Los ascensores elevan su apuesta por la modernización

España cuenta con cerca de 1,2 millones de ascensores, cifra que nos coloca como uno de los países con mayor densidad mundial. En la actualidad, este sector afronta una transformación que va mucho más allá de sustituir máquinas antiguas. La combinación de un parque envejecido, una nueva regulación, la digitalización y las exigencias de eficiencia energética está abriendo un mercado de modernización, mantenimiento avanzado y servicios tecnológicos que representa un gran reto para los próximos años.Aproximadamente, la mitad de nuestros ascensores supera los veinte años y más de 400.000 llevan funcionando tres décadas o más. La nueva Instrucción Técnica Complementaria ITC AEM 1 , en vigor desde julio de 2024, ha acelerado las inversiones al exigir mejoras progresivas en seguridad, accesibilidad y comunicación. Schindler estima que entre el 35% y el 45% del parque necesitará alguna actuación.Para fabricantes, conservadoras, instaladores y proveedores tecnológicos, el volumen potencial es enorme. No todas las intervenciones implican reemplazar el ascensor completo. Muchas consisten en renovar componentes concretos: puertas, maniobra, sistema de tracción, sensores, comunicaciones, iluminación o dispositivos de control de carga. Esta modernización modular permite repartir el gasto y, al mismo tiempo, genera una cartera sostenida de proyectos.David Izquierdo Delgado, Sales & Service Management de Schindler Iberia, explica que los defectos más habituales son la ausencia de cortinas ópticas en las puertas, sistemas de detección de sobrecarga, comunicación bidireccional y problemas de nivelación. Este último punto puede exigir variadores de frecuencia o, en equipos muy obsoletos, la sustitución del grupo de tracción.La norma también está reordenando el sector. Las empresas deben asumir más obligaciones documentales, planes de mantenimiento específicos, nuevas herramientas, formación continua y capacidad para operar con equipos de distintas generaciones. Nicolás Mediavilla, presidente del Grupo FAIN, explica que esta adaptación supone mayores costes fijos e inversión en tecnología, personal y procesos. Para las pequeñas mantenedoras sin escala suficiente, advierte, esta presión puede acelerar fusiones, adquisiciones e integraciones.Nueva oportunidadEse movimiento de concentración convive con una segunda gran oportunidad: convertir el ascensor en un activo conectado. Mediavilla señala que FAIN avanza hacia modelos predictivos apoyados en IoT, analítica avanzada e inteligencia artificial, capaces de identificar comportamientos anómalos antes de que provoquen una parada, generar alertas en tiempo real y facilitar diagnósticos remotos. La compañía utiliza, además, geolocalización para asignar técnicos según su ubicación, priorizar incidencias y optimizar rutas. Para el cliente, esta evolución significa menos interrupciones. Para la empresa, implica más productividad . Un técnico puede recibir información previa sobre la avería, desplazarse con la pieza adecuada y evitar visitas «a ciegas». Algunas comprobaciones incluso pueden resolverse a distancia, reduciendo tiempos y costes. El dato se convierte así en un nuevo activo del negocio.KONE aplica este enfoque mediante servicios conectados que analizan millones de datos y ayudan a anticipar fallos. Fabrizio Troiani, director de Modernización de KONE Ibérica e Italia, señala que determinados sistemas pueden comprobar remotamente los dispositivos de seguridad y, si las condiciones son correctas, mover una cabina detenida entre plantas para liberar a sus ocupantes en poco tiempo.La eficiencia energética añade otra vía de crecimiento. Miles de ascensores antiguos siguen funcionando con tecnologías mucho menos eficientes que las actuales. Según KONE, una modernización integral puede reducir el consumo hasta un 70% cuando combina la renovación de la máquina de tracción, el cuadro de maniobra o el variador con iluminación LED, funciones inteligentes de espera y sistemas regenerativos. Estos últimos recuperan energía cuando una cabina cargada desciende o una vacía asciende. En los equipos tradicionales se pierde como calor; en los modernos vuelve a la red del edificio para alimentar iluminación, climatización u otros consumos. Dependiendo de la carga, la velocidad, el recorrido y la intensidad de uso, puede reutilizarse hasta un 40% de la energía empleada por la instalación.También importa el consumo en reposo. Aunque el ascensor esté parado, mantiene activas luces, señalizaciones, ventilación y sistemas electrónicos. En algunos edificios, ese gasto supone entre el 25% y el 80% del total. Los modos de bajo consumo apagan o reducen automáticamente esos elementos y generan ahorros prácticamente invisibles para el usuario.El gran freno puede ser la falta de profesionales. El ascensor actual ya no exige solo conocimientos de mecánica y electricidad. Los técnicos deben manejar electrónica, diagnosis digital, sensores, plataformas conectadas y monitorización remota. La convivencia entre instalaciones antiguas y sistemas inteligentes obliga, además, a mantener una formación constante. Ahí aparece una oportunidad laboral clara. El sector necesita instaladores y mantenedores, pero también perfiles relacionados con software, análisis de datos, ciberseguridad, eficiencia, automatización, atención remota y gestión técnica de edificios. La nueva regulación y el relevo generacional convierten la FP y los certificados especializados en una vía de entrada a un mercado pujante.La puesta al día y la adaptación a las nuevas normas abre oportunidades a grandes empresas como Schlinder.La demanda no se limitará a las grandes firmas. También abre espacio para fabricantes de componentes, ingenierías, empresas de telecomunicaciones, desarrolladores de software y proveedores de servicios energéticos. La necesidad de conectar equipos antiguos, proteger datos, integrar plataformas y medir consumos favorece la aparición de alianzas entre sectores que hasta ahora apenas se cruzaban. A ello se suma un mercado de formación, certificación y reciclaje profesional destinado tanto a jóvenes que buscan su primer empleo como a técnicos veteranos que deben actualizarse. La modernización del parque se convierte así en un ecosistema empresarial amplio.La transformación, sin embargo, tiene una contrapartida para las comunidades. Manuela Julia Martínez, presidenta del Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid, explica que las intervenciones sencillas pueden rondar los 1.000 euros, mientras que las reformas complejas pueden ascender a decenas de miles. En instalaciones muy antiguas, algunas actuaciones pueden acercarse a los 40.000 euros.Impulso necesarioEl impacto es delicado en edificios antiguos con pocos propietarios o residentes mayores. Una derrama de 15.000 o 20.000 euros resulta muy diferente si se reparte entre cien viviendas o entre ocho. El Colegio pide ayudas y financiación para comunidades vulnerables, porque el ascensor es esencial para mantener la autonomía y evitar que muchas personas tengan que abandonar sus hogares. Martínez insiste también en separar tres categorías: las actuaciones legalmente obligatorias, las reparaciones derivadas del desgaste y las modernizaciones voluntarias. Recomienda exigir presupuestos desglosados, comparar ofertas con el mismo alcance técnico y comprobar qué medidas aparecen realmente en el certificado de inspección.El negocio de la elevación entra así en una nueva etapa. Miles de equipos deberán actualizarse, conectarse o renovarse en los próximos años. A su alrededor crecerán los servicios digitales, el mantenimiento predictivo, la eficiencia energética y la formación especializada. El ascensor deja de ser una infraestructura silenciosa para convertirse en una plataforma tecnológica y en una fuente de inversión, empleo y competencia empresarial. España cuenta con cerca de 1,2 millones de ascensores, cifra que nos coloca como uno de los países con mayor densidad mundial. En la actualidad, este sector afronta una transformación que va mucho más allá de sustituir máquinas antiguas. La combinación de un parque envejecido, una nueva regulación, la digitalización y las exigencias de eficiencia energética está abriendo un mercado de modernización, mantenimiento avanzado y servicios tecnológicos que representa un gran reto para los próximos años.Aproximadamente, la mitad de nuestros ascensores supera los veinte años y más de 400.000 llevan funcionando tres décadas o más. La nueva Instrucción Técnica Complementaria ITC AEM 1 , en vigor desde julio de 2024, ha acelerado las inversiones al exigir mejoras progresivas en seguridad, accesibilidad y comunicación. Schindler estima que entre el 35% y el 45% del parque necesitará alguna actuación.Para fabricantes, conservadoras, instaladores y proveedores tecnológicos, el volumen potencial es enorme. No todas las intervenciones implican reemplazar el ascensor completo. Muchas consisten en renovar componentes concretos: puertas, maniobra, sistema de tracción, sensores, comunicaciones, iluminación o dispositivos de control de carga. Esta modernización modular permite repartir el gasto y, al mismo tiempo, genera una cartera sostenida de proyectos.David Izquierdo Delgado, Sales & Service Management de Schindler Iberia, explica que los defectos más habituales son la ausencia de cortinas ópticas en las puertas, sistemas de detección de sobrecarga, comunicación bidireccional y problemas de nivelación. Este último punto puede exigir variadores de frecuencia o, en equipos muy obsoletos, la sustitución del grupo de tracción.La norma también está reordenando el sector. Las empresas deben asumir más obligaciones documentales, planes de mantenimiento específicos, nuevas herramientas, formación continua y capacidad para operar con equipos de distintas generaciones. Nicolás Mediavilla, presidente del Grupo FAIN, explica que esta adaptación supone mayores costes fijos e inversión en tecnología, personal y procesos. Para las pequeñas mantenedoras sin escala suficiente, advierte, esta presión puede acelerar fusiones, adquisiciones e integraciones.Nueva oportunidadEse movimiento de concentración convive con una segunda gran oportunidad: convertir el ascensor en un activo conectado. Mediavilla señala que FAIN avanza hacia modelos predictivos apoyados en IoT, analítica avanzada e inteligencia artificial, capaces de identificar comportamientos anómalos antes de que provoquen una parada, generar alertas en tiempo real y facilitar diagnósticos remotos. La compañía utiliza, además, geolocalización para asignar técnicos según su ubicación, priorizar incidencias y optimizar rutas. Para el cliente, esta evolución significa menos interrupciones. Para la empresa, implica más productividad . Un técnico puede recibir información previa sobre la avería, desplazarse con la pieza adecuada y evitar visitas «a ciegas». Algunas comprobaciones incluso pueden resolverse a distancia, reduciendo tiempos y costes. El dato se convierte así en un nuevo activo del negocio.KONE aplica este enfoque mediante servicios conectados que analizan millones de datos y ayudan a anticipar fallos. Fabrizio Troiani, director de Modernización de KONE Ibérica e Italia, señala que determinados sistemas pueden comprobar remotamente los dispositivos de seguridad y, si las condiciones son correctas, mover una cabina detenida entre plantas para liberar a sus ocupantes en poco tiempo.La eficiencia energética añade otra vía de crecimiento. Miles de ascensores antiguos siguen funcionando con tecnologías mucho menos eficientes que las actuales. Según KONE, una modernización integral puede reducir el consumo hasta un 70% cuando combina la renovación de la máquina de tracción, el cuadro de maniobra o el variador con iluminación LED, funciones inteligentes de espera y sistemas regenerativos. Estos últimos recuperan energía cuando una cabina cargada desciende o una vacía asciende. En los equipos tradicionales se pierde como calor; en los modernos vuelve a la red del edificio para alimentar iluminación, climatización u otros consumos. Dependiendo de la carga, la velocidad, el recorrido y la intensidad de uso, puede reutilizarse hasta un 40% de la energía empleada por la instalación.También importa el consumo en reposo. Aunque el ascensor esté parado, mantiene activas luces, señalizaciones, ventilación y sistemas electrónicos. En algunos edificios, ese gasto supone entre el 25% y el 80% del total. Los modos de bajo consumo apagan o reducen automáticamente esos elementos y generan ahorros prácticamente invisibles para el usuario.El gran freno puede ser la falta de profesionales. El ascensor actual ya no exige solo conocimientos de mecánica y electricidad. Los técnicos deben manejar electrónica, diagnosis digital, sensores, plataformas conectadas y monitorización remota. La convivencia entre instalaciones antiguas y sistemas inteligentes obliga, además, a mantener una formación constante. Ahí aparece una oportunidad laboral clara. El sector necesita instaladores y mantenedores, pero también perfiles relacionados con software, análisis de datos, ciberseguridad, eficiencia, automatización, atención remota y gestión técnica de edificios. La nueva regulación y el relevo generacional convierten la FP y los certificados especializados en una vía de entrada a un mercado pujante.La puesta al día y la adaptación a las nuevas normas abre oportunidades a grandes empresas como Schlinder.La demanda no se limitará a las grandes firmas. También abre espacio para fabricantes de componentes, ingenierías, empresas de telecomunicaciones, desarrolladores de software y proveedores de servicios energéticos. La necesidad de conectar equipos antiguos, proteger datos, integrar plataformas y medir consumos favorece la aparición de alianzas entre sectores que hasta ahora apenas se cruzaban. A ello se suma un mercado de formación, certificación y reciclaje profesional destinado tanto a jóvenes que buscan su primer empleo como a técnicos veteranos que deben actualizarse. La modernización del parque se convierte así en un ecosistema empresarial amplio.La transformación, sin embargo, tiene una contrapartida para las comunidades. Manuela Julia Martínez, presidenta del Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid, explica que las intervenciones sencillas pueden rondar los 1.000 euros, mientras que las reformas complejas pueden ascender a decenas de miles. En instalaciones muy antiguas, algunas actuaciones pueden acercarse a los 40.000 euros.Impulso necesarioEl impacto es delicado en edificios antiguos con pocos propietarios o residentes mayores. Una derrama de 15.000 o 20.000 euros resulta muy diferente si se reparte entre cien viviendas o entre ocho. El Colegio pide ayudas y financiación para comunidades vulnerables, porque el ascensor es esencial para mantener la autonomía y evitar que muchas personas tengan que abandonar sus hogares. Martínez insiste también en separar tres categorías: las actuaciones legalmente obligatorias, las reparaciones derivadas del desgaste y las modernizaciones voluntarias. Recomienda exigir presupuestos desglosados, comparar ofertas con el mismo alcance técnico y comprobar qué medidas aparecen realmente en el certificado de inspección.El negocio de la elevación entra así en una nueva etapa. Miles de equipos deberán actualizarse, conectarse o renovarse en los próximos años. A su alrededor crecerán los servicios digitales, el mantenimiento predictivo, la eficiencia energética y la formación especializada. El ascensor deja de ser una infraestructura silenciosa para convertirse en una plataforma tecnológica y en una fuente de inversión, empleo y competencia empresarial.  

España cuenta con cerca de 1,2 millones de ascensores, cifra que nos coloca como uno de los países con mayor densidad mundial. En la actualidad, este sector afronta una transformación que va mucho más allá de sustituir máquinas antiguas. La combinación de un parque … envejecido, una nueva regulación, la digitalización y las exigencias de eficiencia energética está abriendo un mercado de modernización, mantenimiento avanzado y servicios tecnológicos que representa un gran reto para los próximos años.

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