Aunque cada vez son más quienes deciden incluir a sus mascotas en sus vacaciones, no siempre es posible. Los desplazamientos largos o inesperados, las restricciones de algunos alojamientos o, simplemente, el tipo de viaje obligan a buscar alternativas para garantizar su cuidado. El mercado, en este sentido, ofrece diferentes alternativas. Residencias, cuidadores particulares, hoteles con servicios premium, plataformas digitales que ponen en contacto a propietarios con cuidadores, guarderías de día, e incluso modelos colaborativos que recuerdan a otras fórmulas de economía compartida. La elección entre una u otra opción depende de muchos factores, pero sobre depende del perfil del propietario, que también ha evolucionado con los años, explica Ignasi Solana, fundador y CEO de ITVET y secretario general de la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía, Aedpac. «El cliente ya no pregunta solo si puede alojar a su mascota, sino bajo qué condiciones, con qué servicios, con qué garantías de bienestar y con qué nivel de seguridad y convivencia».Y es que son más de 15 millones de animales de compañía registrados en España, principalmente perros y gatos, lo que hace que el sector mueva más de 5.770 millones de euros, según recoge el informe ‘Pet-money. La economía de las mascotas y su impacto en el hogar español’, elaborado por Paulo Sartorato, director académico del Grado en Marketing y Comunicación Digital en EAE Business School.Una oferta que crece cada vez más y que evoluciona desde el modelo ‘pet-friendly’ al ‘pet-money’, impulsado por la «consideración de la mascota como un miembro pleno de la familia, con derechos y atención comparables a las de un hijo». Un ‘pet-parenting’ que evoluciona a su vez hacia una profesionalización del sector que eleva los estándares, pero también los costes, subraya Solana. Además, esta profesionalización también tiene una lectura empresarial. «Para los hoteles, la inclusión animal debe profesionalizarse porque afecta a la seguridad y la experiencia del cliente, a la convivencia, a la reputación del establecimiento y también a una vía de ingresos complementarios en crecimiento».Noticia relacionada general No No Verano Ni Cádiz ni Málaga: la playa para perros más salvaje de España es un paraíso virgen de aguas turquesas R. PérezPrioridad vitalAunque, según el informe de EAE Business School, el perfil del usuario que demanda estos servicios está liderado por las generaciones más jóvenes -el 45% de la Generación Z y el 40% de los Millennials- hay que matizar que no es únicamente su edad o renta, sino su manera de entender el vínculo con el animal, explican desde la Aedpac. Son perfiles que ven a sus animales como una prioridad vital donde el cuidado es un gasto más del hogar con una resistencia al recorte. Donde unos ven lujo, otros ven necesidad. Para Solana, «ya no hablamos solo de un cliente de alto poder adquisitivo o de un uso puntual en vacaciones sino de un uso normalizado entre propietarios que viajan por trabajo, familias que se desplazan en verano, personas que no tienen una red familiar cercana o responsables de animales que prefieren un entorno profesional antes que someter al animal a un viaje inadecuado». Sin embargo, Sartorato advierte el riesgo de brecha de renta en el sector. «Al sofisticarse tanto los costes mínimos de alimentación premium, tecnología y salud, existe el riesgo estructural de que el bienestar animal se convierta en un privilegio vinculado al nivel de renta, dejando fuera a hogares vulnerables y tensionando los refugios públicos».Pero más allá del negocio, en lo que los expertos coinciden es entender que los animales no entienden el mundo como nosotros. Para un animal, tener rutinas bien fijadas es lo único que le aporta seguridad. «Un perro puede gestionar la espera para salir a la calle o la ansiedad de estar solo en casa si sabe, por repetición, que sus dueños llegarán a una hora determinada para alimentarlo o pasearlo», explica Ana Macarena, educadora canina en Miperrobusca.comPor eso cuando vemos la evolución de las residencias y hoteles para animales en la que se puede encontrar programas de ejercicio físico a medida, socialización, servicios de peluquería, adiestramiento, zonas de juego, piscinas, y supervisión veterinaria, así como programas de estimulación cognitiva o rutinas personalizadas hay que preguntarse si estos tipos de actividades están incluidas en sus rutinas diarias. De lo contrario, lo único que puede generar es más estrés. «Para un perro tímido, sedentario, reactivo, senior o con baja tolerancia a los estímulos, un entorno con piscina, grupos grandes de socialización o exceso de actividades dirigidas puede resultar abrumador, elevando sus niveles de cortisol y perjudicando su bienestar en lugar de mejorarlo».Resulta significativo, continúa explicando Solana, que en algunas grandes cadenas hoteleras la gestión de la inclusión animal se integre ya en áreas de customer experience, lo que demuestra que el fenómeno ha dejado de ser una cuestión accesoria para convertirse en parte de la experiencia global del cliente. Una práctica muy minoritaria, además de no estar al alcance de cualquier bolsillo, explica por su parte Luis Sousa, veterinario y director de la residencia de animales Granja la Luna. «El turismo pet-friendly hay que entenderlo más allá del propio alojamiento y no todos los destinos de vacaciones o viajes son adecuados o tienen una adaptación real del entorno para las mascotas». Las altas temperaturas, los desplazamientos prolongados, los eventos y espacios multitudinarios o determinadas zonas urbanas pueden generar situaciones de estrés difíciles de gestionar para el animal. En esos casos, dejar a la mascota al cuidado de profesionales «no supone una renuncia al vínculo familiar, sino una decisión responsable», defiende Sousa. La prioridad, añade, debe ser siempre respetar sus rutinas de descanso, alimentación y ejercicio.Máxima conexiónLa tecnología también irrumpe en este mercado y abre el debate de hasta qué punto la necesidad de mantener conectado al propietario puede interferir en el bienestar del animal. Cámaras que permiten seguir la estancia en tiempo real, aplicaciones móviles desde las que recibir fotografías, vídeos o informes diarios, sistemas de geolocalización, historiales digitales con la actividad realizada o canales de comunicación directa con los cuidadores forman ya parte de la oferta de muchas residencias y hoteles. Desde The Dogg Hotel & Spa, hotel boutique de lujo para perros pequeños en Madrid, su fundadora Sofía Bienes explica cómo la tecnología ha entrado de lleno en el negocio. «Desde gestión específica para garantizar cuidados médicos y alimentarios rigurosos hasta un seguimiento continuo a través de reportes personalizados y fotos cada pocas horas». Y no se trata de una tendencia aislada. Existen hoteles caninos que ofrecen servicio de cámaras disponibles las 24 horas del día, eso sí y por motivos de protección de datos, sólo se visualizan los cheniles o habitaciones.Sin embargo, esa búsqueda de conexión permanente exige encontrar un equilibrio. «Hay propietarios a los que les tranquiliza poder ver a su perro en directo o recibir fotografías durante el día, pero hay casos en los que esa vigilancia puede terminar alterando el trabajo de los profesionales y, sobre todo, las rutinas del propio perro», apunta Ana Macarena. Porque la adaptación a un entorno desconocido necesita precisamente lo contrario: tiempo, calma y estabilidad, indican los especialistas. «Si el personal tiene que interrumpir continuamente los periodos de descanso para hacer fotografías o grabar vídeos, o sacar al perro de su espacio para mostrar que está jugando, se rompe su proceso natural de adaptación», advierte Sousa. Aunque suelen ser una minoría la demanda de un contacto constante es una actitud que responde más a la ansiedad del propietario que a una necesidad real del animal. A su juicio, el éxito de una estancia debe medirse por el comportamiento del animal cuando regresa a casa y por la confianza que exista entre el propietario y el profesional que lo cuida. Aunque cada vez son más quienes deciden incluir a sus mascotas en sus vacaciones, no siempre es posible. Los desplazamientos largos o inesperados, las restricciones de algunos alojamientos o, simplemente, el tipo de viaje obligan a buscar alternativas para garantizar su cuidado. El mercado, en este sentido, ofrece diferentes alternativas. Residencias, cuidadores particulares, hoteles con servicios premium, plataformas digitales que ponen en contacto a propietarios con cuidadores, guarderías de día, e incluso modelos colaborativos que recuerdan a otras fórmulas de economía compartida. La elección entre una u otra opción depende de muchos factores, pero sobre depende del perfil del propietario, que también ha evolucionado con los años, explica Ignasi Solana, fundador y CEO de ITVET y secretario general de la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía, Aedpac. «El cliente ya no pregunta solo si puede alojar a su mascota, sino bajo qué condiciones, con qué servicios, con qué garantías de bienestar y con qué nivel de seguridad y convivencia».Y es que son más de 15 millones de animales de compañía registrados en España, principalmente perros y gatos, lo que hace que el sector mueva más de 5.770 millones de euros, según recoge el informe ‘Pet-money. La economía de las mascotas y su impacto en el hogar español’, elaborado por Paulo Sartorato, director académico del Grado en Marketing y Comunicación Digital en EAE Business School.Una oferta que crece cada vez más y que evoluciona desde el modelo ‘pet-friendly’ al ‘pet-money’, impulsado por la «consideración de la mascota como un miembro pleno de la familia, con derechos y atención comparables a las de un hijo». Un ‘pet-parenting’ que evoluciona a su vez hacia una profesionalización del sector que eleva los estándares, pero también los costes, subraya Solana. Además, esta profesionalización también tiene una lectura empresarial. «Para los hoteles, la inclusión animal debe profesionalizarse porque afecta a la seguridad y la experiencia del cliente, a la convivencia, a la reputación del establecimiento y también a una vía de ingresos complementarios en crecimiento».Noticia relacionada general No No Verano Ni Cádiz ni Málaga: la playa para perros más salvaje de España es un paraíso virgen de aguas turquesas R. PérezPrioridad vitalAunque, según el informe de EAE Business School, el perfil del usuario que demanda estos servicios está liderado por las generaciones más jóvenes -el 45% de la Generación Z y el 40% de los Millennials- hay que matizar que no es únicamente su edad o renta, sino su manera de entender el vínculo con el animal, explican desde la Aedpac. Son perfiles que ven a sus animales como una prioridad vital donde el cuidado es un gasto más del hogar con una resistencia al recorte. Donde unos ven lujo, otros ven necesidad. Para Solana, «ya no hablamos solo de un cliente de alto poder adquisitivo o de un uso puntual en vacaciones sino de un uso normalizado entre propietarios que viajan por trabajo, familias que se desplazan en verano, personas que no tienen una red familiar cercana o responsables de animales que prefieren un entorno profesional antes que someter al animal a un viaje inadecuado». Sin embargo, Sartorato advierte el riesgo de brecha de renta en el sector. «Al sofisticarse tanto los costes mínimos de alimentación premium, tecnología y salud, existe el riesgo estructural de que el bienestar animal se convierta en un privilegio vinculado al nivel de renta, dejando fuera a hogares vulnerables y tensionando los refugios públicos».Pero más allá del negocio, en lo que los expertos coinciden es entender que los animales no entienden el mundo como nosotros. Para un animal, tener rutinas bien fijadas es lo único que le aporta seguridad. «Un perro puede gestionar la espera para salir a la calle o la ansiedad de estar solo en casa si sabe, por repetición, que sus dueños llegarán a una hora determinada para alimentarlo o pasearlo», explica Ana Macarena, educadora canina en Miperrobusca.comPor eso cuando vemos la evolución de las residencias y hoteles para animales en la que se puede encontrar programas de ejercicio físico a medida, socialización, servicios de peluquería, adiestramiento, zonas de juego, piscinas, y supervisión veterinaria, así como programas de estimulación cognitiva o rutinas personalizadas hay que preguntarse si estos tipos de actividades están incluidas en sus rutinas diarias. De lo contrario, lo único que puede generar es más estrés. «Para un perro tímido, sedentario, reactivo, senior o con baja tolerancia a los estímulos, un entorno con piscina, grupos grandes de socialización o exceso de actividades dirigidas puede resultar abrumador, elevando sus niveles de cortisol y perjudicando su bienestar en lugar de mejorarlo».Resulta significativo, continúa explicando Solana, que en algunas grandes cadenas hoteleras la gestión de la inclusión animal se integre ya en áreas de customer experience, lo que demuestra que el fenómeno ha dejado de ser una cuestión accesoria para convertirse en parte de la experiencia global del cliente. Una práctica muy minoritaria, además de no estar al alcance de cualquier bolsillo, explica por su parte Luis Sousa, veterinario y director de la residencia de animales Granja la Luna. «El turismo pet-friendly hay que entenderlo más allá del propio alojamiento y no todos los destinos de vacaciones o viajes son adecuados o tienen una adaptación real del entorno para las mascotas». Las altas temperaturas, los desplazamientos prolongados, los eventos y espacios multitudinarios o determinadas zonas urbanas pueden generar situaciones de estrés difíciles de gestionar para el animal. En esos casos, dejar a la mascota al cuidado de profesionales «no supone una renuncia al vínculo familiar, sino una decisión responsable», defiende Sousa. La prioridad, añade, debe ser siempre respetar sus rutinas de descanso, alimentación y ejercicio.Máxima conexiónLa tecnología también irrumpe en este mercado y abre el debate de hasta qué punto la necesidad de mantener conectado al propietario puede interferir en el bienestar del animal. Cámaras que permiten seguir la estancia en tiempo real, aplicaciones móviles desde las que recibir fotografías, vídeos o informes diarios, sistemas de geolocalización, historiales digitales con la actividad realizada o canales de comunicación directa con los cuidadores forman ya parte de la oferta de muchas residencias y hoteles. Desde The Dogg Hotel & Spa, hotel boutique de lujo para perros pequeños en Madrid, su fundadora Sofía Bienes explica cómo la tecnología ha entrado de lleno en el negocio. «Desde gestión específica para garantizar cuidados médicos y alimentarios rigurosos hasta un seguimiento continuo a través de reportes personalizados y fotos cada pocas horas». Y no se trata de una tendencia aislada. Existen hoteles caninos que ofrecen servicio de cámaras disponibles las 24 horas del día, eso sí y por motivos de protección de datos, sólo se visualizan los cheniles o habitaciones.Sin embargo, esa búsqueda de conexión permanente exige encontrar un equilibrio. «Hay propietarios a los que les tranquiliza poder ver a su perro en directo o recibir fotografías durante el día, pero hay casos en los que esa vigilancia puede terminar alterando el trabajo de los profesionales y, sobre todo, las rutinas del propio perro», apunta Ana Macarena. Porque la adaptación a un entorno desconocido necesita precisamente lo contrario: tiempo, calma y estabilidad, indican los especialistas. «Si el personal tiene que interrumpir continuamente los periodos de descanso para hacer fotografías o grabar vídeos, o sacar al perro de su espacio para mostrar que está jugando, se rompe su proceso natural de adaptación», advierte Sousa. Aunque suelen ser una minoría la demanda de un contacto constante es una actitud que responde más a la ansiedad del propietario que a una necesidad real del animal. A su juicio, el éxito de una estancia debe medirse por el comportamiento del animal cuando regresa a casa y por la confianza que exista entre el propietario y el profesional que lo cuida.
Aunque cada vez son más quienes deciden incluir a sus mascotas en sus vacaciones, no siempre es posible. Los desplazamientos largos o inesperados, las restricciones de algunos alojamientos o, simplemente, el tipo de viaje obligan a buscar alternativas para garantizar su cuidado. El … mercado, en este sentido, ofrece diferentes alternativas. Residencias, cuidadores particulares, hoteles con servicios premium, plataformas digitales que ponen en contacto a propietarios con cuidadores, guarderías de día, e incluso modelos colaborativos que recuerdan a otras fórmulas de economía compartida. La elección entre una u otra opción depende de muchos factores, pero sobre depende del perfil del propietario, que también ha evolucionado con los años, explica Ignasi Solana, fundador y CEO de ITVET y secretario general de la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía, Aedpac. «El cliente ya no pregunta solo si puede alojar a su mascota, sino bajo qué condiciones, con qué servicios, con qué garantías de bienestar y con qué nivel de seguridad y convivencia».
Y es que son más de 15 millones de animales de compañía registrados en España, principalmente perros y gatos, lo que hace que el sector mueva más de 5.770 millones de euros, según recoge el informe ‘Pet-money. La economía de las mascotas y su impacto en el hogar español’, elaborado por Paulo Sartorato, director académico del Grado en Marketing y Comunicación Digital en EAE Business School.
Una oferta que crece cada vez más y que evoluciona desde el modelo ‘pet-friendly’ al ‘pet-money’, impulsado por la «consideración de la mascota como un miembro pleno de la familia, con derechos y atención comparables a las de un hijo». Un ‘pet-parenting’ que evoluciona a su vez hacia una profesionalización del sector que eleva los estándares, pero también los costes, subraya Solana. Además, esta profesionalización también tiene una lectura empresarial. «Para los hoteles, la inclusión animal debe profesionalizarse porque afecta a la seguridad y la experiencia del cliente, a la convivencia, a la reputación del establecimiento y también a una vía de ingresos complementarios en crecimiento».
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Prioridad vital
Aunque, según el informe de EAE Business School, el perfil del usuario que demanda estos servicios está liderado por las generaciones más jóvenes -el 45% de la Generación Z y el 40% de los Millennials- hay que matizar que no es únicamente su edad o renta, sino su manera de entender el vínculo con el animal, explican desde la Aedpac. Son perfiles que ven a sus animales como una prioridad vital donde el cuidado es un gasto más del hogar con una resistencia al recorte. Donde unos ven lujo, otros ven necesidad. Para Solana, «ya no hablamos solo de un cliente de alto poder adquisitivo o de un uso puntual en vacaciones sino de un uso normalizado entre propietarios que viajan por trabajo, familias que se desplazan en verano, personas que no tienen una red familiar cercana o responsables de animales que prefieren un entorno profesional antes que someter al animal a un viaje inadecuado». Sin embargo, Sartorato advierte el riesgo de brecha de renta en el sector. «Al sofisticarse tanto los costes mínimos de alimentación premium, tecnología y salud, existe el riesgo estructural de que el bienestar animal se convierta en un privilegio vinculado al nivel de renta, dejando fuera a hogares vulnerables y tensionando los refugios públicos».
Pero más allá del negocio, en lo que los expertos coinciden es entender que los animales no entienden el mundo como nosotros. Para un animal, tener rutinas bien fijadas es lo único que le aporta seguridad. «Un perro puede gestionar la espera para salir a la calle o la ansiedad de estar solo en casa si sabe, por repetición, que sus dueños llegarán a una hora determinada para alimentarlo o pasearlo», explica Ana Macarena, educadora canina en Miperrobusca.com
Por eso cuando vemos la evolución de las residencias y hoteles para animales en la que se puede encontrar programas de ejercicio físico a medida, socialización, servicios de peluquería, adiestramiento, zonas de juego, piscinas, y supervisión veterinaria, así como programas de estimulación cognitiva o rutinas personalizadas hay que preguntarse si estos tipos de actividades están incluidas en sus rutinas diarias. De lo contrario, lo único que puede generar es más estrés. «Para un perro tímido, sedentario, reactivo, senior o con baja tolerancia a los estímulos, un entorno con piscina, grupos grandes de socialización o exceso de actividades dirigidas puede resultar abrumador, elevando sus niveles de cortisol y perjudicando su bienestar en lugar de mejorarlo».
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Resulta significativo, continúa explicando Solana, que en algunas grandes cadenas hoteleras la gestión de la inclusión animal se integre ya en áreas de customer experience, lo que demuestra que el fenómeno ha dejado de ser una cuestión accesoria para convertirse en parte de la experiencia global del cliente. Una práctica muy minoritaria, además de no estar al alcance de cualquier bolsillo, explica por su parte Luis Sousa, veterinario y director de la residencia de animales Granja la Luna. «El turismo pet-friendly hay que entenderlo más allá del propio alojamiento y no todos los destinos de vacaciones o viajes son adecuados o tienen una adaptación real del entorno para las mascotas». Las altas temperaturas, los desplazamientos prolongados, los eventos y espacios multitudinarios o determinadas zonas urbanas pueden generar situaciones de estrés difíciles de gestionar para el animal. En esos casos, dejar a la mascota al cuidado de profesionales «no supone una renuncia al vínculo familiar, sino una decisión responsable», defiende Sousa. La prioridad, añade, debe ser siempre respetar sus rutinas de descanso, alimentación y ejercicio.
Máxima conexión
La tecnología también irrumpe en este mercado y abre el debate de hasta qué punto la necesidad de mantener conectado al propietario puede interferir en el bienestar del animal. Cámaras que permiten seguir la estancia en tiempo real, aplicaciones móviles desde las que recibir fotografías, vídeos o informes diarios, sistemas de geolocalización, historiales digitales con la actividad realizada o canales de comunicación directa con los cuidadores forman ya parte de la oferta de muchas residencias y hoteles. Desde The Dogg Hotel & Spa, hotel boutique de lujo para perros pequeños en Madrid, su fundadora Sofía Bienes explica cómo la tecnología ha entrado de lleno en el negocio. «Desde gestión específica para garantizar cuidados médicos y alimentarios rigurosos hasta un seguimiento continuo a través de reportes personalizados y fotos cada pocas horas». Y no se trata de una tendencia aislada. Existen hoteles caninos que ofrecen servicio de cámaras disponibles las 24 horas del día, eso sí y por motivos de protección de datos, sólo se visualizan los cheniles o habitaciones.
Sin embargo, esa búsqueda de conexión permanente exige encontrar un equilibrio. «Hay propietarios a los que les tranquiliza poder ver a su perro en directo o recibir fotografías durante el día, pero hay casos en los que esa vigilancia puede terminar alterando el trabajo de los profesionales y, sobre todo, las rutinas del propio perro», apunta Ana Macarena. Porque la adaptación a un entorno desconocido necesita precisamente lo contrario: tiempo, calma y estabilidad, indican los especialistas. «Si el personal tiene que interrumpir continuamente los periodos de descanso para hacer fotografías o grabar vídeos, o sacar al perro de su espacio para mostrar que está jugando, se rompe su proceso natural de adaptación», advierte Sousa. Aunque suelen ser una minoría la demanda de un contacto constante es una actitud que responde más a la ansiedad del propietario que a una necesidad real del animal. A su juicio, el éxito de una estancia debe medirse por el comportamiento del animal cuando regresa a casa y por la confianza que exista entre el propietario y el profesional que lo cuida.
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