Apenas dos días antes de que el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) celebre una reunión en la que previsiblemente aumentará un 0,25% los tipos de interés -según estiman la mayor parte de los analistas-, hoy el Tesoro Público de nuestro país ha logrado colocar 4.000 millones de euros en ‘bonos verdes’ (títulos para financiar la transición ecológica) a veinte años a un reducido grupo de inversores institucionales (era una operación sindicada, de modo que no estaba destinada al mercado generalista) a un interés que previsiblemente rondará el 4,2%, por debajo de las expectativas iniciales. Nada más trascender los detalles de la subasta, el departamento que dirige Carlos Cuerpo se ha felicitado por el resultado, que según este «reitera la confianza de los mercados en la economía española» . En efecto, los datos son buenos, pues la operación ha recibido un volumen de demanda 17 veces superior a la oferta (equivalente a 68.504 millones de euros) y se ha cerrado con un diferencial de 7 puntos básicos con respecto a la anterior referencia para los bonos de este tipo. Es decir, que esta nueva emisión de pasivo ‘verde’ -con vencimiento en julio de 2047- generará un interés un 0,07% mayor a la anterior emisión (que caduca en 2043), lo que supone una reducción de 3 puntos básicos sobre el precio inicial anunciado por el Tesoro.Pese al optimismo del Gobierno, lo cierto es que estos datos tienen varias lecturas. De un lado, el Estado ha logrado colocar este producto a un interés sensiblemente inferior al esperado, cosa que no es poco en un contexto en el que la guerra de Irán y la escalada inflacionaria que le ha seguido -así como la errática política exterior de Donald Trump- se han coaligado para esquilmar la confianza de los mercados en la capacidad de pago de algunas de las principales economías de occidente. Con el barril de petróleo Brent -el de referencia en Europa- cotizando en los 98 dólares (un 40% más que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo) y la inflación anual en el 3,3% en la eurozona (datos de agosto) y el 3,4% en los EE.UU . (julio), tanto la Reserva Federal como el BCE se están quedando sin excusas para no subir el precio del dinero, hecho que irremediablemente va a afectar a los intereses de los bonos, encareciendo el coste del endeudamiento de los Estados y amplificando sus déficits. Los gobiernos son hoy peores pagadores que hace siete meses, y esto explica que el bono a diez años de EE.UU. se esté acercando a una rentabilidad del 5% y los de Francia e Italia estén en el 4,19% y 4,14% respectivamente.Y mientras esto ocurre, sin embargo, el bono español a diez años sigue firme en el entorno del 3,7%, en buena medida gracias a los buenos datos de crecimiento económico de nuestro país (+2,8% en 2025), que encadena tres años consecutivos como la gran economía del euro que más crece. No obstante, hay que concluir que el Tesoro solo ha logrado parar el golpe, pues al fin y al cabo los títulos emitidos este martes se van a pagar más caros que los emitidos en los meses anteriores (de ahí el aluvión de interesados). Además, este martes Economía también ha adjudicado 2.416,82 millones de euros en una subasta de letras a tres y nueve meses, y lo ha hecho elevando la rentabilidad ofrecida a los inversores a sus niveles más elevados en casi dos años.La bola de deuda sigue aumentandoExiste la duda razonable sobre el devenir de la deuda de nuestro país en los próximos años, pues a cada hora que pasa aumenta la probabilidad de que el cierre del estrecho de Ormuz se prolongue y, por tanto, de que Europa se vea abocada a una crisis inflacionaria como la de 2022 que, además, podría venir acompañada de una recesión (la temida estanflación). En ese caso la ratio sobre PIB podría empezar a renquear, y con ello la senda de reducción de la deuda que el Ejecutivo pactó con Bruselas, y que prevé que el indicador baje hasta el 95% en 2029. No hay que olvidar que la deuda pública total de nuestro país ya se sitúa en el récord de 1,7 billones de euros -tras sumar medio billón desde que Sánchez accediera a la Moncloa-, una bola de nieve que seguirá aumentando al calor de sucesivas emisiones de letras del Tesoro y otros instrumentos. Este 2026, el Tesoro prevé recaudar 55.000 millones ‘extra’, hecho que llevará las emisiones totales hasta los 285.693 millones de euros, cifra que está un 4,2% por encima del dato del año pasado. Apenas dos días antes de que el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) celebre una reunión en la que previsiblemente aumentará un 0,25% los tipos de interés -según estiman la mayor parte de los analistas-, hoy el Tesoro Público de nuestro país ha logrado colocar 4.000 millones de euros en ‘bonos verdes’ (títulos para financiar la transición ecológica) a veinte años a un reducido grupo de inversores institucionales (era una operación sindicada, de modo que no estaba destinada al mercado generalista) a un interés que previsiblemente rondará el 4,2%, por debajo de las expectativas iniciales. Nada más trascender los detalles de la subasta, el departamento que dirige Carlos Cuerpo se ha felicitado por el resultado, que según este «reitera la confianza de los mercados en la economía española» . En efecto, los datos son buenos, pues la operación ha recibido un volumen de demanda 17 veces superior a la oferta (equivalente a 68.504 millones de euros) y se ha cerrado con un diferencial de 7 puntos básicos con respecto a la anterior referencia para los bonos de este tipo. Es decir, que esta nueva emisión de pasivo ‘verde’ -con vencimiento en julio de 2047- generará un interés un 0,07% mayor a la anterior emisión (que caduca en 2043), lo que supone una reducción de 3 puntos básicos sobre el precio inicial anunciado por el Tesoro.Pese al optimismo del Gobierno, lo cierto es que estos datos tienen varias lecturas. De un lado, el Estado ha logrado colocar este producto a un interés sensiblemente inferior al esperado, cosa que no es poco en un contexto en el que la guerra de Irán y la escalada inflacionaria que le ha seguido -así como la errática política exterior de Donald Trump- se han coaligado para esquilmar la confianza de los mercados en la capacidad de pago de algunas de las principales economías de occidente. Con el barril de petróleo Brent -el de referencia en Europa- cotizando en los 98 dólares (un 40% más que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo) y la inflación anual en el 3,3% en la eurozona (datos de agosto) y el 3,4% en los EE.UU . (julio), tanto la Reserva Federal como el BCE se están quedando sin excusas para no subir el precio del dinero, hecho que irremediablemente va a afectar a los intereses de los bonos, encareciendo el coste del endeudamiento de los Estados y amplificando sus déficits. Los gobiernos son hoy peores pagadores que hace siete meses, y esto explica que el bono a diez años de EE.UU. se esté acercando a una rentabilidad del 5% y los de Francia e Italia estén en el 4,19% y 4,14% respectivamente.Y mientras esto ocurre, sin embargo, el bono español a diez años sigue firme en el entorno del 3,7%, en buena medida gracias a los buenos datos de crecimiento económico de nuestro país (+2,8% en 2025), que encadena tres años consecutivos como la gran economía del euro que más crece. No obstante, hay que concluir que el Tesoro solo ha logrado parar el golpe, pues al fin y al cabo los títulos emitidos este martes se van a pagar más caros que los emitidos en los meses anteriores (de ahí el aluvión de interesados). Además, este martes Economía también ha adjudicado 2.416,82 millones de euros en una subasta de letras a tres y nueve meses, y lo ha hecho elevando la rentabilidad ofrecida a los inversores a sus niveles más elevados en casi dos años.La bola de deuda sigue aumentandoExiste la duda razonable sobre el devenir de la deuda de nuestro país en los próximos años, pues a cada hora que pasa aumenta la probabilidad de que el cierre del estrecho de Ormuz se prolongue y, por tanto, de que Europa se vea abocada a una crisis inflacionaria como la de 2022 que, además, podría venir acompañada de una recesión (la temida estanflación). En ese caso la ratio sobre PIB podría empezar a renquear, y con ello la senda de reducción de la deuda que el Ejecutivo pactó con Bruselas, y que prevé que el indicador baje hasta el 95% en 2029. No hay que olvidar que la deuda pública total de nuestro país ya se sitúa en el récord de 1,7 billones de euros -tras sumar medio billón desde que Sánchez accediera a la Moncloa-, una bola de nieve que seguirá aumentando al calor de sucesivas emisiones de letras del Tesoro y otros instrumentos. Este 2026, el Tesoro prevé recaudar 55.000 millones ‘extra’, hecho que llevará las emisiones totales hasta los 285.693 millones de euros, cifra que está un 4,2% por encima del dato del año pasado.
Apenas dos días antes de que el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) celebre una reunión en la que previsiblemente aumentará un 0,25% los tipos de interés -según la previsión de la mayor parte de los analistas-, hoy el Tesoro Público … de nuestro país ha logrado colocar 4.000 millones de euros en ‘bonos verdes’ (títulos para financiar la transición ecológica) a veinte años a un reducido grupo de bancos centrales, organizaciones internacionales, aseguradoras y fondos de pensiones, en una operación con la que el organismo dependiente del Ministerio de Economía pretende reforzar el objetivo financiero que se fijó para este año, que pasa por recaudar 55.000 millones en el mercado de deuda.
Nada más trascender los detalles de la subasta, el departamento que dirige Carlos Cuerpo se ha felicitado por el resultado, que según este «reitera la confianza de los mercados en la economía española». En efecto, los datos son sensacionales, pues la oferta ha recibido una demanda de 82.000 millones de euros y se ha cerrado con un diferencial de 7 puntos básicos con respecto a la anterior referencia para los bonos de este tipo. Es decir, que esta nueva emisión de pasivo ‘verde’ a veinte años -con vencimiento en julio de 2047- generará un interés un 0,07% superior a la anterior emisión (con fecha límite de 2043), lo que supone una reducción de 3 puntos básicos sobre el precio inicial anunciado por el Tesoro.
Pese al optimismo del Gobierno, lo cierto es que estos datos tienen varias lecturas. De un lado, el Estado ha logrado colocar este producto a un interés sensiblemente inferior al esperado, cosa que no es poco en un contexto en el que la guerra de Irán y la escalada inflacionaria que le sigue -así como la errática política exterior de Donald Trump- se han coaligado para esquilmar la confianza de los mercados en la capacidad de pago de algunas de las principales economías de occidente.
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José María Camarero
Con el barril de petróleo Brent -el de referencia en Europa- cotizando en los 98 dólares (un 40% más que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo) y la inflación anual en el 3,3% en la eurozona (datos de agosto) y el 3,4% en los EE.UU. (julio), tanto la Reserva Federal como el BCE se están quedando sin excusas para no subir el precio del dinero, hecho que irremediablemente va a afectar a los intereses de los bonos, encareciendo el coste del endeudamiento de los Estados y amplificando sus déficits. Los gobiernos son hoy peores pagadores que hace siete meses, y esto explica que el bono a diez años de EE.UU. se acerque hoy a una rentabilidad del 5% y los de Francia e Italia vayan por ese camino (4,19% y 4,14% respectivamente).
Y mientras esto ocurre, sin embargo, el bono español a diez años sigue firme en el entorno del 3,7%, en buena medida gracias a los buenos datos de crecimiento económico de nuestro país (+2,8% en 2025), que encadena tres años consecutivos como la gran economía del euro que más crece. No obstante, hay que reseñar que el Tesoro solo ha logrado parar el golpe, pues al fin y al cabo los títulos emitidos este martes se van a pagar más caros que los emitidos en los meses anteriores (de ahí el aluvión de interesados). Además, hoy Economía también ha adjudicado 2.416,82 millones de euros en una subasta de letras a tres y nueve meses, y lo ha hecho elevando la rentabilidad ofrecida a los inversores a sus niveles más elevados en casi dos años.
La bola de deuda sigue aumentando
Existe la duda razonable sobre el devenir de la deuda de nuestro país en los próximos años, pues a cada hora que pasa aumenta la probabilidad de que el cierre del estrecho de Ormuz se prolongue y, por tanto, de que Europa se vea abocada a una crisis inflacionaria como la de 2022 que, además, podría venir acompañada de una recesión (la temida estanflación). En ese caso la ratio sobre PIB podría empezar a renquear, y con ello la senda de reducción de la deuda que el Gobierno pactó con Bruselas, y que prevé que la ratio sobre PIB baje hasta el 95% en 2029. No hay que olvidar que la deuda pública total de nuestro país ya se sitúa en el récord de 1,7 billones de euros -tras sumar medio billón desde que Sánchez accediera a la Moncloa-, una bola de nieve que seguirá aumentando al calor de sucesivas emisiones de letras del Tesoro y otros instrumentos. Como ya se ha avanzado, el Tesoro prevé recaudar 55.000 millones ‘extra’ este año, hecho que llevará las emisiones totales hasta los 285.693 millones de euros, cifra que está un 4,2% por encima del dato del año pasado.
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