Juan Carlos, agricultor: «Vas al supermercado y los tomates están a 3 €, cuando a nosotros nos están pagando 1 €»

El productor de tomate no dudó en señalar el gran problema del campo: el desequilibrio entre el precio en origen y el de venta.Más información: Andrés, agricultor en España: «No podemos competir con Marruecos, aquí pagamos 90 euros por jornada, allí solo 8» El productor de tomate no dudó en señalar el gran problema del campo: el desequilibrio entre el precio en origen y el de venta.Más información: Andrés, agricultor en España: «No podemos competir con Marruecos, aquí pagamos 90 euros por jornada, allí solo 8»  

Las claves

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Los agricultores españoles denuncian la gran diferencia entre el precio que reciben por sus productos y el que pagan los consumidores en el supermercado.

El aumento de los costes de producción, la competencia de países extracomunitarios y la incertidumbre climática están reduciendo la rentabilidad del sector agrícola.

A pesar de la Ley de la Cadena Alimentaria, los agricultores consideran insuficiente su aplicación para evitar que los productos se paguen por debajo del coste de producción.

El envejecimiento de la población agrícola y la falta de relevo generacional amenazan el futuro del sector en España.

La diferencia entre lo que cobra un agricultor por su producción y el precio que finalmente paga el consumidor continúa siendo una de las grandes preocupaciones del campo español.

Detrás de esta brecha hay un problema que el sector denuncia desde hace años y que ha dado lugar a movilizaciones masivas en toda España.

Juan Carlos, productor de tomate, lo resume con una frase que refleja el malestar de muchos agricultores: «Vas a una gran superficie y el precio puede estar a 2,50 o 3 euros, cuando al agricultor se le está pagando 1 euro«.

Su testimonio, ofrecido a los informativos de Antena 3, llega en un momento especialmente complicado para la agricultura española.

Los productores afrontan un escenario marcado por el aumento de costes, la incertidumbre climática, la competencia de países extracomunitarios y una rentabilidad cada vez menor.

Crisis en el campo

La principal queja de los agricultores se centra en la diferencia entre el precio en origen y el de venta al público.

Aunque existe una Ley de la Cadena Alimentaria destinada a impedir que los productos se comercialicen por debajo de los costes de producción, las organizaciones agrarias consideran que su aplicación sigue siendo insuficiente y que el margen continúa concentrándose en los eslabones posteriores de la cadena.

Indicadores como el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD), elaborado por COAG, muestran de forma recurrente que muchos productos agrícolas multiplican entre tres y cinco veces su valor desde que salen del campo hasta que llegan al supermercado.

A esta situación se suma el incremento de los gastos que deben asumir las explotaciones. Juan Carlos explica que la reciente inestabilidad internacional también está teniendo consecuencias directas sobre su actividad.

«Con esta nueva guerra, el tema del combustible está por las nubes. Al igual que las personas que van a comprar, a nosotros se nos encarece todo también», señala.

El aumento del precio del gasóleo agrícola, los fertilizantes, la electricidad o los productos fitosanitarios ha reducido considerablemente los márgenes de beneficio de muchas explotaciones, que en algunos casos aseguran producir con una rentabilidad mínima.

La subida de los precios también está modificando los hábitos de compra de los consumidores.

Said, propietario de la frutería San Juan, asegura que las ventas han descendido en los últimos meses: «La gente ahora compra menos tomate; antes llevaban tres o cuatro kilos, ahora máximo un kilo o un kilo y medio».

De ese modo, el tomate simboliza buena parte de los problemas que vive actualmente la agricultura española.

A la presión de los costes se une el crecimiento de las importaciones procedentes de terceros países, especialmente Marruecos, cuyos productores compiten con normas laborales y fitosanitarias diferentes a las exigidas dentro de la Unión Europea, según denuncian las organizaciones agrarias.

Al mismo tiempo, la sequía, los episodios meteorológicos extremos y la compleja burocracia vinculada a la Política Agraria Común (PAC) siguen aumentando la incertidumbre del sector.

Todo ello se produce en un contexto especialmente delicado para el relevo generacional. La edad media de los agricultores españoles supera ya los 60 años y menos del 9% de los titulares de explotaciones tiene menos de 41 años.

Sin una mayor rentabilidad y con costes de entrada cada vez más elevados, cada vez son menos los jóvenes que deciden continuar con la actividad familiar, lo que pone en riesgo el futuro de miles de explotaciones y del propio modelo agrícola español.

 El Español – Sociedad

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