos grandes rivales.Pero, debajo de ella, las tensiones son evidentes y crecientes. El periodo breve de ampliación de la tregua es una señal de que las partes –sin duda, Trump– no están satisfechas con el actual equilibrio de sus relaciones comerciales . El presidente de EE.UU. quiere que China adquiera muchas más exportaciones agrícolas de EE.UU., un sector de gran sensibilidad política para el mandatario republicano. Todo apuntaba a que la cumbre acabaría con algún nuevo compromiso al respecto, en un gesto hacia Trump. Pero hay mucho más en juego, como las exportaciones tecnológicas, las acusaciones de vulneraciones a la propiedad intelectual industrial o el acceso de EE.UU. a los minerales raros de China, claves en el sector.Más allá de lo comercial, China es uno de los principales escollos para que Trump acabe de conseguir sus objetivos en la guerra de Irán . Además de ser su mayor importador de petróleo –por lo tanto, su principal fuente de financiación–, Teherán está accediendo a componentes para la construcción de drones y misiles –el activo militar que le permite seguir en la guerra– a través de envíos desde China.Pero hay mucho más: desde las tensiones en el Pacífico, entre el expansionismo chino y el apoyo sostenido de EE.UU. a Taiwán ; hasta la carrera por el dominio de la inteligencia artificial, con el debate sobre su regulación de fondo.Además de ser el mayor importador de petróleo iraní, China está suministrando a Teherán componentes para drones y misilesTrump y Xi buscaron enterrar todo esto en pompa, circunstancia y palabras amables. El presidente de EE.UU. recibió a su homólogo chino en la Casa Blanca con todos los honores y muchas sonrisas, en la primera visita de Xi a Washington en una década.Acompañados de sus esposas –Melania Trump y Peng Liyuan–, ambos recibieron un saludo presidencial a las afueras de la Casa Blanca por parte de un pelotón de marines. Ya dentro, en el Gran Vestíbulo de la Casa Blanca, escucharon los himnos de los países y comenzaron las alabanzas mutuas. Arrancaba el colofón a una semana de gran intensidad diplomática para Trump , tras su paso por la Asamblea General de la ONU en Nueva York.«El presidente Xi y yo hemos forjado una gran amistad, construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos», dijo Trump al comienzo de su discurso. Aseguró que ambos mandatarios han conseguido «avances tremendos» y señaló que los países «han estado trabajando para lograr una relación comercial más equilibrada, incluido más acceso a su mercado para los agricultores y ganaderos estadounidenses».«Nuestros países han estado trabajando para lograr una relación comercial más equilibrada, incluido más acceso a su mercado para los agricultores y ganaderos estadounidenses» Donald Trump Presidente de EE.UU.Xi cumplió con su parte y dio un discurso solemne y agradable, en el que agradeció la hospitalidad de los anfitriones y felicitó a todo el pueblo estadounidense por el 250º aniversario de la fundación del país.El mandatario chino aseguró que el objetivo es que junto a Trump «sigan adelante con su amistad, amplíen la cooperación y promocionen el bienestar de ambos pueblos».Xi defendió el concepto de «estabilidad estratégica» que ambos acordaron en la cumbre previa, celebrada en Pekín. «Estoy listo para trabajar contigo para llevar este barco gigante de las relaciones entre EE.UU. y China en un rumbo firme».En un discurso mucho más largo que el de Trump, Xi habló de la «capacidad y la responsabilidad» de ambas potencias para desarrollar y gestionar «una inteligencia artificial que sea para el bien».Pero también dejó alguna exigencia entre muchas buenas palabras: «Esperamos que las compañías chinas sean tratadas con justicia en EE.UU.».«Trabajando juntos, podemos ampliar la lista de la cooperación y reducir la lista de problemas», dijo. Ese tipo de discusiones se tuvieron a puerta cerrada. Trump y Xi dedicaron varias horas a una reunión bilateral en el Despacho Oval, acompañados de sus equipos.«Trabajando juntos, podemos ampliar la lista de la cooperación y reducir la lista de problemas» Xi Jinping Presidente de ChinaLo que se vio fue el despliegue de boato. Antes de la bilateral, Trump regaló a Xi una exhibición del poder militar de EE.UU ., con una parada por la que sobrevolaron algunas de las joyas de sus fuerzas aéreas, como los bombarderos indetectables B-2 o cazas de combate F-22. El regalo de Xi fue una tradición diplomática china: el país enviará dos osos panda al zoo de Atlanta.Por la noche, todavía más ceremonia, con una cena de estado en la Casa Blanca, en la que ambos rememorarían el célebre brindis con vino espumoso entre Richard Nixon y Zhou Enlai de 1972, en la célebre visita a Pekín de aquel antecesor de Trump.Pero, tras la profusión de pompa y amabilidad ocurrió como en el microrrelato de Monterroso: las tensiones y los problemas todavía estaban allí.
Donald Trump ha recibido este jueves al presidente de China, Xi Jinping, en la Casa Blanca, en el encuentro de una semana de gran intensidad diplomática para el presidente de Estados Unidos.
La esperada cumbre entre los dos jefes de Estado de las dos grandes … potencias mundiales viene cargada de tensiones –el apoyo de Pekín a Irán en la guerra, la competencia tecnológica, el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial, la expansión de China en el Pacífico–, pero al menos tendrá un resultado positivo: la ampliación de la tregua comercial.
La guerra arancelaria que vivieron el año pasado EE.UU. y China en cuanto Trump llegó al poder dejó claro que ambas economías tenían mucho que perder en el conflicto. Por ahora, se ha resuelto con treguas en la imposición recíproca de aranceles adicionales, como la que ahora se extiende hasta el 10 de enero del año que viene.
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El acuerdo fue adelantado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y evita un reavivamiento de las tensiones comerciales, ya que la actual tregua expiraba en noviembre.
«Nuestros equipos han estado trabajando para conseguir una relación comercial más equilibrada, incluidos nuevos mercados para nuestros agricultores y ganaderos estadounidenses», dijo Trump en un acto forma en la Casa Blanca, donde todo fueron buenas palabras.
Trump y Xi se esforzaron en mostrar sintonía pese a las muchas tensiones que dominan la relación entre las dos potencias. El multimillonario neoyorquino ha recibido a su homólogo chino con todos los honores.
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Le esperó en el pórtico sur de la Casa Blanca, acompañado de la primera dama, Melania Trump. Xi llegó con su esposa, Peng Liyuan. Trump sonrió al líder rival y le dio unas palmadas en la espalda. La sintonía se mostró hasta en el vestuario: los dos llevaban traje oscuro y corbata púrpura.
Xi cumplió con la amabilidad del encuentro: agradeció la hospitalidad de los anfitriones y felicitó a todo el pueblo estadounidense por el 250º aniversario de la fundación del país.
El mandatario chino aseguró que el objetivo es que junto a Trump «sigan adelante con su amistad, amplíen la cooperación y promocionen el bienestar de ambos pueblos».
Xi defendió el concepto de «estabilidad estratégica» que ambos acordaron en la cumbre previa, celebrada en Pekín. «Estoy listo para trabajar contigo para llevar este barco gigante de las relaciones entre EE.UU. y China en un rumbo firme».
En un discurso mucho más largo que el de Trump, Xi habló de la «capacidad y la responsabilidad» de ambas potencias para desarrollar y gestionar «una inteligencia artificial que sea para el bien».
«Ambos países ganarán mucho de la cooperación y ambos perderán en la confrontación», advirtió antes de anunciar dos gestos: la invitación a 100.000 jóvenes estadounidenses a visitar y estudiar en China; y la llegada de dos osos panda, diplomacia china tradicional, al zoo de Atlanta.
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