El pasado 10 de junio, más de 1.000 personas se aglutinaron para bailar y beber en un evento planificado para dos días de duración en una finca situada en el Camí Vell de Sant Mateu, en el municipio de Sant Antoni de Portmany, Ibiza. No se trataba de una quedada improvisada, con una barra y un disc-jockey, sino de un acontecimiento muy similar a lo que son los festivales de música que proliferan en verano a lo largo y ancho del país: zonas de restaurantes para comer, varias barras, baños, una ambulancia con personal médico y hasta un tiovivo. Todo ello aderezado con la música de algunos dj de renombre internacional. Y, además, sin contar con un solo permiso para su organización.
Casas rústicas y villas se convierten en verano en discotecas con celebraciones que se desmadran y provocan enormes molestias a los residentes de las zonas rurales de la isla
El pasado 10 de junio, más de 1.000 personas se aglutinaron para bailar y beber en un evento planificado para dos días de duración en una finca situada en el Camí Vell de Sant Mateu, en el municipio de Sant Antoni de Portmany, Ibiza. No se trataba de una quedada improvisada, con una barra y un disc-jockey, sino de un acontecimiento muy similar a lo que son los festivales de música que proliferan en verano a lo largo y ancho del país: zonas de restaurantes para comer, varias barras, baños, una ambulancia con personal médico y hasta un tiovivo. Todo ello aderezado con la música de algunos dj de renombre internacional. Y, además, sin contar con un solo permiso para su organización.
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