Un sistema de escucha atenta para ahuyentar el impuso de ‘tirar la toalla’

Todo proceso formativo requiere orientación, explicaciones, planificación y apoyo pedagógico, pero en la formación online esta necesidad adquiere una dimensión mayor porque la mayor parte del trabajo se desarrolla de forma autónoma. Por eso, según explica Luis García, presidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional FPEmpresa, las formaciones online «no son una opción que garantice el éxito en todos los estudiantes, en todas las edades o en todas las circunstancias». Además, «necesita un grado importante de rigor, especialmente cuando se trata de formación síncrona, y exige una motivación extra que, en muchos casos, no se mantiene». El reto, por tanto, pasa por identificar esas señales y actuar antes de que sea demasiado tarde.Cristina Castro, directora del Área Online de Adams, sitúa el origen del abandono en una unión de factores. «A las circunstancias personales, familiares o profesionales que pueden interrumpir una formación se suman elementos sobre los que sí puede actuar la entidad formativa: la calidad y adaptación de los contenidos, el acompañamiento pedagógico y la experiencia tecnológica». Los materiales excesivamente genéricos, poco conectados con los objetivos formativos o demasiado complejos y densos, o una experiencia digital mal resuelta pueden aumentar la sensación de desgaste y dificultar el autoaprendizaje. «Cuando el alumno no encuentra contenidos claros, accesibles y ajustados a su nivel, puede experimentar frustración, perder motivación y acabar abandonando la formación».La parte práctica también marca diferencias. Hay estudios en los que el ordenador permite trabajar con herramientas similares a las que el alumno usará después en su profesión. En otros, resulta mucho más difícil reproducir mediante una pantalla las condiciones reales de trabajo. «Cuando la profesión real está menos vinculada a este tipo de herramientas digitales, la formación online presenta mayores dificultades», señala García. A ello se añade una cuestión previa al comienzo de los estudios: la orientación. Conocer qué contenidos tiene un ciclo y qué relación guarda con el trabajo al que aspira el estudiante puede ser determinante para mantener el compromiso. Aquí, la falta de una expectativa clara sobre el objetivo final puede hacer más difícil sostener el esfuerzo cuando llega la parte menos motivadora de la formación.Previsión y actuaciónEl abandono no aparece en un momento concreto ni responde a una única causa, continúa explicando Cristina Castro. En muchos casos, «es el resultado de una acumulación de dificultades que, si no se detectan y se abordan a tiempo, pueden hacer que el alumno pierda la motivación y se aleje progresivamente de su objetivo».En su opinión, las primeras señales pueden aparecer cuando el alumno empieza a enfrentarse a los contenidos (al inicio del curso) y no halla el nivel de claridad, adaptación o acompañamiento que necesita. También pueden surgir más adelante, cuando la exigencia del proceso formativo aumenta, cuando resulta difícil compatibilizar los estudios con las responsabilidades personales o profesionales, o cuando la motivación empieza a disminuir. En lo referente a procesos formativos de larga duración, la desmotivación y el abandono se presentan por el agotamiento emocional, el estrés y la dificultad para mantener la constancia. Cuando no hay puntos de control (como exámenes o actividades), las señales suelen identificarse demasiado tarde, cuando el estudiante ya se ha desconectado por completo.La IA puede ser un aliado porque permite detectar patrones que pueden pasar inadvertidosTampoco existe un perfil único de alumno quemado, pero sí podemos hablar de estudiantes a los que les resulta más difícil mantener la motivación si no cuentan con un acompañamiento más cercano para seguir las materias, ejercicios, lecturas o prácticas, apuntan desde FPEmpresa. Tampoco creen que el problema sea compaginar los estudios con una jornada laboral porque, de hecho, la formación online es probablemente una de las opciones más adecuadas para quienes necesitan combinar la vida laboral, con la personal y los estudios. «La dificultad está en que exige una determinada forma de afrontarla: motivación, constancia y una manera sistemática de organizar el aprendizaje», asegura. El grado de madurez es muy importante y, de algún modo, también existe un cierto entrenamiento «para desenvolverse bien en este tipo de formación».En lo que sí coinciden los expertos es en que la falta de acompañamiento profesional es determinante. Algo que resulta especialmente importante cuando se trabaja con estudiantes jóvenes. Por eso, cuando este acompañamiento es insuficiente y la experiencia formativa se desarrolla sin interacción ni apoyo, apunta Castro, «las dificultades aumentan, especialmente entre quienes no cuentan con un alto nivel de autonomía y capacidad de autogestión». De hecho, en el informe «Radiografía de la formación ante el nuevo mercado laboral», realizado por Adams, se pone de manifiesto que el 59% de las personas que deciden abordar procesos formativos largos «necesitan la ayuda profesional humana». A la figura del tutor pedagógico, se le puede sumar también la del tutor de contenidos (en el caso de las oposiciones) porque acompañar no significa solo responder a un correo electrónico o resolver una duda a través de una plataforma sino también significa en opinión de Castro, «estar cerca del alumno, escucharle, conocer sus dificultades y, en muchas ocasiones, levantar el teléfono y preguntarle cómo está y cómo está avanzando».AdaptaciónCuando un alumno empieza a desconectarse la respuesta pasa por identificar qué dificulta la continuidad y adaptar el acompañamiento a cada situación y eso solo puede hacerlo una persona. Desde reajustar el calendario de estudio o establecer metas intermedias más asequibles hasta ayudar al estudiante a gestionar la carga y las dificultades que están haciendo que pierda la constancia. Ese acompañamiento también está condicionado por la ratio. Desde FPEmpresa apuntan a la necesidad de evitar modelos en los que un tutor o mentor atienda a grupos prácticamente ilimitados de alumnos.Cuando se espacian los accesos a la plataforma y se detectan las primeras señales de abandono, la IA puede ser un elemento valioso porque permite detectar patrones que pueden pasar inadvertidos en el seguimiento cotidiano y facilitar una intervención temprana. El sistema puede generar mensajes personalizados con recomendaciones sobre gestión del tiempo, objetivos a corto plazo o consecuencias de no completar una actividad. También puede proporcionar materiales de aprendizaje y ejercicios complementarios. El profesorado, además, puede adaptar el contenido de los mensajes al nivel de riesgo. Lo importante es saber que un solo indicador aislado no es relevante y es necesario cruzar datos para interpretar un posible abandono.También Adams identifica en la IA un posible apoyo para reducir algunas de las barreras que dificultan la continuidad. Según recoge su informe, entre quienes la utilizan, sus principales ventajas percibidas son la disponibilidad, el 35%; la rapidez para resolver dudas, por el 29%; y el ahorro de tiempo, por el 27%. Es decir, pueden hacer más llevadero el proceso, pero no resuelve por sí misma el problema de la motivación.La cuestión es dónde situar el límite. En opinión de Castro, un sistema puede detectar que un estudiante está entrando en una zona de riesgo, «pero no sabe si detrás puede haber dificultades personales, problemas para comprender una materia, falta de tiempo o simplemente una estrategia de estudio que no implica conectarse diariamente». Un alumno puede necesitar una respuesta rápida a una duda, pero también puede necesitar que alguien le escuche, le ayude a organizarse, le devuelva la confianza o le anime a seguir adelante. De ahí que el verdadero reto sea «conseguir que la tecnología y el acompañamiento humano trabajen juntos para que cada alumno pueda avanzar y alcanzar sus objetivos». Todo proceso formativo requiere orientación, explicaciones, planificación y apoyo pedagógico, pero en la formación online esta necesidad adquiere una dimensión mayor porque la mayor parte del trabajo se desarrolla de forma autónoma. Por eso, según explica Luis García, presidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional FPEmpresa, las formaciones online «no son una opción que garantice el éxito en todos los estudiantes, en todas las edades o en todas las circunstancias». Además, «necesita un grado importante de rigor, especialmente cuando se trata de formación síncrona, y exige una motivación extra que, en muchos casos, no se mantiene». El reto, por tanto, pasa por identificar esas señales y actuar antes de que sea demasiado tarde.Cristina Castro, directora del Área Online de Adams, sitúa el origen del abandono en una unión de factores. «A las circunstancias personales, familiares o profesionales que pueden interrumpir una formación se suman elementos sobre los que sí puede actuar la entidad formativa: la calidad y adaptación de los contenidos, el acompañamiento pedagógico y la experiencia tecnológica». Los materiales excesivamente genéricos, poco conectados con los objetivos formativos o demasiado complejos y densos, o una experiencia digital mal resuelta pueden aumentar la sensación de desgaste y dificultar el autoaprendizaje. «Cuando el alumno no encuentra contenidos claros, accesibles y ajustados a su nivel, puede experimentar frustración, perder motivación y acabar abandonando la formación».La parte práctica también marca diferencias. Hay estudios en los que el ordenador permite trabajar con herramientas similares a las que el alumno usará después en su profesión. En otros, resulta mucho más difícil reproducir mediante una pantalla las condiciones reales de trabajo. «Cuando la profesión real está menos vinculada a este tipo de herramientas digitales, la formación online presenta mayores dificultades», señala García. A ello se añade una cuestión previa al comienzo de los estudios: la orientación. Conocer qué contenidos tiene un ciclo y qué relación guarda con el trabajo al que aspira el estudiante puede ser determinante para mantener el compromiso. Aquí, la falta de una expectativa clara sobre el objetivo final puede hacer más difícil sostener el esfuerzo cuando llega la parte menos motivadora de la formación.Previsión y actuaciónEl abandono no aparece en un momento concreto ni responde a una única causa, continúa explicando Cristina Castro. En muchos casos, «es el resultado de una acumulación de dificultades que, si no se detectan y se abordan a tiempo, pueden hacer que el alumno pierda la motivación y se aleje progresivamente de su objetivo».En su opinión, las primeras señales pueden aparecer cuando el alumno empieza a enfrentarse a los contenidos (al inicio del curso) y no halla el nivel de claridad, adaptación o acompañamiento que necesita. También pueden surgir más adelante, cuando la exigencia del proceso formativo aumenta, cuando resulta difícil compatibilizar los estudios con las responsabilidades personales o profesionales, o cuando la motivación empieza a disminuir. En lo referente a procesos formativos de larga duración, la desmotivación y el abandono se presentan por el agotamiento emocional, el estrés y la dificultad para mantener la constancia. Cuando no hay puntos de control (como exámenes o actividades), las señales suelen identificarse demasiado tarde, cuando el estudiante ya se ha desconectado por completo.La IA puede ser un aliado porque permite detectar patrones que pueden pasar inadvertidosTampoco existe un perfil único de alumno quemado, pero sí podemos hablar de estudiantes a los que les resulta más difícil mantener la motivación si no cuentan con un acompañamiento más cercano para seguir las materias, ejercicios, lecturas o prácticas, apuntan desde FPEmpresa. Tampoco creen que el problema sea compaginar los estudios con una jornada laboral porque, de hecho, la formación online es probablemente una de las opciones más adecuadas para quienes necesitan combinar la vida laboral, con la personal y los estudios. «La dificultad está en que exige una determinada forma de afrontarla: motivación, constancia y una manera sistemática de organizar el aprendizaje», asegura. El grado de madurez es muy importante y, de algún modo, también existe un cierto entrenamiento «para desenvolverse bien en este tipo de formación».En lo que sí coinciden los expertos es en que la falta de acompañamiento profesional es determinante. Algo que resulta especialmente importante cuando se trabaja con estudiantes jóvenes. Por eso, cuando este acompañamiento es insuficiente y la experiencia formativa se desarrolla sin interacción ni apoyo, apunta Castro, «las dificultades aumentan, especialmente entre quienes no cuentan con un alto nivel de autonomía y capacidad de autogestión». De hecho, en el informe «Radiografía de la formación ante el nuevo mercado laboral», realizado por Adams, se pone de manifiesto que el 59% de las personas que deciden abordar procesos formativos largos «necesitan la ayuda profesional humana». A la figura del tutor pedagógico, se le puede sumar también la del tutor de contenidos (en el caso de las oposiciones) porque acompañar no significa solo responder a un correo electrónico o resolver una duda a través de una plataforma sino también significa en opinión de Castro, «estar cerca del alumno, escucharle, conocer sus dificultades y, en muchas ocasiones, levantar el teléfono y preguntarle cómo está y cómo está avanzando».AdaptaciónCuando un alumno empieza a desconectarse la respuesta pasa por identificar qué dificulta la continuidad y adaptar el acompañamiento a cada situación y eso solo puede hacerlo una persona. Desde reajustar el calendario de estudio o establecer metas intermedias más asequibles hasta ayudar al estudiante a gestionar la carga y las dificultades que están haciendo que pierda la constancia. Ese acompañamiento también está condicionado por la ratio. Desde FPEmpresa apuntan a la necesidad de evitar modelos en los que un tutor o mentor atienda a grupos prácticamente ilimitados de alumnos.Cuando se espacian los accesos a la plataforma y se detectan las primeras señales de abandono, la IA puede ser un elemento valioso porque permite detectar patrones que pueden pasar inadvertidos en el seguimiento cotidiano y facilitar una intervención temprana. El sistema puede generar mensajes personalizados con recomendaciones sobre gestión del tiempo, objetivos a corto plazo o consecuencias de no completar una actividad. También puede proporcionar materiales de aprendizaje y ejercicios complementarios. El profesorado, además, puede adaptar el contenido de los mensajes al nivel de riesgo. Lo importante es saber que un solo indicador aislado no es relevante y es necesario cruzar datos para interpretar un posible abandono.También Adams identifica en la IA un posible apoyo para reducir algunas de las barreras que dificultan la continuidad. Según recoge su informe, entre quienes la utilizan, sus principales ventajas percibidas son la disponibilidad, el 35%; la rapidez para resolver dudas, por el 29%; y el ahorro de tiempo, por el 27%. Es decir, pueden hacer más llevadero el proceso, pero no resuelve por sí misma el problema de la motivación.La cuestión es dónde situar el límite. En opinión de Castro, un sistema puede detectar que un estudiante está entrando en una zona de riesgo, «pero no sabe si detrás puede haber dificultades personales, problemas para comprender una materia, falta de tiempo o simplemente una estrategia de estudio que no implica conectarse diariamente». Un alumno puede necesitar una respuesta rápida a una duda, pero también puede necesitar que alguien le escuche, le ayude a organizarse, le devuelva la confianza o le anime a seguir adelante. De ahí que el verdadero reto sea «conseguir que la tecnología y el acompañamiento humano trabajen juntos para que cada alumno pueda avanzar y alcanzar sus objetivos».  

Todo proceso formativo requiere orientación, explicaciones, planificación y apoyo pedagógico, pero en la formación online esta necesidad adquiere una dimensión mayor porque la mayor parte del trabajo se desarrolla de forma autónoma. Por eso, según explica Luis García, presidente de la Asociación de Centros de … Formación Profesional FPEmpresa, las formaciones online «no son una opción que garantice el éxito en todos los estudiantes, en todas las edades o en todas las circunstancias». Además, «necesita un grado importante de rigor, especialmente cuando se trata de formación síncrona, y exige una motivación extra que, en muchos casos, no se mantiene». El reto, por tanto, pasa por identificar esas señales y actuar antes de que sea demasiado tarde.

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