Shamar, el hombre que mató a sus siete hijos y a un sobrino en EE.UU.: «Hay gente que no puede dejar atrás sus demonios»

El pasado Domingo de Resurrección, Shamar Elkins compartió en sus redes sociales una foto con siete niños. «Feliz Pascua, lo he pasado muy bien en la iglesia, por primera vez con todos mis hijos, qué día tan bendecido». Como ocurre tantas veces, la realidad de Elkins no tenía el color rosa de un mensaje en Facebook. Dos semanas después, este pasado domingo, este vecino de Shreveport, en el estado sureño de Luisiana, disparó y mató a sus siete criaturas . También acabó con la vida de otro menor –un primo– y dejó heridas en condición crítica a dos mujeres: la madre de varios de sus hijos y quien se creía que era su actual novia. Es una tragedia inimaginable, pero Elkins, de 31 años, ya había dado señales muy preocupantes. Incluso ese mismo día de Pascua en el que se mostraba tan feliz. Antes de ir a la iglesia, con sus hijos ya vestidos con sus mejores galas de domingo, habló por teléfono con su madre, Mahelia Elkins, y su padrastro, Marcus Jackson. Les dijo entre lágrimas que quería quitarse la vida, según aseguraron los familiares del atacante a ‘The New York Times’. Que su mujer, Shaneiqua, con quien estaba casado desde 2024 y con quien tenía varios hijos, quería el divorcio. Que se estaba ahogando en «pensamientos oscuros». «Yo le dije ‘tú puedes con ello, hombre. Da igual por lo que estés pasando, tú puedes con ello», dijo Jackson. Pero la respuesta que le dio Elkins fue descorazonadora: «Hay gente que no puede dejar atrás sus demonios». Entre tres y once añosDías después, en la madrugada de este domingo, Elkins agarró dos armas -una pistola y un rifle- e inició un periplo violento que acabó como una de las peores tragedias de violencia doméstica de los últimos años en EE.UU. Disparó primero a una mujer en una residencia de su barrio en Shreveport. Después acudió a la casa familiar, donde mató a sus siete hijos y a ese octavo menor. Las autoridades retrataron los asesinatos como de «ejecución». Mató a muchos de sus hijos cuando estaban todavía durmiendo. A la mayoría les disparó a la cabeza. Los niños tenían entre 3 y 11 años. «Es una escena de crimen repugnante y malvada», dijo el portavoz del Departamento de Policía de Shreveport, Chris Bordelon. Según el relato de Tammy Phelps, una diputada local, algunos de los niños trataron de escapar, sin éxito, por la puerta de atrás de la vivienda. «No quiero ni imaginar lo que los agentes de policía y el personal de emergencias han tenido que ver cuando llegaron aquí», dijo. Tras la matanza, Elkins regresó a la calle. Secuestró un coche a punta de pistola y trató de huir del lugar. Se produjo una persecución policial en la que el atacante acabó muerto. No está claro si fue como resultado de los disparos de los agentes, que abrieron fuego, o si el propio Elkins se quitó la vida de un disparo. Ese fue el final de la última tragedia con armas de fuego que sacude a EE.UU. La peor matanza desde 2024Es la peor matanza desde enero de 2024 y uno más entre los cientos de tiroteos masivos que se registran cada año en la primera potencia mundial. Un goteo pertinaz de muerte que no lleva a cambios regulatorios que limiten el acceso a las armas. En el caso de Elkins, es probable que esa regulación no hubiera cambiado el resultado de la tragedia. Su historial criminal no era muy profundo, pero fue imputado en 2019 por tenencia y uso ilícito de armas –se declaró culpable– por lo que todo apunta a que no tendría capacidad legal de adquirir un arma (también fue arrestado en 2016 por conducir bajo los efectos del alcohol). Pero las armas son ubicuas en las calles de EE.UU. y es muy fácil que acaben en las manos incluso de los pocos que legalmente no están facultados para adquirirlas. En el caso de Elkins, no debería haberlas tenido ni por sus antecedentes ni por su actual estado de salud mental. «Dios mío, hoy te pido que me ayudes a cuidar mi mente y mis emociones», escribió hace unos días en su red social. En lo que va de año, en EE.UU. se han registrado siete asesinatos masivos –al menos cuatro víctimas mortales–, 115 tiroteos masivos –al menos cuatro heridos– y han muerto 3.753 personas en incidentes con armas de fuego, según el Archivo de la Violencia con Armas. De entre los muertos, 66 eran niños de entre 0 y 11 años y 241 eran adolescentes de entre 12 y 17 años . En muchos casos, esta violencia ocurre en el EE.UU. de la exclusión, de la precariedad, de la desestructuración familiar. Mahelia, la madre de Elkins, estaba enganchada al crack cuando tuvo a su hijo como adolescente. El autor de la matanza se crió con una amiga de la familia, Betty Walker, y no tenía mucha relación con su madre y su padrastro, que viven en Oklahoma City, a seis horas en coche de Shreveport.Elkins pasó varios años en el Ejército, en el cuerpo de la Guardia Nacional de Luisiana. Sirvió entre 2013 y 2020, sin lograr grandes avances en su carrera militar. Nunca fue desplegado en ningún frente y se licenció como soldado raso. En los últimos años trabajó en UPS, una de las grandes empresas de mensajería y transporte. La última vez que Elkins compartió una imagen con sus hijos fue dos días antes de la tragedia. Y en la víspera, un vecino le vio sentado en el porche y le saludó. Todos sus hijos estaban jugando delante de la casa. El pasado Domingo de Resurrección, Shamar Elkins compartió en sus redes sociales una foto con siete niños. «Feliz Pascua, lo he pasado muy bien en la iglesia, por primera vez con todos mis hijos, qué día tan bendecido». Como ocurre tantas veces, la realidad de Elkins no tenía el color rosa de un mensaje en Facebook. Dos semanas después, este pasado domingo, este vecino de Shreveport, en el estado sureño de Luisiana, disparó y mató a sus siete criaturas . También acabó con la vida de otro menor –un primo– y dejó heridas en condición crítica a dos mujeres: la madre de varios de sus hijos y quien se creía que era su actual novia. Es una tragedia inimaginable, pero Elkins, de 31 años, ya había dado señales muy preocupantes. Incluso ese mismo día de Pascua en el que se mostraba tan feliz. Antes de ir a la iglesia, con sus hijos ya vestidos con sus mejores galas de domingo, habló por teléfono con su madre, Mahelia Elkins, y su padrastro, Marcus Jackson. Les dijo entre lágrimas que quería quitarse la vida, según aseguraron los familiares del atacante a ‘The New York Times’. Que su mujer, Shaneiqua, con quien estaba casado desde 2024 y con quien tenía varios hijos, quería el divorcio. Que se estaba ahogando en «pensamientos oscuros». «Yo le dije ‘tú puedes con ello, hombre. Da igual por lo que estés pasando, tú puedes con ello», dijo Jackson. Pero la respuesta que le dio Elkins fue descorazonadora: «Hay gente que no puede dejar atrás sus demonios». Entre tres y once añosDías después, en la madrugada de este domingo, Elkins agarró dos armas -una pistola y un rifle- e inició un periplo violento que acabó como una de las peores tragedias de violencia doméstica de los últimos años en EE.UU. Disparó primero a una mujer en una residencia de su barrio en Shreveport. Después acudió a la casa familiar, donde mató a sus siete hijos y a ese octavo menor. Las autoridades retrataron los asesinatos como de «ejecución». Mató a muchos de sus hijos cuando estaban todavía durmiendo. A la mayoría les disparó a la cabeza. Los niños tenían entre 3 y 11 años. «Es una escena de crimen repugnante y malvada», dijo el portavoz del Departamento de Policía de Shreveport, Chris Bordelon. Según el relato de Tammy Phelps, una diputada local, algunos de los niños trataron de escapar, sin éxito, por la puerta de atrás de la vivienda. «No quiero ni imaginar lo que los agentes de policía y el personal de emergencias han tenido que ver cuando llegaron aquí», dijo. Tras la matanza, Elkins regresó a la calle. Secuestró un coche a punta de pistola y trató de huir del lugar. Se produjo una persecución policial en la que el atacante acabó muerto. No está claro si fue como resultado de los disparos de los agentes, que abrieron fuego, o si el propio Elkins se quitó la vida de un disparo. Ese fue el final de la última tragedia con armas de fuego que sacude a EE.UU. La peor matanza desde 2024Es la peor matanza desde enero de 2024 y uno más entre los cientos de tiroteos masivos que se registran cada año en la primera potencia mundial. Un goteo pertinaz de muerte que no lleva a cambios regulatorios que limiten el acceso a las armas. En el caso de Elkins, es probable que esa regulación no hubiera cambiado el resultado de la tragedia. Su historial criminal no era muy profundo, pero fue imputado en 2019 por tenencia y uso ilícito de armas –se declaró culpable– por lo que todo apunta a que no tendría capacidad legal de adquirir un arma (también fue arrestado en 2016 por conducir bajo los efectos del alcohol). Pero las armas son ubicuas en las calles de EE.UU. y es muy fácil que acaben en las manos incluso de los pocos que legalmente no están facultados para adquirirlas. En el caso de Elkins, no debería haberlas tenido ni por sus antecedentes ni por su actual estado de salud mental. «Dios mío, hoy te pido que me ayudes a cuidar mi mente y mis emociones», escribió hace unos días en su red social. En lo que va de año, en EE.UU. se han registrado siete asesinatos masivos –al menos cuatro víctimas mortales–, 115 tiroteos masivos –al menos cuatro heridos– y han muerto 3.753 personas en incidentes con armas de fuego, según el Archivo de la Violencia con Armas. De entre los muertos, 66 eran niños de entre 0 y 11 años y 241 eran adolescentes de entre 12 y 17 años . En muchos casos, esta violencia ocurre en el EE.UU. de la exclusión, de la precariedad, de la desestructuración familiar. Mahelia, la madre de Elkins, estaba enganchada al crack cuando tuvo a su hijo como adolescente. El autor de la matanza se crió con una amiga de la familia, Betty Walker, y no tenía mucha relación con su madre y su padrastro, que viven en Oklahoma City, a seis horas en coche de Shreveport.Elkins pasó varios años en el Ejército, en el cuerpo de la Guardia Nacional de Luisiana. Sirvió entre 2013 y 2020, sin lograr grandes avances en su carrera militar. Nunca fue desplegado en ningún frente y se licenció como soldado raso. En los últimos años trabajó en UPS, una de las grandes empresas de mensajería y transporte. La última vez que Elkins compartió una imagen con sus hijos fue dos días antes de la tragedia. Y en la víspera, un vecino le vio sentado en el porche y le saludó. Todos sus hijos estaban jugando delante de la casa.  

El pasado Domingo de Resurrección, Shamar Elkins compartió en sus redes sociales una foto con siete niños. «Feliz Pascua, lo he pasado muy bien en la iglesia, por primera vez con todos mis hijos, qué día tan bendecido». Como ocurre tantas veces, la realidad … de Elkins no tenía el color rosa de un mensaje en Facebook.

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