Sven Beckert: «El capitalismo es el orden económico más estatista después del comunismo soviético»

Sven Beckert (Fráncfort, 1965) lleva años cuestionando una de las imágenes más arraigadas sobre el capitalismo: la idea de que nació casi de repente en las fábricas de la Inglaterra del siglo XVIII y que su desarrollo ha consistido, esencialmente, en liberar a los mercados del poder político. Su interpretación es casi la contraria. El capitalismo -sostiene en su libro ‘Capitalismo. Una historia global’, editado por Crítica- tiene raíces mucho más antiguas, nació global y nunca habría podido expandirse sin una estrecha alianza entre el capital privado y el Estado. Profesor de Historia en Harvard, Beckert ha presentado la edición española de su obra de 1.408 páginas en la Fundación Rafael del Pino y propone una mirada de larga duración sobre un sistema que ha convivido con la esclavitud y el trabajo asalariado, con imperios y democracias, con el libre comercio y el proteccionismo.Usted sostiene que el capitalismo no nació con la Revolución Industrial británica. ¿Cuándo comienza realmente?Solemos empezar la historia del capitalismo con la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII. Es comprensible porque fue una ruptura espectacular en la historia humana. Pero yo no la considero el origen del capitalismo global, sino su consecuencia más importante. Para mí, el capitalismo es una sociedad organizada alrededor de una lógica económica concreta: la inversión productiva de capital privado con el propósito de generar más capital. Esa lógica comienza a extenderse de manera significativa en el siglo XVI, aunque es mucho más antigua. Por eso mi historia comienza hace unos mil años, con los comerciantes de larga distancia. Fueron, en cierto sentido, los primeros que organizaron su vida económica alrededor de esa lógica. Los encontramos en China, India, el mundo árabe y Europa. Durante siglos fueron marginales respecto al conjunto de la economía. Hoy, en cambio, esa lógica estructura prácticamente toda la vida económica del planeta. Su relato desplaza a Europa del centro. Sin embargo, fueron las potencias europeas las que terminaron dominando la economía mundial. ¿Por qué?Los orígenes del capitalismo son globales. Había comunidades mercantiles muy dinámicas en El Cairo, Bagdad, Adén, la costa occidental de India, África oriental o China. De hecho, durante buena parte del segundo milenio algunas de las más importantes estaban fuera de Europa. Pero Europa acaba adquiriendo un papel extraordinario. Creo que la explicación está en la relación entre los comerciantes y el Estado. El capitalismo no es simplemente una creación de los propietarios del capital. Es una coproducción entre el capital y el poder estatal. En Europa aparece una coalición particularmente estrecha entre ambos. Los Estados necesitan a los comerciantes para financiar sus guerras y los comerciantes necesitan a los Estados para acceder a nuevos mercados. Cristóbal Colón es un ejemplo perfecto: un comerciante genovés enviado por la Corona de Castilla a buscar una ruta hacia India. En una sola persona se fusionan el poder estatal y el capital mercantil.Eso contradice la imagen habitual del capitalismo como el reino del mercado frente al Estado.Sí. Puede resultar contraintuitivo porque solemos pensar que capitalismo y Estado son fuerzas opuestas. Pero el Estado desempeña un papel crucial en todos los momentos de la historia capitalista. Regula el comercio exterior, construye infraestructuras, crea sistemas jurídicos para resolver conflictos y establece las reglas institucionales de los mercados. El Estado importa muchísimo. Hasta el punto de que creo que el capitalismo es el orden económico más estatista después del comunismo soviético. Hay que entenderlo siempre como un proyecto que reúne al capital y al poder estatal. La forma concreta de esa relación cambia, pero el principio sigue siendo el mismo.«El mercado siempre es una construcción política. No existe ningún mercado al margen de la política»¿Y dónde queda entonces la diferencia entre esa alianza histórica y el capitalismo de amiguetes o el fascismo? En España se dice a veces que importa más controlar el Boletín Oficial del Estado que competir en el mercado.Naturalmente existen diferencias entre distintos momentos históricos. Pero la dependencia entre poder económico y político no es precisamente nueva. En toda la historia del capitalismo, el Estado abre y cierra oportunidades, determina las reglas y facilita determinadas actividades económicas. Lo que cambia es la forma institucional que adopta esa relación.¿Fue la esclavitud indispensable para la industrialización o simplemente aceleró el proceso?No podemos saber qué habría sucedido en una historia alternativa. ¿Podría haberse producido la Revolución Industrial sin esclavitud? Tal vez. Lo que sabemos es lo que realmente ocurrió. Y la esclavitud fue extremadamente importante. La industria central de la Revolución Industrial fue el textil de algodón. Y buena parte del algodón que alimentaba aquellas fábricas procedía de Estados Unidos, donde se producía casi exclusivamente mediante trabajo esclavo. La expansión industrial y la expansión del trabajo esclavo estuvieron conectadas. Su historia concede mucha importancia a la violencia y la extracción. Pero el capitalismo también produjo enormes aumentos de productividad, innovación y nivel de vida.Y esa historia también está en el libro. La innovación institucional de los primeros comerciantes fue muy importante. También lo fueron las innovaciones técnicas de la Revolución Industrial y, después, la producción en masa de los años veinte y treinta, con industrias como la del automóvil. Y está el crecimiento económico. Antes del capitalismo hubo crecimiento, pero muy limitado. Con el capitalismo aparece un crecimiento económico continuado. Quiero contar ambas historias: la de la innovación y el aumento de productividad, pero también la del colonialismo, la esclavitud y la violencia. Durante mucho tiempo se escribió sobre el capitalismo de una forma extraordinariamente ideológica, en buena medida por la Guerra Fría. Creo que ahora podemos observarlo de nuevo desde una perspectiva global y menos condicionada por aquella confrontación.China combina mercados, grandes empresas, acumulación privada de capital y un Estado poderosísimo. ¿Es capitalista?Es una pregunta difícil. China se define como «socialismo con características chinas» y no se considera parte de esta revolución capitalista. Pero si observamos su historia económica de las últimas décadas encontramos capital privado y la inversión de ese capital para producir más capital privado, que está en el núcleo del capitalismo. También vemos una industrialización gigantesca y un desplazamiento de población del campo hacia las ciudades sin precedentes históricos. Hace que la transformación británica del siglo XIX parezca pequeña. No tengo una respuesta definitiva. Puede que China sea simplemente una variante distinta del capitalismo. Pero también es distinta porque el Estado tiene un poder enorme y el capital privado encuentra límites muy claros. Creo que se pueden defender las dos posiciones. Lo que no se puede discutir es que China forma parte central del capitalismo global. «El capitalismo ha prosperado bajo monarquías, imperios, democracias liberales, fascismos y regímenes autoritarios»¿Necesita el capitalismo una democracia liberal?No. Históricamente ha prosperado bajo una enorme diversidad de sistemas políticos. Desde la Revolución Francesa hemos visto avanzar en paralelo al capitalismo y las democracias liberales. Pero, si ampliamos la perspectiva, vemos capitalismo bajo monarquías, imperios, democracias liberales, fascismos y, actualmente, regímenes autoritarios. El capitalismo es bastante poco dogmático. También ha funcionado con formas laborales muy diferentes: esclavitud, trabajo asalariado y muchas otras. Esa capacidad de combinar elementos que parecen contradictorios explica parte de su dinamismo y su extraordinaria capacidad de adaptación.También tendemos a identificar capitalismo y mercado libre.Y ahí hay una confusión. El mercado siempre es una construcción política. No existe ningún mercado al margen de la política. Piense en el mercado más sencillo de un pueblo español, alrededor de una plaza o una iglesia. Hay vendedores de fruta, pescado o carne compitiendo entre sí, y compradores que pueden elegir. Parece el mercado perfecto de Adam Smith. Pero alguien ha decidido dónde se instala, qué días abre, quién tiene permiso para vender y quién no. Y cuando existe un conflicto entre comprador y vendedor, alguna autoridad debe resolverlo. Incluso ese mercado tan sencillo está constituido políticamente. Mucho más, por supuesto, los mercados extremadamente complejos del capitalismo global. El mercado libre puede ser un concepto útil para pensar determinados problemas económicos de forma abstracta. Pero los mercados que realmente han existido en la historia siempre han estado construidos por alguna forma de autoridad.El profesor de Harvard presentó la edición española de su última obra en la Fundación Rafael del Pino, en Madrid. Isabel PermuyDespués de 1945 apareció un capitalismo con altos impuestos, sindicatos fuertes y amplios Estados de bienestar. Luego llegó la revolución neoliberal. ¿Fueron los años setenta y ochenta una ruptura?Sí. El capitalismo cambia constantemente, pero sus órdenes institucionales pueden mantenerse relativamente estables durante bastante tiempo. El orden keynesiano posterior a 1945 mantuvo sus principios básicos hasta los años setenta. Entonces entró en crisis económica y política. Hubo estanflación, el shock del petróleo y críticas tanto desde la izquierda como desde la derecha. De aquella crisis emergió un nuevo orden institucional, el neoliberal. Y hay algo interesante: estos órdenes acaban convirtiéndose en el sentido común de la época. Ocurrió con el keynesianismo. El Partido Republicano y buena parte del empresariado estadounidense habían combatido el New Deal, pero en los años cincuenta acabaron aceptando buena parte de sus instituciones. Después ocurrió exactamente lo mismo con el neoliberalismo. Al principio buena parte de la izquierda se opuso a esas reformas. Pero el momento en que el neoliberalismo se convierte realmente en sentido común llega con Bill Clinton en Estados Unidos, Tony Blair en Reino Unido y Gerhard Schröder en Alemania.«Los aranceles, el proteccionismo y la nacionalización de las cadenas de producción han sido una constante en la historia del capitalismo»¿Está terminando ahora ese orden neoliberal? Trump recupera aranceles y nacionalismo económico; China practica una fuerte política estatal y Europa habla de autonomía estratégica.Creo que estamos viviendo un momento parecido a los años setenta. Sabemos que algo está cambiando, pero todavía nos resulta difícil distinguir qué vendrá después. Durante décadas se nos dijo que el libre comercio y las cadenas globalizadas de producción representaban el mejor de los mundos posibles. Y ahora Estados Unidos habla constantemente de proteccionismo , de nacionalizar cadenas productivas y de cerrar fronteras. Pero desde una perspectiva histórica larga no es tan extraordinario. Los aranceles, el proteccionismo y la nacionalización han sido una constante en la historia del capitalismo. Eso no significa que debamos estar tranquilos. Las formas extremas de nacionalismo económico contribuyeron a algunos de los peores conflictos militares del siglo XX. No digo que lo que está ocurriendo sea bueno. Digo que ya hemos estado aquí antes.«Si dejamos de necesitar trabajo humano, eso supondría un desafío fundamental para el capitalismo»¿Qué cambia la inteligencia artificial?Todavía no conocemos su impacto, pero plantearía dos cuestiones. La primera es el riesgo. Algunos de quienes trabajan en esta industria sostienen que la inteligencia artificial podría representar incluso una amenaza para la humanidad. Si creen realmente eso, entonces el Estado debería implicarse de manera muy activa en regularla. La segunda cuestión es quién se beneficiará de los aumentos de productividad. ¿Queremos que diez familias capturen todas las ganancias? ¿O queremos utilizar esos avances para que toda la sociedad participe de ellas?¿Puede la inteligencia artificial llegar a transformar la propia naturaleza del capitalismo?Si llegáramos a un futuro en el que ya no necesitáramos realmente trabajo humano, eso supondría un desafío fundamental para el capitalismo. Porque un capitalismo sin consumidores es conceptualmente inimaginable. Si el trabajo humano deja de ser necesario, habrá que encontrar alguna otra forma de distribuir los ingresos o los productos generados por la economía. Y entonces quizá ya no estaríamos hablando de una sociedad capitalista. Sven Beckert (Fráncfort, 1965) lleva años cuestionando una de las imágenes más arraigadas sobre el capitalismo: la idea de que nació casi de repente en las fábricas de la Inglaterra del siglo XVIII y que su desarrollo ha consistido, esencialmente, en liberar a los mercados del poder político. Su interpretación es casi la contraria. El capitalismo -sostiene en su libro ‘Capitalismo. Una historia global’, editado por Crítica- tiene raíces mucho más antiguas, nació global y nunca habría podido expandirse sin una estrecha alianza entre el capital privado y el Estado. Profesor de Historia en Harvard, Beckert ha presentado la edición española de su obra de 1.408 páginas en la Fundación Rafael del Pino y propone una mirada de larga duración sobre un sistema que ha convivido con la esclavitud y el trabajo asalariado, con imperios y democracias, con el libre comercio y el proteccionismo.Usted sostiene que el capitalismo no nació con la Revolución Industrial británica. ¿Cuándo comienza realmente?Solemos empezar la historia del capitalismo con la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII. Es comprensible porque fue una ruptura espectacular en la historia humana. Pero yo no la considero el origen del capitalismo global, sino su consecuencia más importante. Para mí, el capitalismo es una sociedad organizada alrededor de una lógica económica concreta: la inversión productiva de capital privado con el propósito de generar más capital. Esa lógica comienza a extenderse de manera significativa en el siglo XVI, aunque es mucho más antigua. Por eso mi historia comienza hace unos mil años, con los comerciantes de larga distancia. Fueron, en cierto sentido, los primeros que organizaron su vida económica alrededor de esa lógica. Los encontramos en China, India, el mundo árabe y Europa. Durante siglos fueron marginales respecto al conjunto de la economía. Hoy, en cambio, esa lógica estructura prácticamente toda la vida económica del planeta. Su relato desplaza a Europa del centro. Sin embargo, fueron las potencias europeas las que terminaron dominando la economía mundial. ¿Por qué?Los orígenes del capitalismo son globales. Había comunidades mercantiles muy dinámicas en El Cairo, Bagdad, Adén, la costa occidental de India, África oriental o China. De hecho, durante buena parte del segundo milenio algunas de las más importantes estaban fuera de Europa. Pero Europa acaba adquiriendo un papel extraordinario. Creo que la explicación está en la relación entre los comerciantes y el Estado. El capitalismo no es simplemente una creación de los propietarios del capital. Es una coproducción entre el capital y el poder estatal. En Europa aparece una coalición particularmente estrecha entre ambos. Los Estados necesitan a los comerciantes para financiar sus guerras y los comerciantes necesitan a los Estados para acceder a nuevos mercados. Cristóbal Colón es un ejemplo perfecto: un comerciante genovés enviado por la Corona de Castilla a buscar una ruta hacia India. En una sola persona se fusionan el poder estatal y el capital mercantil.Eso contradice la imagen habitual del capitalismo como el reino del mercado frente al Estado.Sí. Puede resultar contraintuitivo porque solemos pensar que capitalismo y Estado son fuerzas opuestas. Pero el Estado desempeña un papel crucial en todos los momentos de la historia capitalista. Regula el comercio exterior, construye infraestructuras, crea sistemas jurídicos para resolver conflictos y establece las reglas institucionales de los mercados. El Estado importa muchísimo. Hasta el punto de que creo que el capitalismo es el orden económico más estatista después del comunismo soviético. Hay que entenderlo siempre como un proyecto que reúne al capital y al poder estatal. La forma concreta de esa relación cambia, pero el principio sigue siendo el mismo.«El mercado siempre es una construcción política. No existe ningún mercado al margen de la política»¿Y dónde queda entonces la diferencia entre esa alianza histórica y el capitalismo de amiguetes o el fascismo? En España se dice a veces que importa más controlar el Boletín Oficial del Estado que competir en el mercado.Naturalmente existen diferencias entre distintos momentos históricos. Pero la dependencia entre poder económico y político no es precisamente nueva. En toda la historia del capitalismo, el Estado abre y cierra oportunidades, determina las reglas y facilita determinadas actividades económicas. Lo que cambia es la forma institucional que adopta esa relación.¿Fue la esclavitud indispensable para la industrialización o simplemente aceleró el proceso?No podemos saber qué habría sucedido en una historia alternativa. ¿Podría haberse producido la Revolución Industrial sin esclavitud? Tal vez. Lo que sabemos es lo que realmente ocurrió. Y la esclavitud fue extremadamente importante. La industria central de la Revolución Industrial fue el textil de algodón. Y buena parte del algodón que alimentaba aquellas fábricas procedía de Estados Unidos, donde se producía casi exclusivamente mediante trabajo esclavo. La expansión industrial y la expansión del trabajo esclavo estuvieron conectadas. Su historia concede mucha importancia a la violencia y la extracción. Pero el capitalismo también produjo enormes aumentos de productividad, innovación y nivel de vida.Y esa historia también está en el libro. La innovación institucional de los primeros comerciantes fue muy importante. También lo fueron las innovaciones técnicas de la Revolución Industrial y, después, la producción en masa de los años veinte y treinta, con industrias como la del automóvil. Y está el crecimiento económico. Antes del capitalismo hubo crecimiento, pero muy limitado. Con el capitalismo aparece un crecimiento económico continuado. Quiero contar ambas historias: la de la innovación y el aumento de productividad, pero también la del colonialismo, la esclavitud y la violencia. Durante mucho tiempo se escribió sobre el capitalismo de una forma extraordinariamente ideológica, en buena medida por la Guerra Fría. Creo que ahora podemos observarlo de nuevo desde una perspectiva global y menos condicionada por aquella confrontación.China combina mercados, grandes empresas, acumulación privada de capital y un Estado poderosísimo. ¿Es capitalista?Es una pregunta difícil. China se define como «socialismo con características chinas» y no se considera parte de esta revolución capitalista. Pero si observamos su historia económica de las últimas décadas encontramos capital privado y la inversión de ese capital para producir más capital privado, que está en el núcleo del capitalismo. También vemos una industrialización gigantesca y un desplazamiento de población del campo hacia las ciudades sin precedentes históricos. Hace que la transformación británica del siglo XIX parezca pequeña. No tengo una respuesta definitiva. Puede que China sea simplemente una variante distinta del capitalismo. Pero también es distinta porque el Estado tiene un poder enorme y el capital privado encuentra límites muy claros. Creo que se pueden defender las dos posiciones. Lo que no se puede discutir es que China forma parte central del capitalismo global. «El capitalismo ha prosperado bajo monarquías, imperios, democracias liberales, fascismos y regímenes autoritarios»¿Necesita el capitalismo una democracia liberal?No. Históricamente ha prosperado bajo una enorme diversidad de sistemas políticos. Desde la Revolución Francesa hemos visto avanzar en paralelo al capitalismo y las democracias liberales. Pero, si ampliamos la perspectiva, vemos capitalismo bajo monarquías, imperios, democracias liberales, fascismos y, actualmente, regímenes autoritarios. El capitalismo es bastante poco dogmático. También ha funcionado con formas laborales muy diferentes: esclavitud, trabajo asalariado y muchas otras. Esa capacidad de combinar elementos que parecen contradictorios explica parte de su dinamismo y su extraordinaria capacidad de adaptación.También tendemos a identificar capitalismo y mercado libre.Y ahí hay una confusión. El mercado siempre es una construcción política. No existe ningún mercado al margen de la política. Piense en el mercado más sencillo de un pueblo español, alrededor de una plaza o una iglesia. Hay vendedores de fruta, pescado o carne compitiendo entre sí, y compradores que pueden elegir. Parece el mercado perfecto de Adam Smith. Pero alguien ha decidido dónde se instala, qué días abre, quién tiene permiso para vender y quién no. Y cuando existe un conflicto entre comprador y vendedor, alguna autoridad debe resolverlo. Incluso ese mercado tan sencillo está constituido políticamente. Mucho más, por supuesto, los mercados extremadamente complejos del capitalismo global. El mercado libre puede ser un concepto útil para pensar determinados problemas económicos de forma abstracta. Pero los mercados que realmente han existido en la historia siempre han estado construidos por alguna forma de autoridad.El profesor de Harvard presentó la edición española de su última obra en la Fundación Rafael del Pino, en Madrid. Isabel PermuyDespués de 1945 apareció un capitalismo con altos impuestos, sindicatos fuertes y amplios Estados de bienestar. Luego llegó la revolución neoliberal. ¿Fueron los años setenta y ochenta una ruptura?Sí. El capitalismo cambia constantemente, pero sus órdenes institucionales pueden mantenerse relativamente estables durante bastante tiempo. El orden keynesiano posterior a 1945 mantuvo sus principios básicos hasta los años setenta. Entonces entró en crisis económica y política. Hubo estanflación, el shock del petróleo y críticas tanto desde la izquierda como desde la derecha. De aquella crisis emergió un nuevo orden institucional, el neoliberal. Y hay algo interesante: estos órdenes acaban convirtiéndose en el sentido común de la época. Ocurrió con el keynesianismo. El Partido Republicano y buena parte del empresariado estadounidense habían combatido el New Deal, pero en los años cincuenta acabaron aceptando buena parte de sus instituciones. Después ocurrió exactamente lo mismo con el neoliberalismo. Al principio buena parte de la izquierda se opuso a esas reformas. Pero el momento en que el neoliberalismo se convierte realmente en sentido común llega con Bill Clinton en Estados Unidos, Tony Blair en Reino Unido y Gerhard Schröder en Alemania.«Los aranceles, el proteccionismo y la nacionalización de las cadenas de producción han sido una constante en la historia del capitalismo»¿Está terminando ahora ese orden neoliberal? Trump recupera aranceles y nacionalismo económico; China practica una fuerte política estatal y Europa habla de autonomía estratégica.Creo que estamos viviendo un momento parecido a los años setenta. Sabemos que algo está cambiando, pero todavía nos resulta difícil distinguir qué vendrá después. Durante décadas se nos dijo que el libre comercio y las cadenas globalizadas de producción representaban el mejor de los mundos posibles. Y ahora Estados Unidos habla constantemente de proteccionismo , de nacionalizar cadenas productivas y de cerrar fronteras. Pero desde una perspectiva histórica larga no es tan extraordinario. Los aranceles, el proteccionismo y la nacionalización han sido una constante en la historia del capitalismo. Eso no significa que debamos estar tranquilos. Las formas extremas de nacionalismo económico contribuyeron a algunos de los peores conflictos militares del siglo XX. No digo que lo que está ocurriendo sea bueno. Digo que ya hemos estado aquí antes.«Si dejamos de necesitar trabajo humano, eso supondría un desafío fundamental para el capitalismo»¿Qué cambia la inteligencia artificial?Todavía no conocemos su impacto, pero plantearía dos cuestiones. La primera es el riesgo. Algunos de quienes trabajan en esta industria sostienen que la inteligencia artificial podría representar incluso una amenaza para la humanidad. Si creen realmente eso, entonces el Estado debería implicarse de manera muy activa en regularla. La segunda cuestión es quién se beneficiará de los aumentos de productividad. ¿Queremos que diez familias capturen todas las ganancias? ¿O queremos utilizar esos avances para que toda la sociedad participe de ellas?¿Puede la inteligencia artificial llegar a transformar la propia naturaleza del capitalismo?Si llegáramos a un futuro en el que ya no necesitáramos realmente trabajo humano, eso supondría un desafío fundamental para el capitalismo. Porque un capitalismo sin consumidores es conceptualmente inimaginable. Si el trabajo humano deja de ser necesario, habrá que encontrar alguna otra forma de distribuir los ingresos o los productos generados por la economía. Y entonces quizá ya no estaríamos hablando de una sociedad capitalista.  

Sven Beckert (Fráncfort, 1965) lleva años cuestionando una de las imágenes más arraigadas sobre el capitalismo: la idea de que nació casi de repente en las fábricas de la Inglaterra del siglo XVIII y que su desarrollo ha consistido, esencialmente, en liberar a los mercados … del poder político. Su interpretación es casi la contraria. El capitalismo -sostiene en su libro ‘Capitalismo. Una historia global’, editado por Crítica- tiene raíces mucho más antiguas, nació global y nunca habría podido expandirse sin una estrecha alianza entre el capital privado y el Estado. Profesor de Historia en Harvard, Beckert ha presentado la edición española de su obra de 1.408 páginas en la Fundación Rafael del Pino y propone una mirada de larga duración sobre un sistema que ha convivido con la esclavitud y el trabajo asalariado, con imperios y democracias, con el libre comercio y el proteccionismo.

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