Los corralones de Sevilla se rebelan contra su extinción por la gentrificación

De izquierda a derecha Iván Torrado, Álex Richter, Soledad Bruzual, Marcos Reyes y Paco Parra, artesanos del Pasaje Mallol en Sevilla.

Las agresiones físicas y las coacciones de todo tipo que una empresa de desokupas lleva meses infligiendo sobre los inquilinos de los corralones de la calle Castellar, en el corazón de Sevilla, para forzar su salida de ese espacio y acelerar una operación urbanística que pretende construir un hotel y 35 apartamentos, ha devuelto el interés por la actividad industrial, artesana y artística que lleva desarrollándose desde hace décadas en estas construcciones únicas de la capital hispalense, que han generado de manera natural un ecosistema cultural y económico y que se ven amenazadas por la especulación y una presión turística que se expande sin control por el centro histórico. Los artesanos y creadores reivindican con la película Siete Vírgenes la importancia de los corralones, último reducto creativo y autóctono de la capital andaluza, que garantiza en buena medida la conservación del barrio en el que se ubican, frente a la gentrificación y homogeneización impuesta por el turismo, y reclaman de las administraciones públicas más apoyo para garantizar un modelo de productividad que forma parte del patrimonio material e inmaterial sevillano.

Seguir leyendo

Iván Torrado, tallista de 26 años, en su taller del Pasaje Mallol en Sevilla.
FOTO: PACO PUENTES (EL PAÍS)Alex Richter, herrero de 57 años, en su taller del Pasaje Mallol en Sevilla.
FOTO: PACO PUENTES (EL PAÍS)El espacio de artesanía y diseño Rompemoldes en Sevilla en una foto de archivo.
FOTO: PACO PUENTES/EL PAIS Los artesanos y artistas de estos espacios de creación únicos de la capital andaluza demandan protección por parte de las administraciones para evitar desaparecer por la especulación urbanística  

Las agresiones físicas y las coacciones de todo tipo que una empresa de desokupas lleva meses infligiendo sobre los inquilinos de los corralones de la calle Castellar, en el corazón de Sevilla, para forzar su salida de ese espacio y acelerar una operación urbanística que pretende construir un hotel y 35 apartamentos, ha devuelto el interés por la actividad industrial, artesana y artística que lleva desarrollándose desde hace décadas en estas construcciones únicas de la capital hispalense, que han generado de manera natural un ecosistema cultural y económico y que se ven amenazadas por la especulación y una presión turística que se expande sin control por el centro histórico. Los artesanos y creadores reivindican con la película Siete Vírgenes la importancia de los corralones, último reducto creativo y autóctono de la capital andaluza, que garantiza en buena medida la conservación del barrio en el que se ubican, frente a la gentrificación y homogeneización impuesta por el turismo, y reclaman de las administraciones públicas más apoyo para garantizar un modelo de productividad que forma parte del patrimonio material e inmaterial sevillano.

“La lógica y el sentido común lleva a proponer que cualquier espacio donde se esté produciendo una actividad cultural que marca la esencia de la ciudad, que genera empleo, que genera crecimiento y que le da a la ciudad un sello identitario propio debe estar absolutamente protegido. Es decir, no se puede comprar, no se puede demoler, no se puede expulsar a la gente. Todo lo contrario. Se la debe proteger”, sostiene Gervasio Iglesias, productor, director y guionista sevillano, fundador de Zanfoña Producciones, cuya sede se encuentra en el corralón de la Plaza del Pelícano. La productora se instaló allí en el 2000 e Iglesias quedó sorprendido por ese movimiento artístico y cultural que bullía en esos espacios. “Había personas con todo tipo de inquietudes artísticas, músicos, diseñadores… Existía un intercambio de ideas importantísimo y de ese ecosistema salieron cosas que hicimos después”, explica Iglesias, que pone como ejemplo las colaboraciones de la productora que ofrecía desinteresadamente sus medios a iniciativas que carecían de ellos o el propio casting de la película 7 Vírgenes, que se hizo directamente en los corralones.

Iglesias habla en pasado porque hace un tiempo que abandonó la productora, pero esa interrelación entre disciplinas artísticas se mantiene en los corralones del Pelícano y en los vecinos de Pasaje Mallol. Allí lleva dando forma al hierro desde hace más de 25 años el alemán Alex Richter, el último herrero que trabaja con fragua de forja que queda en Sevilla. Es de los primeros artesanos con los que colaboró Zanfoña Producciones y además de sus propias esculturas, también imparte cursos –“la gente viene aquí porque quiere sentirse vikingo por un día”, bromea-, coloca todas las herraduras de los bueyes que transitan durante las romerías y realiza candelabros para los pasos de Semana Santa.

Precisamente, ahora está colaborando con Iván Torrado, de 26 años, y Alberto Pozo, de 24, que se dedican a construir la estructura de los pasos para hermandades en uno de los locales contiguos. Se instalaron en el corralón hace un año “por el ambiente, la vida del barrio, el intercambio de disciplinas”, cuenta Torrado, que se afana en lijar una peana para una hermandad de Brenes (Sevilla). “El herrero me hace las estructuras de hierro y Marco, el carpintero, me hace el trabajo de carpintería, y en el corralón de Castellar nos hace trabajos el tornero”, explica, haciendo un repaso de los distintos artesanos que tienen su taller alrededor del luminoso patio del corralón del Pasaje Mallol: Richter, Marco, Armando, que trabaja la madera y hace arreglos eléctricos, el escultor Paco Paz, los responsables de un taller de bicicleta o las bailaoras del estudio La Higuerita. “Esta es la lógica de los corralones. El trabajo en cadena, compartir enseñanzas, conocimientos, algo que no pasa si trabajas aislado en un local en las afueras”, cuenta Laura Ochoa, diseñadora, que pide no dar su nombre por la precariedad de los contratos de alquiler y que también es inquilina en otro de los corralones del barrio.

Como Richter, ella lleva más de 25 años trabajando en los corralones de San Julián, el barrio obrero por excelencia del centro histórico de Sevilla que vio cómo a finales del siglo XIX se instalaban allí fábricas de corcho o de sombreros, que luego derivaron en la actividad artesanal e industrial que ahora continúa y que definen la esencia de estos espacios abiertos que operan como una corrala de vecinos, pero en la que se entremezclan y conviven distintos oficios. Ambos son testigos de cómo la gentrificación promovida por la especulación inmobiliaria y el turismo está poniendo en jaque la supervivencia de los corralones y con ella una tradición socioeconómica y cultural específica de Sevilla.

“Hace 20 años hubo un movimiento muy importante contra el cambio en el plan de ordenación urbanística que pretendía alterar los usos del suelo y que, ‘de facto’, iba a suponer borrar la actividad artesanal del barrio”, explica Sonia, una de las impulsoras de la PACA (Plataforma de Artesanos y Artesanas del Casco Antiguo). Esa movilización vecinal consiguió frenar los planes municipales e incluso se logró el compromiso de la Junta de Andalucía para garantizar por la vía de la expropiación la supervivencia de los corralones, que quedó olvidado con el estallido de la crisis económica. Pero la amenaza ha seguido. Ochoa era una de las artesanas que tenía su taller en los corralones de Castellar y ha asistido a la decadencia progresiva e intencionada del espacio promovida por quien adquirió la titularidad en 2006 -Garaje Santa Inés-, que empezó a realizar contratos mensuales y a abandonar su mantenimiento para forzar la salida de los inquilinos. “Nos subieron el alquiler de 500 a 1.200 euros. Al final nos fuimos por una epidemia de ratas”, cuenta.

Esa presión ha ido en aumento en los últimos meses, cuando los herederos del primer titular han empezado a hostigar, a través de la empresa de desokupación, a los pocos artesanos y arrendatarios de estudios de música o baile que quedaban. La razón, el contrato de compraventa por 12 millones de euros, firmado con la promotora Arenas de la Bellida en 2023, les obliga a dejar vacío el corralón antes de junio de este año. Richter estaba presente cuando hace unas semanas tres empleados de los desokupas allanaron con violencia la vivienda de una de las inquilinas. La semana pasada, uno de ellos fue detenido tras agredir físicamente, de nuevo, a un acompañante de esa residente.

“Hay una amenaza continua, y si la premisa solamente es ganar en el ámbito turístico, se construye sobre arenas movedizas”, cuenta Richter. Las naves en las que tenía su taller antes de mudarse justo al corralón de enfrente en el que se trabaja, se han convertido en pisos, como las de otro espacio similar en la vecina calle Bustos Tavera. Los corralones del Pasaje Mallol se han convertido en un éxito. Han sido testigos del nacimiento del cine andaluz y además de las actividades artesanales, también albergan una vida cultural y artística importante. Sobre el taller de Richter han ensayado Califato 3/4 o Pony Bravo -también lo hicieron en los corralones de Castellar- y allí se gestó la Banda de La María o empezó con sus proyectos propios Paco León. Pero la incertidumbre sobre el futuro de los corralones amarga ese poso de orgullo. “Todo dependen del interés de los propietarios por preservar el uso artesano de los corralones. Si Castellar cae, caerán los demás, con tantos metros cuadrados en pleno centro de Sevilla es muy goloso”, advierte Ochoa. Muchos de los artesanos que vivían en el barrio han tenido que mudarse ante el incremento de los alquileres de la vivienda, que también se han trasladado al de los locales. “Yo ahora no podría alquilar aquí”, reconoce Richter.

“Siempre contábamos con que los corralones se pudieran declarar como bien de interés cultural y etnológico por la mecánica de trabajar de estos espacios, donde todos los talleres se reparten alrededor de un patio y todos trabajan e interactúan unos con otros”, señala Ochoa. La solución, coinciden, pasa por la protección de estos espacios por parte de las administraciones, en concreto del Ayuntamiento, algo que ya se hizo bajo el anterior gobierno municipal socialista en otro corralón del barrio de San Julián. Se trata del espacio Rompemoldes, en la calle San Luis, que fue habilitado por la empresa municipal de vivienda Emvisesa, para que, a cambio de un alquiler, los artesanos pudieran trabajar en sus talleres y vivir allí mismo, en la parte superior. Pablo Fernández es un luthier que lleva en Rompemoldes desde su inauguración, en 2012. “Nosotros nos sentimos en cierta manera privilegiados porque mientras Emvisesa quiera mantener el proyecto, tenemos cierta seguridad, pero claro, esto depende de la marea política del momento”, explica.

Como sus colegas, echa de menos una mayor implicación por parte del Ayuntamiento y de la Junta para impulsar la artesanía, “un sector que se está intentando reivindicar en muchos ámbitos y que a nivel industrial ofrece modelos de negocio exitosos”. “Personalmente no veo la implicación del gobierno municipal o autónomo en la protección de los sectores alternativos de la cultura que también configuran Sevilla y la sevillanía, porque Sevilla es una ciudad que atrae culturas, que vive del mestizaje, del intercambio, del comercio… lo que veo es un apoyo que se cierra a la Feria a la Semana Santa, a la promoción de eventos internacionales con mucha repercusión mediática, pero no a la promoción local, esto también es patrimonio y merece esa protección y esa vigilancia”, defiende Fernández.

Las sinergias que se crean en los corralones, se trasladan también luego en forma de tejido asociativo dentro del barrio. San Julián es una de las barriadas del centro histórico históricamente más reivindicativas y solidarias, cuyos vecinos siempre han participado de su crecimiento y desarrollo. “Los nómadas digitales están hoy aquí porque mola, pero mañana se van a Melbourne, hacen su paripé pero no participan de la cultura, ni del vecindario”, subraya Richter. “Si nos echan de aquí el barrio se apaga, si los corralones se pierden, se pierden los negocios de toda la vida, se pierde el barrio. Además, ¿qué atractivo turístico más importante puedes tener, que conservar una zona auténtica?”, abunda Ochoa.

 Feed MRSS-S Noticias

Noticias Relacionadas