El Bilbao BBK Live abre sus puertas a un pop que no teme emocionarse

Todo buen evento que se precie alberga un instante en el que deja de ser una simple promesa para convertirse en toda una experiencia. Cuando llega, se hace notar. Puede que ocurra durante el encendido de las luces o quizá es el murmullo del público convertido en aplauso compartido lo que evidencia este cambio. Lo que está claro es que mientras suenan los primeros acordes en el escenario principal de la vigésima edición del festival Bilbao BBK Live, ese sentimiento ya es una realidad. Y qué importa el motivo, si el resultado es una primera jornada cargada de música, emoción y, por qué no decirlo, talento.

 Belén Aguilera y Paris Paloma protagonizan dos de los conciertos más destacados de la primera jornada de la vigésima edición del festival  

Todo buen evento que se precie alberga un instante en el que deja de ser una simple promesa para convertirse en toda una experiencia. Cuando llega, se hace notar. Puede que ocurra durante el encendido de las luces o quizá es el murmullo del público convertido en aplauso compartido lo que evidencia este cambio. Lo que está claro es que mientras suenan los primeros acordes en el escenario principal de la vigésima edición del festival Bilbao BBK Live, ese sentimiento ya es una realidad. Y qué importa el motivo, si el resultado es una primera jornada cargada de música, emoción y, por qué no decirlo, talento.

Si quedaba alguna duda de que la capital vizcaína albergaba uno de los festivales europeos de referencia en pop, rock alternativo e indie, la catalana Belén Aguilera ya se ha encargado de disiparlas. Manos al micrófono y los pies sobre uno de los cuatro escenarios que componen el recinto -literalmente, porque va descalza-, la artista no necesita nada más para comenzar su repertorio. «¿Cómo estamos Bilbao?», grita desde su barco velero improvisado. Y en un festival tan internacional como potente, no hace falta hablar el idioma para contagiarse de su emoción y bailar al ritmo de su música. Y, sin más dilación: luces, cámara y acción para una de las artistas españolas con más renombre en el panorama nacional.

El monte Cobetas de Bilbao tiembla con el clamor de los miles de asistentes que saltan y bailan al son de los artistas del momento. Se esperan al menos 100.000 personas. Parece una cifra monumental. Y más cuando la mayoría de ellos parece haberse

reunido para ver a la catalana, mientras el ambiente vibra. Es por los altavoces, sin duda. Pero también por la música que compone esta vigésima edición de la cita. Un aniversario señalado en el calendario y que durará hasta la madrugada del próximo domingo 12 de julio.

Dicen que para enamorarse de una canción tan solo hace falta escucharla tres segundos en directo. Quizá sea por el ambiente, la música, o el propio BBK Live, pero Belén Aguilera no necesita ni dos para que su público se entregue por completo. Empieza con Mejores momentos, acompañada de un apasionante dúo de cuerda mientras su voz hace piruetas sin despeinarse su larga melena. Se trata de uno de sus lanzamientos más recientes, esos que describe como una luz después de su último álbum, Anela, en 2025. Y mientras su disco anterior exploraba la intensidad en todas sus formas, este nuevo Mediterrania se entiende como la calma después de la tormenta. Más confianza, más seguridad, más autoestima y más bailarines sobre el escenario que acompañan a una joven catalana durante su primera actuación en el festival.

No se olvida de los clásicos. Por eso Copiloto hace una temprana aparición, mientras el ruido aumenta, aumenta un poco más y no para hasta que ella misma emociona a todos los presentes con sus palabras. «Quiero que sea muy cárnico. Más que hablarlo, voy a hacerlo», dice. Y vaya si lo hace. Por eso durante la siguiente hora, Aguilera vuela por dama en apuros, Soledad, y…¿Eso que suena es Hijo de la luna?

Ella, que asegura que estar en este tipo de festivales es «lo que más le pega», ahora se desenvuelve en el escenario con una soltura que evidencia su maestría en esto de conquistar al público con sus letras, sus ritmos y, por supuesto, su espectáculo. Y qué espectáculo tan imperfecto como envolvente. «Es una suerte poder sentirme mía», canta. Cuánta razón. Ella es. Sin aditivos y en mayúsculas. Simplemente suya.

Le pisa los talones Paris Paloma y debe ser la moda, porque la artista también aparece en el escenario San Miguel sin ningún rastro de sus zapatos. Gira sobre su eje, una vez, otra, y otra más. Baila y canta en el que es su primer concierto en España; y, poco a poco, el entregadisimo público de Belén Aguilera se va rindiendo a su encanto. No es una transformación rápida, pero sí visible. Paloma desnuda su mente en cada canción y esa sobriedad del principio va desvaneciéndose con el movimiento de las manecillas del reloj.

«¿Cómo puedo amar bajo estas condiciones?». Este es el lema que abandera con una mano alzada. Por eso habla de la Inteligencia Artificial y la importancia de crecer como artista sin esa herramienta, o de mirar el mundo con otra luz. Para el final del concierto, todos ya esperan esa absoluta cacofonía rebelde sobre el rol de la mujer en el hogar. Y mientras corean eso de «Me haces trabajar demasiado», es inevitable pensar en su trayectoria profesional, una que comenzó en 2020 y que no ha parado de crecer desde entonces. Indie folk, folk-pop, dark pop, se suceden mientras hunter, Mizayaki, Maneater y hasta notre dame completan el setlist de una artista sin precedentes.

La primera jornada de la vigésima edición sigue unas horas más, pero las dos protagonistas ya han abandonado el escenario. Y en un festival marcado por figuras de enorme repercusión internacional, Belén Aguilera y Paris Paloma han encontrado su espacio sin necesidad de competir por el ruido. La primera reafirma el momento de madurez que atraviesa; y la segunda confirma por qué es una de las voces más prometedoras del folk-pop británico. Dos conciertos distintos, sí. Pero comparten una misma virtud: convertir la emoción en el verdadero espectáculo.

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