Muere Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde que modernizó Sevilla, a los 69 años

07/01/2011   Entrevista con el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, que posa en el balcón de la alcaldía.  Foto: José Manuel Pérez Cabo

Alfredo Sánchez Monteseirín (La Rinconada, 1957), el alcalde con mayor número de mandatos de Sevilla (entre 1999 y 2011), ha fallecido este lunes a los 69 años tras una larga enfermedad. Profundamente comprometido con el municipalismo desde que ocupara el cargo de presidente de la Diputación, como regidos socialista fue el responsable de la modernización de la capital andaluza tras la Expo del 92, un empeño que el tiempo se ha encargado de confirmar, pero que, durante su ejecución contó con numerosos detractores que no terminaban de comulgar con su visión, en ocasiones arriesgada, de unas obras y proyectos que transformaron la ciudad.

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 El regidor, el más longevo al frente de la alcaldía hispalense, ha fallecido tras una larga enfermedad  

Alfredo Sánchez Monteseirín (La Rinconada, 1957), el alcalde con mayor número de mandatos de Sevilla (entre 1999 y 2011), ha fallecido este lunes a los 69 años tras una larga enfermedad. Profundamente comprometido con el municipalismo desde que ocupara el cargo de presidente de la Diputación, como regidos socialista fue el responsable de la modernización de la capital andaluza tras la Expo del 92, un empeño que el tiempo se ha encargado de confirmar, pero que, durante su ejecución contó con numerosos detractores que no terminaban de comulgar con su visión, en ocasiones arriesgada, de unas obras y proyectos que transformaron la ciudad.

Quizás uno de esos ejemplos más paradigmáticos sea el Parasol Metropol, conocido como Las Setas de Sevilla, cuya inauguración sirvió también como despedida simbólica de su mandato. El proyecto, una plaza mirador construida enteramente de madera y diseñada por el arquitecto alemán Jurgen Mayer, fue muy criticado durante su construcción por el coste, el tiempo en levantarla -se dilató por el complejo arqueológico que se halló bajo la plaza de La Encarnación donde se ubica la estructura- y el impacto que suponía en relación con el resto de la ciudad. Quince años después, el edificio se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad y está perfectamente integrado en el día a día de los sevillanos, que se mezclan con los turistas y utilizan su espacio como punto de encuentro y zona recreativa y de ocio.

Monteseirín defendió este proyecto como “una moderna catedral urbana en el centro del casco histórico de Europa” y lo comparó con la pirámide del Louvre de París. La iniciativa se ha convertido en uno de los principales hitos de su afán, que nunca ocultó, por convertirse en el alcalde que se atrevió a modernizar Sevilla.

En esa senda también se encuentra la peatonalización del centro histórico, que cambió y revolucionó la movilidad de la capital andaluza y que también suscitó muchísimo rechazo. La red de carril bici o el tranvía en el centro, también muy discutido políticamente, y que él impulsó, contribuyeron a cambiar la forma de moverse por la ciudad y su almendra central

También forma parte de su legado la remodelación de la Alameda de Hércules, que pasó de ser una zona deprimida a uno de los principales focos de ocio de Sevilla, o la Torre Pelli, que él autorizó, aunque se construyó tras dejar la alcaldía, y que es otro símbolo del impulso y modernización de otras zonas de la ciudad, el barrio de La Cartuja. Y no solo. También promovió el crecimiento urbano con la construcción de 15.000 viviendas de protección oficial.

Pero la modernización que Monterseirín soñó para Sevilla no se quedaba solo en el ámbito urbanístico de la ciudad. Para muchos economistas y empresarios sevillanos la mayor transformación de la capital se produjo con la firma del contrato del A400M de Airbus, una apuesta industrial que ha convertido a la capital andaluza en uno de los polos aeronáuticos de Europa y que ha permitido promover el desarrollo de empresas auxiliares que han consolidado un empleo cualificado y de calidad. En esta línea, el regidor socialista también fue el responsable de la renovación del Puerto de Sevilla, o de la reubicación de otras grandes empresas sevillanas como Cruzcampo o Abengoa.

Esa ambiciosa visión transformadora de Sevilla fue acompañada de una intensa contestación por parte de sus oponentes políticos que cuestionaron no solo la utilidad sino, sobre todo los sobrecostes de muchos de esos proyectos y lo acusaron de elevar considerablemente la deuda municipal. Los choques no solo fueron con la oposición, su forma personalista de gobernar, le granjeó también las críticas de sus socios de gobierno. Durante su primer mandato gobernó con el apoyo del Partido Andalucista, pero fue entre 2007 y 2011, con la coalición con IU, cuando las relaciones se volvieron más tensas, precisamente por asuntos presupuestarios y urbanísticos.

El desgaste político después de 12 años al frente de la alcaldía sevillana y la acumulación de poder también provocó recelos dentro de su propio partido, máxime teniendo en cuenta que el PSOE de Sevilla, entonces, estaba fragmentado en distintas familias, por un lado, los afines al alcalde y luego otros grupos más o menos cercanos a la dirección del partido. Finalmente, en 2011 la ejecutiva regional decidió que no repetiría como candidato en las siguientes elecciones municipales y lo sustituyó por Juan Espadas, que pasaría a la oposición tras la mayoría absoluta del aspirante popular Juan Ignacio Zoido, que se interpretó como fruto de esa erosión de Monteseirín al frente del Ayuntamiento.

El ya exregidor regresó a su puesto como funcionario del Servicio Andaluz de Salud, para incorporarse en 2018 como delegado especial del Estado para la Zona Franca de Sevilla, puesto en el que se mantuvo hasta 2014.

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