Víctor, mecánico: «Tengo una incapacidad y una pensión pero ya no puedo trabajar en el empleo que me gusta»

A los dos meses de vida le diagnosticaron rabdomiosarcoma, una enfermedad por la que ha sufrido 12 intervenciones quirúrgicas y cuatro quimioterapias.Más información: Marruecos marca las normas: blinda sus ciudades con 12.000 millones y recupera el control hídrico con macrodesaladoras A los dos meses de vida le diagnosticaron rabdomiosarcoma, una enfermedad por la que ha sufrido 12 intervenciones quirúrgicas y cuatro quimioterapias.Más información: Marruecos marca las normas: blinda sus ciudades con 12.000 millones y recupera el control hídrico con macrodesaladoras  

Las claves

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Víctor Cruz ha superado cuatro recaídas de un rabdomiosarcoma diagnosticado a los dos meses de vida, pasando por 12 intervenciones quirúrgicas y múltiples tratamientos.

Las secuelas físicas y emocionales de la enfermedad le han impedido continuar en su trabajo como mecánico, recibiendo actualmente una pensión por incapacidad.

Víctor critica la falta de eficacia de los mecanismos de inserción laboral para personas con discapacidad y denuncia las dificultades sociales y económicas que enfrenta tras el cáncer.

Actualmente, Víctor colabora a tiempo parcial en el negocio de un amigo, adaptando su actividad profesional a sus nuevas capacidades físicas.

A Víctor Cruz le diagnosticaron un rabdomiosarcoma en el esternón cuando apenas tenía dos meses de vida. Desde entonces ha sufrido cuatro recaídas, a los 4, 16, 18 y 28 años, cada una marcando una etapa distinta de su biografía.

Fue en la segunda recaída, a los 16 años, cuando el mecánico tomó verdadera conciencia de lo que había padecido. «Considero que tuve cierta suerte, ya que el tumor no dañaba ningún órgano y no tenía dolor», relata, aunque el impacto en su vida fue innegable.

De aquella época conserva pocos recuerdos, algo que atribuye a un bloqueo mental protector. Sí recuerda, en cambio, las constantes faltas de asistencia a la escuela y su empeño por vivir el día a día como si nada ocurriera realmente.

El balance médico de Víctor resulta abrumador: 12 intervenciones quirúrgicas, entre ellas un trasplante de hueso con injerto de cadera y piel del abdomen, cuatro quimioterapias diferentes y dos ciclos completos de radioterapia a lo largo de los años.

Impacto emocional del proceso

A todo ello se sumó, de muy pequeño, una sepsis agresiva que puso en peligro su vida. Esa infección dejó secuelas que se añadieron a las derivadas de las operaciones y a los efectos acumulados de las quimioterapias y radioterapias recibidas.

La última recaída, a los 28 años, coincidió justo con el año en que le dieron el alta médica definitiva. Recibió entonces un tratamiento «bastante suave», aunque el golpe emocional volvió a repetirse tras años de aparente estabilidad clínica.

Además de las secuelas físicas, Víctor destaca el impacto emocional del proceso. Superarlo, asegura, transforma la manera de entender la vida y genera valores morales distintos a los de quienes nunca han atravesado una enfermedad así.

En el plano laboral, la recaída de los 28 años coincidió con el fin de su contrato en el taller mecánico donde llevaba casi ocho años. La empresa optó por no renovarlo, sin hacerle ninguna pregunta ni mostrar remordimiento alguno.

Ante ese trato, aunque podría haber seguido trabajando, decidió solicitar la baja médica. Poco después, la propia mutua le recomendó pedir una incapacidad, dado su historial quirúrgico y el desgaste físico acumulado tras tantos años de enfermedad.

Desde entonces cobra una pensión por incapacidad, pero ya no puede trabajar en el empleo que le gusta. Los continuos cambios de empleo le han provocado altibajos emocionales y cierta depresión, aunque la pensión compensa la dificultad de mantener jornadas largas.

Víctor critica la ineficacia de los mecanismos de inserción laboral: para contratar a una persona con discapacidad se exige haber estado tres meses en paro, lo que penaliza a quien ya tiene un empleo y quiere optar a otro mejor.

Finalmente, gracias a los servicios ocupacionales de su municipio y al boca a boca, encontró trabajos interesantes y ahora colabora a tiempo parcial en el negocio de un amigo, más ajustado a sus posibilidades físicas actuales.

Para Víctor, la respuesta social ante el cáncer sigue siendo complicada: independizarse, pedir un crédito o contratar un seguro se complica aún más. «Es como si los recursos solo sirvieran para que la sociedad se proteja de nosotros», concluye.

 El Español – Salud

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