Después de un mes de aparente tranquilidad, el fuego cruzado regresó a Ormuz y volvió a mostrar el pulso abierto entre Washington y Teherán por las rutas para el tránsito en el estrecho. Cuando Estados Unidos parecía haber dejado atrás la fase militar para centrarse en la asfixia económica de Irán, sus fuerzas bombardearon la isla de Larak y mataron al menos a dos personas, según las agencias iraníes. El capitán Tim Hawkins , portavoz del ejército, afirmó que atacaron porque se había observado a elementos de la Guardia Revolucionaria listos para lanzar desde la isla cohetes equipados con minas. La república islámica respondió con el lanzamiento de ocho misiles a una base estadounidense en Jordania y varios drones contra intereses enemigos en Emiratos Árabes Unidos, aunque todos fueron interceptados y causaron daños. La primera consecuencia de la nueva escalada fue una subida del 3 por ciento en el precio del petróleo. El memorando de entendimiento firmado por Estados Unidos e Irán en junio está en un limbo y ambas partes tratan de mostrar su poder sobre Ormuz, aunque ninguna ha logrado una victoria total. Los estadounidenses anunciaron la semana pasada que habían limpiado el estrecho de minas e instan a los buques comerciales a cruzar por la parte sur, dentro de aguas omaníes, guiados por su Marina y protegidos por aviones de la Fuerza Aérea y helicópteros. La ruta parece clara en los mapas de navegación, pero la seguridad no es total y los barcos pasan con cuentagotas. Atravesar el estrecho sigue siendo peligroso. Dos marineros han muerto en las últimas dos semanas y otro permanece desaparecido.Frente a la ruta omaní, Irán apuesta por el tráfico pegado a su costa y la isla de Larak es uno de los puntos fuertes de control. Los iraníes cerraron Ormuz tras la guerra sorpresa lanzada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu y ahora se ha convertido en su arma de presión más importante frente a Washington y el resto del mundo, porque esta es la ruta por la que transitaba el 20 por ciento del crudo que se consumía. Los iraníes no quieren cerrar Ormuz, su objetivo es crear una nueva realidad en la que los barcos sigan utilizando el estrecho, pero solo por las vías que ellos autoricen y para ello no han dudado a la hora de minar las rutas más alejadas a su costa. La inestabilidad ha provocado que potencias energéticas como Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo de la región, han aumentado sus exportaciones a través del mar Rojo. La palabra de Estados Unidos ha dejado de ser sinónimo de seguridad y sus aliados buscan alternativas. Horas después del intercambio de fuego, la Guardia Revolucionaria informó de que un petrolero se incendió después de chocar contra dos minas marinas mientras intentaba utilizar una «ruta ilegal». Según el comunicado, «el buque quedó completamente inmovilizado». Minas y drones de bajo coste son la pesadilla de los petroleros en Ormuz y el principal portavoz del Ejército iraní, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, insistió un día más en que Trump «no puede ni soñar con intentar convertir Ormuz en territorio estadounidense». Amenazas de TrumpEl bombardeo contra Larak vino acompañado de nuevas amenazas de Trump en redes sociales. El presidente publicó un vídeo creado con Inteligencia Artificial que mostraba la destrucción del principal centro petrolero iraní, con el mensaje: «¡¡¡La isla de Kharg siendo reducida a escombros!!!» Antes de la guerra, la isla de Kharg gestionaba el 90 por ciento de las exportaciones de petróleo de la república islámica. Tras conocer el lanzamiento de misiles a Jordania, Trump dijo que «vamos a golpearles con fuerza».No hubo ataques contra Kharg a lo largo de la jornada, pero el mensaje de Washington fue claro. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, lamentó que hay personas en Estados Unidos interesadas en la «continuación de la guerra» y dejó claro que su país «nunca da la bienvenida a la guerra». El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, empleó palabras más duras y declaró a los medios que «hay que expulsar a los extranjeros» de la región. Los mediadores intensificaron las reuniones la pasada semana con visitas a Teherán de envidos de Pakistán, Qatar y Omán, pero las posturas siguen alejadas y las armas volvieron a imponer su ley en Ormuz en un choque que retoma la situación ya vivida durante el verano de intercambio medido de golpes. El conflicto sigue abierto y cualquier error de cálculo por alguna de las partes puede provocar de nuevo un choque a gran escala. Después de un mes de aparente tranquilidad, el fuego cruzado regresó a Ormuz y volvió a mostrar el pulso abierto entre Washington y Teherán por las rutas para el tránsito en el estrecho. Cuando Estados Unidos parecía haber dejado atrás la fase militar para centrarse en la asfixia económica de Irán, sus fuerzas bombardearon la isla de Larak y mataron al menos a dos personas, según las agencias iraníes. El capitán Tim Hawkins , portavoz del ejército, afirmó que atacaron porque se había observado a elementos de la Guardia Revolucionaria listos para lanzar desde la isla cohetes equipados con minas. La república islámica respondió con el lanzamiento de ocho misiles a una base estadounidense en Jordania y varios drones contra intereses enemigos en Emiratos Árabes Unidos, aunque todos fueron interceptados y causaron daños. La primera consecuencia de la nueva escalada fue una subida del 3 por ciento en el precio del petróleo. El memorando de entendimiento firmado por Estados Unidos e Irán en junio está en un limbo y ambas partes tratan de mostrar su poder sobre Ormuz, aunque ninguna ha logrado una victoria total. Los estadounidenses anunciaron la semana pasada que habían limpiado el estrecho de minas e instan a los buques comerciales a cruzar por la parte sur, dentro de aguas omaníes, guiados por su Marina y protegidos por aviones de la Fuerza Aérea y helicópteros. La ruta parece clara en los mapas de navegación, pero la seguridad no es total y los barcos pasan con cuentagotas. Atravesar el estrecho sigue siendo peligroso. Dos marineros han muerto en las últimas dos semanas y otro permanece desaparecido.Frente a la ruta omaní, Irán apuesta por el tráfico pegado a su costa y la isla de Larak es uno de los puntos fuertes de control. Los iraníes cerraron Ormuz tras la guerra sorpresa lanzada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu y ahora se ha convertido en su arma de presión más importante frente a Washington y el resto del mundo, porque esta es la ruta por la que transitaba el 20 por ciento del crudo que se consumía. Los iraníes no quieren cerrar Ormuz, su objetivo es crear una nueva realidad en la que los barcos sigan utilizando el estrecho, pero solo por las vías que ellos autoricen y para ello no han dudado a la hora de minar las rutas más alejadas a su costa. La inestabilidad ha provocado que potencias energéticas como Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo de la región, han aumentado sus exportaciones a través del mar Rojo. La palabra de Estados Unidos ha dejado de ser sinónimo de seguridad y sus aliados buscan alternativas. Horas después del intercambio de fuego, la Guardia Revolucionaria informó de que un petrolero se incendió después de chocar contra dos minas marinas mientras intentaba utilizar una «ruta ilegal». Según el comunicado, «el buque quedó completamente inmovilizado». Minas y drones de bajo coste son la pesadilla de los petroleros en Ormuz y el principal portavoz del Ejército iraní, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, insistió un día más en que Trump «no puede ni soñar con intentar convertir Ormuz en territorio estadounidense». Amenazas de TrumpEl bombardeo contra Larak vino acompañado de nuevas amenazas de Trump en redes sociales. El presidente publicó un vídeo creado con Inteligencia Artificial que mostraba la destrucción del principal centro petrolero iraní, con el mensaje: «¡¡¡La isla de Kharg siendo reducida a escombros!!!» Antes de la guerra, la isla de Kharg gestionaba el 90 por ciento de las exportaciones de petróleo de la república islámica. Tras conocer el lanzamiento de misiles a Jordania, Trump dijo que «vamos a golpearles con fuerza».No hubo ataques contra Kharg a lo largo de la jornada, pero el mensaje de Washington fue claro. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, lamentó que hay personas en Estados Unidos interesadas en la «continuación de la guerra» y dejó claro que su país «nunca da la bienvenida a la guerra». El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, empleó palabras más duras y declaró a los medios que «hay que expulsar a los extranjeros» de la región. Los mediadores intensificaron las reuniones la pasada semana con visitas a Teherán de envidos de Pakistán, Qatar y Omán, pero las posturas siguen alejadas y las armas volvieron a imponer su ley en Ormuz en un choque que retoma la situación ya vivida durante el verano de intercambio medido de golpes. El conflicto sigue abierto y cualquier error de cálculo por alguna de las partes puede provocar de nuevo un choque a gran escala.
Después de un mes de aparente tranquilidad, el fuego cruzado regresó a Ormuz y volvió a mostrar el pulso abierto entre Washington y Teherán por las rutas para el tránsito en el estrecho. Cuando Estados Unidos parecía haber dejado atrás la fase militar para centrarse … en la asfixia económica de Irán, sus fuerzas bombardearon la isla de Larak y mataron al menos a dos personas, según las agencias iraníes.
El capitán Tim Hawkins, portavoz del ejército, afirmó que atacaron porque se había observado a elementos de la Guardia Revolucionaria listos para lanzar desde la isla cohetes equipados con minas. La república islámica respondió con el lanzamiento de ocho misiles a una base estadounidense en Jordania y varios drones contra intereses enemigos en Emiratos Árabes Unidos, aunque todos fueron interceptados y causaron daños. La primera consecuencia de la nueva escalada fue una subida del 3 por ciento en el precio del petróleo.
El memorando de entendimiento firmado por Estados Unidos e Irán en junio está en un limbo y ambas partes tratan de mostrar su poder sobre Ormuz, aunque ninguna ha logrado una victoria total. Los estadounidenses anunciaron la semana pasada que habían limpiado el estrecho de minas e instan a los buques comerciales a cruzar por la parte sur, dentro de aguas omaníes, guiados por su Marina y protegidos por aviones de la Fuerza Aérea y helicópteros. La ruta parece clara en los mapas de navegación, pero la seguridad no es total y los barcos pasan con cuentagotas. Atravesar el estrecho sigue siendo peligroso. Dos marineros han muerto en las últimas dos semanas y otro permanece desaparecido.
Noticia relacionada
-
Tras seis meses de guerra
Mikel Ayestaran
Frente a la ruta omaní, Irán apuesta por el tráfico pegado a su costa y la isla de Larak es uno de los puntos fuertes de control. Los iraníes cerraron Ormuz tras la guerra sorpresa lanzada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu y ahora se ha convertido en su arma de presión más importante frente a Washington y el resto del mundo, porque esta es la ruta por la que transitaba el 20 por ciento del crudo que se consumía. Los iraníes no quieren cerrar Ormuz, su objetivo es crear una nueva realidad en la que los barcos sigan utilizando el estrecho, pero solo por las vías que ellos autoricen y para ello no han dudado a la hora de minar las rutas más alejadas a su costa.
La inestabilidad ha provocado que potencias energéticas como Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo de la región, han aumentado sus exportaciones a través del mar Rojo. La palabra de Estados Unidos ha dejado de ser sinónimo de seguridad y sus aliados buscan alternativas.
Horas después del intercambio de fuego, la Guardia Revolucionaria informó de que un petrolero se incendió después de chocar contra dos minas marinas mientras intentaba utilizar una «ruta ilegal». Según el comunicado, «el buque quedó completamente inmovilizado». Minas y drones de bajo coste son la pesadilla de los petroleros en Ormuz y el principal portavoz del Ejército iraní, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, insistió un día más en que Trump «no puede ni soñar con intentar convertir Ormuz en territorio estadounidense».
Amenazas de Trump
El bombardeo contra Larak vino acompañado de nuevas amenazas de Trump en redes sociales. El presidente publicó un vídeo creado con Inteligencia Artificial que mostraba la destrucción del principal centro petrolero iraní, con el mensaje: «¡¡¡La isla de Kharg siendo reducida a escombros!!!» Antes de la guerra, la isla de Kharg gestionaba el 90 por ciento de las exportaciones de petróleo de la república islámica. Tras conocer el lanzamiento de misiles a Jordania, Trump dijo que «vamos a golpearles con fuerza».
No hubo ataques contra Kharg a lo largo de la jornada, pero el mensaje de Washington fue claro. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, lamentó que hay personas en Estados Unidos interesadas en la «continuación de la guerra» y dejó claro que su país «nunca da la bienvenida a la guerra». El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, empleó palabras más duras y declaró a los medios que «hay que expulsar a los extranjeros» de la región.
Los mediadores intensificaron las reuniones la pasada semana con visitas a Teherán de envidos de Pakistán, Qatar y Omán, pero las posturas siguen alejadas y las armas volvieron a imponer su ley en Ormuz en un choque que retoma la situación ya vivida durante el verano de intercambio medido de golpes. El conflicto sigue abierto y cualquier error de cálculo por alguna de las partes puede provocar de nuevo un choque a gran escala.
RSS de noticias de internacional
