Tendemos a exagerar lo que desconocemos. El Partido Popular no sabe lo que se va a encontrar tras la línea de meta de La Moncloa, pero se imagina que le espera una gorda. Las expectativas de acción en el plano económico son muy altas -siempre lo son para la derecha- y los populares no quieren arriesgarse a que cuajen las extendidas teorías sobre complejos, temores y desidias varias que cuestionan la determinación de la dirección del PP para revertir el sanchismo de arriba a abajo. El plano económico es a la vez la principal baza de la oposición para erigirse alternativa al actual Gobierno socialcomunista y hándicap para frenar el acceso al poder. Pero esta vez, el líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, tiene claro que no hay que dejar duda de sus intenciones y que el mensaje de restituir la normalidad del país y sus instituciones es de vital importancia. Más aún en el terreno de la economía, sostenida artificialmente con deuda pública, fondos europeos y una asfixiante presión fiscal. Qué decir del cuerpo de actores -nunca mejor dicho- que han invadido las grandes empresas públicas y privadas como regalías a fidelidades o intereses sanchistas.Núñez Feijóo empezó a mostrar el giro estratégico durante sus respectivas reuniones con los empresarios catalanes primero, y con los vascos después. Los que esperaban «la derecha moderadita» de siempre se llevaron un chasco al escuchar al presidente del PP que no estaba por la labor de rogarle a nadie y que tomaba nota para cuando llegara el momento. El ciclo electoral toca a su fin y ahora se impone una idea fuerza demoledora: revertir el sanchismo con un plan tasado y programado que se irá aplicando desde el día uno al frente de La Moncloa. La idea que va ganando enteros en el debate interno es que en los primeros quince días de ese potencial Gobierno del PP se haya desmontado lo principal del andamiaje más tóxico del sanchismo, como compromiso con los votantes y prueba de vida de un partido dispuesto a resolver los problemas, no solo a gestionarlos, que diría el propio Pedro Sánchez.Revocar el enchufismo y apostar por profesionales experimentados al frente de empresas e instituciones es la piedra de toque del plan de FeijóoEntre esa batería de medidas instantáneas figuran la desocupación de los grandes organismos públicos invadidos por el actual Ejecutivo y sus socios, la compostura de organismos como el CIS y RTVE, y medidas de ayuda para pymes, autónomos y familias. Capítulo aparte merece la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y sus participadas. Aquí las voces en el seno del PP son unánimes en favor del desensamblaje de las controvertidas piezas que componen la constelación de compañías afectadas, que van desde Telefónica e Indra hasta Correos, Navantia, el Hipódromo o la Agencia EFE. La palabra mágica es la ‘profesionalización’ . La hoja de ruta de los populares en este viaje de vuelta a la normalidad es apartar todo lo que huela a política y a prebendas y apostar por un proceso de regeneración continuada en busca de beneficios que permita recuperar al Estado las inversiones realizadas con el erario público. En este punto hay dos opciones: los que abogan por la venta automática de la cartera de participaciones públicas, y la que defienden los que consideran que es más sensato aplicar primero un «profundo baño» de rigor y profesionalización a ese tejido corporativo, enfocado en la rentabilidad, y después optimizar la privatización de esos paquetes en manos de la SEPI para mejorar los retornos económicos . Alberto Nadal -desde julio del año pasado vicesecretario de Economía y Desarrollo Sostenible- resulta determinante en este aspecto, pues ya actuó de manera similar en el pasado, cuando se las tuvo que ver con algunos políticos disfrazados de ejecutivos que intentaban colarse en las empresas públicas o participadas para hacer negocios al margen de sus accionistas o acometer privatizaciones fuera de toda lógica estratégica nacional.«La decencia está por encima de la ideología». Está es una de las frases favoritas de Núñez Feijóo para aplicar un plan de disciplina de hierro en favor de una economía que aparece dopada por el uso de fondos europeos de recuperación y la aplicación de un escudo antiopas que, en la práctica, solo ha servido para frenar operaciones de autonomía de los mercados en favor de favoritismos y enchufes del PSOE y el PSC, pues es el partido catalán el que más acento ha puesto en introducirse en el mundo empresarial a cambio del apoyo del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, al del Gobierno, Pedro Sánchez.El presidente del principal partido de la oposición está empeñado en que nadie dude que no solo es lo contrario a Sánchez , sino que cambiará de la cruz a la raya el «hall of fame» del sanchismo y los genares puestos en el lienzo como premio político. Ya saben que a veces hay que estropear un poco el cuadro para poder terminarlo. Por cierto, el expresidente de Telefónica José María Álvarez-Pallete ha estrenado cuadro en la galería de las ‘obras perdidas’ de la teleco ante los vítores de varios que contribuyeron a que sea un ex. Zapatero puede que teleaplaudiera desde Las Rozas. Corren buenos tiempos para el retratismo corporativo. Tendemos a exagerar lo que desconocemos. El Partido Popular no sabe lo que se va a encontrar tras la línea de meta de La Moncloa, pero se imagina que le espera una gorda. Las expectativas de acción en el plano económico son muy altas -siempre lo son para la derecha- y los populares no quieren arriesgarse a que cuajen las extendidas teorías sobre complejos, temores y desidias varias que cuestionan la determinación de la dirección del PP para revertir el sanchismo de arriba a abajo. El plano económico es a la vez la principal baza de la oposición para erigirse alternativa al actual Gobierno socialcomunista y hándicap para frenar el acceso al poder. Pero esta vez, el líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, tiene claro que no hay que dejar duda de sus intenciones y que el mensaje de restituir la normalidad del país y sus instituciones es de vital importancia. Más aún en el terreno de la economía, sostenida artificialmente con deuda pública, fondos europeos y una asfixiante presión fiscal. Qué decir del cuerpo de actores -nunca mejor dicho- que han invadido las grandes empresas públicas y privadas como regalías a fidelidades o intereses sanchistas.Núñez Feijóo empezó a mostrar el giro estratégico durante sus respectivas reuniones con los empresarios catalanes primero, y con los vascos después. Los que esperaban «la derecha moderadita» de siempre se llevaron un chasco al escuchar al presidente del PP que no estaba por la labor de rogarle a nadie y que tomaba nota para cuando llegara el momento. El ciclo electoral toca a su fin y ahora se impone una idea fuerza demoledora: revertir el sanchismo con un plan tasado y programado que se irá aplicando desde el día uno al frente de La Moncloa. La idea que va ganando enteros en el debate interno es que en los primeros quince días de ese potencial Gobierno del PP se haya desmontado lo principal del andamiaje más tóxico del sanchismo, como compromiso con los votantes y prueba de vida de un partido dispuesto a resolver los problemas, no solo a gestionarlos, que diría el propio Pedro Sánchez.Revocar el enchufismo y apostar por profesionales experimentados al frente de empresas e instituciones es la piedra de toque del plan de FeijóoEntre esa batería de medidas instantáneas figuran la desocupación de los grandes organismos públicos invadidos por el actual Ejecutivo y sus socios, la compostura de organismos como el CIS y RTVE, y medidas de ayuda para pymes, autónomos y familias. Capítulo aparte merece la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y sus participadas. Aquí las voces en el seno del PP son unánimes en favor del desensamblaje de las controvertidas piezas que componen la constelación de compañías afectadas, que van desde Telefónica e Indra hasta Correos, Navantia, el Hipódromo o la Agencia EFE. La palabra mágica es la ‘profesionalización’ . La hoja de ruta de los populares en este viaje de vuelta a la normalidad es apartar todo lo que huela a política y a prebendas y apostar por un proceso de regeneración continuada en busca de beneficios que permita recuperar al Estado las inversiones realizadas con el erario público. En este punto hay dos opciones: los que abogan por la venta automática de la cartera de participaciones públicas, y la que defienden los que consideran que es más sensato aplicar primero un «profundo baño» de rigor y profesionalización a ese tejido corporativo, enfocado en la rentabilidad, y después optimizar la privatización de esos paquetes en manos de la SEPI para mejorar los retornos económicos . Alberto Nadal -desde julio del año pasado vicesecretario de Economía y Desarrollo Sostenible- resulta determinante en este aspecto, pues ya actuó de manera similar en el pasado, cuando se las tuvo que ver con algunos políticos disfrazados de ejecutivos que intentaban colarse en las empresas públicas o participadas para hacer negocios al margen de sus accionistas o acometer privatizaciones fuera de toda lógica estratégica nacional.«La decencia está por encima de la ideología». Está es una de las frases favoritas de Núñez Feijóo para aplicar un plan de disciplina de hierro en favor de una economía que aparece dopada por el uso de fondos europeos de recuperación y la aplicación de un escudo antiopas que, en la práctica, solo ha servido para frenar operaciones de autonomía de los mercados en favor de favoritismos y enchufes del PSOE y el PSC, pues es el partido catalán el que más acento ha puesto en introducirse en el mundo empresarial a cambio del apoyo del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, al del Gobierno, Pedro Sánchez.El presidente del principal partido de la oposición está empeñado en que nadie dude que no solo es lo contrario a Sánchez , sino que cambiará de la cruz a la raya el «hall of fame» del sanchismo y los genares puestos en el lienzo como premio político. Ya saben que a veces hay que estropear un poco el cuadro para poder terminarlo. Por cierto, el expresidente de Telefónica José María Álvarez-Pallete ha estrenado cuadro en la galería de las ‘obras perdidas’ de la teleco ante los vítores de varios que contribuyeron a que sea un ex. Zapatero puede que teleaplaudiera desde Las Rozas. Corren buenos tiempos para el retratismo corporativo.
Tendemos a exagerar lo que desconocemos. El Partido Popular no sabe lo que se va a encontrar tras la línea de meta de La Moncloa, pero se imagina que le espera una gorda. Las expectativas de acción en el plano económico son muy … altas -siempre lo son para la derecha- y los populares no quieren arriesgarse a que cuajen las extendidas teorías sobre complejos, temores y desidias varias que cuestionan la determinación de la dirección del PP para revertir el sanchismo de arriba a abajo.
El plano económico es a la vez la principal baza de la oposición para erigirse alternativa al actual Gobierno socialcomunista y hándicap para frenar el acceso al poder. Pero esta vez, el líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, tiene claro que no hay que dejar duda de sus intenciones y que el mensaje de restituir la normalidad del país y sus instituciones es de vital importancia. Más aún en el terreno de la economía, sostenida artificialmente con deuda pública, fondos europeos y una asfixiante presión fiscal. Qué decir del cuerpo de actores -nunca mejor dicho- que han invadido las grandes empresas públicas y privadas como regalías a fidelidades o intereses sanchistas.
Núñez Feijóo empezó a mostrar el giro estratégico durante sus respectivas reuniones con los empresarios catalanes primero, y con los vascos después. Los que esperaban «la derecha moderadita» de siempre se llevaron un chasco al escuchar al presidente del PP que no estaba por la labor de rogarle a nadie y que tomaba nota para cuando llegara el momento.
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Tribuna económica
María Jesús Pérez
El ciclo electoral toca a su fin y ahora se impone una idea fuerza demoledora: revertir el sanchismo con un plan tasado y programado que se irá aplicando desde el día uno al frente de La Moncloa. La idea que va ganando enteros en el debate interno es que en los primeros quince días de ese potencial Gobierno del PP se haya desmontado lo principal del andamiaje más tóxico del sanchismo, como compromiso con los votantes y prueba de vida de un partido dispuesto a resolver los problemas, no solo a gestionarlos, que diría el propio Pedro Sánchez.
Revocar el enchufismo y apostar por profesionales experimentados al frente de empresas e instituciones es la piedra de toque del plan de Feijóo
Entre esa batería de medidas instantáneas figuran la desocupación de los grandes organismos públicos invadidos por el actual Ejecutivo y sus socios, la compostura de organismos como el CIS y RTVE, y medidas de ayuda para pymes, autónomos y familias. Capítulo aparte merece la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y sus participadas. Aquí las voces en el seno del PP son unánimes en favor del desensamblaje de las controvertidas piezas que componen la constelación de compañías afectadas, que van desde Telefónica e Indra hasta Correos, Navantia, el Hipódromo o la Agencia EFE.
La palabra mágica es la ‘profesionalización’. La hoja de ruta de los populares en este viaje de vuelta a la normalidad es apartar todo lo que huela a política y a prebendas y apostar por un proceso de regeneración continuada en busca de beneficios que permita recuperar al Estado las inversiones realizadas con el erario público.
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En este punto hay dos opciones: los que abogan por la venta automática de la cartera de participaciones públicas, y la que defienden los que consideran que es más sensato aplicar primero un «profundo baño» de rigor y profesionalización a ese tejido corporativo, enfocado en la rentabilidad, y después optimizar la privatización de esos paquetes en manos de la SEPI para mejorar los retornos económicos.
Alberto Nadal -desde julio del año pasado vicesecretario de Economía y Desarrollo Sostenible- resulta determinante en este aspecto, pues ya actuó de manera similar en el pasado, cuando se las tuvo que ver con algunos políticos disfrazados de ejecutivos que intentaban colarse en las empresas públicas o participadas para hacer negocios al margen de sus accionistas o acometer privatizaciones fuera de toda lógica estratégica nacional.
«La decencia está por encima de la ideología». Está es una de las frases favoritas de Núñez Feijóo para aplicar un plan de disciplina de hierro en favor de una economía que aparece dopada por el uso de fondos europeos de recuperación y la aplicación de un escudo antiopas que, en la práctica, solo ha servido para frenar operaciones de autonomía de los mercados en favor de favoritismos y enchufes del PSOE y el PSC, pues es el partido catalán el que más acento ha puesto en introducirse en el mundo empresarial a cambio del apoyo del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, al del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del principal partido de la oposición está empeñado en que nadie dude que no solo es lo contrario a Sánchez, sino que cambiará de la cruz a la raya el «hall of fame» del sanchismo y los genares puestos en el lienzo como premio político. Ya saben que a veces hay que estropear un poco el cuadro para poder terminarlo. Por cierto, el expresidente de Telefónica José María Álvarez-Pallete ha estrenado cuadro en la galería de las ‘obras perdidas’ de la teleco ante los vítores de varios que contribuyeron a que sea un ex. Zapatero puede que teleaplaudiera desde Las Rozas. Corren buenos tiempos para el retratismo corporativo.
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