Raúl Castro, el último jefe histórico de la revolución cubana aún con poder real en la isla, ha sido imputado en Estados Unidos por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate , según ha confirmado a ABC un funcionario de la Administración Trump. La acusación recupera uno de los episodios más graves de la confrontación entre Washington y La Habana, el ataque de cazas cubanos, en febrero de 1996, contra dos aeronaves civiles de esa organización de exiliados cubanos, en el que murieron cuatro personas. Casi tres décadas después, la Fiscalía norteamericana coloca al hermano de Fidel Castro, expresidente de Cuba, antiguo ministro de Defensa y figura tutelar del aparato militar del régimen, en el centro de una causa penal de alto impacto político y simbólico.La imputación llega en el momento de mayor presión de la Casa Blanca sobre el castrismo desde el regreso de Donald Trump al poder. Washington ha sancionado en las últimas semanas a la cúpula política, militar y de inteligencia de la isla, ha apuntado contra los conglomerados económicos controlados por las Fuerzas Armadas y ha elevado el cerco energético con amenazas de sanciones a países que suministren combustible a Cuba. Noticia relacionada general No No Marco Rubio llama a los cubanos a establecer una «nueva relación directa» con EE.UU. sin las autoridades castristasLa causa contra Raúl Castro añade ahora una dimensión judicial a esa ofensiva: no se limita a castigar al régimen por su presente, sino que rescata un crimen que durante años fue símbolo de impunidad para el exilio cubano.El caso de Hermanos al Rescate ocupa un lugar central en la memoria política de Miami. La organización realizaba vuelos sobre el estrecho de Florida para localizar balseros cubanos y denunciar la represión del régimen. El 24 de febrero de 1996, dos de sus avionetas fueron derribadas por Mig cubanos. Murieron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales. Para el exilio, aquel ataque no fue un incidente militar, sino una ejecución de civiles desarmados . Para el castrismo, fue una operación defensiva. Estados Unidos sostuvo siempre que las aeronaves fueron abatidas sobre aguas internacionales.Consulta el documento completo de la imputaciónLa presión de TrumpLa imputación de Raúl Castro toca directamente esa herida. En 1996, Castro era ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el hombre que controlaba el aparato militar cubano y uno de los miembros más poderosos del régimen. Su responsabilidad política y de mando fue denunciada durante años por familiares de las víctimas, activistas y organizaciones del exilio. La acción penal en Estados Unidos busca ahora llevar ese señalamiento al terreno judicial.Imagen de los 4 fallecidos en 1996 al ser derribada su avioneta de Hermanos al Rescate por el régimen cubano EFESylvia Iriondo , superviviente del ataque y una de las voces más reconocidas del exilio cubano, dijo a ABC que «la imputación de Raúl Castro es un paso importante para el fin de la impunidad». Iriondo viajaba en una tercera avioneta de Hermanos al Rescate que no fue derribada. Desde entonces ha dedicado buena parte de su vida a reclamar justicia para las víctimas y a mantener vivo el caso en Washington y Miami.Castro tiene 94 años y representa la continuidad de la revolución de 1959. Fue uno de los jefes de la guerrilla que derrocó a Fulgencio Batista, dirigió durante décadas las Fuerzas Armadas, asumió la presidencia en 2008 tras la enfermedad de Fidel y dejó formalmente el cargo en 2018. Pero nunca salió del poder. Su figura sigue siendo central en la arquitectura política, militar y económica del régimen, en especial en el entramado de las Fuerzas Armadas y en los conglomerados empresariales controlados por los militares.Otra medida de presiónLa imputación se produce después de una cadena de medidas de presión. Trump firmó el 1 de mayo una orden ejecutiva que amplía la capacidad de Estados Unidos para sancionar a jerarcas del régimen y a actores vinculados a sectores estratégicos de la economía cubana. El 7 de mayo, Washington sancionó a GAESA, el conglomerado empresarial de los militares cubanos; a su presidenta ejecutiva, Ania Guillermina Lastres Morera; y a Moa Nickel S.A., una empresa del sector minero. Esta semana, el Tesoro añadió nuevas sanciones contra altos cargos políticos y militares, incluido el Ministerio de Comunicaciones, mandos de las Fuerzas Armadas y la Dirección de Inteligencia, el principal servicio de espionaje del régimen.La presión energética es otro frente. La Casa Blanca ha amenazado con sanciones a países que suministren combustible a Cuba , una medida que en la práctica endurece el bloqueo sobre la isla. La reducción del petróleo venezolano y las restricciones al suministro exterior han agravado los apagones y la peor crisis económica cubana en décadas. El régimen, dependiente durante años del petróleo subsidiado de Venezuela, afronta ahora una falta crónica de energía, divisas y capacidad de importación.Trump ya había avisado en marzo de que Cuba «es la siguiente» después de Venezuela. La frase marcó el tono de una estrategia que ya no se limita a sanciones económicas o declaraciones políticas. La imputación de Raúl Castro recuerda, por su carga simbólica pero también por posibles efectos prácticos, al caso de Nicolás Maduro, acusado en Estados Unidos por narcotráfico y trasladado a Nueva York tras su captura en Caracas el 3 de enero. En el caso cubano, la Casa Blanca parece aplicar una secuencia parecida: presión económica, sanciones personales, acusaciones penales y un mensaje político de ruptura con el ‘statu quo’.La imputación de Raúl Castro recuerda, por su carga simbólica pero también por posibles efectos prácticos, al caso de Nicolás MaduroEl Gobierno cubano no ha comentado directamente la imputación. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, respondió la semana pasada con un mensaje de desafío, al afirmar que Cuba seguirá su camino de «soberanía» y «desarrollo socialista» pese al embargo, las sanciones y las amenazas de uso de la fuerza. El presidente Miguel Díaz-Canel elevó el tono el lunes y advirtió de que cualquier acción militar de Estados Unidos contra Cuba provocaría un «baño de sangre». También sostuvo que la isla no representa una amenaza para Estados Unidos. Raúl Castro, el último jefe histórico de la revolución cubana aún con poder real en la isla, ha sido imputado en Estados Unidos por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate , según ha confirmado a ABC un funcionario de la Administración Trump. La acusación recupera uno de los episodios más graves de la confrontación entre Washington y La Habana, el ataque de cazas cubanos, en febrero de 1996, contra dos aeronaves civiles de esa organización de exiliados cubanos, en el que murieron cuatro personas. Casi tres décadas después, la Fiscalía norteamericana coloca al hermano de Fidel Castro, expresidente de Cuba, antiguo ministro de Defensa y figura tutelar del aparato militar del régimen, en el centro de una causa penal de alto impacto político y simbólico.La imputación llega en el momento de mayor presión de la Casa Blanca sobre el castrismo desde el regreso de Donald Trump al poder. Washington ha sancionado en las últimas semanas a la cúpula política, militar y de inteligencia de la isla, ha apuntado contra los conglomerados económicos controlados por las Fuerzas Armadas y ha elevado el cerco energético con amenazas de sanciones a países que suministren combustible a Cuba. Noticia relacionada general No No Marco Rubio llama a los cubanos a establecer una «nueva relación directa» con EE.UU. sin las autoridades castristasLa causa contra Raúl Castro añade ahora una dimensión judicial a esa ofensiva: no se limita a castigar al régimen por su presente, sino que rescata un crimen que durante años fue símbolo de impunidad para el exilio cubano.El caso de Hermanos al Rescate ocupa un lugar central en la memoria política de Miami. La organización realizaba vuelos sobre el estrecho de Florida para localizar balseros cubanos y denunciar la represión del régimen. El 24 de febrero de 1996, dos de sus avionetas fueron derribadas por Mig cubanos. Murieron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales. Para el exilio, aquel ataque no fue un incidente militar, sino una ejecución de civiles desarmados . Para el castrismo, fue una operación defensiva. Estados Unidos sostuvo siempre que las aeronaves fueron abatidas sobre aguas internacionales.Consulta el documento completo de la imputaciónLa presión de TrumpLa imputación de Raúl Castro toca directamente esa herida. En 1996, Castro era ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el hombre que controlaba el aparato militar cubano y uno de los miembros más poderosos del régimen. Su responsabilidad política y de mando fue denunciada durante años por familiares de las víctimas, activistas y organizaciones del exilio. La acción penal en Estados Unidos busca ahora llevar ese señalamiento al terreno judicial.Imagen de los 4 fallecidos en 1996 al ser derribada su avioneta de Hermanos al Rescate por el régimen cubano EFESylvia Iriondo , superviviente del ataque y una de las voces más reconocidas del exilio cubano, dijo a ABC que «la imputación de Raúl Castro es un paso importante para el fin de la impunidad». Iriondo viajaba en una tercera avioneta de Hermanos al Rescate que no fue derribada. Desde entonces ha dedicado buena parte de su vida a reclamar justicia para las víctimas y a mantener vivo el caso en Washington y Miami.Castro tiene 94 años y representa la continuidad de la revolución de 1959. Fue uno de los jefes de la guerrilla que derrocó a Fulgencio Batista, dirigió durante décadas las Fuerzas Armadas, asumió la presidencia en 2008 tras la enfermedad de Fidel y dejó formalmente el cargo en 2018. Pero nunca salió del poder. Su figura sigue siendo central en la arquitectura política, militar y económica del régimen, en especial en el entramado de las Fuerzas Armadas y en los conglomerados empresariales controlados por los militares.Otra medida de presiónLa imputación se produce después de una cadena de medidas de presión. Trump firmó el 1 de mayo una orden ejecutiva que amplía la capacidad de Estados Unidos para sancionar a jerarcas del régimen y a actores vinculados a sectores estratégicos de la economía cubana. El 7 de mayo, Washington sancionó a GAESA, el conglomerado empresarial de los militares cubanos; a su presidenta ejecutiva, Ania Guillermina Lastres Morera; y a Moa Nickel S.A., una empresa del sector minero. Esta semana, el Tesoro añadió nuevas sanciones contra altos cargos políticos y militares, incluido el Ministerio de Comunicaciones, mandos de las Fuerzas Armadas y la Dirección de Inteligencia, el principal servicio de espionaje del régimen.La presión energética es otro frente. La Casa Blanca ha amenazado con sanciones a países que suministren combustible a Cuba , una medida que en la práctica endurece el bloqueo sobre la isla. La reducción del petróleo venezolano y las restricciones al suministro exterior han agravado los apagones y la peor crisis económica cubana en décadas. El régimen, dependiente durante años del petróleo subsidiado de Venezuela, afronta ahora una falta crónica de energía, divisas y capacidad de importación.Trump ya había avisado en marzo de que Cuba «es la siguiente» después de Venezuela. La frase marcó el tono de una estrategia que ya no se limita a sanciones económicas o declaraciones políticas. La imputación de Raúl Castro recuerda, por su carga simbólica pero también por posibles efectos prácticos, al caso de Nicolás Maduro, acusado en Estados Unidos por narcotráfico y trasladado a Nueva York tras su captura en Caracas el 3 de enero. En el caso cubano, la Casa Blanca parece aplicar una secuencia parecida: presión económica, sanciones personales, acusaciones penales y un mensaje político de ruptura con el ‘statu quo’.La imputación de Raúl Castro recuerda, por su carga simbólica pero también por posibles efectos prácticos, al caso de Nicolás MaduroEl Gobierno cubano no ha comentado directamente la imputación. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, respondió la semana pasada con un mensaje de desafío, al afirmar que Cuba seguirá su camino de «soberanía» y «desarrollo socialista» pese al embargo, las sanciones y las amenazas de uso de la fuerza. El presidente Miguel Díaz-Canel elevó el tono el lunes y advirtió de que cualquier acción militar de Estados Unidos contra Cuba provocaría un «baño de sangre». También sostuvo que la isla no representa una amenaza para Estados Unidos.
Raúl Castro, el último jefe histórico de la revolución cubana aún con poder real en la isla, ha sido imputado en Estados Unidos por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, según ha confirmado a ABC un funcionario de la Administración Trump. … La acusación recupera uno de los episodios más graves de la confrontación entre Washington y La Habana, el ataque de cazas cubanos, en febrero de 1996, contra dos aeronaves civiles de esa organización de exiliados cubanos, en el que murieron cuatro personas.
Casi tres décadas después, la Fiscalía norteamericana coloca al hermano de Fidel Castro, expresidente de Cuba, antiguo ministro de Defensa y figura tutelar del aparato militar del régimen, en el centro de una causa penal de alto impacto político y simbólico.
La imputación llega en el momento de mayor presión de la Casa Blanca sobre el castrismo desde el regreso de Donald Trump al poder. Washington ha sancionado en las últimas semanas a la cúpula política, militar y de inteligencia de la isla, ha apuntado contra los conglomerados económicos controlados por las Fuerzas Armadas y ha elevado el cerco energético con amenazas de sanciones a países que suministren combustible a Cuba.
La causa contra Raúl Castro añade ahora una dimensión judicial a esa ofensiva: no se limita a castigar al régimen por su presente, sino que rescata un crimen que durante años fue símbolo de impunidad para el exilio cubano.
El caso de Hermanos al Rescate ocupa un lugar central en la memoria política de Miami. La organización realizaba vuelos sobre el estrecho de Florida para localizar balseros cubanos y denunciar la represión del régimen. El 24 de febrero de 1996, dos de sus avionetas fueron derribadas por Mig cubanos.
Murieron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales. Para el exilio, aquel ataque no fue un incidente militar, sino una ejecución de civiles desarmados. Para el castrismo, fue una operación defensiva. Estados Unidos sostuvo siempre que las aeronaves fueron abatidas sobre aguas internacionales.
La presión de Trump
La imputación de Raúl Castro toca directamente esa herida. En 1996, Castro era ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el hombre que controlaba el aparato militar cubano y uno de los miembros más poderosos del régimen. Su responsabilidad política y de mando fue denunciada durante años por familiares de las víctimas, activistas y organizaciones del exilio. La acción penal en Estados Unidos busca ahora llevar ese señalamiento al terreno judicial.

(EFE)
Sylvia Iriondo, superviviente del ataque y una de las voces más reconocidas del exilio cubano, dijo a ABC que «la imputación de Raúl Castro es un paso importante para el fin de la impunidad». Iriondo viajaba en una tercera avioneta de Hermanos al Rescate que no fue derribada. Desde entonces ha dedicado buena parte de su vida a reclamar justicia para las víctimas y a mantener vivo el caso en Washington y Miami.
Castro tiene 94 años y representa la continuidad de la revolución de 1959. Fue uno de los jefes de la guerrilla que derrocó a Fulgencio Batista, dirigió durante décadas las Fuerzas Armadas, asumió la presidencia en 2008 tras la enfermedad de Fidel y dejó formalmente el cargo en 2018. Pero nunca salió del poder. Su figura sigue siendo central en la arquitectura política, militar y económica del régimen, en especial en el entramado de las Fuerzas Armadas y en los conglomerados empresariales controlados por los militares.
Otra medida de presión
La imputación se produce después de una cadena de medidas de presión. Trump firmó el 1 de mayo una orden ejecutiva que amplía la capacidad de Estados Unidos para sancionar a jerarcas del régimen y a actores vinculados a sectores estratégicos de la economía cubana. El 7 de mayo, Washington sancionó a GAESA, el conglomerado empresarial de los militares cubanos; a su presidenta ejecutiva, Ania Guillermina Lastres Morera; y a Moa Nickel S.A., una empresa del sector minero.
Esta semana, el Tesoro añadió nuevas sanciones contra altos cargos políticos y militares, incluido el Ministerio de Comunicaciones, mandos de las Fuerzas Armadas y la Dirección de Inteligencia, el principal servicio de espionaje del régimen.
La presión energética es otro frente. La Casa Blanca ha amenazado con sanciones a países que suministren combustible a Cuba, una medida que en la práctica endurece el bloqueo sobre la isla. La reducción del petróleo venezolano y las restricciones al suministro exterior han agravado los apagones y la peor crisis económica cubana en décadas. El régimen, dependiente durante años del petróleo subsidiado de Venezuela, afronta ahora una falta crónica de energía, divisas y capacidad de importación.
Trump ya había avisado en marzo de que Cuba «es la siguiente» después de Venezuela. La frase marcó el tono de una estrategia que ya no se limita a sanciones económicas o declaraciones políticas.
La imputación de Raúl Castro recuerda, por su carga simbólica pero también por posibles efectos prácticos, al caso de Nicolás Maduro, acusado en Estados Unidos por narcotráfico y trasladado a Nueva York tras su captura en Caracas el 3 de enero. En el caso cubano, la Casa Blanca parece aplicar una secuencia parecida: presión económica, sanciones personales, acusaciones penales y un mensaje político de ruptura con el ‘statu quo’.
La imputación de Raúl Castro recuerda, por su carga simbólica pero también por posibles efectos prácticos, al caso de Nicolás Maduro
El Gobierno cubano no ha comentado directamente la imputación. El ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, respondió la semana pasada con un mensaje de desafío, al afirmar que Cuba seguirá su camino de «soberanía» y «desarrollo socialista» pese al embargo, las sanciones y las amenazas de uso de la fuerza. El presidente Miguel Díaz-Canel elevó el tono el lunes y advirtió de que cualquier acción militar de Estados Unidos contra Cuba provocaría un «baño de sangre». También sostuvo que la isla no representa una amenaza para Estados Unidos.
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