Hace tiempo, Donald Trump prometió que con él en la Casa Blanca , sus votantes se iban a cansar de victorias. Sin embargo, conforme la guerra de Irán amenaza con convertirse en la peor derrota estratégica de EE.UU. desde Vietnam, todo apunta a una forzada aceleración del declive americano y el acelerado fortalecimiento de su gran rival, China. Con un ‘sorpasso’ geopolítico en múltiples frentes que resucita una vez más la trampa de Tucídides y el riesgo de colisión bélica entre potencias menguantes y emergentes. En lo estrictamente militar, el Pentágono ha destinado al frente de Irán el 80% de su arsenal de misiles de crucero JASSM-ER, retirando existencias del Pacífico para abastecer esas necesidades. El conflicto también ha mermado sus reservas de misiles Tomahawk y Patriot, interceptores THAAD y drones. Sin esta disuasión, China no ha tenido reparos en multiplicar su respaldo bélico al régimen de Teherán: desde materiales para reconstruir su programa de misiles hasta armas portátiles capaces de derribar aviones que vuelen a poca altura, pasando por información satelital de objetivos enemigos. La crisis de petróleo y gas creada por el cierre del estrecho de Ormuz también se presenta como una bonanza para las energías renovables. En este sentido, China ya controla más del 70% de las cadenas de suministro mundiales de energía solar, eólica, baterías y vehículos eléctricos. Cuanto más tiempo permanezca bloqueado Ormuz, mayor será la dependencia mundial del electroestado chino, que, con sus ingentes reservas de hidrocarburos tiene mucho más margen de maniobra temporal que otras economías avanzadas.Noticia relacionada general No No Presidente, Mesías y contra el Papa: Trump se la juega con los católicos Javier Ansorena Gracias a Trump, China puede presentarse como una alternativa previsible, sólida y ordenada frente a la destructiva anarquía de Washington. Al presentarse como una necesaria supervisión adulta, puede acabar en el mejor lugar de la historia: el de los ganadores sin necesidad de disparar un solo tiro. China puede dejar de ser una potencia sobrevalorada. Del gigante que nos dio Covid pero no las vacunas, China, pese a sus contradicciones y barbaridades, tiene la oportunidad de consolidar y avanzar su estatus de superpotencia. Hace tiempo, Donald Trump prometió que con él en la Casa Blanca , sus votantes se iban a cansar de victorias. Sin embargo, conforme la guerra de Irán amenaza con convertirse en la peor derrota estratégica de EE.UU. desde Vietnam, todo apunta a una forzada aceleración del declive americano y el acelerado fortalecimiento de su gran rival, China. Con un ‘sorpasso’ geopolítico en múltiples frentes que resucita una vez más la trampa de Tucídides y el riesgo de colisión bélica entre potencias menguantes y emergentes. En lo estrictamente militar, el Pentágono ha destinado al frente de Irán el 80% de su arsenal de misiles de crucero JASSM-ER, retirando existencias del Pacífico para abastecer esas necesidades. El conflicto también ha mermado sus reservas de misiles Tomahawk y Patriot, interceptores THAAD y drones. Sin esta disuasión, China no ha tenido reparos en multiplicar su respaldo bélico al régimen de Teherán: desde materiales para reconstruir su programa de misiles hasta armas portátiles capaces de derribar aviones que vuelen a poca altura, pasando por información satelital de objetivos enemigos. La crisis de petróleo y gas creada por el cierre del estrecho de Ormuz también se presenta como una bonanza para las energías renovables. En este sentido, China ya controla más del 70% de las cadenas de suministro mundiales de energía solar, eólica, baterías y vehículos eléctricos. Cuanto más tiempo permanezca bloqueado Ormuz, mayor será la dependencia mundial del electroestado chino, que, con sus ingentes reservas de hidrocarburos tiene mucho más margen de maniobra temporal que otras economías avanzadas.Noticia relacionada general No No Presidente, Mesías y contra el Papa: Trump se la juega con los católicos Javier Ansorena Gracias a Trump, China puede presentarse como una alternativa previsible, sólida y ordenada frente a la destructiva anarquía de Washington. Al presentarse como una necesaria supervisión adulta, puede acabar en el mejor lugar de la historia: el de los ganadores sin necesidad de disparar un solo tiro. China puede dejar de ser una potencia sobrevalorada. Del gigante que nos dio Covid pero no las vacunas, China, pese a sus contradicciones y barbaridades, tiene la oportunidad de consolidar y avanzar su estatus de superpotencia.
Hace tiempo, Donald Trump prometió que con él en la Casa Blanca, sus votantes se iban a cansar de victorias. Sin embargo, conforme la guerra de Irán amenaza con convertirse en la peor derrota estratégica de EE.UU. desde Vietnam, todo apunta a una … forzada aceleración del declive americano y el acelerado fortalecimiento de su gran rival, China. Con un ‘sorpasso’ geopolítico en múltiples frentes que resucita una vez más la trampa de Tucídides y el riesgo de colisión bélica entre potencias menguantes y emergentes.
En lo estrictamente militar, el Pentágono ha destinado al frente de Irán el 80% de su arsenal de misiles de crucero JASSM-ER, retirando existencias del Pacífico para abastecer esas necesidades. El conflicto también ha mermado sus reservas de misiles Tomahawk y Patriot, interceptores THAAD y drones. Sin esta disuasión, China no ha tenido reparos en multiplicar su respaldo bélico al régimen de Teherán: desde materiales para reconstruir su programa de misiles hasta armas portátiles capaces de derribar aviones que vuelen a poca altura, pasando por información satelital de objetivos enemigos.
La crisis de petróleo y gas creada por el cierre del estrecho de Ormuz también se presenta como una bonanza para las energías renovables. En este sentido, China ya controla más del 70% de las cadenas de suministro mundiales de energía solar, eólica, baterías y vehículos eléctricos. Cuanto más tiempo permanezca bloqueado Ormuz, mayor será la dependencia mundial del electroestado chino, que, con sus ingentes reservas de hidrocarburos tiene mucho más margen de maniobra temporal que otras economías avanzadas.
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Gracias a Trump, China puede presentarse como una alternativa previsible, sólida y ordenada frente a la destructiva anarquía de Washington. Al presentarse como una necesaria supervisión adulta, puede acabar en el mejor lugar de la historia: el de los ganadores sin necesidad de disparar un solo tiro. China puede dejar de ser una potencia sobrevalorada. Del gigante que nos dio Covid pero no las vacunas, China, pese a sus contradicciones y barbaridades, tiene la oportunidad de consolidar y avanzar su estatus de superpotencia.
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