Los retos de Rusia tras la guerra de Ucrania: economía hundida y aislamiento internacional

Rusia lleva más de cuatro años dedicando ingentes esfuerzos y recursos para conseguir una victoria definitiva en el frente de Ucrania y la llegada de la paz al país conllevaría cambios estructurales. Para que la economía se recupere de la guerra se necesitarán entre cinco y siete años, según estimaciones de ‘think tanks’ como el Instituto Kiel para la Economía Mundial. Se calcula que la hipertrofiada industria militar cuenta con un peso de entre el 9% y el 12% del PIB nacional, mientras que la industria civil está debilitada. Por tanto, reconducir el tejido productivo será un proceso largo y difícil.Los investigadores argumentan que detener la máquina de guerra provocaría que millones de trabajadores de la industria y soldados desmovilizados perdiesen sus ingresos bruscamente. Entre los factores económicos y sociales, Rusia necesitará 30 años para recuperarse de este conflicto , según el ‘think tank’ estadounidense Corporación Rand. El analista de riesgo geopolítico e informativo Denys Kolesnyk explica a este medio su punto de vista sobre este tema: «La guerra sigue en pie y probablemente siga un año más (…) Los puntos en los que el país liderado por Vladímir Putin sufrirá más (tras el fin de la invasión) serán a nivel social y económico». El experto justifica que «la desmilitarización será un desafío significativo porque alrededor del 40% del presupuesto federal (…) se destina al frente».El especialista añade que el fin de la contienda será un dilema. El Gobierno ruso «o abandonará la economía de guerra y se enfrentará a los problemas que generará el parar la industria de defensa y los veteranos que dejarán de ingresar dinero (…), o la mantendrá sin un conflicto y deberá hacer frente a inflación extrema y estancamiento económico». Algunos halcones rusos se han mostrado desafiantes e incluso amenazaron a otros países con una nueva «operación militar especial», entre ellos Polonia, Kazajistán, Finlandia y Moldavia. Esa posibilidad también la contempla Kolesnyk: «Hay otra opción: encontrar otra guerra que luchar».Dificultades socialesTambién hay un coste humano. La demografía rusa no pasa por su mejor momento. Ya apuntaron en 2025 demógrafos como Aleksey Rashka –incluido en la lista de agentes extranjeros por el Gobierno ruso– que la natalidad actual está a niveles del siglo XVII. Proyecciones como las de las Naciones Unidas auguran que en 2100 Rusia tendrá 126 millones de habitantes. Actualmente tiene 143 millones. El problema demográfico agudizará la falta de mano de obra, que ya es un desafío en 2026. La gobernadora del Banco Central ruso, Elvira Nabiullina, declaró en abril de este año que «en la historia de la Rusia moderna, nunca habíamos vivido bajo semejante escasez de mano de obra». Los pronósticos como el del informe de Rand auguran que en 2030 esta dinámica se acentuará. El Gobierno ruso «o abandonará la ‘economía de guerra’ y se enfrentará a los problemas que generará el parar la industria de defensa (…), o la mantendrá sin un conflicto y deberá hacer frente a inflación extrema y estancamiento económico» Denys Kolesnyk Analista de riesgo geopolíticoLa falta de trabajadores también tendrá repercusiones a nivel económico. Ya se sufren este año. Nabiullina señaló que «causa todavía más dificultades a las empresas rusas, ya que las obliga a subir salarios de forma artificial para competir por los pocos trabajadores disponibles, lo que a su vez dispara los costes de producción y recalienta la inflación».Además, el fin de la guerra podría causar conflictos sociales. La mayoría de la población reclusa sirvió o está sirviendo en el Ejército a día de hoy. Por ello, la ocupación en las prisiones en marzo de este año se cuantificó en tan solo 301.000 reclusos en el país. Cuando regresen los exconvictos a la vida civil, no hay ninguna garantía de que se hayan reformado y además podrían volver con problemas psicológicos como síndrome de estrés postraumático. Señala además el informe de Rand que podrían proliferar las armas en el mercado negro. Ambos factores combinados podrían suponer un incremento notable en las tasas de criminalidad e inestabilidad social interna dentro de las regiones rusas, especialmente en el Cáucaso y Siberia, de donde provienen la mayoría de los soldados que luchan en el frente.Aislamiento internacionalUno de los precios más caros que el país euroasiático ha pagado por la guerra ha sido a nivel internacional. Ha perdido aliados, influencia y prestigio. Desde el punto de vista de Kolesnyk, Irán y Siria «han sido las pérdidas más dolorosas para Rusia». Argumenta que «la caída de (Bashar) al Assad costó a Moscú su prestigio y su posición de árbitro geopolítico, especialmente en el mundo en desarrollo, aunque el Kremlin consiguió conservar sus bases en ese país». En el caso de Irán, que todavía conserva el régimen de los ayatolás, el analista cree que Rusia «ya perdió a Teherán, o lo hará en el futuro, ya que son aliados en el papel, pero en 2026 se puso a prueba la alianza y Moscú evitó comprometerse, algo que puede cambiar la naturaleza de la relación entre ambos». También perdió a otros países amigos como Venezuela, Armenia y Hungría. Podría además distanciarse de otros que por ahora conserva, como Cuba y Kazajistán.Rusia ha perdido sus alianzas con Irán, Siria, Venezuela, Armenia y Hungría, y ha aumentado su dependencia de ChinaSin embargo, el debilitamiento de sus alianzas y su economía tuvo un efecto secundario: aumentó en gran medida la dependencia de China. Según muestran datos como los del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, las importaciones chinas suponen un 57% del total, mientras que en 2021 tan solo eran del 23%. Pekín exporta además la inmensa mayoría de microchips, maquinaria pesada y vehículos que entran en el mercado ruso. Lo peor para los intereses del país es que la dependencia no es mutua, ya que Moscú solo supone entre el 3% y el 4% del comercio global chino. El Gobierno de Putin empezó su «operación militar especial» mientras tenía relaciones comerciales con países de la UE y de Asia, con alianzas sólidas en diferentes partes del globo y una economía que funcionaba. Los moscovitas podían viajar sin complicarse y ahora hacerlo es difícil y caro. Conseguir un visado a Occidente es un proceso complicado y muchos países ni siquiera los conceden. Asimismo, el valor del rublo ha caído y las tarjetas rusas son totalmente inútiles fuera de su territorio por la expulsión del sistema Swift. La bonanza de la que se sintieron orgullosos los rusos en los 2000 se desvanece y a corto y medio plazo no regresará. Rusia lleva más de cuatro años dedicando ingentes esfuerzos y recursos para conseguir una victoria definitiva en el frente de Ucrania y la llegada de la paz al país conllevaría cambios estructurales. Para que la economía se recupere de la guerra se necesitarán entre cinco y siete años, según estimaciones de ‘think tanks’ como el Instituto Kiel para la Economía Mundial. Se calcula que la hipertrofiada industria militar cuenta con un peso de entre el 9% y el 12% del PIB nacional, mientras que la industria civil está debilitada. Por tanto, reconducir el tejido productivo será un proceso largo y difícil.Los investigadores argumentan que detener la máquina de guerra provocaría que millones de trabajadores de la industria y soldados desmovilizados perdiesen sus ingresos bruscamente. Entre los factores económicos y sociales, Rusia necesitará 30 años para recuperarse de este conflicto , según el ‘think tank’ estadounidense Corporación Rand. El analista de riesgo geopolítico e informativo Denys Kolesnyk explica a este medio su punto de vista sobre este tema: «La guerra sigue en pie y probablemente siga un año más (…) Los puntos en los que el país liderado por Vladímir Putin sufrirá más (tras el fin de la invasión) serán a nivel social y económico». El experto justifica que «la desmilitarización será un desafío significativo porque alrededor del 40% del presupuesto federal (…) se destina al frente».El especialista añade que el fin de la contienda será un dilema. El Gobierno ruso «o abandonará la economía de guerra y se enfrentará a los problemas que generará el parar la industria de defensa y los veteranos que dejarán de ingresar dinero (…), o la mantendrá sin un conflicto y deberá hacer frente a inflación extrema y estancamiento económico». Algunos halcones rusos se han mostrado desafiantes e incluso amenazaron a otros países con una nueva «operación militar especial», entre ellos Polonia, Kazajistán, Finlandia y Moldavia. Esa posibilidad también la contempla Kolesnyk: «Hay otra opción: encontrar otra guerra que luchar».Dificultades socialesTambién hay un coste humano. La demografía rusa no pasa por su mejor momento. Ya apuntaron en 2025 demógrafos como Aleksey Rashka –incluido en la lista de agentes extranjeros por el Gobierno ruso– que la natalidad actual está a niveles del siglo XVII. Proyecciones como las de las Naciones Unidas auguran que en 2100 Rusia tendrá 126 millones de habitantes. Actualmente tiene 143 millones. El problema demográfico agudizará la falta de mano de obra, que ya es un desafío en 2026. La gobernadora del Banco Central ruso, Elvira Nabiullina, declaró en abril de este año que «en la historia de la Rusia moderna, nunca habíamos vivido bajo semejante escasez de mano de obra». Los pronósticos como el del informe de Rand auguran que en 2030 esta dinámica se acentuará. El Gobierno ruso «o abandonará la ‘economía de guerra’ y se enfrentará a los problemas que generará el parar la industria de defensa (…), o la mantendrá sin un conflicto y deberá hacer frente a inflación extrema y estancamiento económico» Denys Kolesnyk Analista de riesgo geopolíticoLa falta de trabajadores también tendrá repercusiones a nivel económico. Ya se sufren este año. Nabiullina señaló que «causa todavía más dificultades a las empresas rusas, ya que las obliga a subir salarios de forma artificial para competir por los pocos trabajadores disponibles, lo que a su vez dispara los costes de producción y recalienta la inflación».Además, el fin de la guerra podría causar conflictos sociales. La mayoría de la población reclusa sirvió o está sirviendo en el Ejército a día de hoy. Por ello, la ocupación en las prisiones en marzo de este año se cuantificó en tan solo 301.000 reclusos en el país. Cuando regresen los exconvictos a la vida civil, no hay ninguna garantía de que se hayan reformado y además podrían volver con problemas psicológicos como síndrome de estrés postraumático. Señala además el informe de Rand que podrían proliferar las armas en el mercado negro. Ambos factores combinados podrían suponer un incremento notable en las tasas de criminalidad e inestabilidad social interna dentro de las regiones rusas, especialmente en el Cáucaso y Siberia, de donde provienen la mayoría de los soldados que luchan en el frente.Aislamiento internacionalUno de los precios más caros que el país euroasiático ha pagado por la guerra ha sido a nivel internacional. Ha perdido aliados, influencia y prestigio. Desde el punto de vista de Kolesnyk, Irán y Siria «han sido las pérdidas más dolorosas para Rusia». Argumenta que «la caída de (Bashar) al Assad costó a Moscú su prestigio y su posición de árbitro geopolítico, especialmente en el mundo en desarrollo, aunque el Kremlin consiguió conservar sus bases en ese país». En el caso de Irán, que todavía conserva el régimen de los ayatolás, el analista cree que Rusia «ya perdió a Teherán, o lo hará en el futuro, ya que son aliados en el papel, pero en 2026 se puso a prueba la alianza y Moscú evitó comprometerse, algo que puede cambiar la naturaleza de la relación entre ambos». También perdió a otros países amigos como Venezuela, Armenia y Hungría. Podría además distanciarse de otros que por ahora conserva, como Cuba y Kazajistán.Rusia ha perdido sus alianzas con Irán, Siria, Venezuela, Armenia y Hungría, y ha aumentado su dependencia de ChinaSin embargo, el debilitamiento de sus alianzas y su economía tuvo un efecto secundario: aumentó en gran medida la dependencia de China. Según muestran datos como los del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, las importaciones chinas suponen un 57% del total, mientras que en 2021 tan solo eran del 23%. Pekín exporta además la inmensa mayoría de microchips, maquinaria pesada y vehículos que entran en el mercado ruso. Lo peor para los intereses del país es que la dependencia no es mutua, ya que Moscú solo supone entre el 3% y el 4% del comercio global chino. El Gobierno de Putin empezó su «operación militar especial» mientras tenía relaciones comerciales con países de la UE y de Asia, con alianzas sólidas en diferentes partes del globo y una economía que funcionaba. Los moscovitas podían viajar sin complicarse y ahora hacerlo es difícil y caro. Conseguir un visado a Occidente es un proceso complicado y muchos países ni siquiera los conceden. Asimismo, el valor del rublo ha caído y las tarjetas rusas son totalmente inútiles fuera de su territorio por la expulsión del sistema Swift. La bonanza de la que se sintieron orgullosos los rusos en los 2000 se desvanece y a corto y medio plazo no regresará.  

Rusia lleva más de cuatro años dedicando ingentes esfuerzos y recursos para conseguir una victoria definitiva en el frente de Ucrania y la llegada de la paz al país conllevaría cambios estructurales. Para que la economía se recupere de la guerra se necesitarán entre … cinco y siete años, según estimaciones de ‘think tanks’ como el Instituto Kiel para la Economía Mundial. Se calcula que la hipertrofiada industria militar cuenta con un peso de entre el 9% y el 12% del PIB nacional, mientras que la industria civil está debilitada. Por tanto, reconducir el tejido productivo será un proceso largo y difícil.

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