El verano geopolítico no ha podido ser más brutal. Guerras en Irán y Ucrania sin opción de llegar a un final negociado, cambio climático acelerado con temperaturas infernales y sequías feroces, incendios incontenibles de sexta generación, precios disparados, democracias cada vez más en declive y autocracias en auge… y la inmigración convertida no sólo en arma de destrucción masiva, sino también en ejemplo de la redefinición del poder bélico en el siglo XXI. Buena parte de las amenazas asociadas a la nueva geopolítica del caos afectan directamente a Europa y, por supuesto, a España. Incluso los países europeos con mejor gobernanza y menos populismo se enfrentan a fuerzas absolutamente fuera de su control. Los retos no pueden ser mayores para un continente dominado por demasiadas dependencias como para tomar las riendas de su futuro. Todo ello en un mundo en el que los «incentivos para la moderación», como decía Kissinger, han dejado de funcionar.- Las guerras fusionadas de Irán y Ucrania . Aunque ha existido un consenso europeo en contra de la ofensiva de Israel y EE.U.U contra Irán, esa posición crítica no ha impedido que las consecuencias de estos seis meses de conflicto con el régimen de los ayatolás se hayan dejado sentir en los bolsillos de los europeos, con significativos aumentos de precios en consumos básicos como la energía y los alimentos. En Ucrania, a pesar de que Europa está ahora haciendo más que EE.UU. por sostener la heroica resistencia de Kiev, la carnicería prosigue tras más de cuatro años de combates. Este verano, los dos conflictos incluso han empezado a fusionarse con ataques ucranianos en el mar Caspio contra los suministros militares que Teherán sigue facilitando a Rusia.- Que vienen los ruskies. El fracaso de Rusia en la conquista de Ucrania no ha contenido la inclinación de Vladímir Putin a expandir su agresión y asumir riesgos adicionales. Ya no hay mucho disimulo en su campaña de sabotajes e injerencia en Moldavia, Polonia y Alemania, por no mencionar los Bálticos. Durante este verano han resucitado las especulaciones en torno al uso de armas nucleares tácticas en Ucrania y las preocupaciones ante una ofensiva de otoño contra objetivos de la OTAN. Entre estos oscuros vaticinios, el director de la CIA, John Ratcliffe, se ha desplazado hasta Moscú. El presidente Trump ha quitado importancia a la visita, pero la última vez que un responsable de la CIA se dejó ver en la capital rusa fue tres meses antes de la invasión de Ucrania.- Sin armas o dinero, no hay imperio . Para su fracasada campaña contra Irán, Estados Unidos ha reducido hasta niveles críticos algunos de sus principales sistemas de armas, como los misiles interceptores Patriots. Gran parte del material empleado contra Teherán ha tenido que salir del teatro de operaciones asiáticos, perdiendo su valor disuasorio frente a China. Este verano, además, la deuda nacional de EE.UU. ha superado los 40 billones de dólares. El endeudamiento bruto de la mayor economía del mundo representa ya el 124% de su PIB, con el bono a 30 años cotizando a máximos no registrados en dos décadas.- De Ormuz a Ceuta . Este verano ha cristalizado la redefinición del poder y de los conflictos bélicos. La ventaja ya no corresponde necesariamente a los que disponen de mayores fuerzas armadas, recursos económicos o sistemas políticos democráticos. La clave no está en ser capaz de controlar un territorio sino en descontrolar, ya sea el estrecho de Ormuz o una pequeña ciudad española. En el siglo XXI, las guerras no se declaran formalmente, las invasiones no requieren carros de combate y se pueden consumar agresiones sin necesidad de disparar ni un solo tiro.- Decadencia y auge. El presidente Trump se queja de la debilidad de sus aliados. Sus socios tradicionales se quejan del matonismo, los caprichos, la mendacidad y la incompetencia de Trump. La última andanada arancelaria de EE.UU. contra Canadá es un claro ejemplo de esta decadencia política y económica. En contraste, el «eje del muy mal» no deja de colaborar: Rusia ayuda a Corea del Norte a modernizar sus fuerzas armadas; Corea del Norte le devuelve el favor enviando millones de proyectiles de artillería y soldados adicionales; China suministra a Rusia la mayor parte de los componentes electrónicos que se utilizan en sus drones y en otros sistemas de armas; y Rusia proporciona a Irán información crucial para atacar bases y buques estadounidenses en Oriente Próximo.- El surrealismo ejecutivo. Mientras tanto, como si sirviera de algo, el presidente Trump se dedica a utilizar su maxirotulador para alterar mapas o firmar órdenes que exhibe como si fueran las Tablas de la Ley de Moisés. Mientras otros se quedan todo un mes varados en la playa. tomando chupitos de flor de loto con la ninfa Calipso. El verano geopolítico no ha podido ser más brutal. Guerras en Irán y Ucrania sin opción de llegar a un final negociado, cambio climático acelerado con temperaturas infernales y sequías feroces, incendios incontenibles de sexta generación, precios disparados, democracias cada vez más en declive y autocracias en auge… y la inmigración convertida no sólo en arma de destrucción masiva, sino también en ejemplo de la redefinición del poder bélico en el siglo XXI. Buena parte de las amenazas asociadas a la nueva geopolítica del caos afectan directamente a Europa y, por supuesto, a España. Incluso los países europeos con mejor gobernanza y menos populismo se enfrentan a fuerzas absolutamente fuera de su control. Los retos no pueden ser mayores para un continente dominado por demasiadas dependencias como para tomar las riendas de su futuro. Todo ello en un mundo en el que los «incentivos para la moderación», como decía Kissinger, han dejado de funcionar.- Las guerras fusionadas de Irán y Ucrania . Aunque ha existido un consenso europeo en contra de la ofensiva de Israel y EE.U.U contra Irán, esa posición crítica no ha impedido que las consecuencias de estos seis meses de conflicto con el régimen de los ayatolás se hayan dejado sentir en los bolsillos de los europeos, con significativos aumentos de precios en consumos básicos como la energía y los alimentos. En Ucrania, a pesar de que Europa está ahora haciendo más que EE.UU. por sostener la heroica resistencia de Kiev, la carnicería prosigue tras más de cuatro años de combates. Este verano, los dos conflictos incluso han empezado a fusionarse con ataques ucranianos en el mar Caspio contra los suministros militares que Teherán sigue facilitando a Rusia.- Que vienen los ruskies. El fracaso de Rusia en la conquista de Ucrania no ha contenido la inclinación de Vladímir Putin a expandir su agresión y asumir riesgos adicionales. Ya no hay mucho disimulo en su campaña de sabotajes e injerencia en Moldavia, Polonia y Alemania, por no mencionar los Bálticos. Durante este verano han resucitado las especulaciones en torno al uso de armas nucleares tácticas en Ucrania y las preocupaciones ante una ofensiva de otoño contra objetivos de la OTAN. Entre estos oscuros vaticinios, el director de la CIA, John Ratcliffe, se ha desplazado hasta Moscú. El presidente Trump ha quitado importancia a la visita, pero la última vez que un responsable de la CIA se dejó ver en la capital rusa fue tres meses antes de la invasión de Ucrania.- Sin armas o dinero, no hay imperio . Para su fracasada campaña contra Irán, Estados Unidos ha reducido hasta niveles críticos algunos de sus principales sistemas de armas, como los misiles interceptores Patriots. Gran parte del material empleado contra Teherán ha tenido que salir del teatro de operaciones asiáticos, perdiendo su valor disuasorio frente a China. Este verano, además, la deuda nacional de EE.UU. ha superado los 40 billones de dólares. El endeudamiento bruto de la mayor economía del mundo representa ya el 124% de su PIB, con el bono a 30 años cotizando a máximos no registrados en dos décadas.- De Ormuz a Ceuta . Este verano ha cristalizado la redefinición del poder y de los conflictos bélicos. La ventaja ya no corresponde necesariamente a los que disponen de mayores fuerzas armadas, recursos económicos o sistemas políticos democráticos. La clave no está en ser capaz de controlar un territorio sino en descontrolar, ya sea el estrecho de Ormuz o una pequeña ciudad española. En el siglo XXI, las guerras no se declaran formalmente, las invasiones no requieren carros de combate y se pueden consumar agresiones sin necesidad de disparar ni un solo tiro.- Decadencia y auge. El presidente Trump se queja de la debilidad de sus aliados. Sus socios tradicionales se quejan del matonismo, los caprichos, la mendacidad y la incompetencia de Trump. La última andanada arancelaria de EE.UU. contra Canadá es un claro ejemplo de esta decadencia política y económica. En contraste, el «eje del muy mal» no deja de colaborar: Rusia ayuda a Corea del Norte a modernizar sus fuerzas armadas; Corea del Norte le devuelve el favor enviando millones de proyectiles de artillería y soldados adicionales; China suministra a Rusia la mayor parte de los componentes electrónicos que se utilizan en sus drones y en otros sistemas de armas; y Rusia proporciona a Irán información crucial para atacar bases y buques estadounidenses en Oriente Próximo.- El surrealismo ejecutivo. Mientras tanto, como si sirviera de algo, el presidente Trump se dedica a utilizar su maxirotulador para alterar mapas o firmar órdenes que exhibe como si fueran las Tablas de la Ley de Moisés. Mientras otros se quedan todo un mes varados en la playa. tomando chupitos de flor de loto con la ninfa Calipso.
El verano geopolítico no ha podido ser más brutal. Guerras en Irán y Ucrania sin opción de llegar a un final negociado, cambio climático acelerado con temperaturas infernales y sequías feroces, incendios incontenibles de sexta generación, precios disparados, democracias cada vez más en declive y … autocracias en auge… y la inmigración convertida no sólo en arma de destrucción masiva, sino también en ejemplo de la redefinición del poder bélico en el siglo XXI.
Buena parte de las amenazas asociadas a la nueva geopolítica del caos afectan directamente a Europa y, por supuesto, a España. Incluso los países europeos con mejor gobernanza y menos populismo se enfrentan a fuerzas absolutamente fuera de su control. Los retos no pueden ser mayores para un continente dominado por demasiadas dependencias como para tomar las riendas de su futuro. Todo ello en un mundo en el que los «incentivos para la moderación», como decía Kissinger, han dejado de funcionar.
– Las guerras fusionadas de Irán y Ucrania. Aunque ha existido un consenso europeo en contra de la ofensiva de Israel y EE.U.U contra Irán, esa posición crítica no ha impedido que las consecuencias de estos seis meses de conflicto con el régimen de los ayatolás se hayan dejado sentir en los bolsillos de los europeos, con significativos aumentos de precios en consumos básicos como la energía y los alimentos. En Ucrania, a pesar de que Europa está ahora haciendo más que EE.UU. por sostener la heroica resistencia de Kiev, la carnicería prosigue tras más de cuatro años de combates. Este verano, los dos conflictos incluso han empezado a fusionarse con ataques ucranianos en el mar Caspio contra los suministros militares que Teherán sigue facilitando a Rusia.
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– Que vienen los ruskies. El fracaso de Rusia en la conquista de Ucrania no ha contenido la inclinación de Vladímir Putin a expandir su agresión y asumir riesgos adicionales. Ya no hay mucho disimulo en su campaña de sabotajes e injerencia en Moldavia, Polonia y Alemania, por no mencionar los Bálticos. Durante este verano han resucitado las especulaciones en torno al uso de armas nucleares tácticas en Ucrania y las preocupaciones ante una ofensiva de otoño contra objetivos de la OTAN. Entre estos oscuros vaticinios, el director de la CIA, John Ratcliffe, se ha desplazado hasta Moscú. El presidente Trump ha quitado importancia a la visita, pero la última vez que un responsable de la CIA se dejó ver en la capital rusa fue tres meses antes de la invasión de Ucrania.
– Sin armas o dinero, no hay imperio. Para su fracasada campaña contra Irán, Estados Unidos ha reducido hasta niveles críticos algunos de sus principales sistemas de armas, como los misiles interceptores Patriots. Gran parte del material empleado contra Teherán ha tenido que salir del teatro de operaciones asiáticos, perdiendo su valor disuasorio frente a China. Este verano, además, la deuda nacional de EE.UU. ha superado los 40 billones de dólares. El endeudamiento bruto de la mayor economía del mundo representa ya el 124% de su PIB, con el bono a 30 años cotizando a máximos no registrados en dos décadas.
– De Ormuz a Ceuta. Este verano ha cristalizado la redefinición del poder y de los conflictos bélicos. La ventaja ya no corresponde necesariamente a los que disponen de mayores fuerzas armadas, recursos económicos o sistemas políticos democráticos. La clave no está en ser capaz de controlar un territorio sino en descontrolar, ya sea el estrecho de Ormuz o una pequeña ciudad española. En el siglo XXI, las guerras no se declaran formalmente, las invasiones no requieren carros de combate y se pueden consumar agresiones sin necesidad de disparar ni un solo tiro.
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– Decadencia y auge. El presidente Trump se queja de la debilidad de sus aliados. Sus socios tradicionales se quejan del matonismo, los caprichos, la mendacidad y la incompetencia de Trump. La última andanada arancelaria de EE.UU. contra Canadá es un claro ejemplo de esta decadencia política y económica. En contraste, el «eje del muy mal» no deja de colaborar: Rusia ayuda a Corea del Norte a modernizar sus fuerzas armadas; Corea del Norte le devuelve el favor enviando millones de proyectiles de artillería y soldados adicionales; China suministra a Rusia la mayor parte de los componentes electrónicos que se utilizan en sus drones y en otros sistemas de armas; y Rusia proporciona a Irán información crucial para atacar bases y buques estadounidenses en Oriente Próximo.
– El surrealismo ejecutivo. Mientras tanto, como si sirviera de algo, el presidente Trump se dedica a utilizar su maxirotulador para alterar mapas o firmar órdenes que exhibe como si fueran las Tablas de la Ley de Moisés. Mientras otros se quedan todo un mes varados en la playa. tomando chupitos de flor de loto con la ninfa Calipso.
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