J. D. Vance regresa a Pakistán con su futuro como sucesor de Trump en juego

La cara de la próxima ronda de negociaciones en Pakistán entre EE.UU. e Irán volverá a ser la de J. D. Vance, el vicepresidente de la primera potencia mundial. Vance, que está previsto que llegue a Islamabad este martes, se juega no solo alcanzar un resultado satisfactorio para EE.UU. en una negociación muy compleja: lo que ocurra en la capital paquistaní podría marcar su futuro político y su capacidad para suceder a Donald Trump como líder republicano.El oficio de vicepresidente de EE.UU. no es grato . El segundo del presidente de EE.UU. hereda las faltas de una Administración y no tanto sus logros, que suelen ser propiedad del jefe. El vicepresidente no puede tener voz propia y muchas veces tiene que cumplir con los encargos en los que el presidente no quiere mancharse. Un ejemplo reciente: Joe Biden encargó a Kamala Harris que solucionara los problemas de raíz de la inmigración ilegal masiva, algo en lo que solo podía fracasar. Vance tiene ahora en sus manos el rompecabezas iraní. Es, de largo, el mayor desafío desde que llegó a la Casa Blanca. Las posiciones están distanciadas, con un régimen iraní endurecido por la guerra por la muerte de varios de sus principales líderes. El propio vicepresidente de EE.UU. vivió esa dificultad en carne propia, cuando viajó a Islamabad para la primera ronda de negociaciones hace diez días.«Si no hay acuerdo, le echaré la culpa a Vance . Pero si hay acuerdo, el mérito será mío», bromeó entonces Trump, aunque el chiste tiene mucha verdad. Aquella primera ronda fracasó tras 21 horas de conversaciones.Noticia relacionada general No No Netanyahu promete «medidas severas» contra el soldado israelí que vandalizó una estatua de Jesucristo en el Líbano Nathalie DuplanEl problema para Vance es que su protagonismo le emparenta con una guerra impopular en EE.UU., que ha abierto fracturas en la coalición electoral de Trump. Y que le enfrenta con su propia figura política. El exsenador por Ohio ha sido un defensor férreo de la idea de ‘América primero’ en el plano exterior: la idea de que EE.UU. no se meta en guerras costosas -en dinero y vidas- que no benefician a los votantes, con el recuerdo vivo de Irak o Afganistán. Diferencias con TrumpAhora ha tenido que hacer de tripas corazón. Aunque defiende de puertas afuera la necesidad de la operación militar contra Irán bajo la premisa de que Teherán no puede alcanzar el arma nuclear, se opuso a una guerra que va camino de cumplir ya dos meses. Trump ha reconocido que Vance y él tienen tienen «diferencias», pero endosa a su vicepresidente la complejidad de tener que negociar su resolución. Todo esto ocurre a medio año de que los estadounidenses acudan a las urnas en las elecciones legislativas que renuevan el Congreso. A partir de ese momento, todas las miradas estarán puestas en la elección presidencial de 2028 y en qué candidatos presentarán tanto los demócratas como los republicanos. Vance ha sido hasta ahora percibido como el sucesor aparente de Trump: joven, pulcro, buen comunicador, bien considerado en el mundo MAGA (el movimiento político de Trump) y tocado por el líder para ser su segundo. Pero la política exterior, en la que ha tenido hasta ahora una posición muy cómoda, podría complicarle el ascenso a la nominación. Mientras Vance está embarrado en Irán, Marco Rubio, otro posible ‘delfín’ de Trump, es la gran estrella de la Administración. El secretario de Estado ha conseguido en Venezuela -la captura de Nicolás Maduro , la transición a un régimen que coopera con Washington- lo que Trump anhela para Irán, y que Vance por ahora parece incapaz -son situaciones incomparables- de conseguir.Mientras Vance está embarrado en Irán, Marco Rubio, otro posible ‘delfín’ de Trump, es la gran estrella de la AdministraciónDeterioro de las conversacionesEl regreso de Vance a Pakistán ocurre en un momento en el que las perspectivas sobre la posibilidad de un acuerdo no están nada claras. A finales de la semana pasada, Trump calentó esa posibilidad diciendo que llegaría «en uno o dos días», después de que la tregua de diez días entre Israel y el Líbano alentara el optimismo. También aseguró que Irán había aceptado entregar su uranio enriquecido y que no había puntos de conflicto en las conversaciones.Desde entonces, ese optimismo se ha desinflado. Teherán ha negado que haya aceptado esa entrega de uranio, lo que complica la capacidad de Vance de conseguir un resultado positivo en las negociaciones. La reapertura del estrecho de Ormuz -que Irán permitió como reacción a la tregua en el Líbano- no se concretó después de que Trump decidiera mantener su bloqueo naval al paso marítimo. Ese plazo para el acuerdo no se cumplió y otros van con retraso: Trump dijo que las negociaciones en Pakistán empezarían el lunes y no ocurrirán hasta el martes por la noche o el miércoles. Es decir, justo cuando acaba la tregua de dos semanas decretada por el presidente de EE.UU. Como forma de presión, Trump aseguró este lunes que es «muy improbable» que vaya a extender el alto el fuego, aunque la realidad es que no ha dejado de incumplir sus ultimátums a lo largo de la guerra. También dijo en sus redes sociales, entre críticas a los demócratas, que «el tiempo no es mi adversario», una advertencia a que está dispuesto a seguir con la guerra, por muy impopular que sea, si no hay un acuerdo que le convenza.Desde Irán también se ha buscado poner en duda la fortaleza de las negociaciones. En su televisión pública se defendió que Irán no acudiría a las conversaciones en Pakistán . Pero todo apunta a que sí lo harán: el hotel Serena de Islamabad, que albergó la primera ronda de negociaciones, estaba ya este lunes vacío de huéspedes, listo para recibir a las delegaciones. La cara de la próxima ronda de negociaciones en Pakistán entre EE.UU. e Irán volverá a ser la de J. D. Vance, el vicepresidente de la primera potencia mundial. Vance, que está previsto que llegue a Islamabad este martes, se juega no solo alcanzar un resultado satisfactorio para EE.UU. en una negociación muy compleja: lo que ocurra en la capital paquistaní podría marcar su futuro político y su capacidad para suceder a Donald Trump como líder republicano.El oficio de vicepresidente de EE.UU. no es grato . El segundo del presidente de EE.UU. hereda las faltas de una Administración y no tanto sus logros, que suelen ser propiedad del jefe. El vicepresidente no puede tener voz propia y muchas veces tiene que cumplir con los encargos en los que el presidente no quiere mancharse. Un ejemplo reciente: Joe Biden encargó a Kamala Harris que solucionara los problemas de raíz de la inmigración ilegal masiva, algo en lo que solo podía fracasar. Vance tiene ahora en sus manos el rompecabezas iraní. Es, de largo, el mayor desafío desde que llegó a la Casa Blanca. Las posiciones están distanciadas, con un régimen iraní endurecido por la guerra por la muerte de varios de sus principales líderes. El propio vicepresidente de EE.UU. vivió esa dificultad en carne propia, cuando viajó a Islamabad para la primera ronda de negociaciones hace diez días.«Si no hay acuerdo, le echaré la culpa a Vance . Pero si hay acuerdo, el mérito será mío», bromeó entonces Trump, aunque el chiste tiene mucha verdad. Aquella primera ronda fracasó tras 21 horas de conversaciones.Noticia relacionada general No No Netanyahu promete «medidas severas» contra el soldado israelí que vandalizó una estatua de Jesucristo en el Líbano Nathalie DuplanEl problema para Vance es que su protagonismo le emparenta con una guerra impopular en EE.UU., que ha abierto fracturas en la coalición electoral de Trump. Y que le enfrenta con su propia figura política. El exsenador por Ohio ha sido un defensor férreo de la idea de ‘América primero’ en el plano exterior: la idea de que EE.UU. no se meta en guerras costosas -en dinero y vidas- que no benefician a los votantes, con el recuerdo vivo de Irak o Afganistán. Diferencias con TrumpAhora ha tenido que hacer de tripas corazón. Aunque defiende de puertas afuera la necesidad de la operación militar contra Irán bajo la premisa de que Teherán no puede alcanzar el arma nuclear, se opuso a una guerra que va camino de cumplir ya dos meses. Trump ha reconocido que Vance y él tienen tienen «diferencias», pero endosa a su vicepresidente la complejidad de tener que negociar su resolución. Todo esto ocurre a medio año de que los estadounidenses acudan a las urnas en las elecciones legislativas que renuevan el Congreso. A partir de ese momento, todas las miradas estarán puestas en la elección presidencial de 2028 y en qué candidatos presentarán tanto los demócratas como los republicanos. Vance ha sido hasta ahora percibido como el sucesor aparente de Trump: joven, pulcro, buen comunicador, bien considerado en el mundo MAGA (el movimiento político de Trump) y tocado por el líder para ser su segundo. Pero la política exterior, en la que ha tenido hasta ahora una posición muy cómoda, podría complicarle el ascenso a la nominación. Mientras Vance está embarrado en Irán, Marco Rubio, otro posible ‘delfín’ de Trump, es la gran estrella de la Administración. El secretario de Estado ha conseguido en Venezuela -la captura de Nicolás Maduro , la transición a un régimen que coopera con Washington- lo que Trump anhela para Irán, y que Vance por ahora parece incapaz -son situaciones incomparables- de conseguir.Mientras Vance está embarrado en Irán, Marco Rubio, otro posible ‘delfín’ de Trump, es la gran estrella de la AdministraciónDeterioro de las conversacionesEl regreso de Vance a Pakistán ocurre en un momento en el que las perspectivas sobre la posibilidad de un acuerdo no están nada claras. A finales de la semana pasada, Trump calentó esa posibilidad diciendo que llegaría «en uno o dos días», después de que la tregua de diez días entre Israel y el Líbano alentara el optimismo. También aseguró que Irán había aceptado entregar su uranio enriquecido y que no había puntos de conflicto en las conversaciones.Desde entonces, ese optimismo se ha desinflado. Teherán ha negado que haya aceptado esa entrega de uranio, lo que complica la capacidad de Vance de conseguir un resultado positivo en las negociaciones. La reapertura del estrecho de Ormuz -que Irán permitió como reacción a la tregua en el Líbano- no se concretó después de que Trump decidiera mantener su bloqueo naval al paso marítimo. Ese plazo para el acuerdo no se cumplió y otros van con retraso: Trump dijo que las negociaciones en Pakistán empezarían el lunes y no ocurrirán hasta el martes por la noche o el miércoles. Es decir, justo cuando acaba la tregua de dos semanas decretada por el presidente de EE.UU. Como forma de presión, Trump aseguró este lunes que es «muy improbable» que vaya a extender el alto el fuego, aunque la realidad es que no ha dejado de incumplir sus ultimátums a lo largo de la guerra. También dijo en sus redes sociales, entre críticas a los demócratas, que «el tiempo no es mi adversario», una advertencia a que está dispuesto a seguir con la guerra, por muy impopular que sea, si no hay un acuerdo que le convenza.Desde Irán también se ha buscado poner en duda la fortaleza de las negociaciones. En su televisión pública se defendió que Irán no acudiría a las conversaciones en Pakistán . Pero todo apunta a que sí lo harán: el hotel Serena de Islamabad, que albergó la primera ronda de negociaciones, estaba ya este lunes vacío de huéspedes, listo para recibir a las delegaciones.  

La cara de la próxima ronda de negociaciones en Pakistán entre EE.UU. e Irán volverá a ser la de J. D. Vance, el vicepresidente de la primera potencia mundial. Vance, que está previsto que llegue a Islamabad este martes, se juega no solo alcanzar … un resultado satisfactorio para EE.UU. en una negociación muy compleja: lo que ocurra en la capital paquistaní podría marcar su futuro político y su capacidad para suceder a Donald Trump como líder republicano.

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