Aunque el sol continúa siendo uno de los mayores atractivos del turismo de nuestro país, el aumento de las temperaturas y la sucesión de olas de calor (cada vez más intensas y prolongadas) comienza a repercutir en la elección y repetición de los destinos. Si bien aún no puede hablarse de un cambio categórico, sí está dejando rastro de las preferencias de los viajeros internacionales. Así lo demuestran los datos extraídos de pagos con tarjetas de CaixaBank cruzados con información climática de la European Union’s Copernicus Land Monitoring Service Information que revelan que un 13,8% de los turistas que han experimentado temperaturas excepcionalmente elevadas en su estancia muestran una menor propensión a regresar al año siguiente , explica David César Heymann, economista de CaixaBank Research. Un efecto que también se refleja en el tipo de gasto, ya que disminuye el destinado a restauración y ocio, mientras aumenta el realizado, curiosamente, en farmacias. «Cada grado por encima de la temperatura histórica reduce un 0,27% el gasto realizado entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde, desplazando parte del consumo hacia la noche», explica.Por tanto, sí existe la probabilidad de no repetir destino. «Los turistas que vuelven a España tienden a buscar destinos o fechas históricamente más frescos», señala Heymann. Además, los datos muestran que los municipios menos cálidos registraron un mayor crecimiento turístico, especialmente visible en las zonas costeras. Sin embargo, el sector evita hablar de un rechazo al turismo de sol y playa . Toni Raurich, director de eBooking.com, considera que se trata de una tendencia de largo recorrido vinculada a la evolución de los hábitos de viaje y no a cancelaciones provocadas por una ola de calor concreta. «No observamos anulaciones de última hora asociadas a las altas temperaturas. Es un movimiento que se está produciendo con los años». Según explica, los mercados emisores tradicionales del norte de Europa han comenzado a redescubrir el turismo interior desde la pandemia, mientras que quienes siguen viajando al sur buscan destinos mejor preparados para convivir con el calor.En ciudades como Sevilla, donde las altas temperaturas son parte de su idiosincrasia, las empresas han aprendido a adaptarse y rediseñar la experiencia del turista. Las visitas guiadas se concentran cada vez más a primera hora de la mañana y al atardecer, se incorporan más paradas en espacios climatizados y se diseñan itinerarios adaptados a las condiciones meteorológicas. «Lo deseable sería contar con una oferta atractiva fuera de los picos de temperaturas más altas, pero hotelería y hostelería están preparados», explican desde la Asociación Sevillana de Empresas Turísticas (ASET).Experiencia completaPero para un destino, no basta con adaptar espacios con soluciones puntuales como pérgolas, nebulizadores o refugios climáticos, indica Gonzalo Pellejero, socio-director de TECH friendly, firma española especializada en transformación e innovación urbana. Son medidas útiles, pero por sí solas no constituyen una solución. Hay que analizar la experiencia completa: alojamiento, transporte, calles, playas, patrimonio, comercio, restauración y espacios de descanso. «Un refugio climático sirve de poco si para llegar hasta él hay que recorrer quince minutos de asfalto sin una sola sombra, o peor aún, realizar el trayecto en vehículo motorizado». Lo importante es comprender cómo interactúan el diseño urbano, la movilidad, la vegetación, los edificios y los espacios públicos para reducir la exposición al calor de residentes y visitantes.En este sentido, la tecnología es útil, pero conviene no atribuirle propiedades mágicas, apuntan desde TECH friendly, porque un sensor no da sombra y un gemelo digital no enfría una plaza. Su valor está en permitir cuatro pasos: conocer dónde está el problema, anticipar su evolución, comparar actuaciones antes de invertir y comprobar después si funcionan. Así, se pueden unir estaciones microclimáticas, observación por satélite, geometría de edificios y calles, vegetación, pavimentos, datos meteorológicos, afluencia peatonal o vulnerabilidad social. «Y a partir de esa información pueden construirse modelos que permitan simular qué ocurriría al plantar árboles, instalar una pérgola, sustituir un pavimento, rehabilitar un edificio o abrir un corredor de ventilación». Pero no hay una solución universal. La eficacia de cada actuación depende de la morfología urbana, la disponibilidad de agua, la humedad, el tipo de edificios o el uso del espacio público.En Sevilla, por ejemplo, el proyecto Cartuja Qanat ha demostrado el potencial de unir sombra, vegetación, agua, espacios semienterrados e intercambio térmico con el terreno para mejorar el confort del espacio público con reducido consumo energético. También en la misma ciudad, LIFE Watercool ha experimentado con sistemas de refrigeración mediante gestión del agua, nebulización y superficies enfriadas para adaptar diferentes espacios urbanos según el tiempo de permanencia. En Valencia, el proyecto europeo GrowGreen ha optado por una unión de corredores verdes, cubiertas vegetales, jardines verticales y soluciones de reutilización del agua adaptadas a cada barrio. La experiencia demuestra, además, que no todas las soluciones funcionan igual en cualquier contexto , apunta Pellejero. «Los pavimentos excesivamente reflectantes pueden reducir la temperatura de la superficie, pero aumentar al mismo tiempo la radiación que recibe el peatón». Del mismo modo, los sistemas de nebulización ofrecen buenos resultados en climas secos, pero pierden eficacia cuando aumenta la humedad y obligan a justificar cuidadosamente el consumo de agua.ReplanteamientoTodo ello obliga a replantear la forma de medir el confort climático. La temperatura del aire ya no resulta suficiente porque una persona puede sufrir más estrés térmico a 32 ºC bajo el sol, rodeada de pavimentos calientes y sin viento, que a 35 ºC bajo sombra y con cierta ventilación. Indicadores como el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI) o la Temperatura Fisiológica Equivalente (PET), que incorporan humedad, viento y radiación solar, permiten conocer mejor el estrés térmico . A ellos se suman variables como el porcentaje de sombra disponible a distintas horas del día, la continuidad de los itinerarios frescos, el tiempo necesario para acceder a un refugio climático, las temperaturas nocturnas o incluso el consumo de agua y energía asociado a cada intervención. Todo este despliegue tecnológico, recalca Pellejero, no sustituye a la transformación física ni al mantenimiento posterior. «Plantar árboles para una fotografía es relativamente fácil. Conseguir que sobrevivan diez años y den sombra donde se necesita es otra cosa», concluye.La tecnología también permite gestionar de modo más eficiente los edificios. Por ejemplo, el edificio La Fombera del Gobierno de La Rioja, con la aplicación de un sistema domótico que ha logrado obtener un ahorro del 40% en climatización y del 10% en el consumo energético . O la iniciativa ‘Barcelona a 50 ºC: ensayar hoy para responder mejor mañana’, que tratará de analizar a través de un gemelo digital qué ocurriría si un episodio extremo tensionara simultáneamente la energía, el agua, el transporte, las telecomunicaciones, los hospitales, los servicios…En definitiva, «el turista no va a consultar el UTCI o PET antes de salir del hotel, pero sí percibe que no puede recorrer el centro histórico, que tiene que cancelar una visita o que no encuentra un espacio protegido». En ese momento, el confort climático se convierte en factor de competitividad , reputación y calidad, subraya Pellejero, que sí puede decantar el regreso a uno u otro destino. Aunque el sol continúa siendo uno de los mayores atractivos del turismo de nuestro país, el aumento de las temperaturas y la sucesión de olas de calor (cada vez más intensas y prolongadas) comienza a repercutir en la elección y repetición de los destinos. Si bien aún no puede hablarse de un cambio categórico, sí está dejando rastro de las preferencias de los viajeros internacionales. Así lo demuestran los datos extraídos de pagos con tarjetas de CaixaBank cruzados con información climática de la European Union’s Copernicus Land Monitoring Service Information que revelan que un 13,8% de los turistas que han experimentado temperaturas excepcionalmente elevadas en su estancia muestran una menor propensión a regresar al año siguiente , explica David César Heymann, economista de CaixaBank Research. Un efecto que también se refleja en el tipo de gasto, ya que disminuye el destinado a restauración y ocio, mientras aumenta el realizado, curiosamente, en farmacias. «Cada grado por encima de la temperatura histórica reduce un 0,27% el gasto realizado entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde, desplazando parte del consumo hacia la noche», explica.Por tanto, sí existe la probabilidad de no repetir destino. «Los turistas que vuelven a España tienden a buscar destinos o fechas históricamente más frescos», señala Heymann. Además, los datos muestran que los municipios menos cálidos registraron un mayor crecimiento turístico, especialmente visible en las zonas costeras. Sin embargo, el sector evita hablar de un rechazo al turismo de sol y playa . Toni Raurich, director de eBooking.com, considera que se trata de una tendencia de largo recorrido vinculada a la evolución de los hábitos de viaje y no a cancelaciones provocadas por una ola de calor concreta. «No observamos anulaciones de última hora asociadas a las altas temperaturas. Es un movimiento que se está produciendo con los años». Según explica, los mercados emisores tradicionales del norte de Europa han comenzado a redescubrir el turismo interior desde la pandemia, mientras que quienes siguen viajando al sur buscan destinos mejor preparados para convivir con el calor.En ciudades como Sevilla, donde las altas temperaturas son parte de su idiosincrasia, las empresas han aprendido a adaptarse y rediseñar la experiencia del turista. Las visitas guiadas se concentran cada vez más a primera hora de la mañana y al atardecer, se incorporan más paradas en espacios climatizados y se diseñan itinerarios adaptados a las condiciones meteorológicas. «Lo deseable sería contar con una oferta atractiva fuera de los picos de temperaturas más altas, pero hotelería y hostelería están preparados», explican desde la Asociación Sevillana de Empresas Turísticas (ASET).Experiencia completaPero para un destino, no basta con adaptar espacios con soluciones puntuales como pérgolas, nebulizadores o refugios climáticos, indica Gonzalo Pellejero, socio-director de TECH friendly, firma española especializada en transformación e innovación urbana. Son medidas útiles, pero por sí solas no constituyen una solución. Hay que analizar la experiencia completa: alojamiento, transporte, calles, playas, patrimonio, comercio, restauración y espacios de descanso. «Un refugio climático sirve de poco si para llegar hasta él hay que recorrer quince minutos de asfalto sin una sola sombra, o peor aún, realizar el trayecto en vehículo motorizado». Lo importante es comprender cómo interactúan el diseño urbano, la movilidad, la vegetación, los edificios y los espacios públicos para reducir la exposición al calor de residentes y visitantes.En este sentido, la tecnología es útil, pero conviene no atribuirle propiedades mágicas, apuntan desde TECH friendly, porque un sensor no da sombra y un gemelo digital no enfría una plaza. Su valor está en permitir cuatro pasos: conocer dónde está el problema, anticipar su evolución, comparar actuaciones antes de invertir y comprobar después si funcionan. Así, se pueden unir estaciones microclimáticas, observación por satélite, geometría de edificios y calles, vegetación, pavimentos, datos meteorológicos, afluencia peatonal o vulnerabilidad social. «Y a partir de esa información pueden construirse modelos que permitan simular qué ocurriría al plantar árboles, instalar una pérgola, sustituir un pavimento, rehabilitar un edificio o abrir un corredor de ventilación». Pero no hay una solución universal. La eficacia de cada actuación depende de la morfología urbana, la disponibilidad de agua, la humedad, el tipo de edificios o el uso del espacio público.En Sevilla, por ejemplo, el proyecto Cartuja Qanat ha demostrado el potencial de unir sombra, vegetación, agua, espacios semienterrados e intercambio térmico con el terreno para mejorar el confort del espacio público con reducido consumo energético. También en la misma ciudad, LIFE Watercool ha experimentado con sistemas de refrigeración mediante gestión del agua, nebulización y superficies enfriadas para adaptar diferentes espacios urbanos según el tiempo de permanencia. En Valencia, el proyecto europeo GrowGreen ha optado por una unión de corredores verdes, cubiertas vegetales, jardines verticales y soluciones de reutilización del agua adaptadas a cada barrio. La experiencia demuestra, además, que no todas las soluciones funcionan igual en cualquier contexto , apunta Pellejero. «Los pavimentos excesivamente reflectantes pueden reducir la temperatura de la superficie, pero aumentar al mismo tiempo la radiación que recibe el peatón». Del mismo modo, los sistemas de nebulización ofrecen buenos resultados en climas secos, pero pierden eficacia cuando aumenta la humedad y obligan a justificar cuidadosamente el consumo de agua.ReplanteamientoTodo ello obliga a replantear la forma de medir el confort climático. La temperatura del aire ya no resulta suficiente porque una persona puede sufrir más estrés térmico a 32 ºC bajo el sol, rodeada de pavimentos calientes y sin viento, que a 35 ºC bajo sombra y con cierta ventilación. Indicadores como el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI) o la Temperatura Fisiológica Equivalente (PET), que incorporan humedad, viento y radiación solar, permiten conocer mejor el estrés térmico . A ellos se suman variables como el porcentaje de sombra disponible a distintas horas del día, la continuidad de los itinerarios frescos, el tiempo necesario para acceder a un refugio climático, las temperaturas nocturnas o incluso el consumo de agua y energía asociado a cada intervención. Todo este despliegue tecnológico, recalca Pellejero, no sustituye a la transformación física ni al mantenimiento posterior. «Plantar árboles para una fotografía es relativamente fácil. Conseguir que sobrevivan diez años y den sombra donde se necesita es otra cosa», concluye.La tecnología también permite gestionar de modo más eficiente los edificios. Por ejemplo, el edificio La Fombera del Gobierno de La Rioja, con la aplicación de un sistema domótico que ha logrado obtener un ahorro del 40% en climatización y del 10% en el consumo energético . O la iniciativa ‘Barcelona a 50 ºC: ensayar hoy para responder mejor mañana’, que tratará de analizar a través de un gemelo digital qué ocurriría si un episodio extremo tensionara simultáneamente la energía, el agua, el transporte, las telecomunicaciones, los hospitales, los servicios…En definitiva, «el turista no va a consultar el UTCI o PET antes de salir del hotel, pero sí percibe que no puede recorrer el centro histórico, que tiene que cancelar una visita o que no encuentra un espacio protegido». En ese momento, el confort climático se convierte en factor de competitividad , reputación y calidad, subraya Pellejero, que sí puede decantar el regreso a uno u otro destino.
Aunque el sol continúa siendo uno de los mayores atractivos del turismo de nuestro país, el aumento de las temperaturas y la sucesión de olas de calor (cada vez más intensas y prolongadas) comienza a repercutir en la elección y repetición de los destinos. Si … bien aún no puede hablarse de un cambio categórico, sí está dejando rastro de las preferencias de los viajeros internacionales. Así lo demuestran los datos extraídos de pagos con tarjetas de CaixaBank cruzados con información climática de la European Union’s Copernicus Land Monitoring Service Information que revelan que un 13,8% de los turistas que han experimentado temperaturas excepcionalmente elevadas en su estancia muestran una menor propensión a regresar al año siguiente, explica David César Heymann, economista de CaixaBank Research. Un efecto que también se refleja en el tipo de gasto, ya que disminuye el destinado a restauración y ocio, mientras aumenta el realizado, curiosamente, en farmacias. «Cada grado por encima de la temperatura histórica reduce un 0,27% el gasto realizado entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde, desplazando parte del consumo hacia la noche», explica.
Por tanto, sí existe la probabilidad de no repetir destino. «Los turistas que vuelven a España tienden a buscar destinos o fechas históricamente más frescos», señala Heymann. Además, los datos muestran que los municipios menos cálidos registraron un mayor crecimiento turístico, especialmente visible en las zonas costeras. Sin embargo, el sector evita hablar de un rechazo al turismo de sol y playa. Toni Raurich, director de eBooking.com, considera que se trata de una tendencia de largo recorrido vinculada a la evolución de los hábitos de viaje y no a cancelaciones provocadas por una ola de calor concreta. «No observamos anulaciones de última hora asociadas a las altas temperaturas. Es un movimiento que se está produciendo con los años». Según explica, los mercados emisores tradicionales del norte de Europa han comenzado a redescubrir el turismo interior desde la pandemia, mientras que quienes siguen viajando al sur buscan destinos mejor preparados para convivir con el calor.
En ciudades como Sevilla, donde las altas temperaturas son parte de su idiosincrasia, las empresas han aprendido a adaptarse y rediseñar la experiencia del turista. Las visitas guiadas se concentran cada vez más a primera hora de la mañana y al atardecer, se incorporan más paradas en espacios climatizados y se diseñan itinerarios adaptados a las condiciones meteorológicas. «Lo deseable sería contar con una oferta atractiva fuera de los picos de temperaturas más altas, pero hotelería y hostelería están preparados», explican desde la Asociación Sevillana de Empresas Turísticas (ASET).
Experiencia completa
Pero para un destino, no basta con adaptar espacios con soluciones puntuales como pérgolas, nebulizadores o refugios climáticos, indica Gonzalo Pellejero, socio-director de TECH friendly, firma española especializada en transformación e innovación urbana. Son medidas útiles, pero por sí solas no constituyen una solución. Hay que analizar la experiencia completa: alojamiento, transporte, calles, playas, patrimonio, comercio, restauración y espacios de descanso. «Un refugio climático sirve de poco si para llegar hasta él hay que recorrer quince minutos de asfalto sin una sola sombra, o peor aún, realizar el trayecto en vehículo motorizado». Lo importante es comprender cómo interactúan el diseño urbano, la movilidad, la vegetación, los edificios y los espacios públicos para reducir la exposición al calor de residentes y visitantes.
En este sentido, la tecnología es útil, pero conviene no atribuirle propiedades mágicas, apuntan desde TECH friendly, porque un sensor no da sombra y un gemelo digital no enfría una plaza. Su valor está en permitir cuatro pasos: conocer dónde está el problema, anticipar su evolución, comparar actuaciones antes de invertir y comprobar después si funcionan. Así, se pueden unir estaciones microclimáticas, observación por satélite, geometría de edificios y calles, vegetación, pavimentos, datos meteorológicos, afluencia peatonal o vulnerabilidad social. «Y a partir de esa información pueden construirse modelos que permitan simular qué ocurriría al plantar árboles, instalar una pérgola, sustituir un pavimento, rehabilitar un edificio o abrir un corredor de ventilación». Pero no hay una solución universal. La eficacia de cada actuación depende de la morfología urbana, la disponibilidad de agua, la humedad, el tipo de edificios o el uso del espacio público.
En Sevilla, por ejemplo, el proyecto Cartuja Qanat ha demostrado el potencial de unir sombra, vegetación, agua, espacios semienterrados e intercambio térmico con el terreno para mejorar el confort del espacio público con reducido consumo energético. También en la misma ciudad, LIFE Watercool ha experimentado con sistemas de refrigeración mediante gestión del agua, nebulización y superficies enfriadas para adaptar diferentes espacios urbanos según el tiempo de permanencia. En Valencia, el proyecto europeo GrowGreen ha optado por una unión de corredores verdes, cubiertas vegetales, jardines verticales y soluciones de reutilización del agua adaptadas a cada barrio. La experiencia demuestra, además, que no todas las soluciones funcionan igual en cualquier contexto, apunta Pellejero. «Los pavimentos excesivamente reflectantes pueden reducir la temperatura de la superficie, pero aumentar al mismo tiempo la radiación que recibe el peatón». Del mismo modo, los sistemas de nebulización ofrecen buenos resultados en climas secos, pero pierden eficacia cuando aumenta la humedad y obligan a justificar cuidadosamente el consumo de agua.
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Todo ello obliga a replantear la forma de medir el confort climático. La temperatura del aire ya no resulta suficiente porque una persona puede sufrir más estrés térmico a 32 ºC bajo el sol, rodeada de pavimentos calientes y sin viento, que a 35 ºC bajo sombra y con cierta ventilación. Indicadores como el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI) o la Temperatura Fisiológica Equivalente (PET), que incorporan humedad, viento y radiación solar, permiten conocer mejor el estrés térmico. A ellos se suman variables como el porcentaje de sombra disponible a distintas horas del día, la continuidad de los itinerarios frescos, el tiempo necesario para acceder a un refugio climático, las temperaturas nocturnas o incluso el consumo de agua y energía asociado a cada intervención. Todo este despliegue tecnológico, recalca Pellejero, no sustituye a la transformación física ni al mantenimiento posterior. «Plantar árboles para una fotografía es relativamente fácil. Conseguir que sobrevivan diez años y den sombra donde se necesita es otra cosa», concluye.
La tecnología también permite gestionar de modo más eficiente los edificios. Por ejemplo, el edificio La Fombera del Gobierno de La Rioja, con la aplicación de un sistema domótico que ha logrado obtener un ahorro del 40% en climatización y del 10% en el consumo energético. O la iniciativa ‘Barcelona a 50 ºC: ensayar hoy para responder mejor mañana’, que tratará de analizar a través de un gemelo digital qué ocurriría si un episodio extremo tensionara simultáneamente la energía, el agua, el transporte, las telecomunicaciones, los hospitales, los servicios…
En definitiva, «el turista no va a consultar el UTCI o PET antes de salir del hotel, pero sí percibe que no puede recorrer el centro histórico, que tiene que cancelar una visita o que no encuentra un espacio protegido». En ese momento, el confort climático se convierte en factor de competitividad, reputación y calidad, subraya Pellejero, que sí puede decantar el regreso a uno u otro destino.
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