La Autoridad de Competencia y Mercados del Reino Unido ha planteado una serie de cambios sobre el sector veterinario en el país.
Más información: La UE cambia las reglas y, a partir del 19 de julio, prohibirá a las empresas destruir la ropa y el calzado que no vendan La Autoridad de Competencia y Mercados del Reino Unido ha planteado una serie de cambios sobre el sector veterinario en el país.
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Las claves
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El mercado veterinario británico está a punto de experimentar un giro profundo.
Tras una investigación exhaustiva, la Autoridad de Competencia y Mercados (CMA) ha decidido intervenir para corregir una situación que, según su diagnóstico, perjudica directamente a los dueños de mascotas: falta de transparencia, escasa competencia y precios al alza.
Entre las medidas más llamativas destaca la limitación del coste de las recetas veterinarias, que no podrán superar al equivalente de unos 24 euros.
La decisión no es menor. Hasta ahora, muchas clínicas en Reino Unido cobraban 30 libras (34 euros) o más únicamente por emitir una receta, un coste que se sumaba al del propio medicamento.
Este sistema desincentivaba a los propietarios a buscar alternativas más económicas (como farmacias online) y, en la práctica, consolidaba precios más elevados dentro de las propias clínicas.
Con el nuevo tope, el regulador busca romper esa dinámica y facilitar el acceso a opciones más baratas.
Pero la reforma va mucho más allá. El organismo británico ha detectado que menos del 40% de las clínicas publicaban precios en sus páginas web, y que muchos clientes desconocían incluso si su veterinario formaba parte de una gran cadena.
Este último punto no es trivial: los grandes grupos llegan a cobrar, de media, un 16,6% más que las clínicas independientes.
A partir de ahora, será obligatorio mostrar listas de precios completas y dejar claro quién está detrás de cada establecimiento.
De hecho, el contexto explica la urgencia. Los precios veterinarios en Reino Unido han aumentado alrededor de un 63% entre 2016 y 2023, muy por encima de la inflación general.
Este encarecimiento ha impulsado la aparición de modelos alternativos, como clínicas «low cost» con estructuras más ligeras o sistemas de suscripción que permiten a los dueños anticipar el gasto anual en servicios básicos.
Sin embargo, estas soluciones han surgido como respuesta del mercado, no como resultado de una regulación eficaz. Por ello, la CMA ha optado por un enfoque más estructural.
Además de limitar el precio de las recetas, obligará a ofrecer presupuestos por escrito para tratamientos superiores a 500 libras (573 euros), creará herramientas de comparación de precios y reforzará los mecanismos de reclamación.
Todo ello con un objetivo claro: devolver al consumidor la capacidad de decidir con información completa.
El contraste con España es inevitable. Aunque el debate sobre el coste de los servicios veterinarios también existe, las medidas regulatorias han sido mucho más tímidas.
La transparencia en precios sigue siendo irregular y el margen para comparar entre clínicas continúa siendo limitado en la práctica. En este sentido, el movimiento británico marca un precedente que podría reabrir la discusión en otros países europeos.
Más allá de la cifra concreta, 24 euros por receta, lo relevante es el cambio de filosofía. Reino Unido ha decidido tratar la atención veterinaria no solo como un servicio sanitario, sino también como un mercado que debe funcionar con reglas claras de competencia.
La pregunta ahora es si otros países, incluida España, seguirán ese camino o mantendrán un modelo donde el consumidor sigue, en gran medida, a ciegas.
El Español – Sociedad
