Las pymes son la base del tejido empresarial español y uno de los grandes e indiscutibles motores de la economía y de la generación de empleo. Son esenciales, pero en muchas ocasiones la creación y el crecimiento de estos proyectos se convierte en una compleja odisea plagada de laberintos burocráticos y complicaciones normativas. Como resalta un reciente estudio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), las trabas empiezan desde el minuto cero.A pesar de que se han producido algunos avances en los últimos años, constituir una empresa en España sigue siendo un proceso complejo y lento que exige permisos múltiples de distintas administraciones. Los problemas y las trabas no disminuyen las fases de consolidación y crecimiento, oscureciendo así un panorama coyuntural ya de por sí bastante complejo. Entorno complejoEl segmento empresarial de las pymes se enfrenta actualmente a un contexto marcado por el estancamiento de la productividad, el incremento sostenido de los costes operativos y un entorno financiero exigente. «Aunque las pymes han experimentado un crecimiento tanto en número de empresas como en generación de empleo, su capacidad de expansión y transformación digital se encuentra limitada por factores como la elevada presión fiscal (situando a España entre los países con mayor carga tributaria de la Unión Europea en 2026) y las dificultades de acceso a financiación en condiciones favorables», resalta Cristina Isabel Dopacio, directora del Grado en Administración y Dirección de Empresas de la Universidad CEU San Pablo.Noticia relacionada No No digitalización Una brecha abierta La asignatura pendiente de la ciberseguridad se enquista en las pequeñas empresas Alberto VelázquezOtros factores estructurales condicionan la expansión e incluso la supervivencia de estas empresas. Al superar ciertos umbrales de tamaño desde el punto de vista del número de empleados o de la facturación, las pymes pasan a estar sujetas a nuevas obligaciones en materia laboral, contable, fiscal y de gobernanza que implican mayores costes y una gestión más compleja. «Esta circunstancia genera incentivos para frenar el crecimiento o incluso para reorganizar la actividad empresarial con el fin de evitar superar dichos umbrales», recuerda Raúl Mínguez, director del Servicio de Estudios de Cámara de España.Este lastre desincentivador en forma de carga burocrática, conocido como el ‘efecto escalón’, explica en buena medida la atomización de nuestro tejido empresarial. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las pymes representan en nuestro país el 99,8% del conjunto de empresas activas. El porcentaje de microempresas supone el 94,4% del total empresarial, mientras que las pequeñas empresas constituyen en torno al 4,8% y las medianas empresas apenas alcanzan el 0,6%. «Esta configuración empresarial tiene importantes implicaciones económicas, entre las que destacan una menor capacidad de inversión, niveles reducidos de productividad media, limitada internacionalización y una mayor vulnerabilidad ante episodios de inestabilidad económica y financiera», resalta Dopacio.Sin acceso a la contratación pública El informe de la CNMC ‘Estudio sobre las barreras a la creación y crecimiento de las pymes y su participación en la contratación pública’ ahonda especialmente en el impacto nocivo en la actividad empresarial de la fragmentación y la complejidad normativa. Unas barreras que surgen ya durante la fase de constitución empresarial, en la que «la fragmentación institucional y la necesidad de interacción con múltiples organismos públicos pueden constituir obstáculos relevantes». La burocracia frena también el acceso a la contratación pública. «Las pymes encuentran dificultades para obtener información y la complejidad de la normativa o el propio diseño de los pliegos reduce sus opciones como adjudicatarias y les desincentiva a participar. Esto ocurre, especialmente, cuando hay requisitos innecesarios o desproporcionados que generan costes excesivos», subraya el informe del regulador.Desde Cámara de España explican que las dificultades para crecer no se muestran de manera gradual, sino que se concentran en segmentos de tamaño muy concretos. Sobre todo, se identifican frenos al crecimiento cuando una pyme se plantea pasar de nueve a diez trabajadores, en el entorno de los veinte empleados y, de forma especialmente intensa, al aproximarse a los 50 trabajadores. «En estos tramos, el número de empresas observadas es sensiblemente inferior al que cabría esperar de acuerdo con la distribución que sigue el tejido productivo», indica Mínguez. Además, en los tramos de veinte y cincuenta trabajadores también se observa una acumulación de pymes en los segmentos de empleo inmediatamente anteriores.«Este comportamiento refuerza la idea de que puedan existir dificultades o barreras que motivan que las empresas sean reacias a superar dichos umbrales», matiza. De ahí que no se trate de una falta de capacidad de crecimiento, «sino de una respuesta racional a los incentivos negativos que genera el entorno regulatorio y administrativo», puntualiza.La Cámara de España apuesta por avanzar hacia un entorno más favorable en el que se incentive el crecimiento empresarial y en el que aumentar el tamaño de la empresa no suponga afrontar barreras adicionales que desanimen su expansión. Una de las prioridades sería la revisión de las obligaciones regulatorias y administrativas que se activan al alcanzar los umbrales detectados. «El objetivo sería reducir las cargas que dificultan el desarrollo normal de la actividad empresarial y frenan el crecimiento de las pymes», explica el director del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de España.En este sentido, este experto defiende la aplicación efectiva del principio de proporcionalidad en la regulación, de forma que las exigencias normativas se adapten mejor al tamaño real de las empresas. «El crecimiento debería ser un proceso progresivo, y no implicar saltos bruscos en costes y obligaciones que rompan la continuidad de la actividad empresarial y generen incentivos para mantenerse por debajo de ciertos tamaños», aclara. Asimismo, se plantea la necesidad de simplificar el marco normativo mediante la eliminación de regulaciones duplicadas o innecesarias.Momento delicadoLa carga burocrática es un problema estructural que complica un momento ya de por sí difícil. Según datos ofrecidos por Cepyme, en términos de impacto económico, las pymes generan aproximadamente entre el 61% y 62% del Valor Añadido Bruto (VAB) nacional y concentran cerca del 66% del empleo total en España. Sin embargo, durante los últimos años se ha observado una desaceleración de las ventas y una pérdida de productividad, en un contexto donde los costes operativos han aumentado alrededor de un 25% desde 2019. «A ello se suma el encarecimiento de la financiación empresarial, reflejado en un tipo de interés medio cercano al 4,81% para las pymes, lo que incrementa significativamente la carga financiera y reduce la capacidad de inversión y crecimiento empresarial», resalta Cristina Isabel Dopacio.Soluciones Los expertos instan a eliminar regulaciones duplicadas o innecesarias y a utilizar el principio de proporcionalidad en su aplicaciónPara casi la mitad de las pymes, el coste del capital sigue siendo el principal obstáculo, agravado por la exigencia de avales y garantías que, asegura Dopacio, resultan difíciles de cumplir para los negocios de menor escala. «A esto se suma el impacto de la morosidad, que mantiene previsiones de estabilidad o ligero repunte para este año, presionando los márgenes de beneficio y tensionando la liquidez justo cuando más se necesita para competir», añade la docente del CEU.En materia de financiación, el portavoz de la Cámara de Comercio cree que «resulta fundamental reforzar la información y el acompañamiento a las empresas para facilitar el uso de los distintos instrumentos disponibles, de manera que la falta de financiación no actúe como un freno al crecimiento empresarial». «Muchas empresas sienten que el acceso a la financiación se ha estrechado progresivamente», afirma en este sentido Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos. El Barómetro de Primavera 2026 de esta entidad refleja precisamente esa fragilidad estructural: casi una de cada cinco empresas presenta ya problemas graves de liquidez y cerca de un 20% reconoce haber incrementado sus necesidades de financiación. «Además, el gran problema es que muchas empresas están vendiendo más, pero ganando menos. Eso significa que necesitan más circulante para sostener la actividad ordinaria, lo que incrementa todavía más su dependencia financiera», matiza.Deterioro recienteEl presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos tiene claro que hay una absoluta relación entre financiación y crecimiento. «La pyme vive del equilibrio diario entre liquidez, capacidad de inversión y margen operativo. Cuando la financiación desaparece o se encarece demasiado, la empresa deja de crecer, empieza a aplazar inversiones, reduce capacidad de contratación y entra en una dinámica defensiva», subraya. Y cuando esa situación se prolonga, aparecen las pérdidas y el cierre. «Lo preocupante es que estamos viendo un deterioro reciente. Más del 26% de las empresas que hoy están en pérdidas han entrado en pérdidas precisamente durante 2025. Eso significa que el problema no es heredado de la pandemia o de ejercicios anteriores, sino que responde al entorno actual: incremento de costes, presión fiscal, incertidumbre y exceso de burocracia», se lamenta. Sin financiación suficiente, «una pyme no solo no crece: pierde capacidad de resistir», puntualiza,Para mejorar el escenario de la financiación empresarial, desde el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos apuestan por recuperar una visión más cercana y más pegada a la realidad de la pyme. «Muchas decisiones financieras se toman hoy desde modelos excesivamente automatizados, alejados del conocimiento real del negocio y del empresario», indica su presidente.También ve necesario reducir la incertidumbre. «No se puede pedir a las entidades financieras que asuman riesgo cuando el propio entorno económico y regulatorio transmite inseguridad permanente», añade, Y simplificar radicalmente la burocracia una vez que muchas pequeñas empresas destinan demasiados recursos a sobrevivir administrativamente. «Cuando una empresa pierde tiempo, recursos y rentabilidad en cumplir cargas administrativas crecientes, también empeora su perfil financiero», destaca.Impacto Un país sin pymes fuertes acaba teniendo también una economía más débil, menos cohesionada socialmente y que resiste peor las crisisEste contexto plagado de dificultades en el día a día complica procesos claves para la competitividad de las empresas como su digitalización y adaptación tecnológica o la expansión internacional. A pesar de todo, desde Crédito y Caución, compañía especializada en seguros de crédito interior y a la exportación, observan una mayor apertura a nuevos mercados por parte de las empresas. Un viaje decisivo en el que, de nuevo, la financiación «juega un papel fundamental porque a medida que aparecen nuevos clientes internacionales, más importante es la manera en la que se financian esas operaciones comerciales».Motivos para la esperanzaPrecisamente, Crédito y Caución acaba de publicar el último ‘Estudio de Gestión de Riesgo’, elaborado junto con Iberinform y en el que han participado cerca de 600 empresas de toda España, de las que el 90% son pymes. Entre las cuestiones que aborda el informr se encuentran las principales amenazas y retos a los que se enfrentan las compañías españolas actualmente. «Así, mientras la incertidumbre geopolítica y el entorno económico se sitúan en las primeras posiciones para el 47% y el 38% de las empresas, respectivamente, sólo un 9% señala el acceso a la financiación como una de las principales dificultades, en estos momentos», resaltan desde la entidad.Según los datos mensuales sobre constitución de empresas que ofrece Iberinform, filial de Crédito y Caución, el tejido productivo español está presentando buen comportamiento en lo que va de año. «Con los últimos datos disponibles relativos al mes de abril, en los cuatro primeros meses de 2026 la creación de empresas ha experimentado un crecimiento del 23%, en comparación con el mismo período del año anterior», avanza.Por otra parte, si nos fijamos en las compañías que ya están creadas y que buscan ampliar su liquidez para aumentar su capacidad de inversión y crecimiento, «el número de operaciones de ampliación de capital ha crecido un 2,3% en el conjunto del año, de acuerdo con el seguimiento que realiza Iberinform de los datos publicados en el Registro Mercantil», avanzan. Ambos indicadores apuntan una tendencia al alza, tanto de la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales como de la ampliación de recursos por parte de las que ya están constituidas.Son datos esperanzadores en un contexto plagado de dificultades e incertidumbres. «La pyme española sigue resistiendo. No estamos ante un escenario de colapso inmediato. Pero sí ante un desgaste progresivo», indica Fernando Jesús Santiago Ollero. Las empresas mantienen empleo, siguen operando y continúan sosteniendo buena parte de la economía española, pero lo hacen cada vez con menos margen, más presión y mayor riesgo acumulado. Y con este contexto, «el gran riesgo es normalizar esa situación. Una economía puede seguir funcionando durante bastante tiempo mientras se erosiona lentamente la rentabilidad empresarial. Pero cuando desaparece el margen, desaparece también la inversión, la innovación y la capacidad de crecer», alerta. Y un país sin pymes fuertes acaba teniendo también una economía más débil y menos cohesionada socialmente. RaúlMínguez coincide en la idea de que cuando las pymes no crecen, «la economía en su conjunto se resiente». Son muchos los estudios que evidencian que las empresas de mayor tamaño presentan, en media, mejores niveles de productividad, mayor capacidad para innovar, una presencia internacional más sólida y una mayor resistencia ante crisis económicas. «Un tejido empresarial excesivamente atomizado limita el aprovechamiento de economías de escala y reduce la inversión en capital humano y tecnológico», subraya. Por eso hace especial hincapié en eliminar las trabas estructurales que frenan este necesario estirón. Facilitar que las pymes crezcan no es solo una política de apoyo empresarial, «sino una condición necesaria para reforzar el modelo productivo, mejorar la calidad del empleo, incrementar la productividad y, por ende, sostener el crecimiento económico a medio y largo plazo».España no solo necesita más empresas, necesita también que sean más fuertes y grandes. Es el momento de poner las cosas fáciles, de allanar el camino a los proyectos que construyen y dan forma a nuestra economía. . Las pymes son la base del tejido empresarial español y uno de los grandes e indiscutibles motores de la economía y de la generación de empleo. Son esenciales, pero en muchas ocasiones la creación y el crecimiento de estos proyectos se convierte en una compleja odisea plagada de laberintos burocráticos y complicaciones normativas. Como resalta un reciente estudio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), las trabas empiezan desde el minuto cero.A pesar de que se han producido algunos avances en los últimos años, constituir una empresa en España sigue siendo un proceso complejo y lento que exige permisos múltiples de distintas administraciones. Los problemas y las trabas no disminuyen las fases de consolidación y crecimiento, oscureciendo así un panorama coyuntural ya de por sí bastante complejo. Entorno complejoEl segmento empresarial de las pymes se enfrenta actualmente a un contexto marcado por el estancamiento de la productividad, el incremento sostenido de los costes operativos y un entorno financiero exigente. «Aunque las pymes han experimentado un crecimiento tanto en número de empresas como en generación de empleo, su capacidad de expansión y transformación digital se encuentra limitada por factores como la elevada presión fiscal (situando a España entre los países con mayor carga tributaria de la Unión Europea en 2026) y las dificultades de acceso a financiación en condiciones favorables», resalta Cristina Isabel Dopacio, directora del Grado en Administración y Dirección de Empresas de la Universidad CEU San Pablo.Noticia relacionada No No digitalización Una brecha abierta La asignatura pendiente de la ciberseguridad se enquista en las pequeñas empresas Alberto VelázquezOtros factores estructurales condicionan la expansión e incluso la supervivencia de estas empresas. Al superar ciertos umbrales de tamaño desde el punto de vista del número de empleados o de la facturación, las pymes pasan a estar sujetas a nuevas obligaciones en materia laboral, contable, fiscal y de gobernanza que implican mayores costes y una gestión más compleja. «Esta circunstancia genera incentivos para frenar el crecimiento o incluso para reorganizar la actividad empresarial con el fin de evitar superar dichos umbrales», recuerda Raúl Mínguez, director del Servicio de Estudios de Cámara de España.Este lastre desincentivador en forma de carga burocrática, conocido como el ‘efecto escalón’, explica en buena medida la atomización de nuestro tejido empresarial. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las pymes representan en nuestro país el 99,8% del conjunto de empresas activas. El porcentaje de microempresas supone el 94,4% del total empresarial, mientras que las pequeñas empresas constituyen en torno al 4,8% y las medianas empresas apenas alcanzan el 0,6%. «Esta configuración empresarial tiene importantes implicaciones económicas, entre las que destacan una menor capacidad de inversión, niveles reducidos de productividad media, limitada internacionalización y una mayor vulnerabilidad ante episodios de inestabilidad económica y financiera», resalta Dopacio.Sin acceso a la contratación pública El informe de la CNMC ‘Estudio sobre las barreras a la creación y crecimiento de las pymes y su participación en la contratación pública’ ahonda especialmente en el impacto nocivo en la actividad empresarial de la fragmentación y la complejidad normativa. Unas barreras que surgen ya durante la fase de constitución empresarial, en la que «la fragmentación institucional y la necesidad de interacción con múltiples organismos públicos pueden constituir obstáculos relevantes». La burocracia frena también el acceso a la contratación pública. «Las pymes encuentran dificultades para obtener información y la complejidad de la normativa o el propio diseño de los pliegos reduce sus opciones como adjudicatarias y les desincentiva a participar. Esto ocurre, especialmente, cuando hay requisitos innecesarios o desproporcionados que generan costes excesivos», subraya el informe del regulador.Desde Cámara de España explican que las dificultades para crecer no se muestran de manera gradual, sino que se concentran en segmentos de tamaño muy concretos. Sobre todo, se identifican frenos al crecimiento cuando una pyme se plantea pasar de nueve a diez trabajadores, en el entorno de los veinte empleados y, de forma especialmente intensa, al aproximarse a los 50 trabajadores. «En estos tramos, el número de empresas observadas es sensiblemente inferior al que cabría esperar de acuerdo con la distribución que sigue el tejido productivo», indica Mínguez. Además, en los tramos de veinte y cincuenta trabajadores también se observa una acumulación de pymes en los segmentos de empleo inmediatamente anteriores.«Este comportamiento refuerza la idea de que puedan existir dificultades o barreras que motivan que las empresas sean reacias a superar dichos umbrales», matiza. De ahí que no se trate de una falta de capacidad de crecimiento, «sino de una respuesta racional a los incentivos negativos que genera el entorno regulatorio y administrativo», puntualiza.La Cámara de España apuesta por avanzar hacia un entorno más favorable en el que se incentive el crecimiento empresarial y en el que aumentar el tamaño de la empresa no suponga afrontar barreras adicionales que desanimen su expansión. Una de las prioridades sería la revisión de las obligaciones regulatorias y administrativas que se activan al alcanzar los umbrales detectados. «El objetivo sería reducir las cargas que dificultan el desarrollo normal de la actividad empresarial y frenan el crecimiento de las pymes», explica el director del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de España.En este sentido, este experto defiende la aplicación efectiva del principio de proporcionalidad en la regulación, de forma que las exigencias normativas se adapten mejor al tamaño real de las empresas. «El crecimiento debería ser un proceso progresivo, y no implicar saltos bruscos en costes y obligaciones que rompan la continuidad de la actividad empresarial y generen incentivos para mantenerse por debajo de ciertos tamaños», aclara. Asimismo, se plantea la necesidad de simplificar el marco normativo mediante la eliminación de regulaciones duplicadas o innecesarias.Momento delicadoLa carga burocrática es un problema estructural que complica un momento ya de por sí difícil. Según datos ofrecidos por Cepyme, en términos de impacto económico, las pymes generan aproximadamente entre el 61% y 62% del Valor Añadido Bruto (VAB) nacional y concentran cerca del 66% del empleo total en España. Sin embargo, durante los últimos años se ha observado una desaceleración de las ventas y una pérdida de productividad, en un contexto donde los costes operativos han aumentado alrededor de un 25% desde 2019. «A ello se suma el encarecimiento de la financiación empresarial, reflejado en un tipo de interés medio cercano al 4,81% para las pymes, lo que incrementa significativamente la carga financiera y reduce la capacidad de inversión y crecimiento empresarial», resalta Cristina Isabel Dopacio.Soluciones Los expertos instan a eliminar regulaciones duplicadas o innecesarias y a utilizar el principio de proporcionalidad en su aplicaciónPara casi la mitad de las pymes, el coste del capital sigue siendo el principal obstáculo, agravado por la exigencia de avales y garantías que, asegura Dopacio, resultan difíciles de cumplir para los negocios de menor escala. «A esto se suma el impacto de la morosidad, que mantiene previsiones de estabilidad o ligero repunte para este año, presionando los márgenes de beneficio y tensionando la liquidez justo cuando más se necesita para competir», añade la docente del CEU.En materia de financiación, el portavoz de la Cámara de Comercio cree que «resulta fundamental reforzar la información y el acompañamiento a las empresas para facilitar el uso de los distintos instrumentos disponibles, de manera que la falta de financiación no actúe como un freno al crecimiento empresarial». «Muchas empresas sienten que el acceso a la financiación se ha estrechado progresivamente», afirma en este sentido Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos. El Barómetro de Primavera 2026 de esta entidad refleja precisamente esa fragilidad estructural: casi una de cada cinco empresas presenta ya problemas graves de liquidez y cerca de un 20% reconoce haber incrementado sus necesidades de financiación. «Además, el gran problema es que muchas empresas están vendiendo más, pero ganando menos. Eso significa que necesitan más circulante para sostener la actividad ordinaria, lo que incrementa todavía más su dependencia financiera», matiza.Deterioro recienteEl presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos tiene claro que hay una absoluta relación entre financiación y crecimiento. «La pyme vive del equilibrio diario entre liquidez, capacidad de inversión y margen operativo. Cuando la financiación desaparece o se encarece demasiado, la empresa deja de crecer, empieza a aplazar inversiones, reduce capacidad de contratación y entra en una dinámica defensiva», subraya. Y cuando esa situación se prolonga, aparecen las pérdidas y el cierre. «Lo preocupante es que estamos viendo un deterioro reciente. Más del 26% de las empresas que hoy están en pérdidas han entrado en pérdidas precisamente durante 2025. Eso significa que el problema no es heredado de la pandemia o de ejercicios anteriores, sino que responde al entorno actual: incremento de costes, presión fiscal, incertidumbre y exceso de burocracia», se lamenta. Sin financiación suficiente, «una pyme no solo no crece: pierde capacidad de resistir», puntualiza,Para mejorar el escenario de la financiación empresarial, desde el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos apuestan por recuperar una visión más cercana y más pegada a la realidad de la pyme. «Muchas decisiones financieras se toman hoy desde modelos excesivamente automatizados, alejados del conocimiento real del negocio y del empresario», indica su presidente.También ve necesario reducir la incertidumbre. «No se puede pedir a las entidades financieras que asuman riesgo cuando el propio entorno económico y regulatorio transmite inseguridad permanente», añade, Y simplificar radicalmente la burocracia una vez que muchas pequeñas empresas destinan demasiados recursos a sobrevivir administrativamente. «Cuando una empresa pierde tiempo, recursos y rentabilidad en cumplir cargas administrativas crecientes, también empeora su perfil financiero», destaca.Impacto Un país sin pymes fuertes acaba teniendo también una economía más débil, menos cohesionada socialmente y que resiste peor las crisisEste contexto plagado de dificultades en el día a día complica procesos claves para la competitividad de las empresas como su digitalización y adaptación tecnológica o la expansión internacional. A pesar de todo, desde Crédito y Caución, compañía especializada en seguros de crédito interior y a la exportación, observan una mayor apertura a nuevos mercados por parte de las empresas. Un viaje decisivo en el que, de nuevo, la financiación «juega un papel fundamental porque a medida que aparecen nuevos clientes internacionales, más importante es la manera en la que se financian esas operaciones comerciales».Motivos para la esperanzaPrecisamente, Crédito y Caución acaba de publicar el último ‘Estudio de Gestión de Riesgo’, elaborado junto con Iberinform y en el que han participado cerca de 600 empresas de toda España, de las que el 90% son pymes. Entre las cuestiones que aborda el informr se encuentran las principales amenazas y retos a los que se enfrentan las compañías españolas actualmente. «Así, mientras la incertidumbre geopolítica y el entorno económico se sitúan en las primeras posiciones para el 47% y el 38% de las empresas, respectivamente, sólo un 9% señala el acceso a la financiación como una de las principales dificultades, en estos momentos», resaltan desde la entidad.Según los datos mensuales sobre constitución de empresas que ofrece Iberinform, filial de Crédito y Caución, el tejido productivo español está presentando buen comportamiento en lo que va de año. «Con los últimos datos disponibles relativos al mes de abril, en los cuatro primeros meses de 2026 la creación de empresas ha experimentado un crecimiento del 23%, en comparación con el mismo período del año anterior», avanza.Por otra parte, si nos fijamos en las compañías que ya están creadas y que buscan ampliar su liquidez para aumentar su capacidad de inversión y crecimiento, «el número de operaciones de ampliación de capital ha crecido un 2,3% en el conjunto del año, de acuerdo con el seguimiento que realiza Iberinform de los datos publicados en el Registro Mercantil», avanzan. Ambos indicadores apuntan una tendencia al alza, tanto de la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales como de la ampliación de recursos por parte de las que ya están constituidas.Son datos esperanzadores en un contexto plagado de dificultades e incertidumbres. «La pyme española sigue resistiendo. No estamos ante un escenario de colapso inmediato. Pero sí ante un desgaste progresivo», indica Fernando Jesús Santiago Ollero. Las empresas mantienen empleo, siguen operando y continúan sosteniendo buena parte de la economía española, pero lo hacen cada vez con menos margen, más presión y mayor riesgo acumulado. Y con este contexto, «el gran riesgo es normalizar esa situación. Una economía puede seguir funcionando durante bastante tiempo mientras se erosiona lentamente la rentabilidad empresarial. Pero cuando desaparece el margen, desaparece también la inversión, la innovación y la capacidad de crecer», alerta. Y un país sin pymes fuertes acaba teniendo también una economía más débil y menos cohesionada socialmente. RaúlMínguez coincide en la idea de que cuando las pymes no crecen, «la economía en su conjunto se resiente». Son muchos los estudios que evidencian que las empresas de mayor tamaño presentan, en media, mejores niveles de productividad, mayor capacidad para innovar, una presencia internacional más sólida y una mayor resistencia ante crisis económicas. «Un tejido empresarial excesivamente atomizado limita el aprovechamiento de economías de escala y reduce la inversión en capital humano y tecnológico», subraya. Por eso hace especial hincapié en eliminar las trabas estructurales que frenan este necesario estirón. Facilitar que las pymes crezcan no es solo una política de apoyo empresarial, «sino una condición necesaria para reforzar el modelo productivo, mejorar la calidad del empleo, incrementar la productividad y, por ende, sostener el crecimiento económico a medio y largo plazo».España no solo necesita más empresas, necesita también que sean más fuertes y grandes. Es el momento de poner las cosas fáciles, de allanar el camino a los proyectos que construyen y dan forma a nuestra economía. .
Las pymes son la base del tejido empresarial español y uno de los grandes e indiscutibles motores de la economía y de la generación de empleo. Son esenciales, pero en muchas ocasiones la creación y el crecimiento de estos proyectos se convierte en una compleja … odisea plagada de laberintos burocráticos y complicaciones normativas. Como resalta un reciente estudio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), las trabas empiezan desde el minuto cero.
A pesar de que se han producido algunos avances en los últimos años, constituir una empresa en España sigue siendo un proceso complejo y lento que exige permisos múltiples de distintas administraciones. Los problemas y las trabas no disminuyen las fases de consolidación y crecimiento, oscureciendo así un panorama coyuntural ya de por sí bastante complejo.
Entorno complejo
El segmento empresarial de las pymes se enfrenta actualmente a un contexto marcado por el estancamiento de la productividad, el incremento sostenido de los costes operativos y un entorno financiero exigente. «Aunque las pymes han experimentado un crecimiento tanto en número de empresas como en generación de empleo, su capacidad de expansión y transformación digital se encuentra limitada por factores como la elevada presión fiscal (situando a España entre los países con mayor carga tributaria de la Unión Europea en 2026) y las dificultades de acceso a financiación en condiciones favorables», resalta Cristina Isabel Dopacio, directora del Grado en Administración y Dirección de Empresas de la Universidad CEU San Pablo.
Otros factores estructurales condicionan la expansión e incluso la supervivencia de estas empresas. Al superar ciertos umbrales de tamaño desde el punto de vista del número de empleados o de la facturación, las pymes pasan a estar sujetas a nuevas obligaciones en materia laboral, contable, fiscal y de gobernanza que implican mayores costes y una gestión más compleja. «Esta circunstancia genera incentivos para frenar el crecimiento o incluso para reorganizar la actividad empresarial con el fin de evitar superar dichos umbrales», recuerda Raúl Mínguez, director del Servicio de Estudios de Cámara de España.
Este lastre desincentivador en forma de carga burocrática, conocido como el ‘efecto escalón’, explica en buena medida la atomización de nuestro tejido empresarial. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las pymes representan en nuestro país el 99,8% del conjunto de empresas activas. El porcentaje de microempresas supone el 94,4% del total empresarial, mientras que las pequeñas empresas constituyen en torno al 4,8% y las medianas empresas apenas alcanzan el 0,6%. «Esta configuración empresarial tiene importantes implicaciones económicas, entre las que destacan una menor capacidad de inversión, niveles reducidos de productividad media, limitada internacionalización y una mayor vulnerabilidad ante episodios de inestabilidad económica y financiera», resalta Dopacio.
Sin acceso a la contratación pública
El informe de la CNMC ‘Estudio sobre las barreras a la creación y crecimiento de las pymes y su participación en la contratación pública’ ahonda especialmente en el impacto nocivo en la actividad empresarial de la fragmentación y la complejidad normativa. Unas barreras que surgen ya durante la fase de constitución empresarial, en la que «la fragmentación institucional y la necesidad de interacción con múltiples organismos públicos pueden constituir obstáculos relevantes». La burocracia frena también el acceso a la contratación pública. «Las pymes encuentran dificultades para obtener información y la complejidad de la normativa o el propio diseño de los pliegos reduce sus opciones como adjudicatarias y les desincentiva a participar. Esto ocurre, especialmente, cuando hay requisitos innecesarios o desproporcionados que generan costes excesivos», subraya el informe del regulador.
Desde Cámara de España explican que las dificultades para crecer no se muestran de manera gradual, sino que se concentran en segmentos de tamaño muy concretos. Sobre todo, se identifican frenos al crecimiento cuando una pyme se plantea pasar de nueve a diez trabajadores, en el entorno de los veinte empleados y, de forma especialmente intensa, al aproximarse a los 50 trabajadores. «En estos tramos, el número de empresas observadas es sensiblemente inferior al que cabría esperar de acuerdo con la distribución que sigue el tejido productivo», indica Mínguez. Además, en los tramos de veinte y cincuenta trabajadores también se observa una acumulación de pymes en los segmentos de empleo inmediatamente anteriores.
«Este comportamiento refuerza la idea de que puedan existir dificultades o barreras que motivan que las empresas sean reacias a superar dichos umbrales», matiza. De ahí que no se trate de una falta de capacidad de crecimiento, «sino de una respuesta racional a los incentivos negativos que genera el entorno regulatorio y administrativo», puntualiza.
La Cámara de España apuesta por avanzar hacia un entorno más favorable en el que se incentive el crecimiento empresarial y en el que aumentar el tamaño de la empresa no suponga afrontar barreras adicionales que desanimen su expansión. Una de las prioridades sería la revisión de las obligaciones regulatorias y administrativas que se activan al alcanzar los umbrales detectados. «El objetivo sería reducir las cargas que dificultan el desarrollo normal de la actividad empresarial y frenan el crecimiento de las pymes», explica el director del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de España.
En este sentido, este experto defiende la aplicación efectiva del principio de proporcionalidad en la regulación, de forma que las exigencias normativas se adapten mejor al tamaño real de las empresas. «El crecimiento debería ser un proceso progresivo, y no implicar saltos bruscos en costes y obligaciones que rompan la continuidad de la actividad empresarial y generen incentivos para mantenerse por debajo de ciertos tamaños», aclara. Asimismo, se plantea la necesidad de simplificar el marco normativo mediante la eliminación de regulaciones duplicadas o innecesarias.
Momento delicado
La carga burocrática es un problema estructural que complica un momento ya de por sí difícil. Según datos ofrecidos por Cepyme, en términos de impacto económico, las pymes generan aproximadamente entre el 61% y 62% del Valor Añadido Bruto (VAB) nacional y concentran cerca del 66% del empleo total en España. Sin embargo, durante los últimos años se ha observado una desaceleración de las ventas y una pérdida de productividad, en un contexto donde los costes operativos han aumentado alrededor de un 25% desde 2019. «A ello se suma el encarecimiento de la financiación empresarial, reflejado en un tipo de interés medio cercano al 4,81% para las pymes, lo que incrementa significativamente la carga financiera y reduce la capacidad de inversión y crecimiento empresarial», resalta Cristina Isabel Dopacio.
Soluciones
Los expertos instan a eliminar regulaciones duplicadas o innecesarias y a utilizar el principio de proporcionalidad en su aplicación
Para casi la mitad de las pymes, el coste del capital sigue siendo el principal obstáculo, agravado por la exigencia de avales y garantías que, asegura Dopacio, resultan difíciles de cumplir para los negocios de menor escala. «A esto se suma el impacto de la morosidad, que mantiene previsiones de estabilidad o ligero repunte para este año, presionando los márgenes de beneficio y tensionando la liquidez justo cuando más se necesita para competir», añade la docente del CEU.
En materia de financiación, el portavoz de la Cámara de Comercio cree que «resulta fundamental reforzar la información y el acompañamiento a las empresas para facilitar el uso de los distintos instrumentos disponibles, de manera que la falta de financiación no actúe como un freno al crecimiento empresarial».
«Muchas empresas sienten que el acceso a la financiación se ha estrechado progresivamente», afirma en este sentido Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos. El Barómetro de Primavera 2026 de esta entidad refleja precisamente esa fragilidad estructural: casi una de cada cinco empresas presenta ya problemas graves de liquidez y cerca de un 20% reconoce haber incrementado sus necesidades de financiación. «Además, el gran problema es que muchas empresas están vendiendo más, pero ganando menos. Eso significa que necesitan más circulante para sostener la actividad ordinaria, lo que incrementa todavía más su dependencia financiera», matiza.
Deterioro reciente
El presidente del Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos tiene claro que hay una absoluta relación entre financiación y crecimiento. «La pyme vive del equilibrio diario entre liquidez, capacidad de inversión y margen operativo. Cuando la financiación desaparece o se encarece demasiado, la empresa deja de crecer, empieza a aplazar inversiones, reduce capacidad de contratación y entra en una dinámica defensiva», subraya. Y cuando esa situación se prolonga, aparecen las pérdidas y el cierre. «Lo preocupante es que estamos viendo un deterioro reciente. Más del 26% de las empresas que hoy están en pérdidas han entrado en pérdidas precisamente durante 2025. Eso significa que el problema no es heredado de la pandemia o de ejercicios anteriores, sino que responde al entorno actual: incremento de costes, presión fiscal, incertidumbre y exceso de burocracia», se lamenta. Sin financiación suficiente, «una pyme no solo no crece: pierde capacidad de resistir», puntualiza,
Para mejorar el escenario de la financiación empresarial, desde el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos apuestan por recuperar una visión más cercana y más pegada a la realidad de la pyme. «Muchas decisiones financieras se toman hoy desde modelos excesivamente automatizados, alejados del conocimiento real del negocio y del empresario», indica su presidente.
También ve necesario reducir la incertidumbre. «No se puede pedir a las entidades financieras que asuman riesgo cuando el propio entorno económico y regulatorio transmite inseguridad permanente», añade, Y simplificar radicalmente la burocracia una vez que muchas pequeñas empresas destinan demasiados recursos a sobrevivir administrativamente. «Cuando una empresa pierde tiempo, recursos y rentabilidad en cumplir cargas administrativas crecientes, también empeora su perfil financiero», destaca.
Impacto
Un país sin pymes fuertes acaba teniendo también una economía más débil, menos cohesionada socialmente y que resiste peor las crisis
Este contexto plagado de dificultades en el día a día complica procesos claves para la competitividad de las empresas como su digitalización y adaptación tecnológica o la expansión internacional. A pesar de todo, desde Crédito y Caución, compañía especializada en seguros de crédito interior y a la exportación, observan una mayor apertura a nuevos mercados por parte de las empresas. Un viaje decisivo en el que, de nuevo, la financiación «juega un papel fundamental porque a medida que aparecen nuevos clientes internacionales, más importante es la manera en la que se financian esas operaciones comerciales».
Motivos para la esperanza
Precisamente, Crédito y Caución acaba de publicar el último ‘Estudio de Gestión de Riesgo’, elaborado junto con Iberinform y en el que han participado cerca de 600 empresas de toda España, de las que el 90% son pymes. Entre las cuestiones que aborda el informr se encuentran las principales amenazas y retos a los que se enfrentan las compañías españolas actualmente. «Así, mientras la incertidumbre geopolítica y el entorno económico se sitúan en las primeras posiciones para el 47% y el 38% de las empresas, respectivamente, sólo un 9% señala el acceso a la financiación como una de las principales dificultades, en estos momentos», resaltan desde la entidad.
Según los datos mensuales sobre constitución de empresas que ofrece Iberinform, filial de Crédito y Caución, el tejido productivo español está presentando buen comportamiento en lo que va de año. «Con los últimos datos disponibles relativos al mes de abril, en los cuatro primeros meses de 2026 la creación de empresas ha experimentado un crecimiento del 23%, en comparación con el mismo período del año anterior», avanza.
Por otra parte, si nos fijamos en las compañías que ya están creadas y que buscan ampliar su liquidez para aumentar su capacidad de inversión y crecimiento, «el número de operaciones de ampliación de capital ha crecido un 2,3% en el conjunto del año, de acuerdo con el seguimiento que realiza Iberinform de los datos publicados en el Registro Mercantil», avanzan. Ambos indicadores apuntan una tendencia al alza, tanto de la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales como de la ampliación de recursos por parte de las que ya están constituidas.
Son datos esperanzadores en un contexto plagado de dificultades e incertidumbres. «La pyme española sigue resistiendo. No estamos ante un escenario de colapso inmediato. Pero sí ante un desgaste progresivo», indica Fernando Jesús Santiago Ollero. Las empresas mantienen empleo, siguen operando y continúan sosteniendo buena parte de la economía española, pero lo hacen cada vez con menos margen, más presión y mayor riesgo acumulado. Y con este contexto, «el gran riesgo es normalizar esa situación. Una economía puede seguir funcionando durante bastante tiempo mientras se erosiona lentamente la rentabilidad empresarial. Pero cuando desaparece el margen, desaparece también la inversión, la innovación y la capacidad de crecer», alerta. Y un país sin pymes fuertes acaba teniendo también una economía más débil y menos cohesionada socialmente. RaúlMínguez coincide en la idea de que cuando las pymes no crecen, «la economía en su conjunto se resiente». Son muchos los estudios que evidencian que las empresas de mayor tamaño presentan, en media, mejores niveles de productividad, mayor capacidad para innovar, una presencia internacional más sólida y una mayor resistencia ante crisis económicas. «Un tejido empresarial excesivamente atomizado limita el aprovechamiento de economías de escala y reduce la inversión en capital humano y tecnológico», subraya. Por eso hace especial hincapié en eliminar las trabas estructurales que frenan este necesario estirón. Facilitar que las pymes crezcan no es solo una política de apoyo empresarial, «sino una condición necesaria para reforzar el modelo productivo, mejorar la calidad del empleo, incrementar la productividad y, por ende, sostener el crecimiento económico a medio y largo plazo».
España no solo necesita más empresas, necesita también que sean más fuertes y grandes. Es el momento de poner las cosas fáciles, de allanar el camino a los proyectos que construyen y dan forma a nuestra economía. .
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