El ecosistema de startups español entra en el territorio de la exigencia

La primera mitad de 2026 deja una fotografía de fortaleza aparente y mercado más exigente para las startups españolas. El ecosistema captó 2.059 millones en 193 operaciones, un 5% más en volumen y un 3% más en rondas que un año antes, según el Observatorio de Startups de la Fundación Innovación Bankinter. El avance, sin embargo, descansa en pocas operaciones. Once megarrondas concentraron 1.197 millones, el 58% del capital invertido, mientras el mercado sin esas grandes transacciones cayó un 9%, hasta 862 millones. Neuraltrust levantó 20 millones de dólares en una ronda semilla, Theker cerró 85 millones de dólares en una Serie A y PLD Space captó 180 millones de euros en una Serie C. Son ejemplos de una dinámica que atraviesa distintas fases de financiación. José Carlos Huerta Romero, director de programa startups de la Fundación Innovación Bankinter, explica que España cuenta con una base cada vez más amplia de compañías capaces de levantar sus primeras rondas, pero que el reto sigue siendo convertir más proyectos en scaleups con crecimiento sostenido, presencia internacional y acceso a rondas de mayor tamaño.La estrechez aparece sobre todo al avanzar de fase. Sonia Fernández, partner en Kibo Ventures, ve rondas tempranas cada vez mayores. Donde antes una preseed podía ser de 1,5 o 2 millones, ahora puede alcanzar los 5, en parte porque la compañía compite desde muy pronto contra rivales europeos o estadounidenses también muy financiados, indica. Esta situación hace que pocas compañías atraigan mucha atención, mientras negocios de software más tradicionales o con más carga operativa hallan más dificultad para levantar capital, añade. Ese interés aparece sobre todo en negocios disruptivos, sectores atractivos y equipos con emprendedores en serie, perfiles que ya tienen experiencia o éxitos previos a sus espaldas, dice Fernández. Todo ello empuja las valoraciones y aumenta la presión sobre esas startups si después los ingresos no justifican las cifras marcadas en la ronda, matiza.Aristotelis Xenofontos, partner de Seaya Ventures, interpreta el semestre como parte de una polarización global que también se refleja en España. El capital se dirige hacia compañías capaces de encajar en las grandes tesis del venture capital y alcanzar una gran escala. Robótica, espacio, defensa y deeptech concentran apetito inversor. Este interés por empresas de alta tecnología abre un escenario complejo porque estas compañías, a diferencia de las startups de software, deben superar numerosos hitos, necesitan mucho capital, especialización técnica y tardan más en generar ingresos, explica.El deeptech ofrece la posibilidad de entrar en mercados industriales muy grandes si la tecnología resuelve un problema relevante, señala Xenofontos. En conducción autónoma, por ejemplo, una solución capaz de superar las dificultades que plantea la niebla para estos sistemas encontraría demanda porque habría coches y compradores. La dificultad está en el camino hasta llegar al mercado. Primero llega el laboratorio, después el escalado y, finalmente, la comercialización. Este recorrido requiere inversores capaces de analizar estas tecnologías y trabajar después con las participadas, una especialización para la que Europa no cuenta con demasiados fondos, según el partner de Seaya.El ‘hype’ de la IA añade otra capa de selección. Xenofontos cree que muchas firmas se presentan como firmas de IA, aunque la mayor parte del trabajo siga dependiendo de una persona que usa un software con alguna función automatizada. Si los agentes, por ejemplo, recopilan facturas, se comunican por correo, gestionan y toman decisiones mientras un humano los supervisa con un panel de control, eso sí es IA, explica. Pero, si una persona realiza el 80% del trabajo y el software solo incorpora alguna función automatizada, podríamos estar ante AI washing, un lavado de cara para parecer más avanzada de lo que es.El reto de venderLa concentración de la financiación en ciertas empresas, junto con sus altas valoraciones, también puede pesar cuando llega el momento de una venta. Pablo Santana, senior investment analyst de Archipélago Next, está viendo megarrondas con mucho capital extranjero y valoraciones elevadas en etapas donde antes el recorrido era más lineal. Una startup levantaba una ronda presemilla o semilla y después venía otra de seguimiento, explica. Ahora ese camino depende mucho más de cada operación y una valoración demasiado alta puede complicar los siguientes pasos, apunta. A esa presión se suma el aumento del tamaño de los fondos de venture capital. Antes había fondos de entre 3 y 10 millones, recuerda Santana; ahora es habitual verlos de 30 o 50. Con ese tamaño, la venta futura de una empresa por seis millones, que podía tener sentido para vehículos más pequeños, ya no basta para que los números funcionen. Esos fondos más grandes necesitan salidas mayores. Vender una compañía ya es difícil, dice, pero hacerlo por 200 millones lo es mucho más. La falta de exits en España empieza a ser un problema y, para muchas compañías, seguir creciendo hasta encontrar una salida resulta casi imposible, concluye. Esta sequía de exits es estructural, dice Francisco Hidalgo-Barquero, socio en Albia IMAP. Aun así, considera que para valorar esa situación hay que delimitar antes de qué se habla. Algunos análisis, sostiene, incluyen compañías que difícilmente se catalogarían como startups e incluso, en ocasiones, como empresas tecnológicas. Si se observan las ventas de empresas tecnológicas en sentido amplio, recuerda, el sector sigue siendo uno de los más dinámicos en M&A en España y en el mundo.El eslabón perdidoLas dificultades para desinvertir frenan la rotación de las carteras y la captación de recursos para nuevos vehículos. David López Da Lama, partner de Crea Inversión, explica que muchos fondos aún tienen empresas por vender y que eso dificulta devolver dinero a sus inversores. Sin esas distribuciones, les cuesta volver al mercado para levantar nuevos fondos. El capital sigue llegando a las fases iniciales, pero el mercado español cuenta con menos actores capaces de acompañar rondas intermedias, especialmente Series B y C, cuando las compañías ya necesitan tickets de mayor tamaño para escalar, señala.Growth equity, un espacio en blanco que no se acaba de conquistar Francisco Hidalgo-Barquero, socio en Albia IMAP, apunta que una de las debilidades del actual ecosistema de startups en España está en la falta de lo que se conoce como growth equity, fondos capaces de cubrir el tramo intermedio entre el venture capital y un private equity centrado en compras de control y valoraciones muy alejadas de las que marcan las rondas de financiación. Algunos fondos tradicionales empiezan a mirar ese espacio, pero por ahora lo hacen con incursiones todavía testimoniales, indica. Esto deja un vacío de financiación para las compañías situadas entre ambas etapas.La mirada hacia el segundo semestre une actividad y prudencia. Nacho Mateo, CEO de South Summit, prevé más movimiento, aunque no una apertura generalizada. Los inversores seguirán priorizando startups con métricas sólidas, crecimiento eficiente, ingresos recurrentes y capacidad de expansión internacional. Ve especial interés en software e IA aplicada, espacio, fintech, deeptech, salud y biotecnología. La recuperación, según Mateo, será gradual y desigual. El dinero existe, pero seguirá llegando antes a las empresas que acrediten tracción, escalabilidad y un camino creíble hacia la rentabilidad.Fernández, de Kibo, también espera actividad porque ve capital, mucho dealflow y proyectos de calidad. Las mejores compañías, apunta, seguirán financiándose. La duda está en cuántas de esas startups creadas en mercados locales europeos, pero con ambición global, serán capaces de convertirse en empresas grandes. El semestre deja financiación y rondas cada vez mayores, pero también eleva la exigencia para demostrar que esas compañías pueden crecer lo suficiente y no quedarse en jugadores locales. La primera mitad de 2026 deja una fotografía de fortaleza aparente y mercado más exigente para las startups españolas. El ecosistema captó 2.059 millones en 193 operaciones, un 5% más en volumen y un 3% más en rondas que un año antes, según el Observatorio de Startups de la Fundación Innovación Bankinter. El avance, sin embargo, descansa en pocas operaciones. Once megarrondas concentraron 1.197 millones, el 58% del capital invertido, mientras el mercado sin esas grandes transacciones cayó un 9%, hasta 862 millones. Neuraltrust levantó 20 millones de dólares en una ronda semilla, Theker cerró 85 millones de dólares en una Serie A y PLD Space captó 180 millones de euros en una Serie C. Son ejemplos de una dinámica que atraviesa distintas fases de financiación. José Carlos Huerta Romero, director de programa startups de la Fundación Innovación Bankinter, explica que España cuenta con una base cada vez más amplia de compañías capaces de levantar sus primeras rondas, pero que el reto sigue siendo convertir más proyectos en scaleups con crecimiento sostenido, presencia internacional y acceso a rondas de mayor tamaño.La estrechez aparece sobre todo al avanzar de fase. Sonia Fernández, partner en Kibo Ventures, ve rondas tempranas cada vez mayores. Donde antes una preseed podía ser de 1,5 o 2 millones, ahora puede alcanzar los 5, en parte porque la compañía compite desde muy pronto contra rivales europeos o estadounidenses también muy financiados, indica. Esta situación hace que pocas compañías atraigan mucha atención, mientras negocios de software más tradicionales o con más carga operativa hallan más dificultad para levantar capital, añade. Ese interés aparece sobre todo en negocios disruptivos, sectores atractivos y equipos con emprendedores en serie, perfiles que ya tienen experiencia o éxitos previos a sus espaldas, dice Fernández. Todo ello empuja las valoraciones y aumenta la presión sobre esas startups si después los ingresos no justifican las cifras marcadas en la ronda, matiza.Aristotelis Xenofontos, partner de Seaya Ventures, interpreta el semestre como parte de una polarización global que también se refleja en España. El capital se dirige hacia compañías capaces de encajar en las grandes tesis del venture capital y alcanzar una gran escala. Robótica, espacio, defensa y deeptech concentran apetito inversor. Este interés por empresas de alta tecnología abre un escenario complejo porque estas compañías, a diferencia de las startups de software, deben superar numerosos hitos, necesitan mucho capital, especialización técnica y tardan más en generar ingresos, explica.El deeptech ofrece la posibilidad de entrar en mercados industriales muy grandes si la tecnología resuelve un problema relevante, señala Xenofontos. En conducción autónoma, por ejemplo, una solución capaz de superar las dificultades que plantea la niebla para estos sistemas encontraría demanda porque habría coches y compradores. La dificultad está en el camino hasta llegar al mercado. Primero llega el laboratorio, después el escalado y, finalmente, la comercialización. Este recorrido requiere inversores capaces de analizar estas tecnologías y trabajar después con las participadas, una especialización para la que Europa no cuenta con demasiados fondos, según el partner de Seaya.El ‘hype’ de la IA añade otra capa de selección. Xenofontos cree que muchas firmas se presentan como firmas de IA, aunque la mayor parte del trabajo siga dependiendo de una persona que usa un software con alguna función automatizada. Si los agentes, por ejemplo, recopilan facturas, se comunican por correo, gestionan y toman decisiones mientras un humano los supervisa con un panel de control, eso sí es IA, explica. Pero, si una persona realiza el 80% del trabajo y el software solo incorpora alguna función automatizada, podríamos estar ante AI washing, un lavado de cara para parecer más avanzada de lo que es.El reto de venderLa concentración de la financiación en ciertas empresas, junto con sus altas valoraciones, también puede pesar cuando llega el momento de una venta. Pablo Santana, senior investment analyst de Archipélago Next, está viendo megarrondas con mucho capital extranjero y valoraciones elevadas en etapas donde antes el recorrido era más lineal. Una startup levantaba una ronda presemilla o semilla y después venía otra de seguimiento, explica. Ahora ese camino depende mucho más de cada operación y una valoración demasiado alta puede complicar los siguientes pasos, apunta. A esa presión se suma el aumento del tamaño de los fondos de venture capital. Antes había fondos de entre 3 y 10 millones, recuerda Santana; ahora es habitual verlos de 30 o 50. Con ese tamaño, la venta futura de una empresa por seis millones, que podía tener sentido para vehículos más pequeños, ya no basta para que los números funcionen. Esos fondos más grandes necesitan salidas mayores. Vender una compañía ya es difícil, dice, pero hacerlo por 200 millones lo es mucho más. La falta de exits en España empieza a ser un problema y, para muchas compañías, seguir creciendo hasta encontrar una salida resulta casi imposible, concluye. Esta sequía de exits es estructural, dice Francisco Hidalgo-Barquero, socio en Albia IMAP. Aun así, considera que para valorar esa situación hay que delimitar antes de qué se habla. Algunos análisis, sostiene, incluyen compañías que difícilmente se catalogarían como startups e incluso, en ocasiones, como empresas tecnológicas. Si se observan las ventas de empresas tecnológicas en sentido amplio, recuerda, el sector sigue siendo uno de los más dinámicos en M&A en España y en el mundo.El eslabón perdidoLas dificultades para desinvertir frenan la rotación de las carteras y la captación de recursos para nuevos vehículos. David López Da Lama, partner de Crea Inversión, explica que muchos fondos aún tienen empresas por vender y que eso dificulta devolver dinero a sus inversores. Sin esas distribuciones, les cuesta volver al mercado para levantar nuevos fondos. El capital sigue llegando a las fases iniciales, pero el mercado español cuenta con menos actores capaces de acompañar rondas intermedias, especialmente Series B y C, cuando las compañías ya necesitan tickets de mayor tamaño para escalar, señala.Growth equity, un espacio en blanco que no se acaba de conquistar Francisco Hidalgo-Barquero, socio en Albia IMAP, apunta que una de las debilidades del actual ecosistema de startups en España está en la falta de lo que se conoce como growth equity, fondos capaces de cubrir el tramo intermedio entre el venture capital y un private equity centrado en compras de control y valoraciones muy alejadas de las que marcan las rondas de financiación. Algunos fondos tradicionales empiezan a mirar ese espacio, pero por ahora lo hacen con incursiones todavía testimoniales, indica. Esto deja un vacío de financiación para las compañías situadas entre ambas etapas.La mirada hacia el segundo semestre une actividad y prudencia. Nacho Mateo, CEO de South Summit, prevé más movimiento, aunque no una apertura generalizada. Los inversores seguirán priorizando startups con métricas sólidas, crecimiento eficiente, ingresos recurrentes y capacidad de expansión internacional. Ve especial interés en software e IA aplicada, espacio, fintech, deeptech, salud y biotecnología. La recuperación, según Mateo, será gradual y desigual. El dinero existe, pero seguirá llegando antes a las empresas que acrediten tracción, escalabilidad y un camino creíble hacia la rentabilidad.Fernández, de Kibo, también espera actividad porque ve capital, mucho dealflow y proyectos de calidad. Las mejores compañías, apunta, seguirán financiándose. La duda está en cuántas de esas startups creadas en mercados locales europeos, pero con ambición global, serán capaces de convertirse en empresas grandes. El semestre deja financiación y rondas cada vez mayores, pero también eleva la exigencia para demostrar que esas compañías pueden crecer lo suficiente y no quedarse en jugadores locales.  

La primera mitad de 2026 deja una fotografía de fortaleza aparente y mercado más exigente para las startups españolas. El ecosistema captó 2.059 millones en 193 operaciones, un 5% más en volumen y un 3% más en rondas que un año antes, según el … Observatorio de Startups de la Fundación Innovación Bankinter. El avance, sin embargo, descansa en pocas operaciones. Once megarrondas concentraron 1.197 millones, el 58% del capital invertido, mientras el mercado sin esas grandes transacciones cayó un 9%, hasta 862 millones. Neuraltrust levantó 20 millones de dólares en una ronda semilla, Theker cerró 85 millones de dólares en una Serie A y PLD Space captó 180 millones de euros en una Serie C. Son ejemplos de una dinámica que atraviesa distintas fases de financiación. José Carlos Huerta Romero, director de programa startups de la Fundación Innovación Bankinter, explica que España cuenta con una base cada vez más amplia de compañías capaces de levantar sus primeras rondas, pero que el reto sigue siendo convertir más proyectos en scaleups con crecimiento sostenido, presencia internacional y acceso a rondas de mayor tamaño.

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