Erin Moriarty (32 años), actriz: «Sentía tanto dolor que la idea de la muerte me parecía un alivio, ya me estaba preparando»

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Las claves

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Erin Moriarty, actriz de ‘The Boys’, relata cómo la enfermedad de Graves casi le arrebata cuerpo, memoria, trabajo y ganas de vivir.

La actriz pasó años con síntomas graves como fatiga extrema, problemas de memoria y debilidad antes de lograr un diagnóstico certero en 2025.

La enfermedad de Graves, un trastorno autoinmune de la tiroides, puede provocar síntomas físicos y psicológicos como ansiedad, depresión y deterioro cognitivo.

Moriarty destaca la importancia de no atribuir síntomas multisistémicos únicamente al estrés y recomienda valorar la función tiroidea ante síntomas persistentes.

Erin Moriarty no solo ha hablado de su enfermedad, sino de su «caída» durante los últimos años. La actriz, conocida por interpretar a Starlight en la serie The Boys, relató recientemente cómo la poco conocida enfermedad de Graves casi le arrebató su cuerpo, su memoria, su trabajo y, durante un tiempo, incluso su voluntad de seguir viviendo.

En su testimonio, que ha publicado TIME, no habla tan solo de una enfermedad tiroidea, sino del dolor que sintió y de la demora diagnóstica que sufrió.

Como explicó Moriarty, pasó años conviviendo con intensos síntomas antes de contar con un claro diagnóstico durante el pasado año 2025, llegando incluso a necesitar dormir 19 horas al día y con problemas para memorizar frases sencillas.

Finalmente, se llegó a un diagnóstico orgánico real, no sin dificultad.

No era ansiedad

La actriz explicó cómo llegaba a sentir síntomas como fatiga extrema, palpitaciones, deterioro cognitivo, debilidad, entumecimiento e incluso una sensación progresiva de pérdida de control.

Desde fuera, parecía agotamiento, ansiedad o incluso fragilidad emocional; sin embargo, lo que sufría era una enfermedad orgánica que iba avanzando, y que posteriormente se descubrió que su origen se encontraba en la glándula tiroidea.

Laenfermedad de Graves es una patología autoinmune caracterizada por una alteración del sistema inmune corporal, el cual produce anticuerpos capaces de estimular el receptor de la TSH y dando lugar a un exceso de hormonas tiroideas.

En otras palabras: el organismo se encuentra acelerado de forma constante sin un claro motivo aparente. Se producen síntomas como pérdida de peso, palpitaciones, temblor, intolerancia al calor, sudoración, insomnio, nerviosismo, debilidad muscular y, en algunos pacientes, afectación ocular.

A nivel analítico, se observa una TSH suprimida, con una elevación de hormonas tiroideas T3 y T4 significativa, además de poder detectarse anticuerpos positivos frente al mencionado receptor TSH.

Este caso también nos sirve para recordar algo importante: el hipertiroidismo no consiste tan solo en «tener una tiroides elevada».

Esta alteración hormonal puede llegar a provocar alteraciones del sueño, el pulso, el estado del ánimo, la concentración, la tolerancia al esfuerzo e incluso la percepción del propio cuerpo.

De hecho, como ya describió un artículo publicado en la European Thyroid Journal, la enfermedad de Graves también produce efectos a nivel psicológico como un mayor riesgo de sufrir ansiedad y depresión, además de un deterioro de la calidad de vida, especialmente en aquellos pacientes que sufren afectación ocular.

Se trata de síntomas que pueden llegar a permanecer incluso tras solucionar la alteración hormonal, como ya han sugerido otras investigaciones, y como también le sucedió a la propia actriz.

De hecho, la frase más dura de Moriarty, donde sugiere que «la muerte podía parecer un alivio», no siempre es una exageración para algunos pacientes.

Como ya sugirió un estudio publicado en el Journal of Affective Disorders, la enfermedad de Graves se asocia con mayor riesgo de depresión, trastorno bipolar, ansiedad y trastornos del sueño.

Si bien es cierto que asociación no implica causalidad, sí es conveniente tener en cuenta la salud mental y sus posibles síntomas dentro del cuadro clínico que se presenta en una enfermedad de Graves. De nuevo, no solo es «tener la tiroides alterada», sino que va más allá.

Para finalizar, otro de los datos que aporta Moriarty entra dentro del ámbito social. Como bien señala ella misma, cuando se producen síntomas fluctuantes, multisistémicos o difíciles de objetivar o catalogar, aumenta drásticamente el riesgo de asociar dichos síntomas al exceso de estrés.

Por ello, a pesar de que actualmente vivimos en una sociedad acelerada y con unos niveles de estrés muy elevados de forma generalizada, cuando se producen síntomas de forma repetitiva y persistente, como las palpitaciones, temblor, intolerancia al calor, insomnio, ansiedad sin un claro origen o, peor si cabe, pérdida de peso inexplicable, siempre es conveniente disponer de un estudio analítico donde se incluya la función tiroidea.

 El Español – Salud

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